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Por una revolución integral

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Os presentamos la introducción al debate de la XXXIX Jornada asamblearia de la CIC –que tuvo lugar en Catalunya el sçabado 16 de noviembre de 2013–, sobre les bases de la Revolución Integral.

 “Lo peculiar de la condición humana es que se ubica entre lo sórdido y bestial y lo sublime y grandioso.” (Prado Esteban)

1) Historia: heteronomía o autonomía

Durante la historia conocida de la humanidad, podemos reconocer dos tradiciones o tendencias, en las formas de organizarnos y en la cultura y los sistemas de valores (o disvalores) que legitiman éstas y nos guían para encarar la vida, para construirnos como personas: la tradición de la heteronomía y la tradición de la autonomía.

La tradición de la heteronomía1 la conforman todos aquellos sistemas de organización social que han establecido las desigualdades y las jerarquías entre la humanidad. Los Estados y las clases sociales: imperios, coronas, césares, faraones, führers… Ejército, cuerpos represivos, cárceles… Poseedores y desposeídos, ricos y pobres, amos y siervos. El dinero y los sistemas monetarios de acumulación. Gobernantes y gobernados. Dictaduras oligárquicas que se autoproclaman “democracias” usando la falacia de la “representación”. Estados “de derecho”, “sociales” o “del bienestar”: despotismo ilustrado. Parlamentarismo, partitocracia y politiquería.

Siempre unas minorías que concentran el poder de decisión y la capacidad de determinación de las condiciones y los asuntos que afectan a todos. Esta tradición es hegemónica hoy en día, con la mundialización de la “democracia representativa”, un perfeccionamiento del sistema de dominación que se ha puesto la máscara de “democrático”, como si en éste el poder se encontrara en manos del pueblo, cuando en realidad el poder ha seguido concentrándose cada vez en menos manos.

Los disvalores y los idearios relacionados con esta tradición hacen prevalecer lo peor de las personas y de la potencialidad humana, potencialidad para el bien y para el mal. Se basan a menudo en la idea de que las personas somos lobos unas para otras, que “somos malas por naturaleza”, que lo normal es “la guerra de todos contra todos”, y sostienen así el conformismo con el statu quo, la docilidad y la sumisión ante los poderosos opresores, la complicidad con la injusticia. Y no son sólo los valores negativos, los que sostienen la heteronomía, sino también la falta de valores positivos, la apatía y la indiferencia, la ausencia de sentido ético de la existencia.

Contrariamente, la tradición de la autonomía2 la conforman aquellos sistemas de organización social que han rechazado los fenómenos anteriormente mencionados, así como los intentos y esfuerzos para conseguir establecer estos sistemas, tantas veces aplastados por las clases privilegiadas y sus mercenarios. Así, han apostado por organizarse sin jerarquías, ni Estados, ni clases sociales, ni diferencias de privilegio entre minorías favorecidas y el resto, defendiendo que el poder de decisión se comparta entre todos los miembros de cada comunidad. Esto siempre se ha llevado a cabo mediante regímenes asambelarios y, por tanto, necesariamente enfocados en el ámbito local como base de poder soberano.

Los valores e idearios relacionados con la tradición de la autonomía promueven lo mejor de las personas y la potencialidad humana. Se basan en las ideas e ideales de bien, libertad-igualdad, justicia, verdad-honestidad, fraternidad, equidad… y en el compromiso del individuo con estas para aportar al bien común. Este compromiso tiene que empujarnos a querer ir aprendiendo y mejorándonos a lo largo de la vida.

La historiografía oficial actual difunde la tradición heterónoma pero no la autónoma. Por ejemplo, ha habido una falsificación histórica de la Alta Edad Media, en la que el pueblo era una realidad social paralela a los poderes oligárquicos constituidos (como la Corona, el Estado premoderno, mucho más pequeño y débil que el actual, que fue creciendo y haciéndose fuerte), que organizaba su vida en pequeños municipios en base al concejo abierto y el comunal (tierras y medios económicos de “propiedad” y uso colectivo), la autodependencia económica local y comarcal, las formas de ayuda mutua y trabajo comunitario, la cosmovisión de la igualdad humana y los valores de comunidad, el trabajo no asalariado y la buena convivencia…

Falsificaciones históricas como ésta son pilares fundamentales del sistema actual, que obtiene legitimidad a partir del mito de un pasado monstruoso y totalitario donde la gente era sumisa y mucho menos libre que ahora.

2) La derrota de los últimos siglos y la crisis actual

Con el triunfo de la modernidad las revoluciones liberales que permitieron el surgimiento de los Estados modernos y el ascenso del capitalismo, hace doscientos años, surgieron las ideas de emancipación del socialismo, en un contexto ideológico heredero de la Ilustración y un contexto social marcado por la revolución industrial, la migración de las personas del campo a las ciudades y el nacimiento y desarrollo del proletariado.

Se formularon, pues, los planteamientos ideológicos del marxismo y el anarquismo, fundadores de la Primera Internacional, que entendían que era necesario un proceso revolucionario que cambiara las bases de aquella sociedad y ponían las esperanzas en el desarrollo de un movimiento obrero que lo llevara a cabo. Este proceso tenía que conducir la humanidad a una sociedad comunista sin clases (sin diferencias entre propietarios y desposeídos, entre gobernantes y gobernados). Había la creencia –sobretodo por parte del marxismo, que lo planteaba como “verdad científica”– de que este devenir histórico era inevitable.

Esta aspiración tuvo su auge y declive durante el siglo pasado. En la península ibérica, el Estado –con el levantamiento del ejército que originó la Guerra Civil y, ganada ésta, con la instauración del franquismo– aplastó todo lo que había de movimiento y tejido popular de potencial revolucionario. Éste se había ido gestando desde finales de siglo XIX con publicaciones, ateneos, escuelas libres, tejido asociacionista y cooperativista, sindicalismo combativo –centenares de miles de afiliados a la CNT–, prácticas de solidaridad y desobediencia, de tradición fuertemente libertaria en el Estado español. Con la persecución y represión franquista y la posterior instauración de la sociedad de consumo, se masacró al pueblo y se destruyeron sus aspiraciones.

Por otro lado, el proyecto socialista estatista, que plantea cambiar las cosas desde el poder del Estado, ha fracasado por sí mismo. El final de la URSS marcó hace dos décadas un punto de inflexión, y se ha visto y se ve que todos los demás intentos no llevan por ningún camino bueno.

Con la derrota de la aspiración de una transformación cualitativa del status quo, el abandono del anhelo de un nuevo mundo y una nueva humanidad, el Estado y el Capitalismo han ido afianzando progresivamente su fuerza y estabilidad.

Este sistema genera una sociedad de la decadencia, con unas dinámicas que destruyen, envilecen y deshumanizan las personas, llevan a una crisis en todos los ámbitos de la vida y ponen en peligro la misma existencia humana en el planeta.

No se ha llegado, pues, a un momento de estabilidad y a “el fin de la historia”, como se decía hace poco, antes de 2008. Esta idea es una quimera que contribuye al no-pensamiento y al conformismo generalizado.

La mediática crisis económica en Occidente ha reventado esta burbuja a nuevos sectores de la sociedad, a pesar de que los problemas más graves presentes y esperables son mucho más profundos y de diferente naturaleza de los económicos en boca de todos.

3) La necesidad de la revolución

Las raíces de la crisis y los grandes problemas e injusticias de nuestro tiempo son profundas y sistémicas. Es decir, se encuentran en la esencia y las dinámicas de los pilares del sistema actual, no en el “mal funcionamiento” coyuntural de éste, como dicen todos los partidarios de los discursos reformistas que atribuyen la culpa a la maldad de los banqueros, la corrupción o la incompetencia de los políticos profesionales… El sistema funciona muy bien, el problema es que funciona bien contra los intereses de la humanidad, la vida, la libertad y la justicia.

Es necesario, pues, recuperar la idea y el objetivo de la revolución, como gran proyecto de transformación profunda y necesaria, en positivo, de la sociedad actual, como sustitución del actual sistema oligárquico y dictatorial por formas de organización social democráticas horizontales, basadas en la cooperación y el compartir.

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4) La revolución integral

Con la idea de poner sobre la mesa el proyecto revolucionario, actualizándolo y ampliándolo, en base a la reflexión sobre las lecciones del pasado y la comprensión del momento actual, surge la noción de revolución integral.

La idea de revolución integral es por ahora una noción de un concepto que, ampliando y mejorando la idea de revolución social, sacando conclusiones reflexivamente de las experiencias del pasado, intente estar a la altura de las circunstancias actuales, promueva una renovación del ideario revolucionario, manteniendo los componentes positivos de éste en el pasado pero dejando atrás los negativos, erróneos y obsoletos. La revolución social consistía en la transformación social radical desde abajo, realizada por las clases populares, que aboliera el Estado y el Capitalismo en pro de nuevas instituciones horizontales y comunitarias: las asambleas soberanas y la propiedad colectiva del bienes fundamentales.

4.1. El sujeto y los valores

Las teorías emancipadoras de antaño, por la influencia de estar fundamentadas en la Teoría del Progreso y en una visión profética y mecanicista de “las Fuerzas de la Historia”, en el economicismo… no dieron la importancia debida al individuo, a la autoconstrucción de éste como sujeto de calidad y sujeto revolucionario.

Las revoluciones no las hacen “las masas oprimidas” como tales. Éstas pueden hacer revueltas pero no revoluciones. Las revoluciones las anhelan, planean y llevan a cabo las personas revolucionarias. Las personas son la clave.

Así pues, la principal aportación, respecto a la noción de revolución social, es la consideración adecuada de la importancia del individuo y las cualidades de éste, del sistema de valores revolucionario.

Para llevar a cabo la revolución integral hay que llevar a cabo la autoconstrucción de los individuos en base a ideas e ideales que nos den suficiente fuerza, sentido y grandeza para afrontar la complicada, difícil y, al final, heroica tarea de la revolución.

Sobre la actual decadencia de los valores e ideales, la cultura, la ética, la filosofía, la convivencia… tenemos que construir una nueva cultura subversiva y fraternal que nos haga fuertes, basada en el esfuerzo y el dar de nosotros mismos.

Esto implica trabajo personal de reflexión profunda y existencial, de lidiar con nuestras capacidades y carencias, de tomar las riendas de nosotros mismos, como personas ante la vida, finita.

Éste es el reto de la transformación de los valores y las personas dentro de la revolución integral. La actual fuerza fundamental del sistema estatal-capitalista se basa en la degradación, docilidad y construcción de las personas desde el poder.

4.2. Revisando y recuperando la historia

Siguiendo la Teoría del Progreso, desde la Modernidad se ha menospreciado toda la historia premoderna, las aportaciones filosóficas, culturales, experienciales… de distintos pueblos, civilizaciones y comunidades humanas. La narración “esclavismofeudalismocapitalismosocialismo” se basa en el desconocimiento –por ocultación y falsificación– de la Edad Media, que sobretodo en su período inicial se caracterizó por la realidad dual y diferenciada entre el pueblo y los Estados premodernos , donde fuera de las ciudades estatales el pueblo se organizaba en muchas regiones horizontal y fraternalmente en base al concejo abierto (asamblea de vecinos y vecinas de un pueblo), el comunal (propiedad colectiva de la tierra, los bosques y otros muchos bienes económicos). Éstas instituciones son protagonistas de la historia del mundo rural popular en la península. Recuperar esta historia, sin mitificarla pero valorándola adecuadamente, nos servirá para reconocernos como personas y humanidad y para golpear el paradigma y discursos del sistema actual.

También existe, por ejemplo, en la cultura clásica, la tradición filosófica de afrontar la vida dándole importancia al sujeto, a la reflexión sobre la construcción y desarrollo vital de eśte en base a la idea de virtud. Recuperando aportaciones de ésta también puede nos puede servir a la hora de plantear la revolución integral.

4.3. Transformación en todos los ámbitos de la vida

La revolución integral tiene que afrontar la totalidad holística y compleja de cuestiones importantes de las personas y la sociedad, no puede especializarse en ninguna ni olvidarse de alguna otra. No sólo con el cambio de valores y la revolución personal, no sólo con la revolución social, política y económica: con todo a la vez haremos la revolución integral.

5) Orígenes del concepto

El término revolución integral ya fue usado en el pasado por algunos anarquistas. En lo que se llama “España” lo utilizó a principios de este siglo el escritor libertario Félix García Moriyón. Después ha sido el historiador y pensador soriano Félix Rodrigo Mora quien hace poco empezó a apostar fuertemente por esta noción. En su obra escrita y oral se encuentran muchas aportaciones a la cuestión “revolucionaria integral”, y una aportación sintética al respecto son sus “25 puntos del sistema convicciones para una revolución integral”.

Mucha gente valora el potencial de ésta noción para englobar distintos colectivos y personas en una visión y líneas estratégicas generales revolucionarias, es decir, comprometidas con el objetivo de la libertad –así pues, contra el Estado y las otras formas de dominación–, viendo lo fundamental de abordar la integridad de las cuestiones humanas a trabajar para el proyecto emancipador.

La publicación masiva “¡Rebelaos!” adoptó el término hablando de germinar la semilla de la revolución integral. Meses después, activistas de Cataluña procedentes de distintos colectivos se encontraron para promover un llamado para la futura constitución de un “Bloque internacional para la revolución integral”. También la Cooperativa Integral Catalana ha organizado jornadas de reflexión sobre este término y un colectivo que hace tiempo que trabaja en esta misma orientación ideológica general, el Grup de Reflexió per a l’Autonomia, también lo adopta cada vez más explícitamente. Diversos autores de blogs y/o activistas como Antón Dké, Prado Esteban, Enric Duran o Blai Dalmau han hecho igualmente aportaciones a la cuestión.

La idea no es una cuestión cerrada, sino abierta: hay que llenarla de aportaciones, contenidos, reflexión y debate. El rumbo de esta noción dependerá de esta labor y de la aceptación que tenga entre esas personas que apuesten realmente por un cambio y una perspectiva revolucionaria hoy en día. Para que tenga potencia habrá que evitar usarla banalmente o a la ligera, o convertirla en una etiqueta sin contenido profundo.

6) El llamado “Integra Revolucio”

La idea de éste es promover la reflexión sobre la necesidad de una revolución integral y promover la reflexión profunda sobre esta cuestión para poder crear un marco de confluencia a nivel mundial para juntarnos, conocernos, compartir reflexiones y promover sinergias entre personas, colectivos y organizaciones que apostamos por una transformación revolucionaria de la sociedad que ponga fin al capitalismo y el Estado construyendo una nueva sociedad y un nuevo ser humano. Se ha planteado una propuesta de bases comunes para la convocatoria para formar este posible espacio.

1Del griego hetero (otros) y nomos (normas). Heteronomía significa que no son las propias personas de una sociedad, pueblo o colectivo las que participan, en igualdad de condiciones, en la deliberación y determinación de las normas y decisiones a establecer y tomar, sino que éstas vienen impuestas por unos “otros”, unas élites minoritarias.

2Del griego auto (uno mismo) y nomos (normas). Autonomía significa que son las propias personas, en igualdad de condiciones, las que participan en la deliberación y determinación de las normas y decisiones y, de esta manera, se autogobiernan, se autodeterminan, se autogestionan

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Elogio de la política profana: Una política estratégica frente a la estética del fragmento

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Y en el fondo, la prioridad otorgada a lo local sobre los grandes horizontes, a la eficacia inmediata sobre los sueños lejanos, al pragmatismo modesto sobre las abstracciones teóricas, no es más que el trillado estereotipo de todas las retóricas de la resignación”. Daniel Bensaïd

La discordancia de los tiempos

Durante el pasado siglo la bomba de relojería del capitalismo (la clásica contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas) experimentó un brutal salto cualitativo que tuvo su pistoletazo de salida con la primera guerra mundial. La expansión mundial del mercado capitalista, el auge e internacionalización de unas fuerzas productivas que cada vez devienen más destructivas sometidas a la lógica de la propiedad privada y la competencia bajo la forma del estado-nación fueron la causa principal de las dos guerras mundiales y del ascenso del fascismo.

La comprensión de que el capitalismo en su fase imperialista genera un desarrollo desigual y combinado -la penetración del capitalismo occidental en el resto del mundo integrando a los demás países en su esfera de dominación impone una combinación entre subdesarrollo y desarrollo que impide que estos países sigan el mismo esquema evolutivo- puso al orden del día la necesidad material del internacionalismo a la hora de abordar cualquier proceso de liberación.

Así la teoría de la revolución permanente permitió romper con las interpretaciones lineales o “etapistas” del marxismo de la Segunda Internacional y del estalinismo e integrar dentro de una misma estrategia de transformación social la no contemporaneidad o discordancia de los tiempos históricos de los diferentes países. Como explica Ernest Mandel: “Trotsky relacionó constantemente la lucha de clases de cada uno de los países con el lugar que ocupa cada país en el sistema capitalista mundial como una totalidad, y las consecuencias que una victoria o una derrota de la revolución en un país tendría sobre el sistema como un todo.”

La escala de los mapas

El actual proceso de mundialización capitalista, lejos de haber diluido las fronteras y la lucha de clases, ha exacerbado y desquiciado las contradicciones del proceso imperialista. Como explica Bensaïd: “A consecuencia de la circulación acelerada e incrementada del capital, de las mercancías y de la información, el poderío imperial evoluciona (…) las fronteras se desplazan, se amplían, se internalizan, pero no desaparecen.”

Los estados nacionales siguen siendo un eslabón central para romper la actual cadena de dominación a nivel nacional e internacional. Más del 90 por ciento del derecho internacional sigue siendo un derecho interestatal, mientras que el ámbito estatal, como saben muy bien los inmigrantes, continúa estructurando las relaciones de las fuerzas sociales, del mercado de trabajo, etc. Pero la transferencia de poder y funciones a escala supraestatal, como la Unión Europea (Comisión de Bruselas, Tribunal de Luxemburgo, Alianza Atlántica) reclama una “gimnasia estratégica que permita intervenir simultáneamente en diversos niveles”.

El problema es como definir una estrategia de cambio común en un contexto donde la mundialización capitalista ha multiplicado los espacios sociales no sólo con el refuerzo de las fronteras y nuevos muros de la vergüenza (Palestina, Estados Unidos y México, Ceuta y Melilla), sino dentro de los propios estados nacionales; donde las políticas neoliberales de los últimos 20 años han barrido los restos de los pactos sociales de la posguerra desintegrando las solidaridades sociales y fragmentando los espacios de experiencia que permitían establecer un marco político común.

Es en este contexto donde hay que situar el auge de las políticas de identidad y la etnización de la política. Es aquí donde Bensaïd, a través de David Harvey, reclama una comprensión de las escalas y articulación de los espacios sociales que permitan definir este marco político común: “Tras haber incorporado al pensamiento político las nociones de no contemporaneidad, de contratiempo y discordancia de los tiempos, hoy es necesario asimismo concebir la producción social y la discordancia de los espacios”.

El pánico por la identidad

Si nos acercamos a los espacios de desintegración urbana y social que hoy configuran el marco de experiencia de millones de personas en Europa, si nos acercamos a los habitantes de ascendencia extranjera de las banlieue, o a los jóvenes inmigrantes de cualquier suburbio de una ciudad europea, es difícil que perciban el espacio nacional como su marco de referencia principal.

Sin ir más lejos, seguramente a un paquistaní del Raval de Barcelona le importa poco, o más bien nada, las consultas independentistas de Arenys de Munt, por poner un ejemplo. Como explica Bensaïd, lo más probable es que la experiencia de este chico “esté dividida entre el limitado horizonte de su barrio o ciudad y el espacio imaginario del país de origen (que la mayoría no conocen y al que no volverán nunca), el también imaginario de la comunidad religiosa o el de un universo musical sin fronteras.”

Dicho de otro modo, hoy los espacios vividos y los espacios de representación coinciden menos que nunca. Frente a esta realidad, el repliegue sobre la nación étnica, la reivindicación de un cosmopolitismo liberal (o sea mercantil) o la defensa de la “nación política” (o republicana) no son soluciones, sino varios síntomas de un mismo problema.

Hegemonía y proyecto histórico

El giro culturalista que marca la posmodernidad es síntoma del vacío de proyectos históricos alternativos. “Salir de la historia es salir de la política”. La fuga del tiempo histórico sitúa la perspectiva del cambio social en el terreno de la teología o en los diferentes terrenos de la ilusión: la “ilusión social, [o sea] la confianza en la autosuficiencia de los movimientos sociales y la decisión de mantenerse aparte de la política”; o la “ilusión económica […] según la cual cierta cantidad de experiencias sustraídas a la lógica del mercado bastarían para frenar las lógicas en acción, esquivando la peliaguda cuestión del poder político”.

Así, frente a la crisis de la orientación espacio-temporal, la primera tarea es volver a construir este marco de experiencia y representación común para la acción política. Es aquí donde Bensaïd recupera el concepto de hegemonía: “El concepto de hegemonía, enmarcado en una perspectiva estratégica, es irreductible a un inventario o una suma de antagonismos sociales equivalentes. Implica una unión de fuerzas alrededor de relaciones de clase (…) Esto no implica, sin embargo, la subordinación de los diferentes movimientos sociales (feministas, ecologistas, culturales..) a un movimiento obrero en permanente reconstrucción, sino la búsqueda de convergencias en las que el propio capital sea el principio unificador activo.

La construcción de este bloque histórico debería ser la primera tarea de una política profana

La nueva esclavitud

FUENTE

Presentamos a continuación dos recopilaciones, una sobre la situación laboral mundial de mano de nuestro “altereconomista” favorito, Juan Torres López y otro sobre la desigualdad en la distribución de la renta de la mano de Justo Zambrana, subsecretario del Ministerio del Interior, donde comprenderemos en grandes cifras las nuevas clases o niveles sociales formados en la contemporánea sociedad global.

Juan Torres López nos muestra rápidamente unos datos sobre la situación laboral mundial que asustan solo con mirarlos en: La nueva esclavitud. Pasados unos años tras la publicación del tan polémico como revelador libro de No Logo, donde descubríamos que niños del tercer mundo fabricaba nuestras amadas zapatillas Nike, podemos ver cifras del trabajo desde el punto de vista macroeconómico a escala mundial.

Un informe reciente que la OCDE titulado Is Informal Normal? proporciona datos elocuentes y estremecedores sobre las condiciones laborales en el planeta, entre los que saco los siguientes:

– En el mundo hay 1.800 millones (60%) de trabajadores sin contrato laboral ni protección social frente a 1.200 millones que sí lo tienen.

– De esos 1.800 millones, 700 millones ganan menos de 1,25 dólares diarios y 1.200 millones con menos de 2 dólares diarios.

– La proporción de trabajadores sin contrato ni protección social (excluyendo los trabajadores de la agricultura) es del 75% sobre el total de la población trabajadora en el África Subsahariana, del 66% en Asia del Sur y Sudeste, del 50% en América Latina, Oriente Medio y África del Norte, y del 25% en los llamados países europeos en transición. Pero el informe afirma que si se incluyesen los trabajadores de la agricultura la proporción sería mucho mayor. Del 90% en el Sudeste de Asía, por ejemplo.

– En lugar de disminuir, la informalización del trabajo tiende a crecer y lo hará especialmente como consecuencia de la actual crisis.

Se dice pronto: ¡el 60% de los trabajadores del mundo trabajan sin contrato y sin protección social! Y a ellos habría que añadir los que no trabajan ni tienen ingreso, y los que trabajan sin cobrar!
Lo sorprendente es que todavía se siga pensando que el capitalismo es el sistema que trae progreso y bienestar y que es insustituible. Podemos aceptar que aún no hayamos sido capaces de crear una alternativa sólida a este estado de cosas infernal e inhumano. Pero me parece que de ahí a establecer que esto es lo mejor que puede haber sobre la Tierra hay una distancia que solo pueden saltar los que consciente o inconscientemente ignoran la realidad o los que se aprovechan de estas situaciones para disfrutar de privilegios. ¿O es que esos datos no son la prueba innegable de que el capitalismo “exitoso” que vivimos en nuestros días está basado en una nueva forma de esclavitud?
Se dice ahora que ha fallado el sistema financiero pero no es así, lo que falla de verdad es el capitalismo… Y, claro está, fallamos los seres humanos que somos incapaces de superarlo y de crear nuevas y más humanas formas de vivir en el planeta.

Me gustaría añadir aquí que lo que falla realmente es la condición humana; al fin y al cabo a lo largo de la historia humana ha habido muchos sistemas y muchas civilizaciones y finalmente la mayoría se ha corrompido hasta que era insostenible la diferencia entre ricos y pobres. Siempre he creído que cualquier sistema que busque la justicia tenderá a la equidad. ¿Utopía? Que lastima…

Citando a Justo Zambrana, subsecretario del Ministerio del Interior, en un artículo en El País digno de leer, titulado Crisis: ¿no será la distribución de la riqueza?, describe la situación en EEUU como “desde 2002, los beneficios empresariales han crecido ocho veces más que los salarios, y por eso no sorprende que los ricos hayan incrementado su riqueza nueve veces más deprisa que los pobres”. Y añade: “Para muestra, un botón: el índice de Gini, que mide la desigualdad en la distribución de la renta (0: igualdad absoluta, todos iguales. 1: desigualdad absoluta, uno se lo llevaría todo), en Europa se mueve entre el 0,25 y el 0,35; en España, por cierto, es el 0,34. En Estados Unidos es el 0,40, y en la comunista China, el 0,46″. A mi me da que en estos momentos todos los sistemas están podridos y es llamativo el caso de España, 0,34 en comparación con el 0,40 de ese EEUU que acabamos de ver como a evolucionado desde el 2002.

En fin, la situación laboral esta mal a nivel mundial y mal en los “países desarrollados”. Creando las nuevas clases -o niveles- sociales: los nuevos esclavos de la producción (el esclavo de Nike) y los nuevos esclavos del consumo y la banca (el esclavo del €uribor, al menos con prestación social; aunque claramente, cada vez más precaria).

Un saludo a la generación de mileuristas!!

Fuente fotografía: http://www.ucm.es/info/adnrecal/

La crisis capitalista según Marx

“La razón última de todas las crisis reales es siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuviesen más límite que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad”.   Karl Marx

Pequeña introducción

Algunas personalidades de la izquierda radical me vienen solicitando desde agosto que elabore un trabajo sobre la crisis. Quise responder al instante, pero no pude con el compromiso. Me tropecé con dos dificultades: la primera, no tenía actualizado muchos conceptos de El Capital, y la segunda, me veía obligado de continuo a intercalar conceptos aclaratorios   que afectaban al orden de la exposición. Así que no tuve otro remedio que ponerme a estudiar de nuevo el libro primero y el libro tercero de El Capital. Una cosa vi clara desde el principio: la izquierda radical necesita de los conceptos de El Capital para representarse el mundo capitalista de un modo diferente de como se lo representa la burguesía. Pues sucede que muchos trabajos que se hacen desde la izquierda reformista y la izquierda radical utilizan preferentemente conceptos de la economía convencional. Y de ese modo no escapan de la lógica del capitalismo.

Quisiera advertir que elaboraré algunos conceptos elementales de la teoría económica marxista que para muchos son conocidos. Pero en ocasiones los conceptos elementales no se dominan tanto como se cree, y lo peor: no se usan en el análisis. Así que deberíamos preguntarnos qué sentido tiene conocer los conceptos elementales de la economía marxista y después no usarlos en el análisis del capitalismo. Se produce aquí un gran error en la ideología de muchas personalidades de la izquierda radical: divorcio entre el carácter universal de los conceptos que supuestamente tienen en la cabeza y el carácter particular del   capitalismo realmente existente. Otra advertencia: cuando elaboro este tipo de trabajo, siempre pienso en un lector que desconoce casi por completo la teoría económica de Marx. No es que rebaje el nivel teórico de la exposición, sino que no doy nada por sabido. Creo que de este modo el número de lectores al que puede ser accesible este artículo será mayor,   y esto irá en beneficio de la causa   socialista.

 

El modo de exposición

 

Con este trabajo no pretendo responder de modo inmediato sobre las causas de la crisis. Las causas inmediatas o aparentes de la crisis ya han sido expuestas por la mayoría de los analistas de la izquierda reformista: la avaricia y la desregularización de los mercados financieros. Lo que pretendo es aprovechar la oportunidad para poner en circulación un conjunto de conceptos de El Capital de Karl Marx que nos ayuden a representarnos de modo científico la naturaleza del modo de producción capitalista y las condiciones que hacen posible la crisis. En eso consistirá la segunda parte de la exposición, mientras que en la primera parte someteré a crítica la explicación de las causas de la crisis según la izquierda reformista. 

 

La avaricia

 

Algunos analistas han presentado a la avaricia como una de las causas principales de la crisis financiera. Esta explicación adolece de dos defectos: uno, presenta un rasgo esencial del sistema capitalista, la avaricia o acumulación insaciable de riqueza por parte del capitalista, como un rasgo accidental y ocasional, y dos, explica el acto de la avaricia como una consecuencia de un rasgo de la subjetividad: ser avaricioso. Cuando lo correcto bajo el punto de vista científico sería explicar qué condiciones objetivas hacen posible que una persona sea avariciosa. Esto es como si le preguntáramos a un especialista por qué   A asesinó a B, y nos respondiera: porque es un asesino. El analista lo único que ha hecho es sustantivar el verbo y, por consiguiente, no ha dado explicación alguna sobre las condiciones objetivas que hacen posible la realización del acto.

Por avaricia debemos entender el afán desmedido de acumular riquezas o el sentimiento de placer que experimenta una persona con la acumulación de riquezas. Pero una de las leyes fundamentales del capitalismo, desde la acumulación originaria allá por el siglo XVI   hasta el presente siglo XXI,   es la acumulación. En aquel entonces utilizaron la violencia, hoy día, entre otras cosas, utilizan el sistema de crédito. Marx lo deja bien claro: “Producción de plusvalía o la obtención de ganancia es la ley absoluta de este modo de producción”. Y la utilización   de la plusvalía como capital o reconversión de plusvalía en capital se llama acumulación. No observamos otra cosa en el mundo capitalista que una constante e imparable acumulación de riquezas en pocas manos y una infinita pobreza por toda la faz de la tierra.   Así que es un error teórico presentar la avaricia como causa de la crisis financiera actual, cuando es un rasgo sustancial del capitalismo presente en toda su historia.

 

El mercado y la regulación

 

Muchas voces autorizadas han afirmado que la causa de la crisis ha sido la desregularización de los mercados financieros, señalando a los fundamentalistas del mercado como los responsables de la misma. De este modo   presentan la crisis   como fruto de   la   contradicción existente entre el mercado libre y el mercado intervenido.     De esta concepción participan muchas cabezas pensantes de la izquierda radical.

A este respecto hay que dejar claras dos cuestiones. Primera, este debate es un debate sobre el mecanismo económico empleado para el desarrollo de las fuerzas productivas, mercado libre o mercado regulado, y no sobre la forma específica del modo capitalista de producir riqueza, y segunda, es un debate en el seno de la propia burguesía. Ha quedado marginada de este debate la contradicción entre propiedad privada y propiedad pública. Desafortunadamente siguen habiendo   muchos sectores de la izquierda radical que identifican el modo de producción capitalista   con el mercado. De manera que el problema no se plantea como debería plantearse desde las posiciones de la izquierda radical, esto es, como una contradicción entre un mercado capitalista y un mercado socialista. Sin duda que un mercado socialista, un mercado donde predominara la propiedad pública, en especial la propiedad estatal, sería un mercado más regulado y controlado que un mercado donde predominara la propiedad privada.

 

La intervención del Estado   o la necesidad del socialismo

 

Ha estallado la crisis en el corazón del capitalismo mundial: EEUU. Y el Estado ha tenido que intervenir. De entre sus múltiples intervenciones la más llamativa al principio fue que tuvo que emplear 140.000 millones de dólares para salvar a los dos gigantes hipotecarios del país: Freddie Mac y Fannie Mae, que tienen en su poder la mitad de las hipotecas. Pero más impactante fue la aprobación por parte de la cámara de representantes de una inyección de 700.000 millones de dólares para sanear el mercado financiero. Y la sorpresa definitiva ha sido las nacionalizaciones de los bancos que se ha producido en la vieja Europa. De aquí extraemos una evidente conclusión: es el propio   capitalismo quien en su desarrollo demuestra la necesidad del socialismo, la necesidad de la propiedad pública estatal.

La diferencia entre el socialismo defendido por Marx y el defendido por los socialistas utópicos estribaba en lo siguiente: mientras los socialistas utópicos se dedicaban a imaginar la sociedad del futuro, Marx se dedicó a estudiar la sociedad del presente, el capitalismo, y a descubrir los gérmenes del socialismo. No se trata de estar a favor o en contra de la propuesta de Bush, de lo que se trata es de señalar que el más grande de los liberales se ve obligado a reconocer la necesidad de la intervención del Estado en la economía capitalista, para que ésta se desenvuelva de forma armoniosa.

 

¿Se podría ir más lejos en el camino del socialismo?

 

En ocasiones se confunden las tareas teóricas con las tareas prácticas. Como dije en el apartado anterior la cuestión científica clave para los seguidores de Marx es conocer del modo más profundo el capitalismo y descubrir en su seno las tendencias y gérmenes del socialismo. Esa es la tarea del científico: demostrar la necesidad de la existencia de determinados entes y relaciones. Y si esa demostración se da de modo práctico, si es la nación más liberal que existe en la faz de la tierra quien reclama la intervención del Estado en la economía capitalista, pocos esfuerzos teóricos y de convicción hay que hacer.

Otra cuestión es el análisis del problema bajo el punto de vista práctico. Ya que la necesidad de la intervención del Estado es incuestionable, ya que las pérdidas deben tener una solución socialista, lo consecuente sería entonces que las ganancias tuvieran también una solución socialista. Y para hacer posible que las ganancias fueran socialistas, las más grandes empresas de EEUU, incluyendo a los bancos, deberían ser de propiedad pública. Pero para lograr este objetivo es necesario que exista un partido político con este ideario, que tenga una amplia base social,   y que disponga de una amplia representación parlamentaria.

 

El punto de vista del ahorrador

 

Una gran parte de los análisis sobre la crisis se hace desde el punto de vista del ahorrador. De hecho las medidas de los gobiernos occidentales, aumentando la cuantía de la garantía de los depósitos, buscan tranquilizar a los ahorradores. Hay un trabajo de Leopoldo Abadía, cuyo punto de vista es la del pequeño ahorrador, que ha tenido muy buena acogida entre los internautas. Su página Web ha recibido más de un millón de visitas. El asunto es seguirle el rastro al dinero. Pero al adoptar el punto de vista del pequeño ahorrador, el camino que sigue es erróneo. Estamos hablando de las hipotecas subprime, de créditos concedidos a personas que no pueden pagarlas. Se trata de que al señor A se le ha concedido un crédito hipotecario para que le compre una vivienda al señor B.

El dinero pasa, primero,   del banco al señor A, y después,   del señor A al señor B. El dinero que busca el ahorrador lo tiene el señor B. Pero Leopoldo Abadía le sigue la pista al título de deuda que está en el banco, donde dice que el señor A le adeuda una determinada cantidad de dinero, en vez de seguirle la pista al dinero o al valor que expresa este dinero. Sigamos: el señor A le entrega el dinero al señor B, y el señor B le entrega una vivienda al señor A. Por lo tanto, el mismo valor que antes existía en forma de dinero en manos del señor A, existe ahora en forma de vivienda. Pero el verdadero dueño, el dueño nominal de la vivienda, es el banco, hasta que el señor A le devuelva el dinero prestado más el interés correspondiente.

Resulta que llegado el momento, por causas varias, el señor A no puede pagar las mensualidades al banco. El banco ipso facto se hace dueño del inmueble. Por lo tanto, el dinero que el ahorrador depositó en el banco sigue en manos del   banco, aunque ahora en forma de vivienda. ¿Qué deben hacer los ahorradores en caso de que vean amenazados sus ahorros? Reclamar la propiedad de las viviendas. El error de Leopoldo Abadía, como el de todos los que se sitúan en el punto de vista del ahorrador, estriba en que le siguen la pista a los títulos de deuda, esto es, al dinero ficticio, cuando lo que deberían hacer es seguirle la pista a la metamorfosis del valor, que de dinero contante y sonante se transforma en valor de uso   real, a saber, en vivienda. También es cierto que una parte de esos ahorros se han transformado en sueldos y comisiones indebidos. Pues bien, que reclamen a los titulares de esos sueldos y comisiones una parte de su patrimonio. De todos modos, esos exorbitados sueldos y comisiones que se llevan tanta gente en sus funciones como intermediarios, pone de manifiesto la necesidad de poner topes superiores a los ingresos, esto es, pone de manifiesto la necesidad del socialismo.

 

La burbuja inmobiliaria

 

Hablar de las hipotecas subprime y de la burbuja inmobiliaria sin hablar del precio del suelo es un grave error teórico y práctico. Se nos habla de la especulación que ha habido en este sector, pero mejor sería hablar de la enorme explotación a la que se han visto sometidos los trabajadores y de la que participan amplios sectores de la clase media. El culpable: la propiedad privada sobre el suelo y el mercado libre de los precios del suelo. Otro culpable: el mercado libre de los alquileres. El Estado ha tenido que intervenir en el mercado financiero y ha tenido que nacionalizar parcialmente algunos bancos. Pues lo mismo debe hacer y con carácter de urgencia en el mercado del suelo. Los precios de las viviendas se dispararon hacia las nubes fundamentalmente por el precio del suelo, no por el valor de construcción de las viviendas. Ha habido muchas personas que se han enriquecido y se siguen enriqueciendo de manera desproporcionada con la venta de suelo para viviendas.   El método es fácil, y fácil en el modo de producción capitalista: yo compro hoy un terreno en 60.000 euros   y lo vendo dentro de cinco años en 130.000 euros o más. ¿Y por qué lo puedo vender más? No porque yo lo haya trabajado o haya tesoros escondidos en él, sino sencillamente porque el Ayuntamiento ha declarado que la zona donde está mi terreno es urbanizable.

Así que la burbuja inmobiliaria no se hubiera producido y se evitaría que se produjera en el futuro, si el Estado interviniera en los siguientes ámbitos: uno, prohibir que cualquier particular sea propietario de terrenos que excedan determinada extensión,   dos,   los precios del suelo deben ser regulados por el Estado para evitar los enriquecimientos súbitos y desproporcionados, y tres, obligar a los particulares, cuando estos no lo van a usar durante un plazo de cinco año, a vender el suelo para la construcción de viviendas. Cuando Leopoldo Abadía se pregunta dónde está el dinero que ha desaparecido de los bancos,   habría que responderle que una buena parte del mismo está en quienes vendieron el suelo.

 

Capitalismo y valor mercantil

 

El valor de toda mercancía producida en régimen de producción capitalista, M, se representa en la fórmula: Valor mercantil = capital constante + capital variable + plusvalía. En adelante, M = c + v + p.   El valor de los coches, del alimento, de las viviendas y de todas las mercancías se representa mediante esta fórmula. Para los marxistas esta fórmula es fundamental, puesto que sirve para explicar cómo se conserva y se crea el valor. Los economistas convencionales carecen de alguna fórmula parecida. Demos una explicación sencilla de lo que representa esta fórmula. El capital constante es el valor de los medios de producción, maquinarias y materias primas, consumidos en la elaboración de las mercancías, el capital variable es el valor de la fuerza de trabajo empleada, y la plusvalía o ganancia   es el valor excedente del que se apropia el capitalista. La tarea de los trabajadores es doble: conservar el valor del capital y multiplicarlo. Y la multiplicación del valor se llama valorización.

Para los marxistas la cuestión clave aquí, además de la conservación del capital,   es el hecho de que la plusvalía o ganancia la producen los trabajadores y se la apropia el capitalista. Las crisis se deben justamente a que los salarios, el capital variable, se mantienen en unos límites muy estrechos, mientras que el plustrabajo o plusvalía crece sin cesar. Este hecho se verá más claro más adelante.

Infinidad de economistas, supuestamente progresistas y de izquierda, no le dan valor alguno a esta fórmula, pero hacen mal, muy mal. No ayudan a la causa del socialismo ni a la justicia social. No están siquiera a la altura del burgués Locke, quien en su lucha contra los representantes del feudalismo defendía que el derecho de propiedad debe basarse en el derecho al trabajo propio. Hoy esta esencia económica la han difuminado los economistas convencionales y hablan de capital humano, de inteligencia, de habilidades, en fin, de una suma de rasos subjetivos con el único fin de justificar los exorbitantes sueldos que ganan los altos ejecutivos y la imparable apropiación de trabajo ajeno por parte de los grandes capitalistas monetarios y de los accionistas mayoritarios.

En la época feudal los campesinos trabajaban la mitad de la semana en sus tierras y la otra mitad en las tierras del señor. Aquí queda claro como la luz del día que los señores feudales se adueñaban de la mitad del   trabajo creado por los campesinos, y la extrema riqueza de aquellos no tenía otra explicación. Pues en el capitalismo pasa lo mismo: durante una parte de la jornada laboral, el llamado trabajo necesario, el trabajador produce el salario que después el capitalista le paga, y durante la otra parte, el llamado plustrabajo, el trabajador produce la plusvalía que se reparten los dueños de los factores de producción: el banquero se apropia de la parte de la plusvalía a la que se llama interés, el dueño del local se apropia de otra parte a la que se llama renta del suelo, y el industrial o comerciante se apropia de la última parte a la que se llama beneficio.   Querer ocultar que el modo de producción capitalista es un modo de explotación del hombre por el hombre, como hacen muchos economistas progresistas, es un grave atraso teórico. Y la actual crisis ha puesto de manifiesto esta cruel y descarada explotación.

Es un error igualmente ser benevolentes en el terreno teórico con una buena parte de economistas convencionales, que siendo sin duda representantes de la burguesía de izquierda, no obstante, no critican de forma radical el gran fundamento del capitalismo y las consecuencias tan inhumanas que provoca. Trascribo una cita de Marx para todos aquellos economistas de izquierda que no creen en la actualidad en el genial pensador alemán y sí en el enorme formalismo de la economía convencional, que aunque muchos la presentan como muy científica no sirve para pronosticar nada ni para demandar un cambio radical del modo de producción capitalista: “La economía política anterior partía de la riqueza supuestamente engendrada para las naciones por el movimiento de la propiedad privada, para llegar a consideraciones apologéticas sobre   este régimen de propiedad. Proudhon parte del lado inverso, que la economía política encubre sofísticamente, de la pobreza engendrada por el movimiento de la propiedad privada, para llegar a las consideraciones que niegan este tipo de propiedad”. Muy claro: los burgueses parten de la riqueza para hacer apología de la propiedad privada, mientras que los defensores del socialismo deberían partir de la pobreza para negar la propiedad privada. Esta conciencia y este paso radical les falta a los economistas convencionales de izquierda.

 

La ley de la acumulación capitalista mistificada como ley natural

 

Mientras la necesidad no acucia, los apologistas del capitalismo suelen despreciar las ideas de Marx, de las que afirman que están fuera de época y que, por tanto, han perdido su sentido histórico. Pero ahora, con la terrible crisis financiera que nos azota, estamos asistiendo a un reclamo del Estado y de los acuerdos colectivos por parte de los grandes mandatarios capitalistas que nadie podía imaginar, hasta el punto de que podamos escuchar declaraciones como la de Nicolas Sarkozy,   “La idea de un mercado todopoderoso sin reglas y sin intervención política es una locura… La era de la autorregulación se acabó”, o   la de Hank Paulson, secretario del Tesoro de EEUU: “El capitalismo crudo llegó a su final”, que sorprenden a todos.

En el capitalismo la fuerza de trabajo sólo es vendible a condición   de que conserve los medios de producción como capital y proporcione plusvalía como fuente de capital adicional. Así que la ley de la acumulación capitalista mistificada como ley natural sólo expresa el hecho de que su naturaleza excluye todo aumento de los salarios que pueda amenazar seriamente la constante reproducción de la relación capitalista. Y no puede ser de otro modo en un modo de producción donde el   obrero existe para las necesidades de revalorización del capital, para que el capital se multiplique sin cesar, en vez de que la riqueza material exista para las necesidades del desarrollo de la vida de la sociedad. Esta inversión y enajenación inhumana, que hoy día hay que tener más en cuenta que nunca, lo expresa Marx en los siguientes términos: “Igual que en la religión el hombre es dominado por el producto de su propia cabeza, en la producción capitalista lo es por el producto de su propia mano”.

 

Todo proceso de producción es un proceso de reproducción

 

Cualquiera que sea la forma social del proceso de producción, éste tiene que ser continuado o recorrer periódicamente los mismo estadios. Si hoy produces pan, mañana debes volver a producir pan. Si hoy consumiste harina para hacer pan, mañana debes volver a consumirla. Si hoy compras la harina que mañana consumirás, mañana debes volver a comprar la harina que consumirás pasado mañana. Por lo tanto, todo proceso de producción es un proceso de reproducción. Y si la producción es capitalista, la reproducción debe serlo igualmente. Esta noción elemental es importante porque las crisis se presentan como una parálisis en la reproducción.

 

Precio de costo y ganancia

 

Las relaciones de producción capitalista ocultan   que el creador de la plusvalía o ganancia es el trabajador. Les recuerdo que el valor de toda mercancía producida en régimen capitalista se representa en la fórmula: M = c + v + p. Si descontamos la plusvalía   al valor de la mercancía, nos quedará un valor que repone lo que le ha costado la mercancía al capitalita: c + v. De manera que para el capitalista el capital constante más el capital variable se le presenta como el precio de costo de la mercancía: pc = c + v. Y llama ganancia a la diferencia existente entre el precio a que ha vendido la mercancía y el precio que le ha costado. De manera que para el capitalista no existe capital constante, ni capital variable ni plusvalía. Sólo existe lo que le costado la mercancía, los medios de producción gastado y los salarios pagados, y la ganancia, que se le presenta no como un plusvalor creado por los trabajadores que ha contratado, sino como la diferencia entre el precio al que puede vender la mercancía y lo que le ha costado producirla.   Por eso, para el capitalista la fórmula que representa el valor de las mercancías es el siguiente: M = pc + g. Esta fórmula no expresa cómo se genera el valor, sólo expresa cuánto le cuesta la mercancía al capitalista. Marx lo expresa así: “Ya se vio más arriba que aunque p, la plusvalía, sólo brota de un cambio de valor del capital variable, después de finalizar el proceso de producción representa asimismo un aumento de valor de c + v, el capital global gastado… Así presentada, como vástago del capital global desembolsado, la plusvalía revista la forma transfigurada de la ganancia”.

 

Cuota de plusvalía y cuota de ganancia

 

La cuota de plusvalía, P’, se representa mediante la fórmula: P’ = p/v. Esta fórmula expresa el grande de explotación de la fuerza de trabajo. Esta fórmula pone en relación porcentual la cantidad de valor nuevo con el que se queda el capitalista, la plusvalía, con el valor que se quedan los trabajadores, el salario. Por su parte, la cuota de ganancia, G’, se representa mediante la fórmula: G’ = p/pc. Esta fórmula expresa el grado de revalorización del capital total desembolsado. Pone en relación porcentual el valor nuevo con el que se queda el capitalista, p, con el valor del capital desembolsado, precio de costo de la mercancía. Así que dada una determinada masa de plusvalía, la cuota de ganancia siempre arrojará un porcentaje inferior a la cuota de plusvalía.

 

La ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia

 

A medida que se desarrolla el modo capitalista de producción, así ha sido desde su inicio y lo sigue siendo en la actualidad, se efectúa una disminución relativa del capital variable en relación con el capital constante. O dicho de otra forma: la inversión en capital constante aumenta proporcionalmente más que la inversión en capital variable. Gráficamente podemos decir que cada vez las naves son más grandes, hay mayor cantidad de maquinaria, se procesa mayor cantidad de materia prima, y proporcionalmente hay menos obreros. Este crecimiento gradual del capital constante, en proporción al variable, provoca inevitablemente un descenso gradual de la cuota de ganancia.

Una de las causas principales de la baja de la cuota de ganancia es el desarrollo incondicional de las fuerzas productivas. Todas las empresas buscan producir y vender lo más posible y hacerlo a los precios más baratos. Y esto sólo pueden lograrlo haciendo que sus empresas crezcan e instalen maquinarias de última tecnología. ¿Y por qué este afán por el desarrollo incondicional de las fuerzas productivas? Porque quieren quedarse con todo el mercado. Porque quieren acabar con la competencia. Todas las empresas, bajo el régimen de producción capitalista, abrigan en su seno el deseo de monopolio.

Pongamos un ejemplo para que se vean las graves consecuencias del desarrollo incondicional de las fuerzas productivas. Pensemos en un pequeño país que tiene un centenar de medianas empresas de alimentación con tecnología del año 2000. Supongamos ahora que unos inversores extranjeros instalan una macroempresa de alimentación con tecnología del año 2008. La diferencia tecnológica es tan grande que las macroempresa respecto de la mediana empresa tiene dos claras ventajas: una, necesita un 30 % menos de mano de obra, y dos,   produce cinco veces más productos por unidad de tiempo. Esto provoca automáticamente dos cosas: una, el capital que representan las 100 medianas empresas se desvaloriza, y dos, una buena parte de ella, al ver disminuir su ganancia por debajo del costo, desaparece.

¿Debemos entonces permitir el desarrollo incondicional de las fuerzas productivas? Bajo el punto de vista de los intereses de la sociedad debemos responder con un rotundo no. ¿Quién debe determinar el grado   de desarrollo de las fuerzas productivas? Bajo el punto de vista de los intereses de los trabajadores debe determinarlo no la competencia sino las necesidades sociales. Puesto que si algunas empresas aceleran en exceso el desarrollo de las fuerzas productivas, el daño que provoca es superior a los beneficios que reporta.   ¿Estamos proponiendo acabar con la competencia? De ningún modo. Lo que estamos proponiendo es que se mantenga dentro de unos límites razonables y beneficiosos para los intereses del conjunto de la sociedad.

 

Las condiciones de la explotación y de la realización de la fuerza de trabajo

 

La obtención de plusvalía constituye el proceso directo de producción. Tan pronto como se ha objetivado en mercancías la cantidad de plustrabajo que puede exprimírsele al obrero, se ha producido la plusvalía. Pero con esta producción de plusvalía sólo ha terminado el primer acto del proceso de producción capitalista. Ahora viene el segundo acto del proceso: hay que vender las mercancías.   Y hay que venderlas todas, tanto las que reponen el capital constante y el capital variable como las que representan la plusvalía.   Si no ocurre así, si sólo se venden las mercancías que reponen el capital desembolsado y no las que representan la plusvalía, el obrero ha sido ciertamente explotado pero su valor de explotación no se ha realizado.   (Realizar el valor de las mercancías significa vender las mercancías)

Las condiciones de explotación y su realización no son idénticas. Se diferencian en principio tanto espacial como temporalmente.   Primero se explota al obrero en la empresa, cuando aquel produce las mercancías,   y después se realiza la explotación en el mercado, cuando las mercancías son vendidas. Pero las condiciones de explotación también se diferencias conceptualmente de las condiciones de realización. Las condiciones de explotación están limitadas por las fuerzas productivas de las que dispone la sociedad,   por el tamaño de las empresas por el nivel técnico de las máquinas y por el nivel profesional de los trabajadores, mientras que las condiciones de realización están limitadas por dos factores: uno, por la proporcionalidad entre las distintas ramas de producción, y dos, por la capacidad de consumo de la sociedad.

Con respecto al primer factor, a la proporcionalidad entre las ramas, todo el mundo lo venía cantando con respecto a la actual crisis: la rama de la construcción está teniendo un desarrollo desproporcionado con respecto a las otras ramas. Si el pago de las hipotecas absorbe la mayor parte de la capacidad de consumo de los trabajadores, necesariamente tiene que mermar la demanda del resto de los servicios y bienes de las otras ramas de la economía. Y esta desproporción más tarde o más temprano se tiene que manifestar como crisis.

Con respecto al segundo factor, a la capacidad de consumo de la sociedad, diremos que no viene determinada por la capacidad absoluta de consumo de la sociedad, sino por la capacidad de consumo a base de las condiciones antagónicas de distribución, que reduce el consumo de las grandes masas de la población a límites muy estrechos. Hoy día hay muchas viviendas que no se pueden vender porque no hay gente que pueda comprarlas. Aparentemente la situación es así. Pero no es cierto. Lo cierto es que las personas que tienen dinero no tienen necesidad de esas viviendas, y quienes la necesitan no tienen dinero para comprarlas. El hecho cierto es que en la producción de viviendas no se ha tenido en cuenta la capacidad de consumo, o mejor la capacidad adquisitiva, de las personas que las necesitan. Y por eso se ha producido en exceso: hay crisis de superproducción. Pero esto no es un rasgo accidental del capitalismo, es un rasgo periódico.

 

El mercado mundial como ley natural independiente de los productores

 

En el capitalismo predomina la competencia ciega entre las empresas. Todas buscan aumentar la productividad del trabajo para ampliar su cuota de mercado y desalojar a las empresas rivales. Si las empresas no crecen, corren el riesgo de perecer. Y el aumento de la productividad del trabajo, la introducción de nueva maquinaria con mejor tecnología que abarata el producto individual, provoca la depreciación del capital existente. Por lo tanto, el mercado tiene que extenderse continuamente y parece no tener fin. La globalización es una expresión más, un estadio de desarrollo más, de la extensión de mercado. Y resulta lo que muy sabiamente dice Marx: “Las conexiones y condiciones que regulan el mercado mundial   adoptan más y más la forma de una ley natural independiente y resultan cada vez más incontrolables”. No otra cosa ha puesto de manifiesto esta crisis: el mercado mundial se ha manifestado como una potencia incontrolable que ha causado daños irreparables a la economía. Y la solución se ha evidenciado con claridad en EEUU y en la UE: la intervención estatal, la nacionalización de la banca, la dirección y conciencia propias del interés colectivo y de la propiedad pública.

 

El desarrollo de las fuerzas productivas y la valorización del capital existente

 

El verdadero límite de la producción capitalista es el propio capital. El capital y su autovalorización   se presentan como punto de partida   y fin de la producción. Si tengo 100 euros de capital persigo que se transforme en 120, y cuando tenga 120 persigo que se transforme en 150 y así sin parar. La producción sólo es producción para el capital y, no al revés, los medios de producción medios para la extensión de la vida de la sociedad. La producción no tiene como fin y meta la vida de la sociedad y su mayor felicidad, sino el capital y su autovalorización.

Los límites en los que puede moverse la conservación y valorización del capital, basada en la destrucción del capital de la competencia y en la miseria de grandes masas a escala planetaria, están en constante contradicción con los métodos de producción que emplea el capital para sus fines. Los métodos de producción capitalistas persiguen el aumento ilimitado de la producción, tienen a la producción como fin en sí mismo, buscan el desarrollo incondicional de las fuerzas productivas. Pero como las grandes masas sociales perciben ingresos muy limitados, nunca pueden consumir todo lo que se produce y se originan las crisis de sobreproducción. Después se quejan los capitalistas de que se están vendiendo menos casas, menos automóviles y menos de todo. No puede ser de otro modo: quienes necesitan esas mercancías no pueden comprarlas porque no tienen dinero.

Así que el fin de la producción no debería ser la valorización del capital existente o no únicamente la valorización del capital existente.   No se debería permitir que todo el plusvalor creado fuera destinado a aumentar de nuevo la producción, se debería limitar la cantidad de plusvalor destinado a ese fin. Se debe buscar que la producción esté al servicio de las necesidades sociales y la felicidad común. Para ello una buena parte del plusvalor debería ir a manos de sus creadores: los trabajadores. Sólo así se obtendría una mayor proporcionalidad entre lo que se produce y lo que se consume. Y las crisis no nos azotarían.

 

El dinero como dinero y el dinero como capital

 

Al dinero suele llamársele capital. Es hábito común entre los economistas burgueses. Pero esto no es cierto, todo dinero no es capital. ¿Cuándo el dinero se transforma en capital? Cuando con ese dinero se compran medios de producción y fuerza de trabajo para producir riqueza.

Si el dinero es empleado para comprar un coche, una vivienda o cualquier otro medio de consumo, ese dinero no es capital. Es cierto que los bancos prestan dinero a los ciudadanos para comprar viviendas y automóviles y les cobra un interés. Es cierto que los bancos venden ese dinero como capital, pero no se usa como capital sino como medio de compra.

 

La circulación del capital

 

La conversión de una suma de dinero en medios de producción y fuerza de trabajo es el primer movimiento que efectúa el dinero que debe funcionar como capital. Ocurre en el mercado. La segunda fase del movimiento, la producción, finaliza cuando los medios de producción con el concurso de la fuerza de trabajo se han transformado en mercancías. El valor de estas mercancías encierra más valor que el de sus componentes, esto es, contiene el valor del capital originariamente desembolsado más una plusvalía o ganancia. La tercera fase del movimiento también transcurre en el mercado: hay que vender las mercancías producidas, transformarlas en dinero para iniciar de nuevo el ciclo.

El momento más crítico del ciclo del capital se encuentra en la tercera fase. Las mercancías pueden no venderse o sólo venderse en parte. Pueden incluso venderse pero el   cliente no pagarlas. Si esto ocurre, el ciclo queda roto y no hay dinero para iniciarlo de nuevo.   Hay que tener en cuenta que el comprador de la mercancía, suponiendo que sea una vivienda, habitualmente   solicita al banco un crédito   para pagarla. El vendedor ha realizado la venta y puede iniciar de nuevo el ciclo del capital, pero puede suceder que la persona que ha solicitado el crédito no tenga dinero para pagarlo. El ciclo, por lo tanto, no ha terminado. La vivienda no se ha realizado como dinero. Permanece ahora en manos del banco como un bien patrimonial. Y si esto ocurre en cantidad, como ha ocurrido con las hipotecas subprime, se produce una crisis. Los bancos no pueden seguir concediendo créditos y se paraliza o estanca una parte de la producción.

 

El capital como mercancía

 

El dinero puede convertirse en capital sólo en el modo de producción capitalista. Y bajo esta circunstancia de un valor dado pasa a ser un valor que se valoriza. El dinero como capital produce ganancia. Pero, ¿qué quiere decir que el dinero como capital produce ganancia? Que faculta al capitalista para extraer de los obreros una determinada cantidad de trabajo no retribuido. De esta manera, además del valor de uso que posee como dinero, esto es, ser medio de compra, adquiere un valor de uso adicional: funcionar como capital. La utilidad del dinero como capital estriba justamente en la ganancia que produce. Y esta utilidad del dinero como capital, producir ganancia, hace posible que se transforme en mercancía.

Si la cuota media anual de ganancia es del 20 %, toda suma de 100 euros empleadas como capital genera una ganancia de 20 euros. Por lo tanto, si A dispone de 100 euros, A tiene en sus manos el poder de producir 20 euros de ganancia. Si A cede los 100 euros por un año a B que los emplea como capital, le   dará a B el poder de producir 20 euros de ganancia. Si al final del año B le paga 5 euros al propietario de los 100 euros, le   está pagando el valor de uso de los 100 euros como capital.   Los 5 euros que B le paga a A se llaman interés, que no es más que un nombre especial para una porción de la ganancia que el capital en funciones tiene que abonarle al propietario del capital. Desde este momento es necesario distinguir entre el capitalista en funciones, el capitalista que realmente emplea el dinero como capital, y el propietario del capital.

Se ha instalado en la conciencia de la gente que es un hecho natural que quien deposite en un banco una suma de dinero a plazo fijo, debe entregársele a cambio un interés. Parece que es natural y razonable este hecho. Pero los marxistas deberíamos expresar este hecho de otro modo: quien deposita dinero a plazo fijo en un banco, tiene derecho a apropiarse de una determinada cantidad de trabajo ajeno. Pero la cosa no queda ahí, puesto que el beneficio del banco proviene   de la diferencia existente entre el interés al que presta el dinero y el interés que paga a los depositantes. Así que los dueños de los bancos, los accionistas,   al prestar dinero, tienen también derecho a apropiarse de trabajo ajeno. Hemos supuesto que de modo general el interés es un parte de la ganancia que el industrial o comerciante produce con el capital prestado.

A este respecto hay que tener en cuenta dos cuestiones. Una, si el número de personas que viven de prestar dinero crece de manera desproporcionada con respecto a las personas que producen ese beneficio, el sistema económico termina por saltar y se produce una crisis. Son demasiadas manos las que se apropian de trabajo ajeno. Aquí también debe intervenir el Estado: no se puede permitir esos descomunales sueldos e ingresos que tienen los grandes capitalistas, los altos ejecutivos, las estrellas del deporte, las estrellas de cines y un largo etcétera. Cuanta mayor masa monetaria ingrese una persona, mayor capacidad tienen para apropiarse de trabajo ajeno. Suponiendo que el tipo de interés vigente sea del 5 %, si deposito 1000 euros a plazo fijo, obtengo 50; pero si deposito 10 millones de euros, obtengo 500.000 euros. Y esto no debe permitirse, no sólo porque supone una cruel explotación, sino porque el sistema económico no puede resistirlo y periódicamente incurrirá en crisis.

La segunda cuestión a plantear es que cuando un banco presta dinero para que un asalariado compre una vivienda, el interés que paga el trabajador no proviene de la ganancia, puesto que él no emplea el dinero como capital, sino de su salario. Aquí el dinero prestado adquiere la forma de usura. Es una cruel explotación la que se realiza sobre los trabajadores. Al comprador de la vivienda lo explota primero el propietario del suelo, cuyo precio ha ascendido de manera astronómica sin haber añadido el menor trabajo al mismo, y después el banquero, que le cobra un desproporcionado interés. Aquí de nuevo debe intervenir el Estado: el interés del dinero prestado para comprar viviendas no debe exceder en ningún caso la inflación.

 

El crédito como mediador de toda actividad económica

 

En un sistema de producción donde todo el mecanismo del proceso de reproducción se base en el crédito, desde que éste cesa de repente tiene que producirse una crisis, esto es, una demanda violenta de medios de pagos. Todas las empresas solicitan crédito para comprar maquinarias y materias primas, todas tienen siempre un estado determinado de endeudamiento, siempre le deben dinero a los bancos. Igual sucede con los consumidores: solicitan créditos para comprar una vivienda, un automóvil, muebles etcétera. De manera que el sistema capitalista no podría sostenerse ni reproducirse si falla el sistema de crédito, si los bancos no prestan dinero. De ahí la necesidad irrenunciable de que el Estado intervenga en la actual crisis e inyecte dinero al mercado financiero. Si no lo hiciera, las consecuencias a corto plazo serían en parte muy graves y en parte irreparables.

Bajo el punto de vista de los intereses del socialismo nos debe alegrar que esta intervención en el caso de Inglaterra haya consistido en la nacionalización de una parte de los bancos. El Estado en algunos casos, no sé si en todos, se ha convertido en el accionista mayoritario. Creo que esta crisis ha puesto de manifiesto la importancia básica del crédito monetario y de la actividad de los bancos. También ha puesto de manifiesto la necesidad de la intervención del Estado. Por lo tanto, siendo los bancos un agente   tan importante y básico para el sistema económico, se deduce con claridad la necesidad de que los bancos sean de propiedad pública y no de propiedad privada. Y no es un sueño de utópicos socialistas, sino una urgente necesidad, como ha puesto de manifiesto la actuación de los Estados capitalistas en la actual crisis financiera.

 

El capital ficticio

 

La forma del capital productor de interés, esto es, que el dinero produce más dinero, implica que toda renta regular de dinero se presente como interés de un capital, provenga o no de un capital.   Primero se convierte en interés la renta monetaria, y después se calcula el capital del que aquel interés supuestamente proviene.

Pongamos por ejemplo el salario. Supongamos que una persona gane al mes 1000 euros.

Si el tipo de interés es del 5 %,   los 1000 euros se presentarían como el interés que arroja un capital de 20.000 euros. El salario se consideraría aquí como el interés, y la fuerza de trabajo como el capital que arroja este interés. El absurdo de la concepción capitalista llega aquí a extremos irrisorios, puesto en vez de explicar la valorización del capital por la explotación de la fuerza de trabajo, se procede al revés, se presenta la fuerza de trabajo como si fuera un capital que arroja un interés específico: el salario. La mejor manera de desbaratar este absurdo estriba en saber que el obrero tiene que trabajar para poder obtener ese “interés” llamado salario, mientras que el capitalista monetario no tiene que trabajar para percibirlo.

Pero aclaremos mejor el concepto de capital ficticio poniendo como ejemplo la deuda pública. El Estado toma prestado dinero y emite títulos de deuda pública.   Aquí el acreedor, quien posee el título de deuda, no puede romper sus lazos con el deudor, el Estado. Lo que sí puede hacer es vender a otra persona ese título de deuda. Pero lo primero que debemos ver claro es que el capital prestado ya no existe, puesto que el Estado ya se lo ha gastado. Lo único que existe es un título de deuda en manos del acreedor. Supongamos que este título de deuda tenga un valor nominal de 100 euros y que el tipo de interés sea del 5 %. El propietario del título podrá reclamar cada seis meses o cada año el 5 % que le corresponde de los impuestos recaudados por el Estado. En eso se basa su derecho de propiedad. Pero tiene otra opción: puede venderlo a otra persona por 100 euros. Pero en todos estos casos el capital sigue siendo ilusorio, ficticio. Y por dos   razones fundamentales: una, porque ya se gastó, y dos, porque no se usó como capital.

 

Las acciones

 

Las acciones representan capital real, esto es, al capital invertido o pendiente de invertir en la empresa en cuestión: en maquinarias, instalaciones, materias primas, salarios, etcétera. Pero este capital no existe por partida doble: una vez como acción, como título de propiedad, y otra vez, como capital realmente existente. Sólo existe bajo esta última forma: como capital realmente existente en la empresa. Erróneamente muchos economistas convencionales llaman a las acciones capital en vez de decir que representan capital. Entre ser y representar hay una diferencia ostensible.

Supongamos que una persona A es propietaria de acciones de la empresa H. A puede venderlas a B, y B puede venderlas a C. Estas transacciones no cambian la naturaleza de las cosas. La empresa H no experimenta cambio alguno. A ha transformado sus acciones en dinero y B ha transformado su dinero en acciones. Y las acciones no son otra cosa que títulos de propiedad que dan derecho a su   poseedor a percibir una parte de la ganancia generada por la empresa   H.

El movimiento independiente del valor de estos títulos de propiedad provoca la apariencia de que constituyen un capital real junto al capital del que son títulos. De hecho, al poderse vender y comprar, se transforman en mercancías, cuyos precios tienen un movimiento específico. Sucede que su valor de mercado adquiere una determinación distinta de su valor nominal sin que se modifique para nada el valor real que representan. Su valor de mercado oscila con la cuantía y la seguridad de los rendimientos a que dan derecho: si la empresa en cuestión proporciona cuantiosos dividendos y es una empresa con futuro, el valor de mercado de las acciones subirá. Si por el contrario la empresa está dando pocos dividendos y sobre su futuro se ciernen malas expectativas, el valor de mercado de las acciones bajará.

 

Las acciones, la especulación y el tipo de interés

 

¿Por qué el valor de mercado de las acciones es en parte especulativo? Porque que su valor no viene determinado por los dividendos que arrojan en la actualidad, sino por los esperados, por los que han sido calculados de antemano. Y los vendedores de estos títulos siempre están dispuestos a exagerar los futuros resultados con el fin de que el precio de mercado suba. Pero supongamos que la valorización del capital de las acciones que lo representan sea constante: el 5 %, esto es, una acción de 100 euros arroja un interés de 5 euros. Si el tipo de interés sube del 5 al 10 %, resulta que la acción que garantiza un dividendo de 5 euros sólo representa un capital de 50 euros. Y si el tipo de interés baja del 5 al 2,50 %, resulta que la acción representará un capital ficticio de 200 euros. Por lo tanto, el valor de mercado de las acciones aumenta y disminuye en relación inversa con el tipo de interés. Cuanto más bajo sea el tipo de interés, el valor de mercado de la acción aumentará; y cuanto más alto sea el tipo de interés, el valor de mercado de la acción disminuirá.

En todo caso, el valor de mercado de la acción es siempre el rendimiento capitalizado, esto es, el rendimiento calculado a base de un capital ilusorio o ficticio de acuerdo con el tipo de interés vigente. De ahí que en tiempos de crisis el precio de las acciones baje por dos razones fundamentales: una, porque el tipo de interés sube, y dos, porque todo el mundo quiere desprenderse de las acciones para obtener dinero. Y esta depreciación no sólo se produce para las empresas malogradas, sino también para las que están arrojando aceptables dividendos. De manera que una vez que ha pasado la crisis, el valor de las acciones de estas últimas empresas vuelve a subir. Por último, hay que señalar que la depreciación del precio de mercado de las acciones durante la crisis se convierte en un poderoso mecanismo para la centralización de las fortunas en dinero. Puesto que quien compró la acción a bajo precio en tiempos de crisis, la vende después de la crisis a un precio más alto.

 

Las acciones y la plusvalía o plustrabajo

 

Hoy en día todo el mundo puede tener acciones, desde un simple trabajador, pasando por un miembro de la clase media   hasta llegar al más grande de los oligarcas. Así que aparentemente todo el mundo se ha convertido en explotador, puesto que quien tiene una acción tiene derecho a cobrar una parte de la plusvalía producida por el capital que representa. Pero mirando las cosas más de cerca el panorama cambia. Debemos partir de la base de que todos los trabajadores, además de producir el trabajo necesario, esto es, su salario, producen plustrabajo o plusvalía, unos más y otros menos. De manera que si un trabajador es propietario de acciones por valor de 3.000 euros y cobra un dividendo anual de 150 euros, suponiendo que la valorización del capital que representa sea del 5 %, lo único que está haciendo es recuperar una parte del plustrabajo que aporta a la sociedad. Así que en este caso el trabajador en cuestión no   está apropiándose de trabajo ajeno.

Distinto es el caso de una persona que tiene acciones por valor de 30 millones de euros. Cada año cobrará un dividendo por valor de 1.500.000 euros. En este caso el propietario de esas acciones sí se está apropiando de trabajo ajeno. Se trata entonces de saber cómo evitar que las sociedades por acciones permitan a sus titulares apropiarse de trabajo ajeno. La respuesta es sencilla: poniéndole un tope al ingreso y al patrimonio de cada ciudadano. Sólo así podremos evitar que las riquezas de por sí ya descomunales se vuelvan cada año más descomunales. Y la causa de las crisis se encuentra justamente en el desproporcionado enriquecimiento de unos cuantos, que como tienen mucho más dinero y propiedades que las que necesitan, nunca estimularán el consumo o sólo estimularán el consumo de productos de lujo.

 

El crédito y la desaparición de las justificaciones del capitalismo

 

El crédito brinda al capitalista individual un poder absoluto de disposición sobre capital ajeno. La globalización ha hecho que este poder absoluto llegue a extremos alarmantes y enormemente peligrosos para la salud incluso del propio sistema capitalista. Y quien puede disponer de modo absoluto de enormes cantidades de capital ajeno, le permite disponer de trabajo social y, con ello, la posibilidad de apropiarse de ingentes cantidades de plustrabajo. Desaparecen con esto todas las explicaciones y las justificaciones del sistema capitalista. Lo que arriesga el comerciante o el industrial, el emprendedor en general, es la propiedad social, no la propiedad suya. Se ha acabado la idea de que el capitalista merece ganar lo que gana porque arriesga su capital. Esa época acabó. Ahora lo que arriesga es el capital social. También será un absurdo presentar el capital como naciendo del ahorro, cuando lo cierto es que los otros ahorran para él. No sólo estriba la ganancia en la apropiación de trabajo ajeno por parte de capitalista, sino que el capital que se pone en movimiento para producir esa ganancia es ajeno. Así que si el dinero que se les presta a los capitalistas es social, social debe ser la propiedad de las empresas y social deben ser los beneficios generados por la misma.

 

Insistiendo en la naturaleza social del crédito

 

La contradicción general del capitalismo, la existente entre el carácter social de los procesos y la apropiación privada de sus resultados, se manifiesta en multitud de procesos y hechos económicos. Esta contradicción la observamos, por ejemplo, en la apropiación de la ganancia media por parte del capitalista. Todo capitalista individual extrae a los trabajadores que explota una determinada cantidad de plustrabajo. Pero el plustrabajo del que se apropia cada capitalista individual depende, no de ese plustrabajo individual, sino de la cantidad de plustrabajo total que extrae el capital global. De manera que cada capital individual se apropia de una parte de ese plustrabajo total, que puede estar por encima o por debajo del que produce de forma individual. Se impone lo social y lo social determina lo individual.

Pero este carácter social de la ganancia sólo se hace realidad de modo íntegro mediante el desarrollo pleno del sistema de crédito y bancario. Este sistema pone a disposición de los capitalistas todo el capital disponible de la sociedad. Pero con una peculiaridad sociológica muy importante: ni quien presta el capital, el banquero, ni quien lo emplea, el emprendedor, es su propietario. Se anula así el carácter privado de el capital y contiene en sí, como advierte inteligentemente Marx, la supresión del propio capital. Vemos de continuo cómo del propio capitalismo nace y se desarrolla su propia negación.  

La razón última   de las crisis

 

Para poder explicar la verdadera naturaleza de la crisis y su causa fundamental, Marx presenta lo siguientes supuestos. Uno: suponemos que toda la sociedad se compone de capitalistas industriales y de obreros asalariados. Dos: prescindimos de los cambios de precios que impiden la reposición de ciertas partes del capital. Tres: prescindimos también de los negocios ficticios y de las operaciones especulativas que estimula el sistema de crédito.

Lo que algunos analistas presentan como causa de la crisis, los negocios ficticios y la especulación, Marx nos dice que prescindamos de ellos. ¿Por qué? Porque desvirtúan la esencia del capitalismo. Pero además nos hace una pequeña anotación muy importante: esos negocios ficticios y esas operaciones especulativas son estimulados por el crédito. ¿Por qué? Por la razón que se dio antes: porque los bancos ponen a disposición de los capitalistas o de los que se hacen pasar por capitalistas todos los ahorros de la sociedad.

Pues bien, una vez establecidos aquellos supuestos, Marx explica que la crisis sólo podría   explicarse por dos razones: una, por la desproporción de la producción en las distintas ramas, y dos, por la desproporción entre el consumo de los capitalistas y su acumulación. Con respecto a la desproporción entre ramas es manifiesto que el sector de la construcción creció de forma desproporcionada respecto del resto de los sectores económicos. Pero también creció de forma desproporcionada el sector del automóvil y el sector de la telefonía móvil y otros sectores. De ahí que se produzca, de momento, una baja en la venta de viviendas y de automóviles.

Con respecto a la segunda causa, la desproporción entre el consumo de los capitalistas y su acumulación, diremos lo siguiente. La reposición de los capitales invertidos en la producción (en la producción de casas, por ejemplo) depende de la capacidad de consumo de las clases no productivas, de los rentistas, de los ricachos, pero éstos no tienen necesidad de comprar casas, porque ya las tienen y de sobra. Mientras que la capacidad de consumo de los trabajadores está limitada por las leyes del salario, que para una gran mayoría social sólo da para llegar a fin de mes. Los obreros son quienes necesitan las viviendas, pero no tienen dinero para adquirirlas. Y si aumenta el paro, más se reduce el poder adquisitivo de la clase obrera en su conjunto y más se manifiesta la crisis como crisis de sobreproducción.

Por lo tanto, “La razón última de todas las crisis reales es siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuvieran más límite que la capacidad absoluto de consumo de la sociedad”.

LOS PEQUEÑOS PUEBLOS SON EL FUTURO

Le Monde Diplomatique. Junio 2013. Gustavo Duch

  1. INSPIRACIÓN DE LA ECONOMÍA CAMPESINA

Nací urbanita, crecí globalizado y me formé productivista. Nací en la ciudad y solo los veranos me acercaban al pueblo de los abuelos. Como decía la televisión, mis vacaciones transcurrían en un lugar antiguo y desfasado. Al crecer fui globalizado por una fuerza aspiradora invisible; la cultura de los EEUU a lomos del caballo de John  Wayne ganó todas las batallas y acaparó todos los terrenos de la vida. Los años de la universidad colmaron  mi mente con sustancias abrasivas  como productivismo, efectividad y competitividad. Con este bagaje, la crisis instalada en Europa se presenta como el desmoronamiento de estos mitos; de sopetón y sin vuelta atrás. Los cowboys eran una fabulosa farsa.

Si los mitos nos han llevado hasta donde estamos, puede que sea el momento de plantear los anti-mitos  ¿Es posible aparcar la efectividad para que circule la afectividad? ¿Cerramos los espacios de competitividad y abrimos puertas de cooperación? Y la pregunta clave, la ruralidad y su cultura -considerada un atraso- ¿guarda en sus esencias verdaderos adelantos?

Observando muchas experiencias  campesinas (algunas de nueva hornada, otras presentes en pueblos y personas que resistieron defendiendo su cultura), se distinguen  algunos elementos centrales y comunes que pueden ser inspiradores para construir nuevos modelos económicos más allá del actual capitalismo neoliberal:

  1. Frente a una economía de escala global, donde el precio del pan de Mozambique se decide en las bolsas de Chicago según lo que un instrumento financiero desee ganar, las economías campesinas se ejercen en espacios reducidos, sin salir muy lejos de los propios pueblos. Planteadas a escala local se asegura que sus impactos se viertan sobre el propio territorio, como primer paso para garantizarle autonomía. Una forma de hacer que nos indica la importancia de  ‘relocalizar la economía’ generando  células completas donde la vida se vive y se reproduce.
  2. Si en el actual delirio, el 90% de la economía es financiera por sólo un 10% de economía  productiva, ¿no debe el sector primario con una economía tangible (y comestible) volver a ser, como su nombre indica, prioritario? En cualquier economía campesina el ingrediente principal han sido siempre las propias actividades agropecuarias dirigidas a la producción de un bien fundamental, la comida. Además, para los países industrializados donde el campesinado no alcanza ni el 5% de la población activa, impulsar el sector primario supondría generación de empleo, equilibrio económico y menos dependencia agrícola de un mercado global disparatado.
  3. Otra de las dificultades del  modelo económico reinante es la falta de diversificación. Todos los huevos se ponen en cesto de la construcción o del turismo, por ejemplo. En la agricultura capitalista ocurre miméticamente lo mismo, se apuesta por monocultivos que producen bienes para una cadena de montaje fuera de control. En cambio, las economías campesinas que han sabido perdurar en el tiempo se diseñan en paisajes de policultivos, buscando una buena diversificación productiva, generando resiliencia y seguridad. Tomemos nota.
  4. En una comunidad o familia campesina, las actividades productivas  buscan prácticas ensambladas a la Naturaleza, de la que se sienten parte. La observan y comprenden para imitarla en sus agroecosistemas, produciendo según sus ritmos. Las bases ecológicas de este modelo económico consiguen resolver el reto de la sostenibilidad: obtener alimentos de la tierra y el agua sin agotar sus capacidades. Frente a economías lineales donde se generan desperdicios y se pierde energía hay que pensar en sistemas que funcionan circularmente, mimetizando los sistemas vivientes, donde nada se desperdicia, donde todos los materiales siguen fluyendo. Lo que se produce hoy será un recurso para mañana ¿Aprenderemos esta lección?
  5. La economía al servicio de la gente gusta de cuantas más manos mejor. Si la economía capitalista y febril renuncia a la mano de obra o bien la esclaviza para sus mejores rendimientos, en las culturas y formas de hacer campesinas ha primado la ocupación de la mano de obra familiar o comunitaria, en condiciones de dignidad. Si en una misma finca campesina se pueden producir más o cultivar más tierras se hace en base a más gente, como una olla con más cocido para alimentar  a más personas.
  6. En el mundo rural, la sabiduría necesaria para que la receta salga sabrosa, ha sido siempre fruto de la observación, la experimentación y del intercambio de ideas y saberes con otras personas y regiones. La varita mágica de los avances tecnológicos que alguna Ciencia ha querido imponer en el campo como la solución a todo, se demuestra que escapa al control de las propias personas y no es más que una fórmula para ejercer el poder.
  7. La cooperación social es un elemento clave a recuperar, como las tradiciones propias de muchos pueblos de compartir el trabajo –levantar una casa, limpiar unos montes u organizar una siembra. La competitividad, que no es propia de estas cocinas, se reduce al juego de cartas en la taberna. Aunque para las mentes colonizadas de capitalismo nos sea difícil de entender, si miramos al medio rural podremos reaprender que la mejor fórmula para la gestión de los recursos naturales, agua, tierra, montes, etc. es la gestión comunal de los mismos.

campesinosY sumadas estas características, apreciamos cómo durante siglos las comunidades rurales de todos los lugares del mundo, con su propia institucionalidad, han ejercido el control de su propia economía y devenir. Han alcanzado autonomía y libertad. Por esta razón cuando el sistema capitalista ha arremetido contra los pueblos campesinos, el grito enarbolado para recuperar el control colectivo de la agricultura es la defensa de la ‘Soberanía Alimentaria’. ¿No es el déficit de la Soberanía de los pueblos uno de los elementos a recuperar en cualquier economía?

Lo urbano, lo productivo y la globalización han llegado al final de su carrera, dopados como esos ciclistas que también fueron mitos a los que rendimos culto. Por eso, aunque no todas las comunidades campesinas, ni toda la historia y experiencia de su economía es perfecta y admirable, tomarlas como referencia de una nueva economía social y solidaria cobra un sentido indiscutible. El gusto por el  buen sabor de recetas comestibles que han pervivido durante muchos miles de años, y sin duda, están pensadas para seguir perdurando.

  1. LOS PUEBLOS PEQUEÑOS TIENEN FUTURO

Al acabar una charla donde mejor o peor intenté trasladar los arriba mencionados valores de la economía campesina, un profesor de filosofía levantó la mano para explicarnos que, estando de acuerdo con el análisis, el primer paso era repensar la Política. Sí, con mayúsculas y en su totalidad, pues hasta el tiempo de la Grecia clásica, dijo, tenemos que retroceder para entender que ya allí se menospreciaron a los pequeños núcleos o pueblos. Política, es la administración de la polis, la ciudad.

Desde luego  si revisamos el papel de la mayoría de administraciones del Estado español, observamos como sus esfuerzos tienen una forma de pensar y actuar radicalmente opuesta a poner en valor al mundo campesino y rural. Bien por causa de una ceguera descomunal, bien por acabar con vestigios de autonomía, en los últimos años se están sucediendo una combinación de leyes, recortes y proyectos claramente dirigidos a finiquitar la vida en los pequeños pueblos.

Los recortes, la medida estrella para capear esta crisis, inciden directamente en muchos ámbitos del día a día de los pequeños pueblos, llegando a limitar o excluir a su población de algunos Derechos Sociales fundamentales. Los cierres de las escuelas rurales en pequeños municipios son una privación del derecho a la educación; y en muchas ocasiones es el trámite final para la defunción de un pueblo. Los recortes en salud que han cerrado muchos pequeños centros sanitarios comarcales o han eliminado servicios de urgencia, obligan a recorrer algunas distancias que, con el déficit de transporte público también recortado, son la diferencia entre una atención a tiempo o no.

La nueva Ley de Ordenación Territorial diseñada para acabar con los modelos de gobernanza local, como los concejos abiertos, especialmente significados por permitir una gestión del territorio por parte de los propios vecinos y vecinas, es otra medida que disfrazada de ‘búsqueda de eficiencia’, conduce al desmantelamiento del mundo rural. El objetivo indisimulado, como ya se está viendo en muchos lugares, es poner a la venta aquellos bienes comunes que estas pequeñas administraciones gestionaban, como los montes públicos y otros espacios naturales.

Pero también los proyectos presentados como grandes soluciones para salir de la crisis son un ataque a los territorios rurales. El ‘fracking’ o la búsqueda mediante perforaciones y fractura de roca para la obtención de gas, si se lleva adelante, será a costa de tierras agrícolas; las intenciones de extraer uranio en Catalunya u oro y plata en Galicia con minas a cielo abierto arrasarían con el patrimonio natural, cultural y paisajístico, contaminando el entorno y poniendo en riesgo la salud de las personas de sus alrededores, es decir, la población que vive en los pueblos; los planos de todos los nuevos megaproyectos del tipo Eurovegas y otras locuras siempre se trazan sobre territorios aptos para la agricultura o la ganadería; o la instalación de cementerios nucleares son algunos ejemplos.

Si a un paciente enfermo, como nuestros pueblos, con décadas de políticas agrarias  al servicio de terratenientes y agroindustria, con altos índices de despoblación y una población muy envejecida, se le acosa con patógenos tan malignos, su futuro es muy complicado. Por eso la propia población de los pueblos en el Estado español se está progresivamente organizando.

Con el lema ‘los pueblos pequeños tienen futuro’, diferentes colectivos rurales unen sus voces indignadas ante estos ataques, pero en un ejercicio re-aprehendido  de Soberanía, da un paso más y detallan y explican a la sociedad sus propias propuestas para defender y cuidar lo más valioso y sensible de los pueblos: la vida.

Cuatro son las líneas definidas en algunos de los encuentros recientemente organizados, a mi parecer todas ellas en sintonía con su propia cultura campesina. Primera, defender el estilo propio de la organización rural, variadas fórmulas participativas de la propia comunidad, por pequeña que sea; a la vez que apostar por lo comunitario en la forma de hacer y de vivir. Segunda, hacer posible una medicina rural con rostro humano, y aprovechar las competencias que da la ley a los municipios para diseñar una atención integral a la sanidad y a la salud. Tercera, hacer del derecho a la educación una praxis liberadora. Y cuarta, un compromiso desde lo colectivo para procurar no un estado del bienestar sino un estado de solidaridad.

La lucha de los pequeños pueblos por asegurarse un futuro nos advierte que los pequeños pueblos, sus modos de vida y convivencia, sus economías y sus culturas, son el futuro.

¿QUÉ ES UNA REVOLUCIÓN?

FUENTE

Leer a marx en tiempos de crisis. * Texto escrito para el curso de formación “Marxismo y Revolución en el siglo XXI”, organizado en enero-febrero 2011 por el colectivo Arganzuela en Movimiento en el CSO La Traba, Madrid.

1.REVOLUCIÓN SOCIAL EN MARX

¿QUÉ ES UNA REVOLUCIÓN?: La revolución es un proceso de crítica teórica y práctica al funcionamiento del capitalismo cuyos componentes son: 1) Cambios rápidos y profundos en el orden político, económico, social y cultural. 2) Transformación (completa) de las relaciones sociales, más allá de cualquier reforma o cambio parcial. 3) Autodeterminación social y política de amplios sectores de la población frente a un poder totalitario y excluyente.

Para Marx, la revolución es el resultado de diversos factores.

a)Las contradicciones internas del capitalismo. La burguesía no puede subsistir sin revolucionar los instrumentos de la producción y sin sojuzgar las fuerzas de la naturaleza; La competitividad es una fuerza motriz en el desarrollo capitalista (competencia entre capitales; atracción del trabajo asalariado -para explotarlo- y repulsión del mismo –sustituyéndolo por tecnología para abaratar costes-); Tendencia decreciente de la tasa de ganancia por el aumento de la composición orgánica del capital (más capital fijo –máquinas y tecnología- y menos capital variable -trabajo-); Universalización de la forma mercancía: cosas que, en su naturaleza no son mercancías (trabajo, actividad social y naturaleza) deben comportarse como tales.

El proceso de producción y reproducción del capital contiene una enorme violencia: la transformación del trabajo y la actividad humana en mercancía, de la mercancía en dinero y del dinero en capital. Esta lógica social –no sólo económica-, se sustenta en cuatro mecanismos: A) ESCISIÓN del trabajador/a respecto a sus medios de producción, el producto de su trabajo, el vínculo con sus semejantes y sus raíces territoriales, vecinales y culturales. ESCISIÓN del trabajo productivo -protagonizado por los hombres- en el mercado y el trabajo de cuidados -protagonizado por las mujeres-, en el domicilio familiar. ESCISIÓN entre economía y naturaleza. B) ABSTRACCIÓN: el valor de uso sólo se expresa a través del valor de cambio, las necesidades a través de la “demanda solvente” y la producción de los medios de vida a través de la producción de capital. C) MEDIACIÓN. El dinero, instrumento de la sociedad y la economía se convierte en protagonista de la economía y las relaciones sociales. D) INVERSIÓN O FETICHISMO1. Las cosas funcionan al revés: El capital, creado por el trabajo aparece como creador de éste; el trabajo de los trabajadores crea puestos de empresario, pero el capitalismo entrega a éstos el poder de crear o destruir puestos de trabajo. Las madres parecen ser engendradas por sus hijos y el predicado aparece como creador del sujeto.

b)La conflictividad social que provoca el desarrollo capitalista: El auge económico se basa en la explotación, la precariedad, el robo, la violencia y la destrucción de la naturaleza. La crisis económica destruye productos y fuerzas productivas creando más exclusión, hambre y guerras de exterminio. A través de la lucha por sus necesidades, la clase obrera puede identificar los mecanismos de su propia explotación y enajenación. Para impedir estos mecanismos dicha conciencia es necesaria, pero no suficiente. L@s trabajador@s no se podrán liberar sin destruir las relaciones sociales que posibilitan su enajenación ideológica.

c)La conciencia, organización y práctica revolucionaria: La conciencia revolucionaria fundamenta racionalmente la necesidad de la revolución y crea sus condiciones de posibilidad. La crítica a un hecho exige otro hecho: fuerza de la crítica y crítica de la fuerza, armas de la crítica y crítica de las armas. Marx es filósofo, pero también militante de la revolución anticapitalista: “los filósofos se han dedicado a explicar el mundo, de lo que se trata ahora es de cambiarlo”. Construcción de una subjetividad revolucionaria: “reconciliación del pensamiento con el sufrimiento, de la humanidad doliente que piensa y la humanidad pensante oprimida”. No sólo cambiar el lugar de los de abajo en la sociedad, sino cambiar las relaciones sociales; no sólo cambiar las relaciones sociales sino cambiar la naturaleza de los individuos, de individuos individualistas a individuos sociales y de dominadores de la naturaleza en seres naturales.

d)La construcción de una subjetividad revolucionaria. No hay revolución sostenible sin masas populares revolucionarias. Para Marx el sujeto revolucionario moderno es la clase obrera, una clase explotada, sometida y enajenada por la burguesía. El concepto de “enajenación” introduce una enorme tensión en la noción de “clase obrera”. Por un lado l@s trabajador@s sufren la explotación, el dominio y las condiciones de vida y trabajo que se derivan de éstos. Por otro lado, las personas asalariadas ven como algo natural la violencia que les obliga a comportarse como lo que no son -una mercancía, “lo hacen, pero no lo saben”- y se limitan a luchar por vender su fuerza de trabajo en las mejores condiciones posibles. Sólo excepcionalmente luchan por acabar con esta relación, aboliendo el trabajo asalariado sometido al capital.

La construcción de la clase obrera no es un hecho espontáneo sino una tarea política para conseguir que amplios sectores sociales tomen conciencia de su condición de instrumentos del capital y se revelen contra él. Marx habla de clase obrera como sujeto político actuante en sus textos militantes pero, en sus textos teóricos, habla de fuerza de trabajo como una mercancía subordinada a la producción de capital. Existe clase obrera como realidad política, cuando un movimiento de masas entra en un proceso de confrontación tendencialmente anticapitalista. Este proceso es condición necesaria para la conciencia y la organización revolucionaria. La clase obrera, más allá de las proclamas militantes, debe impedir el despliegue ininterrumpido del capitalismo, un modo de producción que se ha apoderado del trabajo, la economía, la sociedad, la política y la subjetividad de l@s trabajador@s.

e)El poder. Para Marx, el poder del capital se basa en “el despliegue ininterrumpido de los factores materiales e inmateriales que permiten su reproducción ampliada”. “Las mercancías no van solas al mercado sino que son llevadas por las personas después de que éstas hayan depositado su voluntad en ellas”. “El capital produce objetos para los deseos y deseos para los objetos”.

El poder no consiste solamente en la REPRESIÓN de los sectores que desobedecen, sino también en el CONSENTIMIENTO de las mayorías perjudicadas o amenazadas que se limitan a quejarse y en la ADHESIÓN de los sectores beneficiados. La Economía de mercado se despliega sobre la construcción de una Sociedad de mercado, una Política de mercado y un Individuo de mercado. Hoy en día, la socialdemocracia impide cualquier cambio social desde el poder, los movimientos sociales hablan de cambiar la sociedad sin tomar el poder y el radicalismo dogmático pretende tomar el poder sin cambiar la sociedad. Podríamos afirmar, con Marx que se trata de cambiar la sociedad mediante la crítica teórica y práctica y utilizar el poder para potenciar dicha crítica y profundizar el proceso revolucionario.

El comunismo es entendido por Marx y Engels de forma abierta: “El comunismo no es ni un estado de cosas que debe crearse, ni un ideal al que la realidad tenga que ajustarse… llamamos comunismo al movimiento real que tiende a abolir el estado actual de cosas” (Ideología Alemana, 1846).

Para Spinoza, el poder es la capacidad de afectar en mayor medida en que somos afectados. Para Foucault, el poder es una lógica que atraviesa todos los nudos de la red social convirtiendo en emisores y receptores de dicha lógica, tanto a los beneficiados como a los perjudicados. Estas nociones de poder no son contradictorias sino complementarias con la noción de poder en Marx.

Una vez que Marx llegó a la conclusión de que la revolución comunista dependía de la insurrección de los trabajadores, dedicó toda su vida a la investigación y la organización de este alzamiento. Para Marx la revolución constituía una tarea metódica en la que se fundían su expresión personal y su actividad social. Mas allá de sus penurias, acosos policiales y destierros, la vida de Marx presenta un perfil tan sistemático y monótono como la vida de un científico.

Marx se enfrentó a la exuberancia retórica y el radicalismo verbal carentes de análisis político y base teórica. En 1847, la Liga de los Comunistas, encargó a Marx y Engels un documento que expusiera el programa político de dicho grupo. Tras sucesivos borradores y dilaciones, Marx entregó el Manifiesto Comunista en febrero de 1848, pocas semanas antes del estallido de la revolución en Paris.

El Manifiesto Comunista es el texto revolucionario más importante de la historia, no sólo por su fuerza, sino también por su contenido histórico, crítico y mesiánico. Un programa revolucionario tan poderoso que ha trascendido las barreras del tiempo y el espacio. En junio de 1848, el comunismo, enfrentado no sólo con el antiguo régimen sino también con los liberales, se mostró como un “espectro que recorre Europa”, una fuerza amenazadora y salvaje que anunciaba la posibilidad (a menudo entendida como seguridad) de la lucha final contra un orden injusto y criminal. Tras estos sucesos, descritos en La lucha de clases en Francia (1848), Marx enfocó su actividad política hacia la formación de un partido revolucionario obrero, disciplinado y coherente.

2.DICTADURA DEL PROLETARIADO Y COMUNISMO

Marx utilizó la noción de dictadura del proletariado, pero no llegó a definirla con precisión. “El comunismo revolucionario supone la declaración de la permanencia de la revolución y de la dictadura de clase del proletariado como un paso intermedio necesario para la abolición de las diferencias de clase” (Cap. III de La Lucha de Clases en Francia, 1850) “La lucha de clases lleva necesariamente a la dictadura del proletariado” (Carta a Wedemeyer, 5 de marzo de 1852). “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el periodo de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este periodo corresponde también un periodo político de transición cuyo estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado” (Crítica del Programa de Gotha, 1875).

La teoría de Marx sobre la dictadura del proletariado (La guerra civil en Francia) debe sus rasgos más precisos a la Comuna de París de 1871. En esta experiencia revolucionaria de las masas populares durante la guerra entre Francia y Alemania, la iniciativa política, dependiente del estado, pasó a manos del pueblo insurgente adoptando los siguientes rasgos: a) el pueblo en armas, b) representantes elegidos y revocables y c) salario de todos los funcionarios, incluyendo jueces y magistrados, al nivel del salario del obrero manual. La Comuna de París no sólo fue un órgano parlamentario sino también legislativo y ejecutivo, una experiencia de democracia directa y poder de la clase obrera protagonizada por las dos corrientes, bakuninistas y marxistas, de la Primera Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores -AIT-).

Posteriormente, Lenin, elaboró El estado y la revolución (1917), apoyándose en la experiencia de la Comuna de París y en los desarrollos que Marx realizó acerca de la misma. Al final del libro, explica que no puede terminarlo porque debe concentrarse en las tareas que requiere el triunfo de la revolución rusa. En su obra posterior La revolución proletaria y el renegado Kautsky (1918), Lenin se refiere a la dictadura revolucionaria del proletariado como “el poder conquistado y mantenido por la violencia del proletariado contra la burguesía, un poder que no está constreñido por ley alguna”.

La revolución rusa y la dictadura del proletariado no habrían sido posibles sin la alianza política que los bolcheviques realizaron con el Partido Social Revolucionario, representante de los pequeños campesinos. La misma noche de la toma del palacio de invierno, el partido bolchevique emitió una ley de Reforma Agraria calcada del programa político del Partido Social Revolucionario. Paradójicamente, la revolución proletaria no se produjo en países con un proletariado desarrollado pero sí en Rusia cuya población era abrumadoramente campesina.

En la revolución china, el Ejército Rojo y el Partido Comunista conquistaron el poder político después de una larga marcha de liberación de territorios, que iban siendo incluidos en el proceso revolucionario. Esta revolución se basó en la alianza del proletariado -que suponía menos del 10% de la población-, y las amplias masas campesinas para la transformación de un país semifeudal y semicolonial bajo el yugo del imperialismo japonés. En Acerca de la revolución democrático popular, Mao Zedong, escribe que, tras la revolución proletaria rusa, cualquier revolución popular debe estar bajo la dirección política del proletariado aunque sus actores mayoritarios sean pequeños campesinos y sectores de la burguesía nacional. Consecuentemente con esta definición, el sujeto de la revolución china ya no es el proletariado sino el pueblo, entendiendo por “pueblono el conjunto de individuos pasivos que invocan las constituciones burguesas, sino el conjunto de clases y capas sociales comprometidos en la lucha por la liberación nacional y el comunismo.

En países de América Latina y Caribe con un desarrollo capitalista desigual (minoritario pero altamente concentrado y con tecnología extranjera), se produjeron en el siglo XX movimientos populares guiados por una lectura creativa de Marx. Estos procesos revolucionarios se apoyaban en alianzas de trabajadores, intelectuales, campesinos, indígenas, sectores de la burguesía nacional y corrientes cristianas revolucionarias. En algunos casos, el marxismo ortodoxo de los partidos comunistas se mantuvo al margen porque estos movimientos no se atenían a las lecturas obreristas de Marx.

3.MARXISMO(S) Y ANARQUISMO(S)

Marx llega a su madurez después de ajustar las cuentas con el universo intelectual y político que le constituye. Pasa de la crítica a la alienación religiosa a la crítica a la filosofía y de ésta a la crítica política anticapitalista. Califica la religión como una defensa sicológica de las personas frente a sus condiciones de vida miserables, lo que supone que Dios -una creación humana- aparece como creador de la humanidad. Desvela que las leyes de la economía, producto de la voluntad social, se emancipan de sus creadores y se presentan como leyes naturales que la sociedad debe acatar. El capital -riqueza acumulada por el trabajo y privatizada por los empresarios-, se constituye en el único sujeto de derechos y reduce la política a la mera administración de un orden social previamente determinado por el beneficio económico.

Las teorías sobre la desigualdad que parten de esta visión distorsionada, son impotentes para superar estas lacras. La izquierda de mercado se limita a redactar programas y a repetir quejas y denuncias morales sin consecuencias políticas verdaderas. Los grandes relatos ideológicos de las clases dominantes embaucan a las clases subalternas y ocultan la raíz política de su dominación. La “oposición leal” se limita a la compasión, la denuncia impotente y el victimismo. Las clases trabajadoras incorporan esta ideología como parte de su identidad, asimilando una visión inmodificable de la sociedad y de sí mismos.

Marx analiza porqué instituciones como el mercado, el estado o el trabajo asalariado, cuentan con un poder que no procede de su propia naturaleza, sino de la soberanía que, más o menos voluntariamente, deposita en ellos la población. Con este mecanismo, dichas instituciones adquieren vida propia y un poder que esclaviza a aquellos de quienes succiona su energía vital.

Marx rompe definitivamente con los jóvenes hegelianos en La sagrada familia. Crítica de la crítica crítica, (1845) y en La Ideología alemana (1846). Aquí les presenta como “vendedores de productos metafísicos que adjudican la liberación de los sectores dignos de la humanidad a los filósofos críticos” (ellos mismos).

En la Ideología alemana, somete a una crítica exhaustiva a Max Stirner y su obra principal El único y su propiedad. Esta obra es el catecismo de las corrientes anarquistas individualistas. En ella, Stirner, califica a todos los programas, teorías, sistemas, organizaciones, órdenes sociales y políticos, como “prisiones artificiales para la mente y el espíritu que limitan las infinitas potencias creadoras del individuo”. Todos los sistemas deben ser destruidos, no por ser malos sino por ser sistemas. Sólo así “el hombre” será plenamente humano y dueño de sí mismo.

En Once tesis sobre Feuerbach (1845), Marx expone sus acuerdos y desacuerdos con el más claro representante del llamado “materialismo vulgar” que critica, de forma no dialéctica, al idealismo alemán. Feuerbach percibe a las personas como producto de las circunstancias económicas y sociales, pero no llega a comprender que dichas circunstancias también son alteradas por la acción de las personas. Existe una influencia recíproca entre la sociedad y la naturaleza, la materia y el espíritu. La religión compensa las carencias del pueblo con un mundo imaginario. Por eso, para ser liberadora, la crítica de la religión debe clarificar su origen secular y contemplar su dimensión antropológica y política. Sin embargo, Feuerbach no desciende al plano de lo real. Sin suprimir las contradicciones sociales que requieren estas formas de evasión, las ilusiones seguirán engendrándose de forma natural. La verdadera revolución no es en la superestructura, el espíritu, sino en el mundo humano donde lo material y lo inmaterial, lo social y lo natural están unidos como la cara y la cruz de una moneda y son sólo aspectos de una misma realidad.

La crítica a un hecho exige otro hecho. Las convicciones reales de una persona se expresan más en sus actos que en sus palabras. Creencias y actos son una y la misma cosa. Si los actos no se corresponden con las creencias, éstas son sólo mentiras que persiguen lo contrario de lo que defienden.

La segunda gran confrontación teórica de Marx con el anarquismo tiene que ver con su obra Miseria de la filosofía escrita en 1847, respondiendo a la petición de Proudhon de comentar su libro Filosofía de la miseria (1846). En esta obra, Proudhon (1809-1865) analiza el ascenso del capitalismo desde la óptica de la pequeña burguesía artesanal y agrícola más que desde la capacidad de lucha del naciente proletariado. Con una eficaz retórica, Proudhon pone de manifiesto tanto el daño que produce el capitalismo como las mentiras que legitiman la modernización liberal-mercantil. “La competencia, defendida por los pensadores ilustrados, constituye el mayor de los males, la perversión de todas las facultades enderezadas hacia la promoción antinatural de una sociedad adquisitiva e injusta en la que la ventaja de cada cual depende de su capacidad para superar, derrotar o exterminar a los otros. … La propiedad es un robo …., ser ciudadano es estar privado de derechos… el capitalismo es el despotismo de los más fuertes sobre los más débiles y de la minoría sobre la mayoría….”

La doctrina de Proudhon propugna “… la supresión de la competencia y la introducción, en su lugar, de un sistema cooperativo mutualista bajo el cual se permitirá y alentará una limitada propiedad privada pero no la acumulación de capital… la cooperación moraliza y civiliza a los hombres, al revelarles el verdadero fin de la vida comunal … la actividad del estado debe ser fiscalizada por asociaciones de oficios, productores, consumidores y, bajo ellas, debe ser organizada la sociedad… Es inútil predicar a los ricos, sólo cabe apelar a las víctimas reales del sistema, pequeños labradores, pequeña burguesía y proletariado urbano … al ser los más numerosos e indispensables, sólo ellos tienen el poder de transformar la sociedad”.

Proudhon se plantea la contradicción entre fines y medios, tomando partido por los fines. Entre estrategias ineficaces a tono con sus objetivos y estrategias eficaces que entran en contradicción con dichos objetivos, elige las primeras. Aconseja a los trabajadores que no se organicen políticamente porque “… si imitan a la clase gobernante acabarán a merced de ésta a través de sobornos e intimidaciones… incluso si triunfan los rebeldes y adquieren las formas del gobierno autoritario, conservarán la misma contradicción de la que pretenden escapar”. Los trabajadores y la pequeña burguesía deben utilizar una presión puramente económica para imponer su norma al resto de la sociedad mediante un proceso gradual y pacífico. Nunca deben recurrir a la coacción ni siquiera hacer huelgas que vulneren el derecho del trabajador individual a disponer libremente de su trabajo. Obviando las relaciones sociales que otorgan al dinero su poder social, Proudhon propugna la desaparición del dinero como forma de combatir el capitalismo.

Marx critica a Proudhon por interpretar el conflicto social de forma abstracta y ahistórica al considerarlo una lucha entre el bien y el mal y concluir que basta apartarse del mal para que triunfe el bien, su individualismo, su odio a la organización colectiva, su fe nostálgica en la moralidad campesina y su creencia en el valor irreductible de la propiedad privada y la familia patriarcal. La visión dialéctica de Marx considera que el triunfo de un bando no es la derrota del otro sino la destrucción de ambos en lo relativo a la relación que les ata (el capitalismo) y acusa a Proudhon de intentar poner remedio a los males del capitalismo sin destruirlo.

Las críticas de Marx a Proudhon son extensivas a todas las corrientes utópicas que hacen propuestas a una clase obrera que se expresa en luchas heroicas y desesperadas contra una explotación implacable. Sin embargo, muchos argumentos de Proudhon reflejan de manera eficiente la violencia y las mentiras del capitalismo, los peligros de estatalismo, la centralización, la jerarquización y la burocracia inherentes a cualquier organización o institución política, como bien sabemos 150 años después de esta polémica. La propuesta de abstencionismo electoral, federalismo y cooperativismo como desplazamiento del centro de la transformación revolucionaria desde el estado a la sociedad, no es irracional ni irrelevante por más que lo sea considerarlos la única forma de la acción revolucionaria. En los países latinos (Francia, Italia, España) estas ideas arraigaron con fuerza e impulsaron experiencias revolucionarios memorables. También fomentaron muchos errores pero está por ver si más o menos que el marxismo dogmático.

El proudhonismo es un antecedente, no sólo del anarquismo sino también del sindicalismo. Proudhon defendía que la fuerza anticapitalista debe organizar a personas vinculadas entre sí, no por convicciones sino por las tareas que desempeñan, ya que éste es el factor esencial que determina sus actos. La concepción del trabajo como actividad que genera automáticamente una ideología y unos comportamientos políticos revolucionarios es una visión obrerista y metafísica compartida por todas las corrientes emancipatorias del siglo XIX y XX (socialistas, comunistas y anarquistas). Esta concepción despolitizada del sindicalismo es utilizada por la socialdemocracia entregada al mercado y al estado.

Las críticas individualistas y abstractas permiten aparentar que se combate al estado y al capitalismo sin crear las condiciones para confrontarse realmente con ellos. Esto sucede con el anarcopacifismo, la crítica ideológica a toda burocracia y subalternidad, la fraseología revolucionaria, el ecologismo subvencionado y corporativo y el feminismo institucional. Pero la impotencia es también patrimonio de sus contrarios: el aventurerismo y el marxismo dogmático con sus categorías fetiche, “el partido”, “la clase obrera”, “la revolución”, etc.

MARXISTAS Y BAKUNINISTAS

En 1864 se creó en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores, AIT (Primera Internacional) integrada, inicialmente, por grupos obreros franceses y organizaciones sindicales británicas. Sus figuras más relevantes fueron, Marx por la corriente socialista y Bakunin por la anarquista. Ambos defendían la destrucción del estado burgués, la abolición de la propiedad privada y el comunismo. Marxistas y bakuninistas lucharon codo a codo en la Comuna de París. Marx defendía la construcción de un partido comunista para la conquista del estado y -a través de la dictadura del proletariado-, la socialización de los medios de producción y la represión de las actividades contrarrevolucionarias de la burguesía y el imperialismo. Bakunin propugnaba la revolución contra todas las autoridades estatales y a partir de 1848, fomentó los atentados y la organización secreta de los anarquistas para oponerse a la hegemonía de los marxistas. La Primera Internacional acabó disolviéndose en 1876, a los 12 años de su fundación y 4 años después de que la corriente marxista, en 1872, expulsara a Bakunin y sus seguidores, originando la división y la debilidad del movimiento obrero en un contexto de represión brutal en Europa.

La II Internacional, impulsada por el Partido Socialdemócrata Alemán, administrador y tergiversador del pensamiento de Marx, se fundó en 1889 en París, seis años después de su muerte y entró en crisis tras su traición al internacionalismo proletario en 1914 al votar los partidos socialistas a favor de los créditos de guerra que los parlamentos de los países imperialistas proponían para organizar la matanza de unos trabajadores europeos contra otros. La III Internacional (KOMINTERN) se fundó en Moscú en marzo de 1919 con el propósito de generalizar la escisión de las corrientes revolucionarias en los partidos socialdemócratas y organizar partidos comunistas a imagen y semejanza del partido bolchevique que realizó la revolución proletaria en Rusia en octubre de 1917. La III Internacional se disolvió en 1943.

4.IMPERIALISMO Y ANTI-IMPERIALISMO

El imperialismo se basa en las relaciones económicas desiguales y la dominación política que sufren los países empobrecidos por parte de los países capitalistas avanzados. Pero esto es sólo la superficie del fenómeno. Para hablar cabalmente de imperialismo necesitamos partir del modelo de acumulación capitalista a escala mundial en la etapa del capitalismo monopolista de estado, las multinacionales, el mundo bipolar (1945-1989) y, tras su desaparición, la emergencia de nuevos bloques capitalistas regionales, la impotencia de las instituciones políticas estatales e internacionales, el aumento del armamentismo y la guerra, el cambio climático y la crisis del petróleo.

La teoría del imperialismo, desarrollada por Lenin, se deriva de la teoría de la acumulación capitalista de Marx. El imperialismo no es solamente una relación de explotación económica y opresión política de los países ricos sobre los países pobres. Los rasgos definitorios del imperialismo son: 1) exportación creciente de capital (mercancías, dinero y capital); 2) concentración de la producción a gran escala y distribución mundial; 3) fusión del capital bancario y el industrial; 4) división del mundo en esferas de influencia de los distintos bloques capitalistas; 5) confrontaciones inter-imperialistas para redistribuirse los mercados mundiales.

Marx muestra la acumulación de capital como un proceso en el que el trabajo es obligado a comportarse como una mercancía, la mercancía se expresa a través del dinero y el dinero, acumulado y privatizado, entra en el ciclo económico en forma de capital, con la finalidad exclusiva y excluyente de su propia reproducción ampliada.

La separación violenta de los trabajadores respecto a sus medios de producción y sus redes comunitarias obligan al trabajo a expresarse como trabajo asalariado en el “mercado de trabajo”. El capital, que dirige la actividad económica, compra la fuerza de trabajo y obtiene un plusvalor de los productos producidos. La forma de extraer dicho plusvalor, cuyo origen está en la producción y cuya condición está en la circulación social de las mercancías, refleja y determina la naturaleza del capitalismo.

El capital inicia el proceso de acumulación intercambiando una cantidad de valor en forma de dinero por fuerza de trabajo y medios de producción. De dicha producción surge una masa de mercancías con un valor expansivo que depende de la succión de plusvalor del trabajo, la actividad social y la naturaleza. El comercio no produce por sí mismo el desarrollo capitalista. Es necesaria la fuerza para romper las relaciones sociales que bloquean la libre disposición de trabajo asalariado, única fuente de valor y plusvalor. Esta operación siempre se desarrolla por métodos violentos.

Marx describe con enorme fuerza teórica el proceso de producción de capital en la Sección 1ª de El Capital “Mercancía y dinero”, la sección 2ª “La transformación de dinero en capital” y la Sección 3ª “La producción del plusvalor absoluto”. En esta última, el capítulo VIII “La jornada laboral” es un dramático testimonio -basado en los informes de los inspectores fabriles- de las condiciones en las que se produce la acumulación del primer capitalismo industrial en la Inglaterra del siglo XIX. La modernización industrial y tecnológica del capital está desarrollada en la sección IV del Libro I “La producción de plusvalor relativo” (cap. X “Concepto de plusvalor relativo”, cap XI “Cooperación”, cap XII “División del trabajo y manufactura” y cap XIII “Maquinaria y gran industria”). En la Sección 7ª “El proceso de acumulación de capital”, se describe la reproducción ampliada del mismo aportando nociones imprescindibles para entender cómo explota, domina y corrompe el capitalismo hoy (cap. XXIII “La ley general de acumulación capitalista”, cap. XXIV “La llamada acumulación originaria” y cap. XXV “La teoría moderna de la colonización”), permitiendo entender lo que esconde el término polisémico2 “globalización”.

Lenin parte de la centralización y concentración de capital que se produce en la industria moderna. El 5% del total de las empresas controlan en 70% del total de la producción y el 50% del total de trabajadores. La producción a escala creciente conlleva a una tendencia a la monopolización tanto a escala estatal como internacional. Estos monopolios exacerban la lucha competitiva entre los distintos bloques capitalistas.

En su obra, El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), Lenin hace la siguiente descripción del imperialismo: “… un puñado de países ricos … saquean al resto del mundo. La exportación de capital … produce a los capitalistas de los países adelantados gigantescas ganancias por encima de las que obtienen de la explotación de sus propios obreros … Con ellas corrompen de mil maneras a los dirigentes obreros y a la capa superior de la aristocracia obrera. Esta capa de obreros aburguesados por su género de vida, sus emolumentos y su concepción del mundo, es el principal apoyo de la socialdemocracia y de la burguesía … Son agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, lugartenientes obreros de la clase de los capitalistas, vehículos del reformismo y del ‘patriotismo’… Sin comprender las raíces económicas de este fenómeno y su importancia política y social, es imposible la revolución”.

Después de la muerte de Marx, la mayoría de los partidos marxistas agrupados en la II Internacional (Socialista), pusieron en primer plano la necesidad de organizaciones centralizadas y jerarquizadas y la conquista del estado como instrumento para la transformación social, independientemente de la movilización y organización anticapitalista. Tras la ruptura de los comunistas con la II Internacional en 1914, el triunfo de la Revolución Rusa en 1917 y la creación de la III Internacional en 1919, los partidos comunistas impulsaron, con mayor o menor acierto, la organización de los desheredados de la tierra para derrocar a la burguesía, construir una democracia popular y avanzar hacia el comunismo. Sin embargo, el cerco y la agresión imperialista sobre los movimientos revolucionarios, la acción corrosiva de la socialdemocracia dentro de éstos, las lecturas economicistas y productivistas de Marx, así como la aniquilación de millones de cuadros revolucionarios, tanto por el fascismo como por el estalinismo, propiciaron el agotamiento del impulso transformador y la burocratización de los estados llamados socialistas bajo la órbita de la Unión Soviética en el mundo bipolar posterior a la II Guerra Mundial. La experiencia de la lucha antiimperialista de los países no alineados, encabezados en los años 50 y 60 por Indonesia, Argelia y Yugoslavia, entre otros, abrió una posibilidad para el diálogo de la tradición marxista y las masas explotadas y empobrecidas por el colonialismo en un proceso de descolonización que hizo pasar el sistema mundial de estados de 56 en 1945, a 196 estados en 1996.

Los abordajes que permiten analizar y combatir el imperialismo desde la teoría de Marx y su posterior desarrollo por Lenin son: 1) el análisis de la acumulación capitalista, 2) las diferentes etapas de desarrollo capitalista en los distintos territorios del planeta, 3) la rivalidad inter-imperialista y las contradicciones cruzadas entre países, bloques, empresas multinacionales, estados capitalistas y en el interior de ellos, 4) los efectos del capitalismo y el imperialismo sobre los países precapitalistas y los países capitalistas dependientes y emergentes, 5) la opresión de los pueblos y las naciones subyugadas por el imperialismo que luchan por su soberanía, 6) el papel de las luchas de los trabajadores y los pueblos como factor transversal que condiciona el dominio del imperialismo y la lucha antiimperialista. Hoy, desde esta tradición, deberíamos añadir: 7) la lucha de las mujeres contra la doble subordinación que les acarrea la alianza del capitalismo y el patriarcado, por un feminismo anticapitalista y 8) la inclusión de los flujos de materia y energía en el proceso de producción, distribución y consumo global que ponen en cuestión la sostenibilidad de los recursos naturales y de la vida, incluida la vida humana, por una economía ecológica desde Marx y no contra Marx.
5.LA REVOLUCIÓN HOY

La Revolución Francesa inauguró una idea de revolución que iba más allá de restaurar un orden tradicional o destruir un orden tiránico. Pretendió construir una sociedad nueva incluyendo un nuevo ser humano. Esta idea de Revolución es tributaria de categorías ilustradas como la fe en el progreso histórico y el carácter inequívocamente positivo del avance tecnológico, así como de la incorporación de los métodos de las ciencias naturales a las ciencias sociales. De estas ideas metafísicas se deriva la ingenua noción de que la historia –al igual que la física- tiene leyes naturales que aseguran, antes o después, el triunfo del comunismo.

En la vasta obra de Marx se encuentran estos elementos ilustrados: revolución segura, comunista y dirigida por una clase objetivamente revolucionaria, la clase obrera. Pero también sus contrarios: constitución política –y no natural- de las relaciones sociales; la necesidad de construir un sujeto revolucionario que evolucione hasta una subjetividad antagonista, frente a la consideración de la conciencia revolucionaria como un atributo intrínseco de la identidad obrera; trabajar la contradicción entre la expresión de los trabajadores como clase obrera o como mercancía-fuerza de trabajo.

La violencia asociada al cambio revolucionario, aparece en Marx como un complemento del ascenso de la lucha de masas, unida a la superación de la resistencia de las clases dominantes y no como una actividad emancipada de los elementos mencionados anteriormente.

Generaciones de marxistas sólo han conocido manuales codificados del pensamiento de Marx, a menudo en un contexto de hegemonía socialdemócrata en la clase obrera. Son poco conocidas las aportaciones más dialécticas y complejas de Marx que rompen con el individualismo metodológico y las fantasías progresistas y tecnológicas. Desde una noción de conocimiento relacional e intencional, Marx muestra la circularidad y la retroalimentación entre los mecanismos materiales e inmateriales que producen y reproducen la subsunción3 del trabajo, la actividad humana y la naturaleza en el ciclo global de producción y reproducción del capital. La relación antagónica entre capital y trabajo ha sido temporalmente atenuada, en los países desarrollados, con un “estado de bienestar”, sustentado en el imperialismo, el consumismo y el descompromiso político de masas, la explotación de la mayoría de la humanidad, el saqueo de la naturaleza, contaminación, guerras, invasiones, golpes de estado y la complicidad de la izquierda parlamentaria con este orden terrorista.

La globalización de esta lógica, es decir su extensión, consolidación y radicalización, produce tanta riqueza como exclusión y la complicidad irracional de los de abajo con una vida reducida a producir y consumir mercancías. La izquierda capitalista es un agente activo de este proceso, clausurando aparentemente cualquier posibilidad de ruptura.

La administración del progreso tecnológico y la “política científica” están actualmente en manos del economicismo de la derecha clásica y de la izquierda cómplice que, con el mismo rumbo, se suceden en el timón de los regímenes parlamentarios de mercado. Las lecturas postmaterialistas e individualistas, en manos de la “intelligentzia” socialdemócrata, son hoy la versión globalizada y posmoderna de Marx para consumo de las élites progresistas y el encuadramiento de los sectores juveniles a la izquierda de las ONGs.

Sin embargo, la guerra, el hambre, la contaminación, la precariedad y la exclusión que padece la mayoría de la humanidad ponen sobre la mesa la urgente necesidad de interrumpir el funcionamiento del capitalismo global. La revolución es tan necesaria como imposible, pero su imposibilidad es sólo la expresión del vacío de sus condiciones de posibilidad. Apoyar y organizar las luchas de autodeterminación de los movimientos populares contra el imperialismo, el mercado y el estado, requiere moderar y poner límites a los deseos superfluos, teniendo en cuenta las necesidades de los otros y los límites del mundo, incorporar la lucha de las mujeres por su liberación, gestionar la relación trágica entre ética y política, eficacia y participación. Es necesario trabajar desde las necesidades de las masas populares y no sólo desde las necesidades electorales de las organizaciones, contar con fuerza propia en lugar de perseguir “franquicias” o “delegaciones” y trazar una raya entre la izquierda capitalista y la izquierda anticapitalista, lo que significa trabajar, a veces con ella, pero no para ella. Esto supone un alto compromiso y un “camino del desierto”.

6.BIOGRAFIA Y CRONOLOGIA DE LA OBRA DE KARL MARX.

1818-1835: TRÉVERIS

1818 -5 de mayo: nace Carlos Marx en Tréveris.
1835 -septiembre: pasa el examen de bachillerato

1835-1836: BONN

1835 -octubre: se matricula en la facultad de Derecho de la Universidad Renana “Friedrich-Wilhelm”
1836 -julio: recibe la autorización paterna para trasladarse a Berlín
-agosto: recibe de la Universidad de Bonn el certificado de asistencia a diez cursos.
-octubre: desposa, sin la autorización paterna, a Jenny von Westphalen (nacida en Salzwedel en 1814); los esponsales se harán oficiales un año después, el matrimonio tendrá lugar siete años más tarde.

1836-1841: BERLÍN

1836 -octubre: se matricula en la facultad de Derecho de la Universidad “Friedrich-Wilhelm” de Berlín.
1837 -desde abril: realiza un estudio detenido de la filosofía de Hegel. Escribe: poesía, novela, teatro. Enferma de gravedad. Ingresa en el “Doktorklub”, círculo de universitarios y escritores hegelianos, al que pertenecerá durante toda su estadía en Berlín.
1838 -mayo: muerte repentina de su padre. Rompe con su familia.
1839 -enero: comienza la preparación de su disertación doctoral sobre La diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro.
1841 -enero: su primera publicación – “Canciones de arrebato” – aparece en la revista Athenäum.
-marzo: recibe el certificado de estudios de la Universidad de Berlín: nueve semestres; asistencia a trece cursos.
-abril: recibe in absentia el título de “doctor en filosofía” de la Universidad de Jena.
-lecturas filosóficas: Spinoza, Leibniz, Hume, Kant, etc.

1841-1843: TRÉVERIS, BONN, COLONIA, KREUZNACH

1841 -de abril a junio: se propone solicitar un puesto de profesor en la Universidad Renana; se prepara en tal sentido.
-de julio a diciembre: frecuenta el “Círculo de Colonia”, centro de la oposición liberal burguesa.
1842 -de enero a marzo: prepara artículos filosófico-políticos para los Anales Alemanes publicados por Arnold Ruge.
-abril: comienza su colaboración en la Gaceta Renana, órgano de la burguesía reformista.
-verano: estudia detenidamente la filosofía de Feuerbach.
-de octubre a marzo de 1843: estudia las obras de los socialistas y los comunistas de la época. Tiene a su cargo la dirección de la Gaceta Renana.
-noviembre: primer encuentro con Friedrich Engels.
El trabajo periodístico de estos meses le plantea por primera vez la necesidad de abordar teóricamente cuestiones de orden económico.
1843 –marzo: disgustado por la actitud tímida de los accionistas de la Gaceta Renana, renuncia a su cargo de director.
-desde abril: discute con A. Ruge el plan de publicación de los Anales Franco-Alemanes.
-junio: se casa con Jenny von Westphalen en Kreuznach.
-de julio a octubre: lecturas de teoría política: Rousseau, Montesquieu, Maquiavelo, de Tocqueville, etc.
Trabaja intensamente en el manuscrito de su Crítica de la filosofía del Estado de Hegel (comenzado en 1842, publicado en 1927).
El trabajo de estos meses incluye la primera exploración de la perspectiva teórica crítica –dialéctica, materialista- desde la que abordará la problemática de la economía política.

1843-1845: PARÍS

1843 –octubre: se traslada con Jenny a París.
-noviembre y diciembre: escribe, para los Anales Franco-Alemanes, su ensayo Sobre la cuestión judía y su Introducción a la crítica de la filosofía del Estado de Hegel, en los que por primera vez se adhiere a la causa del proletariado y se reconoce como comunista.
1844 –febrero: aparece el primero y único número de los Anales Franco-Alemanes, que contiene también el ESBOZO DE UNA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA, de Engels.
-marzo: su nueva posición política motiva el distanciamiento de A. Ruge.
-de abril a julio: proyecta escribir una crítica general del comportamiento económico, jurídico y político, y de sus respectivas instituciones y teorías. La elaboración de la primera parte, CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA, se inicia con un comentario detenido de las obras de los principales economistas y llega a la exposición crítica de los fundamentos práctico-teóricos que sostienen a la problemática de la ciencia económica. (Los “Manuscritos de París” – NOTAS DE LECTURA Y MANUSCRITOS ECONÓMICO-FILOSÓFICOS- fueron publicados por primera vez en 1932, en alemán.)
Ciertos elementos fundamentales de este primer proyecto se mantienen constantes a lo largo de todo el desarrollo ulterior de la crítica de la economía política.
-mayo: nace su primera hija, Jenny Marx.
-junio: se relaciona con miembros de la Liga de los Justos. Se reúne frecuentemente con Proudhon y con Bakunin.
-de julio a enero de 1845: colabora con la revista Vorwärts y pasa luego a dirigirla. Reconoce el carácter revolucionario espontáneo de la rebelión obrera en Silesia.
-agosto: comienza la amistad y la íntima colaboración con Friedrich Engels.
1845 –febrero: es expulsado de Francia.

1845-1848: BRUSELAS

1845 –febrero: se instala en Bruselas. Publica junto con Engels La Sagrada Familia.
-marzo: reanuda sus estudios para la crítica de la economía política. Anota sus 11 Tesis críticas sobre “el materialismo tradicional, incluido el de Feuerbach”.
-junio: se compromete a publicar la “crítica de la política y la economía”.
-julio y agosto: emprende con Engels un viaje de estudios por Inglaterra. Entra en contacto con los dirigentes del movimiento “cartista”.

1846 –a partir de febrero: junto con Engels, toma la iniciativa en el proceso de renovación y reorganización del movimiento socialista y comunista. Promueve la fundación del Comité de Correspondencia Comunista.
-de septiembre a mayo de 1846: redacta junto a Engels el manuscrito de La ideología alemana (publicado en 1932).
1847 –de enero a junio: escribe la crítica de los principios económicos y políticos del socialismo proudhoniano, la MISERIA DE LA FILOSOFÍA.
-junio: participa in absentia en la fundación de la Liga de los Comunistas (reorganización de la Liga de los Justos).
-septiembre y octubre: prepara dos conferencias sobre el librecambio y la clase obrera.
-diciembre: expone ante la Unión de los Obreros Alemanes en Bruselas sus conferencias sobre EL SALARIO.
1848 –febrero: MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA.
-marzo: es expulsado de Bélgica.

1848-1849: PARÍS,COLONIA

1848 –Interviene en el proceso revolucionario como director de la Nueva Gaceta Renana.
-Publica sus conferencias sobre TRABAJO ASALARIADO Y CAPITAL.
-Derrotada la revolución, es expulsado primero de Prusia y luego de Francia.

1849-1883: LONDRES

1850 –Edita la Nueva Gaceta Renana. Revista económico-política, donde aparece Las luchas de clases en Francia.
-Promueve la reorganización de la Liga de los Comunistas.
1851 –Estudia una amplia literatura económica. Se propone publicar una obra en tres tomos: “Crítica de la economía política”, “Socialismo” e “Historia de la teoría económica”.
-Comienza su trabajo (que durará hasta 1862) como corresponsal de la New York Daily Tribune.
1852 –El 18 Brumario de Luis Bonaparte.
1853-1857: su situación pecuniaria empeora hasta la miseria y le obliga a abandonar el trabajo científico.
No obstante, el trabajo periodístico de estos años le lleva a completar el alcance de su proyecto crítico (p.e., explora teóricamente el sistema colonial del capitalismo) y lo convierte en especialista en numerosas cuestiones económicas, sociales, políticas e históricas. Los conocimientos elaborados en esta época constituirán elementos importantes de la crítica de la economía política.
1857 –de marzo a julio: reanuda su tratamiento científico de la economía.

-agosto y septiembre: traza el primer esbozo del nuevo plan de la crítica de la economía política. Escribe las primeras páginas de la INTRODUCCIÓN general, que queda inconclusa (el fragmento fue publicado en 1903).
-de octubre a mayo de 1858: escribe el borrador del primer libro, “Sobre el capital”, de los seis en que se propone tratar la parte sistemática de su crítica de la economía política. (Este manuscrito fue publicado en 1939 y 1941 con el título de ELEMENTOS FUNDAMENTALES DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA [Grundrisse…])
1858 –enero: relee LA LÓGICA de Hegel.
-de octubre a enero de 1859: escribe el primer fascículo de CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA (publicado en junio de 1859); cuatro incisos de este trabajo quedan en borrador (fueron publicados con los de Grundrisse…)
1859 –de octubre a enero de 1860: continúa sus estudios económicos.
1860 –Herr Vogt.
-Lee El origen de las especies de Darwin.
1861 –de agosto a diciembre de 1862: escribe un voluminoso manuscrito que contiene la continuación de la CONTRIBUCIÓN…(inédito).
1862 –de abril a mediados de 1863: escribe, como parte del mismo manuscrito, el borrador de las TEORÍAS SOBRE LA PLUSVALÍA (editado por Kautsky en 1905 y 1910 y en las M.E.W. (Obras de Marx y Engels, Dietz Verlag, Berlín, RDA, como Tomo IV de EL CAPITAL, en 1965 y 1968)
-Lee la Ciencia nueva de Vico.
1861-1863: Manuscritos conteniendo materiales para:
Libro I: De Agosto de 1861 a Diciembre de 1862: Cuadernos I-V y XIX-XXIII (continua la Contribución de 1859)
Libro II: Partes de cuadernos XV, XVII y XVIII.
Libro III: Partes de los cuadernos XVI-XXIII.
Libro IV: De Abril de 1862 a mediados de 1863: Cuadernos VI-XV y parte del XVIII: Estos cuadernos constituyen la mayor parte de éstos manuscritos y son la base de lo que se conoce como Teorías sobre el Plusvalor (editado por Kautsky en 1905 y 1910 y en las M.E.W. (Obras de Marx y Engels, Dietz Verlag, Berlín, RDA, como Tomo IV de EL CAPITAL, en 1965 y 1968)
1863-1865: Escribe, con numerosas interrupciones, la primera versión de los tres libros de EL CAPITAL (inédita, con dos excepciones: la parte correspondiente al “Capítulo VI”, RESULTADOS DEL PROCESO INMEDIATO DE PRODUCCIÓN, del Libro I, publicada en 1933, y la parte correspondiente al Libro III, publicada por Engels).
1864 –septiembre: preside la sesión en la que se decide la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores.
-octubre: MENSAJE INAUGURAL Y ESTATUTOS DE LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES.
1863-65: Escribe la primera versión de los tres libros de El Capital.
Libro I (materiales extraviados excepto lo que corresponde al VI inñedito; publicado en 1931)
Libro II (manuscrito I: no tenido en cuenta por Engels)
Libro III (manuscrito principal, editado por Engels)
1865 –junio: Conferencia sobre SALARIO, PRECIO Y GANANCIA (publicada en 1898).
1866 –Redacta la versión definitiva del Libro I de EL CAPITAL.
1867 –septiembre: primera edición del Libro I de EL CAPITAL.
1867-1869: Trabajo sólo ocasionalmente, debido a la enfermedad, en la preparación de los Libros II y III de EL CAPITAL.
1870 –Comienza a estudiar con detenimiento la “cuestión oriental” y particularmente la situación social en Rusia.
1871 –La guerra civil en Francia.
1873 –Segunda edición, revisada, del Libro I de EL CAPITAL.
1875 –CRÍTICA DEL PROGRAMA DE GOTHA (publicada en 1891 y 1923).
-Versión francesa, con valor científico propio, del Libro I de EL CAPITAL.
1877 –Escribe el Capítulo X, DE LA “HISTORIA CRÍTICA”, para el AntiDühring de Engels.
-Comienza una nueva versión del Libro II de EL CAPITAL.
1880 –Trabaja ocasionalmente en la redacción de los Libros II y III de EL CAPITAL.
-NOTAS MARGINALES sobre la Economía política de A. Wagner (publicadas en 1932).
1881 –CARTA A VERA ZASÚLICH (publicada en 1926).
-Lee y comenta La sociedad primitiva de Morgan, como parte de su estudio de las sociedades precapitalistas. (Una selección de sus apuntes sobre antropología se publicó en 1972.)
1883 –14 de marzo: muere Carlos Marx en Londres.
1885 –Engels edita el Libro II de EL CAPITAL.
1894 –Engels publica el Libro III de EL CAPITAL.
1895 –Muerte de Friedrich Engels.
1863-65: Escribe la primera versión de los tres libros de El Capital.
Libro I (materiales extraviados excepto lo que corresponde al VI inédito, publicado en 1993)
Libro II (manuscrito I: no tenido en cuenta por Engels)
Libro III (manuscrito principal, editado por Engels)
1864 –septiembre: preside la sesión en la que se decide la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores.
-octubre: MENSAJE INAUGURAL Y ESTATUTOS DE LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES.
1865 –junio: Conferencia sobre SALARIO, PRECIO Y GANANCIA (publicada en 1898).
1866 –Redacta la versión definitiva del Libro I de EL CAPITAL. Desarrollos
1867 –septiembre: primera edición del Libro I de EL CAPITAL.
1867-1869: Trabajo sólo ocasionalmente, debido a la enfermedad, en la preparación de los Libros II y III de EL CAPITAL.
1870 –Comienza a estudiar con detenimiento la “cuestión oriental” y particularmente la situación social en Rusia.
1871 –La guerra civil en Francia.
1873 –Segunda edición, revisada, del Libro I de EL CAPITAL.
1875 –CRÍTICA DEL PROGRAMA DE GOTHA (publicada en 1891 y 1923).
-Versión francesa, con valor científico propio, del Libro I de EL CAPITAL.
1877 –Escribe el Capítulo X, DE LA “HISTORIA CRÍTICA”, para el AntiDühring de Engels.
-Comienza una nueva versión del Libro II de EL CAPITAL.
1880 –Trabaja ocasionalmente en la redacción de los Libros II y III de EL CAPITAL.
-NOTAS MARGINALES sobre la Economía política de A. Wagner (publicadas en 1932).
1880-82.- Trabajo en el Libro III. Estudios etnológicos.
1881 –CARTA A VERA ZASÚLICH (publicada en 1926).
-Lee y comenta La sociedad primitiva de Morgan, como parte de su estudio de las sociedades precapitalistas. (Una selección de sus apuntes sobre antropología se publicó en 1972.)
1883 –14 de marzo: muere Carlos Marx en Londres.
1885 –Engels edita el Libro II de EL CAPITAL.
1894 –Engels publica el Libro III de EL CAPITAL.
1895 –Muerte de Friedrich Engels.

A.Morán, 7 de enero de 2011

Fuente> Lahaine

Construir alternativas

FUENTE.

Por una troika para los de abajo: bajar a lo concreto desde la izquierda

Brais Fernández

Sábado 2 de febrero de 2013

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La contradicción esencial de este periodo histórico es la discordancia entre la profundidad de la crisis capitalista y la debilidad de la subjetividad antagonista. La tarea de construir una alternativa revolucionaria es más urgente que nunca y a la vez, más lejana. Como siempre, la perspectiva de construir hegemonías implica trabajar a varios niveles: aprovechar los escándalos del régimen para acelerar la deslegitimación, reconstrucción de una cultura de clase común partiendo de los cambios operados en los últimos 30 años, convertir las aspiraciones y el descontento de las clases subalternas en alternativa política. Para ello, no hay otro punto de partida que asumir la derrota histórica sufrida tras la onda revolucionaria en torno al 68, que culmina con la transformación de la burocracia stalinista soviética en una mafia integrada en las dinámicas del capitalismo global, abriendo paso a la era neoliberal que deconstruye la vieja composición de clase. La antiguas identidades y comunidades son barridas de la historia, sobreviviendo reductos que, al contrario que en la era keynesiana, no marcan la dinámica socio-política.

Dicho esto, las generalidades sirven para hacer teoría política pero no son muy útiles para una practica cotidiana. Se está instaurando en la izquierda una confusión muy peligrosa entre perspectiva estratégica y programa político. Está claro que el “ellos” está siendo representado por el sistema político y financiero, mientras que el “nosotros” se representa en una ciudadanía precarizada y difusa. La contradicción capital-trabajo no se representa ya como el obrero fabril contra el empresario-patrón, excepto en casos concretos, importantes, pero que no representan la dinámica general. Así pues, la vieja idea leninista de separar lucha económica y política queda completamente desfasada, planteándose una confrontación desde una perspectiva más totalizadora, aunque sobreviven reductos de trabajadores que tienen capacidad estratégica para luchar corporativamente. Al contrario de lo que parecía, la posmodernidad neoliberal no permite espacio para el desarrollo de marginalidades identitarias, si no que vincula al 99% mediante la precariedad, el expolio, la proletarización masiva. Por supuesto, los nexos comunes no excluyen las pluralidades, si no que las vinculan. El 15M o las mareas son ejemplos de estas tendencias, que, por usar un vocablo marxiano, no terminan de objetivizarse. A pesar de todas las múltiples resistencias, no se ha producido todavía la generación de un bloque histórico en el sentido al que se refería Gramsci, eso es, un espacio de clase con una aspiración común. No es nada extraño: al contrario de lo que creía un sector del 15M cuando se llenaron las plazas, no vamos lentos porque vamos lejos. Vamos lentos porque partimos de un nivel muy bajo.

La crisis del activismo

Reflejo de la discordancia entre situación objetiva y factor subjetivo, entre crisis y conciencia, es la desconexión existente entre activistas y no activistas, entre izquierda y clase. La causa última es que, al no existir una movilización antagonista potente, no hay un movimiento que genere sus propios militantes, surgidos desde abajo, producto de las luchas. El 15M generó una capa de “participantes” diversos, con ciertos lugares comunes, pero más que generar algo nuevo, el resultado temporal parece haber sido una renovación parcial de lo existente o un nuevo campo abonado a la dispersión y la impotencia. Hoy en día, los activistas no somos vanguardia, porque una vanguardia es parte de un cuerpo social. Somos unos pocos tratando de incidir en una situación que, como es natural, nos sobrepasa. Estamos fuera.

Ante esta situación, y a riesgo de ser un poco esquemático (opinar siempre conlleva riesgos), las actitudes entre los activistas se pueden dividir en tres. La primera, refugiarse en el identitarismo izquierdista, en cualquiera de sus variantes: ponerse una bandera soviética como capa, dibujar símbolos anarquistas en las paredes, refugiarse en un centro social confundiendo espacios de autovalorización con ghetto. Esta actitud nostálgica no trata de incidir en el futuro, si no de asociarse con un pasado que ya no volverá. La historia es implacable y deja muchos cadáveres que todavía no son conscientes de serlo. La afición por el mcarthismo de esta “izquierda nostálgica” convierte sin duda en tarea urgente el organizar un entierro. La segunda actitud consiste en renunciar por completo a construir contrahegemonías, a la propuesta política y a trenzar estrategias, parasitando electoralmente el descontento. Esa parece ser la actitud de la burocracia de IU (que no buena parte de su militancia): si no hago nada, si no me muevo, si no asusto y el PSOE se descompone, me votarán a mi. La política ya no es interactuar, solo es una espera. Si entendemos política como transformación, esta perspectiva no tiene nada de política. Se trata de mera gestión, una visión completamente administrativa de los hechos sociales. Una visión presentista, sin ambición, que renuncia a jugar en el campo del futuro. Por último, existe un sector del activismo que busca conectar los tiempos (pasado-presente-futuro), combinando estrategias para buscar vías de ruptura. Como Marx ya supero hace más de siempre 150 años la separación artificial entre sujeto y objeto, me permitiréis que me identifique con este tercer sector, que, sin tener respuestas concluyentes, al menos las busca.

Este sector ni mucho menos es inmune a la separación entre activistas y clase. Volviendo a lo que decía más arriba, quizás en el terreno que más se exprese es en la incapacidad de este sector de articular un programa concreto, transicional, de ruptura, que parta de las preocupaciones cotidianas de la mayoría social. Como ejemplo concreto, y puesto que este artículo tiene la vocación de ser parte de una polémica práctica, está la transformación de un objetivo estratégico que parte de una realidad concreta (crisis de régimen, necesidad de dar una respuesta por abajo a esa crisis) en una consigna: ¡abajo el régimen!, completamente autorreferencial e incluso academicista, de circulo cerrado. El problema es en parte metodológico, en parte político. Por una parte, el eterno problema de la confusión entre niveles de debate y lenguaje . La teoría tiene una autonomía relativa, es necesaria para generar (o mantener) cualquier realidad social, pero no se puede disociar del método de Marx, que era fundamentalmente hipotético-deductivo. La hipótesis teórica de derribar el régimen debe contrastarse con las preocupaciones, lenguajes y nivel de conciencia de quienes lo van a derribar, para pasar de la necesaria abstracción a lo concreto. Se trata de convertir el objetivo estratégico (abajo el régimen) en un programa político compuesto por una serie de demandas agregadas comunes a toda la clase y sectores próximos a ella.

Podemos poner algunos ejemplos, similares pero diferentes. En 1917, en medio de un movimiento de masas revolucionario, los bolcheviques asumieron (que no inventaron), las consignas ¡pan, paz y tierra!, la cual supuso la base de la configuración de su programa revolucionario para derribar el régimen zarista. El objetivo estratégico para Lenin estaba claro, pero se fue configurando a base de asumir demandas y ganar credibilidad. La experiencia de SYRIZA (con todos sus límites) parte de un esquema similar. El rechazo a determinadas políticas y situaciones se evoluciona hacia la asunción por parte los de debajo de una alternativa política. Uno de los grandes méritos de SYRIZA es precisamente ser capaces de generar un lenguaje común entre activistas y la mayoría social que sufre las políticas de la troika en aras de un objetivo común: derribar al régimen de la miseria Esta conexión se ha logrado en base a la capacidad de los activistas de componer un programa político de ruptura “depurado”: auditoría de la deuda, banca pública, anulación del memorandum. Es decir, son las propias medidas propuestas y su agregación en una alternativa política las que se tornan estrategia, las que, desde lo concreto, prefiguran el horizonte de transformación social.

Por una troika para los de abajo: deuda, derechos y democracia

La diferencia entre las anteriores situaciones y la del Estado Español (obviando los casos en donde la independencia nacional se ha impuesto como vía de ruptura con el régimen) es la inexistencia de movimientos de masas estables y antagonistas, que, aunque resulte una obviedad, no se pueden inventar. Solo podemos prepararnos, alimentar los conflictos y convencer pacientemente con el objetivo de que las resistencias se tornen en un bloque histórico alternativo. Eso no significa que no se pueda hacer nada, ni mucho menos. La vocación de conectarse a lo cotidiano, si aceptamos la necesidad de una guerra de posiciones, es una aspiración básica para cualquier revolucionario.

Es necesario repensar las consignas de un programa político funcional sin confundirlas con la estrategia. Como punto de partida, parece que hay tres ejes políticos fundamentales en torno a los que concretar el activismo: deuda, derechos y democracia. La conexión entre los tres ejes es potente: se desmantelan los derechos-servicios públicos para pagar la deuda, el pago de la deuda esta diseñado desde una perspectiva antidemocrática y corrupta, la deuda es un pago que nos impide generar beneficios colectivos y combatir problemas urgentes, como por ejemplo, el paro. Se trata de convertir los problemas en respuestas capaces de vincularse a la cuestión del poder y de la socialización de los recursos económicos. Quizás ahí esté nuestra troika de demandas en torno a las comenzar a trabajar en concretar nuestra estrategia política.

La complejidad de la realidad nos dificulta profundamente el pensar en concreto. La herramienta cognitiva de la conceptualización se desenvuelve con más comodidad en el campo de las generalidades. El esfuerzo de comenzar a conectar táctica y estrategia parece enorme, pero urgente: requiere antes que nada pensar la teoría y la practica como parte de una unidad para anticiparnos a los acontecimientos. Hace poco, Francisco Louça abandono la primera línea política para dedicarse a la configuración programática para un gobierno de izquierdas. Más que una retirada, me parece un enorme paso hacia adelante. El convertir las generalidades en aspiraciones concretas y viceversa es, al fin y al cabo, comunismo: ligar teoría y praxis en un “movimiento real que destruya el estado de cosas actual” (Marx-Engels).

31/1/2013

Grundmagazine