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Por una democracia del común. Entrevista a Michael Hardt

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Declaración, el último libro de Michael Hardt y Toni Negri, ha sido escrito al calor de la serie de «revoluciones conectadas» que irrumpieron en el 2011: Primavera Árabe, 15M, Occupy Wall Street. La obra está constituida por algunas ideas extraídas de las prácticas que se generaron en estas revueltas y que pueden ser útiles para impulsar el paso de un llamamiento a rebelarse contra la crisis y la falsa democracia, a la constitución de una nueva sociedad. Es decir, a la creación de instituciones y nuevos derechos a partir de los prototipos organizativos que se han dado en las redes y las plazas.

Revueltas en Turquía, junio 2013

Las obras anteriores de los autores –Imperio, Multitud y Commonwealth– han constituido una referencia fundamental del pensamiento político actual. Lo que las distingue de la pura especulación filosófica o académica es la articulación de sus autores con los movimientos sociales y las luchas reales del ciclo global de conflictos todavía en curso.

Para contribuir a esta tarea, la Fundación de los Comunes –en colaboración con el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y el Museo Reina Sofía de Madrid– ha organizado una ronda de charlas con Michael Hardt, bajo el título de Común y poder constituyente, con el objeto de abrir discusiones públicas en torno a las cuestiones planteadas en el ensayo Declaración.

En esta entrevista, desde la Fundación de los Comunes preguntamos al autor sobre los movimientos contra la deuda como importante derivación de estas revueltas y respecto a su relación con la construcción de una democracia real basada en el común.

 

En Declaración planteáis que estudiar la deuda desde la posición de los endeudados resulta útil para entender el proceso de mercantilización de los derechos. ¿De qué manera transforma la deuda el vínculo entre ciudadanía y derechos?

Nuestras sociedades han pasado de un sistema basado en el bienestar (Welfare) a otro basado en la deuda (Debtfare). Las necesidades básicas para la vida que debían ser cubiertas por la estructuras del Estado del Bienestar ahora son solo accesibles mediante el endeudamiento personal. Necesitas un préstamo para estudiar en la universidad, adquirir una casa o ser atendido en un hospital. Es una grave injusticia que estas necesidades vitales queden además fuera del alcance de muchas personas. Pero lo importante es reconocer la naturaleza social y colectiva de este fenómeno, que forma parte de un proceso neoliberal más general en curso desde la década de 1980, intensificado en años recientes. Las luchas contra la deuda se basan hoy en reconocer que endeudarse no es una elección personal, mucho menos el resultado de un frívolo gasto excesivo. Se trata más bien de un fenómeno socialmente determinado. Cuando reconocemos que no estamos solos en nuestro endeudamiento podemos empezar a luchar juntos.
Judith Butler ha propuesto la «fragilidad» como el punto de partida para una alianza política que ya no se basa en la homogeneidad, sino en las diferencias. Esta idea parece sugerente dada la compleja composición del «99%», el «nosotros» que hablaba en Occupy. La proliferación de la confianza y el apoyo mutuo, rechazando la disciplina de la homogeneidad, ¿son ahora condiciones para organizar la revolución? ¿Cómo articulamos la relación entre el uno y el muchos, partiendo de nuestra condición finita, dependiente y vulnerable, contrarrestando el aislamiento que produce la individualización?

Es importante combatir los dispositivos de individualización masiva que aíslan a las personas haciéndolas sentirse responsables e incluso culpables de su propia subordinación, abandonadas en su impotencia. La deuda es un dispositivo que produce este tipo de individualización mediante la retórica de la autosuficiencia individual. Pero sería erróneo obsesionarnos con nuestra victimización. Mediante redes de cooperación social podemos desplazar la perspectiva de la dependencia individual a la interdependencia colectiva. No se trata de imaginarnos inmunes, sino de crear un contexto social en el que podamos sentir una seguridad real. En la relación de unas personas con otras nuestras vidas pueden dejar de ser precarias. Los movimientos recientes contra la deuda en Estados Unidos, España y otros lugares han generado poderosos efectos de desindividualización: no solo bloquean la amenaza acreedora, sino que también –y esto es aún más importante– construyen redes autónomas de interdependencia y apoyo. Me gusta pensar en términos de «poder de la interdependencia». Sin embargo, huir del individualismo forzado de la sociedad del débito no significa fundirse indiferenciadamente en la masa. El asunto plantea un reto teórico y político importante. Tenemos que demostrar que el individuo aislado no es el único espacio de la diferencia, pero también que nuestras redes de cooperación social autónoma funcionan porque somos diversos y solo perduran en la medida en que nos permiten seguir siéndolo.
¿Cómo opera el «comunero», el sujeto que a vuestro juicio produce «el común»?

Resulta útil pensar al comunero como alguien que no solo hace uso o participa del común, sino que también lo produce. El común debe ser producido y reproducido continuamente. Todo lo que es común o susceptible de devenir común —incluso el agua, la tierra y los bosques— forma parte, siempre, de una relación de cuidado e interacción. También las formas inmateriales de lo común —las ideas, las imágenes y los códigos— deben ser producidas y de tal manera que puedan ser compartidas de forma sostenible. En una escala mayor, debemos pensar en la metrópolis misma y en todas las relaciones sociales insertas en ella como una gigantesca producción y un vasto reservorio del común. El punto clave es entender que el común no es espontáneo ni automático, que necesita del comunero que es quien lo produce y sustenta.
¿Cómo se organiza ese común que no es privado pero que tampoco responde al imaginario de lo público-estatal presente en las demandas de parte de los movimientos y del pensamiento de izquierda?

El común no se define sencillamente por la falta de control privado o estatal, sino también por el establecimiento de un modo de gestión alternativo: la autogestión democrática colectiva. Tales prácticas de autogestión son lo que Toni Negri y yo llamamos «instituciones del común». Mientras algunos sostienen que el común puede ser gestionado únicamente por comunidades claramente delimitadas y reducidas, nosotros concebimos un común definido por el libre acceso y la participación expansiva. El común se debe caracterizar no exclusivamente por la homogeneidad en pequeña escala, sino también por la mezcla y la pluralidad en una escala mayor. Esta discusión es paralela a una conocida divergencia en las teorías sobre la democracia. Hay quienes sostienen que una democracia real solo puede funcionar en el marco de unas comunidades reducidas y limitadas, mientras otros —entre quienes nos incluimos— imaginamos y luchamos por la democracia de una población a gran escala, heterogénea y activa. Tal democracia real no existe aún de un modo significativo y su realización futura no está en modo alguno garantizada, pero constituye el horizonte —una estrella que guía en la imaginación política— para un número cada vez mayor de personas alrededor del mundo. Una democracia real y unas relaciones abiertas y expansivas del común son promesas por las que debemos luchar.
¿En qué estado se encuentra la organización del movimiento contra la deuda en Estados Unidos después de Occupy? ¿Te parece que las iniciativas contra la deuda se pueden considerar un «comunero colectivo» en oposición al «capitalista colectivo»?

Existen numerosas campañas contra los desahucios organizadas a nivel local en Estados Unidos, pero el proyecto contra la deuda de coordinación más extendida es Strike Debt. Uno de sus aspectos más útiles es la manera en que reúne las luchas contra diferentes formas de deuda: estudiantil, sanitaria e hipotecaria.

Sin duda, iniciativas como también la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en España y otras similares crean un común en la medida en que combaten la segregación de la ciudad fragmentada y privatizada, y dotan a las personas de herramientas con las que crear espacios comunes para vivir. ¿Qué significaría hacer realmente una metrópolis común? Es una cuestión de peso difícil de responder. No me cabe duda de que Strike Debt o la PAH ofrecen parte de la solución.
¿Dónde radica la posibilidad de romper con la individualización del tiempo, para afirmar una temporalidad de los «comuneros»? ¿Cómo podemos romper con la temporalidad de la deuda y afirmar un tiempo de la compartición, organizando la vida en común?

Para constituir una nueva temporalidad, tenemos que empezar por investigar la naturaleza del tiempo en que vivimos hoy. El historiador E. P. Thompson teorizó cómo la industrialización conllevó un cambio en nuestro «tiempo interno». Mientras anteriormente se medía el tiempo en términos de ciclos naturales y tareas materiales, el dominio de la industria introdujo una medida homogénea y regular del tiempo que se propagó desde la fábrica hacia toda la sociedad. Thompson señala también que el movimiento obrero industrial dedicaba una parte importante de su esfuerzo a las luchas sobre el tiempo. La lucha por reducir la jornada laboral operaba en el terreno de la temporalidad industrial. Thompson propone reconstruir nuestro sentido del «tiempo interno» en términos de qué hacemos, cuáles son nuestras prácticas cotidianas y cómo cooperamos productivamente unas personas con otras. Es una tarea difícil, pero este me parece por lo menos un punto de partida. El estallido de la fábrica como modo de producción ha dado como resultado una fragmentación de tiempos de la producción. La temporalidad del sujeto endeudado forma parte de esta nueva pluralidad. Tenemos que dar cuenta en detalle de los diversos modos de producción y de cooperación de los sujetos endeudados, para poder identificar cómo constituyen en concreto su sentido del «tiempo interno» e investigar qué potencialidades de revuelta se abren en este terreno.

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Els Mossos encapsulen manifestants i els obliguen a fotografiar-se encaputxats

FONT

Nou gir inèdit en les pràctiques dels Mossos d’Esquadra contra les protestes pel desallotjament de Can Vies, al barri de Sants de Barcelona. Més d’una quarantena de furgonetes i uns 300 agents de la Brigada Mòbil –comandades per l’intendent Ignasi Teixidor– van encapsular poc abans de la mitjanit d’aquest dissabte a diumenge dos centenars de manifestants contra el desallotjament de Can Vies. Els van retenir al llarg de tres hores, obligant-los a deixar-se enregistrar la cara i el cos. Van practicar aquesta diligència sense la presència de cap advocat ni en base a l’ordre de cap jutge, i sota l’amenaça de denunciar els retinguts si no ho feien i inclús agredint-los físicament. L’espectacular operació, realitzada en ple centre de Barcelona, a la confluència de la Gran Via amb Rocafort, va suscitar les protestes del veïnat i de centenars d’activistes que van acudir a l’indret a solidaritzar-se amb les víctimes. També ho van fer els diputats de la CUP David Fernández i d’ICV-EUiA David Companyon i l’advocat Andrés García Berrio, de la Coordinadora Catalana per a la Prevenció de la Tortura. Berrio va alertar que aquesta pràctica és irregular, va denunciar que no és la primera vulneració de drets fonamentals que observen entitats defensores dels drets humans aquests dies i va avançar que aquestes entitats estudiaran si emprenen mesures legals per l’encapsulament.

L’operatiu va començar a un quart de dotze, quan un grup de manifestants avançava en direcció a Sants tallant el trànsit de la Gran Via, després de participar en la gran mobilització que aquest dissabte a la tarda va desbordar el centre turístic de Barcelona. Quan s’atansaven a Rocafort, furgonetes de la Brigada Mòbil a gran velocitat van tallar el pas dels manifestants, i els agents antidisturbis els van encapsular. Tot seguit van expulsar la premsa i van disposar els vehicles de tal forma que els mitjans gràfics no poguessin prendre imatges a peu de carrer.

Veto als mitjans gràfics

Dins del perímetre acordonat els Mossos van retenir la massa de manifestants al xamfrà del cantó mar/Besós, i els van advertir que tenien dues opcions: deixar-se identificar i retratar voluntàriament o ser denunciats per desobediència. Les persones retingudes van anar passant a una cua, vigilada a banda i banda per agents antidisturbis, fins arribar a un espai habilitat entre furgonetes on els agents els escorcollaven, enregistraven en vídeo els seus DNI, les seves cares i els seus cossos, i els feien posar amb roba com dessuadores amb caputxa i passamuntanyes. Alguna de la roba no la duien posada quan eren escorcollats, i estava estesa a terra a una vorera propera.

Forçats a retratar-se

Un cop sotmesos a aquest procediment, els afectats anaven sent expulsats del perímetre. Alguns dels que sortien van narrar haver rebut cops de porra durant l’encapsulament, i dues noies van explicar que els agents estiraven del braç alguns dels retinguts per portar-los a la cua. Imatges enregistrades per la Directa demostren que els policies van agredir alguns encapsulats quan aquests van intentar fer valdre el seu dret a no ser retratats amb caputxa en aquell context.

Després de dues hores d’encapsulament van sortir del perímetre quatre furgonetes de transport de detinguts, tot i que fonts oficials dels Mossos d’Esquadra no han detallat quantes persones van ser identificades, quantes traslladades a comissaria i si alguna va ser detinguda. Sí que han assegurat que durant la manifestació de la tarda es van efectuar 50 identificacions i set detencions, quatre per part dels Mossos i tres per part de la Guàrdia Urbana.

“Una diligència de prova que en tot cas s’ha de fer davant de la presència d’advocat”

L’actuació policial va desfermar la preocupació d’entitats protectores dels Drets Humans. L’advocat i membre de la Coordinadora Catalana per a la Prevenció de la Tortura, Andrés García Berrio, va personar-se al lloc dels fets exigint que s’aturés una pràctica que viola els drets de la persona, segons va denunciar. Obligar algú a posar-se una roba i ser retratat amb ella “és una diligència de prova que en tot cas s’ha de fer davant de la presència d’advocat, i hom té dret a negar-se”, ha advertit García Berrio. “No es pot condicionar la privació de llibertat a sotmetre’s a aquesta diligència de prova penal”, ha advertit el lletrat, que ha considerat que fer-ho vulnera els drets fonamentals a la intimitat i a la presumpció d’innocència.

En aquest sentit, García Berrio ha advertit que les entitats de defensa dels drets humans estudiaran si emprenen mesures legals per denunciar aquestes vulneracions. “Hem detectat aquests dies moltes pràctiques irregulars”, ha advertit el lletrat, que ha parlat que aquesta pràctica de l’encapsulament “és un pas molt més endavant del que s’estava fent fins ara”. “Ja està bé que tinguem una brigada mòbil al marge de la llei; la Brigada d’Informació no pot fer aquestes pràctiques, no tolerarem cap més pràctica il·legal en aquest país”, ha declarat García Berrio.

Compareixença urgent d’Espadaler

També hi van acudir els diputats del Parlament David Fernández, de la CUP, i David Companyon, d’ICV-EUiA. Companyon va anunciar que reclamarà la compareixença urgent del conseller d’Interior, Ramon Espadaler, perquè doni explicacions sobre aquesta actuació, i va lamentar que la dimissió de l’exdirector de la Policia Manel Prat no hagi suposat un canvi de política, a la llum d’aquesta actuació.

Intensa cassolada veïnal i concentració solidària amb les víctimes

L’operatiu va estar acompanyat durant pràcticament tot el temps que va durar d’una sorollosíssima cassolada: nombrosos veïns des dels seus balcons, vianants amb els seus clauers i inclús ciclistes fent sonar els timbres de les seves bicis van expressar el seu rebuig a l’actuació policial. Durant les tres hores que va durar l’encapsulament van acudir al lloc dels fets prop de 400 activistes, que van expressar amb crits la seva solidaritat amb els afectats per l’encapsulament i el seu rebuig a l’operació.

Un cop van aixecar l’operatiu, les furgonetes de la Brigada Mòbil van marxar del lloc entre crits, increpacions, i cops. Un dels agents va reaccionar obrint la porta del copilot d’una de les furgonetes, amb la intenció de ferir algun ciutadà, sense èxit.

¿Por qué no soy patriota?

Acacio Puig

Ciertos adjetivos de connotaciones políticas (como patriota, comunista…) requieren, para adquirir su auténtica dimensión, de acotación histórica, es decir geográfica, temporal y en cierto modo ideológica. Ocurrió con comunista, de recia raigambre premarxista pero que, desgraciadamente ligado a la degeneración estalinista que tiñó profundamente la URSS y las Democracias Populares hasta su descomposición, se transformó en palabra que requería demasiadas explicaciones para su correcto entendimiento.

En el caso de mi generación militante, la que hoy cuenta entre los 65 y los 75 años, ocurre lo mismo con patriota. Requiere demasiadas explicaciones al menos para quienes formamos parte de la “generación de mayo-68”, bregamos como internacionalistas la solidaridad con las Revoluciones Argelina y Cubana en sus difíciles inicios e hicimos nuestro el combate de Vietnam, Laos y Camboya en la década de los 70.

Pero es que, además, habíamos nacido en España, combatíamos la dictadura franquista, a sus industriales, banqueros y terratenientes y nos asfixiaba la siniestra ideología militar y nacional católica. Es decir, que se nos cayeron los dientes de leche en medio del griterío “patriótico”.

Las concentraciones de apoyo a la dictadura (en la Plaza de Oriente) eran calificadas de “concentraciones patrióticas”, la reivindicación “Gibraltar Español” era estandarte patriotero, los ecos sangrientos del período represivo al fin de la Guerra de España, se justificaban como necesaria continuación de la Cruzada Patriótica, los más reaccionarios de entre los carlistas seguían atronando y asesinando en nombre de aquel “por Dios, por la Patria y el Rey”.

Además, la Patria impregnaba el adoctrinamiento de la juventud durante la mili obligatoria y durante el Servicio Social obligatorio de las mujeres y en nombre de la Patria, (contra el “feroz separatismo”) se tomaban militarmente Euzkadi y Catalunya durante los muy frecuentes Estados de Excepción que asolaban calles y llenaban las cárceles de prisioneros después de prolongadas sesiones de tortura a manos de la policía política del régimen.

Todas esas connotaciones del adjetivo Patriota, están muy vivas en nuestra memoria, marcan hoy nuestras luchas (si, a veces también como yayo-flautas) y configuraron la conciencia de un amplísimos sector social de anticapitalistas, escindidos antaño en variadas familias políticas pero que sumaron, en las primeras elecciones democráticas, mas de 500.000 adhesiones a la izquierda de las candidaturas del PCE.

Nuestro histórico rechazo a la bandera roja y gualda se basaba en que era la bandera del bando autoproclamado nacional, precisamente el de los patriotas… (El nuestro era, por el contrario, el .de la “conspiración judeo-masónica-vendida-a-Moscú” que decía el dictador Franco). Por el contrario entendíamos que la bandera del país era la bandera republicana y junto a las banderas de las Naciones sin Estado, exhibíamos con orgullo (y riesgo) las banderas del anticapitalismo fueran rojas, negras o rojinegras… Y lo más grave es que lo seguimos haciendo, es decir, que como escribía el camarada francés Krivine “aquello no se nos pasó con la edad” y… ¡no estamos muertos! Sigue habiendo muchas canas en las Manifestaciones y en las Mareas.

Es por eso que a pesar del Patria o Muerte (que gustaba tanto a nuestro Guevara) y a pesar de los avances progresistas de los movimientos bolivarianos, en America Latina, en nuestra memoria pesan también tantísimo aquellos golpes militares contra el pueblo chileno (Pinochet), argentino (Videla), incluso Perú (Alvarado)…que nosotros y nosotras, sexagenarios militantes…tenemos que apuntar que…de Patriotas nada, de internacionalistas todo y de apoyo al derecho de autodeterminación de los pueblos…mucho, pero que mucho (estamos en deuda aún con las exitosas huelgas políticas antifranquistas que se extendieron por territorios “separatistas”).

Y aún así (y aunque a Pablo, cabeza de nuestra lista, le vaya el uso de ese adjetivo de patriotas) como somos muy conscientes de que está en juego algo importante y quizá lleno de futuro…Vamos a apoyar, extender y votar la candidatura de PODEMOS pero no, digámoslo, “NO SOMOS PATRIOTAS”.

Acacio Puig

Preso político del franquismo, Condenado por el TOP y querellante ante la justicia argentina

Militante de Izquierda Anticapitalista

Reclamamos un proceso constituyente desde abajo, desde los sectores en lucha contra el Régimen de la Transición por su carácter antidemocrático y antipopular

Entrevista con Antonio Maira, cofundador y miembro del Colectivo militar Anemoi (y II)
“Reclamamos un proceso constituyente desde abajo, desde los sectores en lucha contra el Régimen de la Transición por su carácter antidemocrático y antipopular”
“Nos declaramos antifranquistas, antifascistas y antiimperialistas. Nuestro Manifiesto es el resultado de esa confluencia de análisis sobre nuestra historia y de una experiencia muy larga”

Leer la primera parte de esta entrevista: “La conquista pacífica de los cuarteles, en la que está trabajando intensamente Anemoi, debe culminarla el pueblo“, publicada ayer.

P.- ¿Cuáles son los principales objetivos de Anemoi?

Antonio Maira [1].- Están definidos claramente en el Manifiesto “Las Fuerzas Armadas con el pueblo” y en los comunicados anteriores. Reproduzco textualmente cuatro párrafos del Manifiesto: “Las Fuerzas Armadas con el pueblo. Las dos primeras resumen el primer objetivo fundamental:

“Se plantea pues, en primer lugar, la necesidad de neutralizar la posibilidad de intervención militar cuando la revuelta popular resulte irresistible, cuando el choque social se agudice”.

“En situaciones como la actual, en las que existe un conflicto abierto entre las instituciones y las aspiraciones del pueblo, es preciso un proceso constituyente en el que descanse la legitimidad democrática. Este proceso debe ser absolutamente respetado y apoyado por la institución militar en su conjunto”.

Y las dos segundas avanzan los instrumentos que hacen posible ese objetivo:

La obediencia de las FAS al Rey debe ser definitivamente quebrada. Únicamente es aceptable que la Jefatura de las Fuerzas Armadas recaiga en quien que haya sido democráticamente elegido. La III República es, pues, inaplazable.

La defensa de la soberanía exige la salida de nuestro país de las alianzas militares -la OTAN y todo el sistema de alianzas ad hoc que los EEUU y sus aliados están utilizando para la realización de su política imperialista- y la eliminación inmediata de todas las bases e instalaciones extranjeras en nuestro territorio.

Bien analizado el Manifiesto es varias cosas a la vez: un “manifiesto llamada”, un “manifiesto-garantía” y un “manifiesto-programa” con las condiciones mínimas para que sea posible el retorno de la soberanía al pueblo. Así que el propio Manifiesto orienta hacia objetivos posteriores al primero que hemos definido.

P.- Ustedes se reclaman republicanos ¿Qué tipo de República reivindican?

A.M.- Reclamamos una República Federal pero, advertimos: la soberanía de la que hablamos nosotros es de la soberanía popular. Son los pueblos que componen el estado los que acordarán la nueva estructura republicana. Tal vez habrá que recordar las palabras con las que Macià se dirigió a la multitud concentrada en la plaza de Sant Jaume y proclamó, el 14 de abril de 1931, en nombre del pueblo de Cataluña, “L’Estat Català, que amb tota la cordialitat procurarem intergrar a la Federació de Repúbliques Ibèriques“.

En primer lugar reclamamos un proceso constituyente desde abajo, no desde los poderes constituidos. Desde abajo quiere decir desde los sectores en lucha contra el Régimen de la Transición, con su carácter antidemocrático y antipopular. Desde abajo quiere decir desde las nuevas fuerzas populares, políticas o sociales, que están en proceso de “organización y convergencia en lucha contra el sistema”. El nuevo estado tendrá que surgir desde la unidad de lucha y después de un proceso de negociación.

Por eso hemos manifestado nuestro apoyo a la Marcha de la Dignidad del 22 de marzo. También pensamos que es irrenunciable el derecho de autodeterminación de los pueblos para construir, desde la auténtica libertad un escenario político común. En las condiciones políticas actuales reivindicamos una República Federal construida desde abajo, como máxima expresión democrática.

P.- ¿Son ustedes una organización reconocida legalmente? ¿De dónde viene el nombre de Anemoi?

No somos una Asociación. Somos simplemente un colectivo. Las Asociaciones solo son legales para los militares en activo y para la defensa estricta de sus intereses profesionales: la AUME es la más numerosa de ellas y la que cuenta con mayor número de miembros: hombres y mujeres.

En los últimos tiempos la AUME ha alcanzado enorme notoriedad. La defensa de los intereses profesionales de sus miembros y la exigencia de libertad de expresión para los militares, ha llevado a varios de sus dirigentes a fuertes conflictos con el poder militar. Jorge Bravo su presidente ha sido varias veces arrestado y tratado como un delincuente.

Anemoi es un simple Colectivo de militares sin estatuto jurídico alguno. En realidad somos un estado de opinión, el resultado informal de un proceso de identificación y de confluencia, algo evanescente pero muy penetrante: viento del pueblo.

Anemoi es una palabra griega que se refiere a todos los vientos. En principio distinguían los vientos de los cuatro puntos cardinales, cada uno con su nombre y sus características. Después incorporaron a esos cuatro vientos principales, cuatro vientos más de los cuatro cuadrantes. Ya eran ocho los vientos de Anemoi. Pero en cada lugar –los griegos eran un pueblo navegante pero también con una gran diferenciación territorial- los vientos tienen distintos nombres y características de modo que el número de vientos se multiplica casi indefinidamente. Así ocurre en nuestro país.

Para nosotros Anemoi son los vientos del pueblo. Los que nos empujan, los que nos arrastran, los que gritan o susurran: las voces olvidadas del pueblo. Hemos asumido el deber de recogerlos y soplarlos hacia los cuarteles. Por eso, junto a nuestro anagrama nos identificamos con el poema “Vientos del pueblo me llevan” de Miguel Hernández, del que solemos citar como lema la primera estrofa: “Vientos del pueblo me llevan,/vientos del pueblo me arrastran,/me esparcen el corazón/y me aventan la garganta”.

P.- ¿No temen infiltraciones?

A.M.- En realidad somos nosotros los que infiltramos. O, mejor dicho, el pueblo con un poco de ayuda de Anemoi.

Eso hace el viento, por todas las rendijas. Las “infiltraciones” las temen realmente ellos. El viento del pueblo les va a llegar por todas partes: como brisa imperceptible, con el aire que respiran o como viento huracanado. Les va a llegar con sus hijos desempleados, con sus familias precarizadas, con sus familiares más próximos multados, golpeados o fichados. Pueden combatir al viento con botes de humo, con mangueras de agua, pinchando las redes o los teléfonos, rodeando bases y cuarteles de alambradas. Da igual, el viento entrará de todas formas.

Tememos infiltraciones de otro tipo, aunque estamos aprendiendo a ser muy cuidadosos. Y tememos las provocaciones aunque cada vez nos sentimos más protegidos. En la presentación de Anemoi en el CAUM de Madrid intentó infiltrarnos una organización llamada Bandera Negra. Nos envió una oferta de “protección jurídica” de un grupo de abogados con un Manifiesto de tono libertario pero muy pasado de rosca. Les contestamos con cortesía (no sabíamos quienes eran). Volvieron a presentarse en el Acto público y firmaron la lista de organizaciones que querían recibir información sobre Anemoi. Dos días después Público.es y laRepública.es denunciaron quienes eran realmente el grupo B.N. y quienes sus dirigentes. Los denunciamos públicamente para proteger a nuestros invitados al acto. Ellos que firmaron la lista de direcciones en último lugar podrían intentar engañar a otros pequeños colectivos, tal como habían estado a punto de engañarnos a nosotros.

Hubo también otro intento de infiltración “de manual” en el que, estuvimos a punto de ponernos al alcance de los jueces militares. Es de explicación más compleja. Provocó diferencias de opiniones entre los responsables de leer, analizar y contestar nuestro correo electrónico. Las dos denuncias fueron colocadas y retiradas al cabo de unas horas. Trabajábamos en la gestión del correo electrónico del colectivo a cuatro manos. La segunda infiltración –más bien, provocación- estuvo montada, a mi juicio, por el CNI. Nos implicaba, como de pasada, en una oferta de trabajo de “proselitismo” dentro de las FAR. Había otras coincidencias en el texto muy sospechosas En todo caso yo soy el principal responsable de aquellas vacilaciones. Tengo más experiencia en la Red que mis compañeros, y más datos sobre este tipo de infiltraciones y sus posibles gravísimas consecuencias.

Quién no se acuerda del asesinato de Carlos Palomino, un joven de 16 años en el Metro de Madrid, y de las enormes movilizaciones populares que llevaron a la identificación del asesino, un militar profesional, por cierto.

P.- ¿Por qué han irrumpido en el espacio público en estos momentos? ¿Hay alguna cuestión que les preocupe especialmente?

-Crisis económica “catastrófica”. Descarga de la crisis sobre los más pobres, pérdida de todos los derechos de los trabajadores y trabajadoras, pobreza e indigencia.

-Preparación sistemática de un conjunto de leyes represivas “integradas” que pretenden criminalizar, reprimir, levantar ficheros policiales de los dirigentes populares, encarcelar y anular toda posibilidad de resistencia.

Saqueo del país e impunidad. El pueblo ha llegado a la conclusión de que la gestión pública es, en realidad, un acuerdo de intereses entre empresarios que ordenan y políticos que obedecen; y que todas las decisiones públicas determinan pagos de comisiones, irregularidades administrativas, dinero en negro. El estado se ha arruinado y los financieros, empresarios, políticos, miembros de los distintos poderes del Estado, con toda la cadena de gobiernos regionales, locales, etc. Se “han puesto las botas”. No todos, naturalmente, pero si una cantidad tan enorme “que han hecho de la corrupción, virtud”.

-Carencia de legitimidad de un estado que se ha convertido en un Régimen corrupto y antidemocrático. La Monarquía ha ejercido un papel básico en la estructuración de este Régimen y en la determinación de los “niveles aceptables” de corrupción, así como en el apoyo a la política internacional de Washington. Pero aquí, al revés que en Zalamea: “Del Rey abajo, todos”. ¿Puede haber un diálogo más cínico que el que sostuvieron Artur Mas y Felipe González hace unos días, para “canalizar” el proceso soberanista de Cataluña?

-Aparición de amenazas, consentidas, de altos mandos militares sobre una inminente intervención de las FAR en Cataluña, si proseguía el “proceso soberanista”.

En nuestro Manifiesto, Daniel, encontrarás un análisis de la situación, unas propuestas inmediatas para evitar el desastre social y económico en el que vive y vivirá nuestro pueblo, y, sobre todo, una llamada al “cambio radical pacífico” para que empiecen a resolverse las cosas. Puedo decirte que llevamos más de un año de trabajo público y continuo. Cada uno de nosotros ha aportado su experiencia y todos hemos aprendido. Pero eso no ha salido de la nada.

En mi caso concreto puedo decirte que antes de dar este paso, he participado durante tres años en el análisis de la situación económica, social y política, analizando posibles estrategias de lucha; casi dos años más volcado en un trabajo en Cádiz en el que participaban casi todos los colectivos sociales, organizaciones políticas y ONG’s. Finalmente, varios compañeros confluimos en la necesidad de trabajar en el “problema militar”. Poco a poco fue surgiendo Anemoi. No somos fruto de un día. Somos el resultado de una reflexión muy larga y un compromiso muy serio con nuestro pueblo.

P.- Hablan ustedes de unas fuerzas armadas que deben estar con el pueblo ¿Qué significa eso para ustedes? ¿En qué autores, en que concepción de las fuerzas armadas se inspiran?

A.M.- Nos inspiramos en la historia de este país durante los últimos noventa años, por decir una cifra ampliable hacia atrás. Nos declaramos antifranquistas, antifascistas y antiimperialistas. Nuestro Manifiesto es el resultado de esa confluencia de análisis sobre nuestra historia y de una experiencia muy larga. Hablamos de la fusión del pueblo y de las FAR pero no se trata de un pueblo abstracto.

Hablamos de los militares que participaron en la defensa de la II República contra el franquismo y el fascismo, hablamos de la UMRA (Unión Militar Republicana Antifascista) que se formó para la defensa de la segunda República contra el inminente golpe militar y que integró a militares de distintas ideologías (todas de izquierda y republicanas), hablamos de los militares que encuadraron a las milicias populares y que fueron vitales para la formación del Ejército Popular; hablamos de la U.M.D., de su funesta disolución y de la larga lucha de muchos de sus miembros; hablamos de las condiciones internacionales en las que se desarrollará la lucha de los pueblos contra el neofascismo y el imperialismo de EEUU y sus aliados.

De todo eso y de la lectura o relectura de textos de historia; de la observación de lo que ha pasado en los últimos años y sigue pasando ahora mismo, surge y se va definiendo Anemoi. No ha habido nunca un Colectivo que nace en un momento preciso. Anemoi ha ido naciendo y sigue naciendo y creciendo. Eso sí, Anemoi no retrocede en sus concepciones, avanza, avanza con el pueblo.

Hay unas frases muy significativas en nuestro Manifiesto, que creo que responde a tu pregunta: “La soberanía corresponde al pueblo, comoquiera que ésta se exprese. Su defensa también. Las FAS son del pueblo, se deben al pueblo y obedecen al pueblo”. “Las FAS están para defender la soberanía popular, nunca para condicionarla o doblegar su voluntad de cambio real. La criminalización de las legítimas protestas populares y la intervención represiva de las FAS son absolutamente inaceptables”. “En situaciones como la actual, en las que existe un conflicto abierto entre las instituciones y las aspiraciones del pueblo, es preciso un proceso constituyente en el que descanse la legitimidad democrática. Este proceso debe ser absolutamente respetado y apoyado por la institución militar en su conjunto”.

P.-¿No tienen miedo a la represión? El Régimen antidemocrático que ustedes denuncian no se va a quedar parado ante un intento como el suyo.

A.M.- La represión nos amenaza a todas las personas –hombres y mujeres- que luchamos por un mundo mejor. A nosotros también.

Estamos hablando de un Régimen autoritario y antidemocrático en marcha acelerada hacia el fascismo. En nuestro Comunicado: “Denunciamos la Ley de Seguridad Privada, como la instauración de ‘cuerpos parapoliciales’ al servicio de la oligarquía y de su Régimen antidemocrático”, hemos explicado cómo se va cerrando el sistema represivo hasta no dejar ninguna fisura.

La reforma del Código Militar va a incluir a civiles entre los posibles actores de delitos militares y no, en caso de guerra declarada aprobada por el parlamento, sino también en caso de “guerra no declarada”. Así pues cualquier civil que ponga de manifiesto o denuncie actividades “irregulares de las tropas” podrá ser procesado por un Tribunal Militar por “colaboración con el enemigo”, “poner en riesgo las operaciones militares” y delitos por el estilo.

Nosotros, militares jubilados, podremos ser juzgados por “traición” porque al delito anterior pude sumársele el agravante de que “criticamos las operaciones militares y además, como militares, proporcionamos información que puede ser útil al enemigo”. Por ahí ronda el delito de traición, que no es ninguna broma.

Por cierto esa amenaza también ofende, humilla, y degrada a los militares profesionales en activo: ¿Quién puede olvidar el accidente del Yak, con 62 militares españoles muertos, irregularidades dantescas en la investigación y unas responsabilidades limitadas al mínimo?, pese al enorme esfuerzo de denuncia de amigos y familiares. ¿Qué se resuelve con el silencio? El máximo responsable de todo aquello está de embajador en Londres: Federico Trillo.

P.- Por cierto, déjenme retroceder un poco en el tiempo. ¿Qué opinión tienen ustedes del intento democratizador de la UMD? No era fácil hacer lo que hicieron en aquellos años.

R.- No, era muy difícil. En realidad los miembros de la UMD se jugaron la vida. Fue realmente un asunto circunstancial el que alguno de los detenidos en agosto de 1975 no la perdiese “accidentalmente”, durante la “detención” o en un supuesto “intento de fuga”.

La circunstancia principal fue la inmediata enfermedad de Franco. Otras circunstancias fueron la ignorancia del Régimen franquista sobre la verdadera entidad que tenía aquel movimiento. La presencia accidental de uno de los miembros de la U.M.D en París, en aquél momento, fue también providencial.

El entonces capitán Domínguez denunció las detenciones y provocó una inmediata reacción internacional a favor de los militares detenidos. Por supuesto la inmediata solidaridad que se creó en torno de Luis Otero y sus compañeros, entre todos los sectores sociales que ya se oponían decididamente al franquismo fue otro elemento clave. La fase previa al juicio y los largos meses de cárcel fueron realmente terribles.

El intento democratizador hubiese avanzado mucho más si los partidos de izquierda no hubiesen presionado a la U.M.D. para la “autodisolución”. Aquello cercenó a un movimiento en fuerte crecimiento y nos condujo directamente al 23F. Fue una de las traiciones de las que hablábamos antes. Como el hecho de que los militares juzgados, condenados y encarcelados fuesen excluidos de la amnistía. Solo se les permitió volver a los cuarteles cuando ya no tenía ningún sentido. Les negaron mandos y destinos. Fue una verdadera infamia.

P.- En cuanto al 23-F. ¿Qué pasó realmente aquel febrero de 1981?

R.- Esencialmente lo que contaron en el programa de Jordi Évole “Operación Palas” del otro día. Évole está muy bien informado. Hace varias semanas apareció en la red un informe muy bien documentado y muy completo del Coronel Diego Camacho sobre el 23F, con vídeos, audios y documentos originales. En él aparecen los documentos manuscritos de la “Propuesta de Gobierno que Armada presentó a Tejero”, y del “Pacto del capó” que firmaron Armada y el propio Tejero.

La relación del “Gobierno Armada” es muy significativa y no me resisto a reproducirla completa:

Presidente del Gobierno: General Alfonso Armada

Vicepresidente para Asuntos Políticos: Felipe González (PSOE)

Vicepresidente para Asuntos Económicos: José María López de Letona (Banca)

Ministro de Asuntos Exteriores: José María de Areilza (Coalición Democrática)

Ministro de Defensa: Manuel Fraga (Alianza Popular)

Ministro de Justicia: Gregorio Peces Barba (PSOE)

Ministro de hacienda: Pío Cabanillas (U.C.D)

Ministro de Interior: General Manuel Saavedra.

Ministro de Obras Públicas: José Luis Álvarez (U.C.D.)

Ministro de Educación y Ciencia: Miguel Herrero de Miñón (UCD)

Ministro de Trabajo: Jordi Solé Dura (PCE)

Ministro de Industria: Agustín Rodríguez Sahagún (UCD)

Ministro de Comercio: Carlos Ferrer Sadat (CEOE)

Ministro de Cultura: Antonio Garrigues Walker (empresario)

Ministro de Economía: Ramón Tamámes (PCE)

Ministro de Transportes y Comunicaciones: Javier Solana (PSOE)

Ministro de Autonomías y Regiones: General José Antonio Sáenz de Santamaría.

Ministro de Sanidad: Enrique Mújica (PSOE)

Ministro de Información: Luis María Ansón.

Como puedes ver, explica por si sola, toda la historia de la Transición. Explica también, la formación del Régimen y el nuevo pacto de hierro para salvar la Constitución. Explica, por supuesto, la continuidad, sin pausas, de la guerra sucia en Euskadi, y la utilización de la “guerra del norte” como coartada para la perpetuación de un verdadero estado de excepción que es el que hemos tenido hasta ahora. Rajoy está continuando con el papel que le corresponde en esa comedia trágica con tantos centenares (o miles) de muertos.

P.- ¿Qué relación creen ustedes que existe entre las fuerzas armadas españolas y las norteamericanas? ¿No resulta excesiva la presencia de bases americanas en nuestro país?

A.M.-La relación, como ya he dicho, es de subordinación absoluta. Pero, hay que entender que éste es un proceso aceptado por todos los grupos políticos, más allá de verborreas ocasionales de cara al electorado. Las FAR han sido planificadas de acuerdo con las necesidades de Washington, como componentes “integrables” para incorporarse a sus operaciones militares. Los planes de armamento son absurdos si se ven desde una perspectiva de Defensa nacional.

El último ejemplo es el “Componente Naval del Escudo Antimisiles”. Supone la ampliación de Rota como base de retaguardia de la OTAN, de los EEUU o de cualquier alianza ocasional (autorizada o no, normalmente no) por la ONU, para asegurar el control del Mediterráneo y de la costa norte del continente africano. Fue una salida de Zapatero (consensuada con Rajoy) para responder a la exigencia de los EEUU de aumentar los gastos de armamentos después del “desastre de la intervención en Libia.

No tiene nada que ver con una defensa antimisil contra Irán o contra Corea. Eso es una tomadura de pelo, que favorece Falsimedia, y que denigra a los que la emplean como justificación, sean militares o civiles. Se trata de imponer una superioridad indiscutible en el Mediterráneo e imponer el diseño estratégico de Washington. Los cuatro grandes buques, armados con misiles antimisiles, son una “pequeña guerra de las galaxias” en un escenario limitado. El problema es el aseguramiento de las materias primas esenciales: fundamentalmente petróleo y gas; y el acoso a Rusia y China, dos potencias importantes y en auge.

Los cuatro grandes buques están enlazados con un sistema de alerta y control aéreo que han activado en Torrejón, conectado a su órgano central de control aéreo que está en Alemania. La costa SE española tiene algunos radares de gran cobertura que también pertenecen al conjunto.

La instalación del sistema antimisiles tiene dos efectos importantes: el primero incorporar al estado español a un sistema global de agresión en la “guerra mundial, permanente, antiterrorista”, esa enorme ficción para dominar el mundo. El segundo es incorporar el territorio español al escenario de combate global.

Da verdadera pena escuchar el discurso de algunas organizaciones o ONG,s “pacifistas” que solo hacen hincapié en el “riesgo de ser blanco en un intercambio de misiles” (lo cual es una probabilidad muy lejana) y no en la participación en un sistema militar que causa continuas matanzas en el mundo.

Los militares atlantistas en comunicación directa y continua con sus “homólogos” norteamericanos actúan como cadena de transmisión para orientar la política exterior de España.

Sobre la presencia de bases o instalaciones extranjeras en nuestro territorio, el manifiesto: “Las Fuerzas Armadas con el pueblo” es terminante:

“La defensa de la soberanía exige la salida de nuestro país de las alianzas militares -la OTAN y todo el sistema de alianzas ad hoc que los EEUU y sus aliados están utilizando para la realización de su política imperialista- y la eliminación inmediata de todas las bases e instalaciones extranjeras en nuestro territorio”.

“La “guerra contra el terror” constituye una burda manipulación propagandística, sembrada desde los centros de poder económico-financieros y militares, que justifica la represión contra la disidencia política legítima en todos los órdenes”.

“El único principio que puede garantizar la paz y las buenas relaciones internacionales es el de buena vecindad y la solución negociada de los conflictos. El recurso a la fuerza está únicamente justificado en caso de agresión armada abierta o encubierta. Debe adoptarse como principio el consagrado en la Constitución de la Segunda República: España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”.

P.- ¿Existe armamento nuclear en alguna de estas bases? ¿Puede haberlo?

Hace mucho tiempo que se desechó la posibilidad de control del armamento que llevan buques, aviones o submarinos. Los equipamientos para el combate son ahora “multiusos”.

Por otro lado la miniaturización de las armas nucleares ha roto con toda posibilidad de acuerdo de desnuclearización. Son las llamadas armas antibunker. Los EEUU, ante cualquier conflicto, cuando son preguntados sobre si van a utilizar o no armamento nuclear siempre responden lo mismo: “El presidente tiene todas las opciones sobre la mesa”. Por supuesto, Rota puede tener armas nucleares tácticas y, por supuesto estratégicas: eso, depende del escenario de combate previsto, hoy en día no es una clasificación militar. Por otro lado Washington está poniendo en funcionamiento nuevas bombas de enorme capacidad perforante y destructiva

P.- ¿Cuál es la función de la OTAN en lo que respecta al Estado español? ¿Qué papel debería jugar nuestro país en esta alianza no siempre pacífica?

A.M.- Salirnos de la OTAN y eliminar todas las bases e instalaciones militares extranjeras en nuestro territorio es la única opción de paz y de soberanía nacional.

P.- En uno de sus comunicados dicen que “el 22 de marzo serán la ocasión de mostrar la frontal oposición al sometimiento suicida a los dictados del capital”, ¿qué les impulsa a adherirse a esa movilización?

Lo explicamos perfectamente en nuestro comunicado, ante el despojo del pueblo es necesario organizar la resistencia. Son los sectores que se están incorporándose a luchas concretas, y buscando la unidad en torno a esas luchas los que merecen la confianza del pueblo.

A mi juicio el Comunicado de apoyo a las Marchas de la Dignidad es el documento mejor elaborado que ha hecho Anemoi. Implica una alianza necesaria. En la gente que lucha encontramos nuestros aliados para cambiar este mundo terrible por otro más humano. Recomiendo la lectura de ese documento: Comunicado de adhesión del colectivo Anemoi a las Marchas de la Dignidad.

P.- ¿Quieren añadir algo más?

A.M.-Solo añadir algo para que conste: sin la casa-refugio que nos habéis proporcionado, Anemoi no hubiese podido existir, ni mucho menos adquirir la fuerza y la dimensión que ahora tenemos. Se hubiese diluido en la red.

Rebelión en los cuarteles” ha sido y es nuestro centro informativo. Así pues amigo, compañero de lucha, tú eres, sin duda; con todo el equipo de dirección de Rebelión, una buena parte de Anemoi.

Empezamos pocos y terminaremos multitud. Empezamos desarmados de todo y terminaremos armados de pueblo, armados de revolución pacífica, indestructibles. Gracias.

Nota:

[1] Antonio Maira es cofundador y miembro del Colectivo Anemoi. Fue también uno de los representantes del Colectivo militar que participó en la presentación pública celebrada en el CAUM de Madrid el día 23 de enero de 2014.

José Daniel Fierro. Miembro del Consejo Editor del periódico Rebelion.org

Caída de Suárez y farsa de golpe: nueva conspiración burocrática.

FUENTE

                En 1978, Suárez había alcanzado su mayor prestigio ante la corona y la propia sociedad, como eficaz servidor de la transición hacia la “democracia”:

<<El Rey estaba absolutamente deslumbrado. “Es un fenómeno —comentó un día en La Zarzuela. Mirad qué artículo segundo de la Constitución ha hecho para solucionar la grave cuestión de las autonomías y, al mismo tiempo, manteniendo la unidad de España>> (Patricia Sverlo: “Un Rey golpe a golpe” Cap. X) http://www.jcasturias.org

Pero, en ese momento, ya estaban dadas todas las condiciones para que esa ilusión acrisolada en el espíritu pragmático del Monarca empezara a desvanecerse. La política de nombramientos seguida por el vicepresidente del gobierno para asuntos de la defensa, Gutiérrez Mellado —saltando por encima del escalafón para designar al general Gabeiras como jefe del Estado Mayor y al general Ibáñez como director general de la guardia civil— encendió los descontentos y las protestas de los militares. El general Atarés protagonizó un violento enfrentamiento con Gutiérrez Mellado, a quien insultó gravemente en un acuartelamiento de Cartagena, sin que tal acción mereciese la más leve condena moral o medida disciplinaria. [46]

En marzo y abril de 1979, Suárez intentó capitalizar el exitoso referéndum de la Constitución, convocando a elecciones generales y municipales. Pero los resultados en términos absolutos del escrutinio reprodujeron casi exactamente los de 1977. La diferencia en cuanto a la abstención en una y en otra (21% del censo en 1977, 32% en 1979) fue la consecuencia directa de la política de consenso anterior y reflejó el divorcio creciente con la política de los grandes partidos por parte de un amplio sector del electorado. UCD obtuvo de nuevo la mayoría relativa, pero esta vez su base electoral llegó sólo al 23% del censo, por tanto, careció de fuerza suficiente para gobernar en solitario. Los resultados de las municipales debilitaron aún más su posición. La gran mayoría de los municipios (y la práctica totalidad de las ciudades principales) dieron abrumadora mayoría a la izquierda burguesa (PCE y PSOE), al tiempo que la abstención superó el 40% del censo.

La intención de acabar con la anterior política de consenso y pasar a gobernar con un programa consecuente de derechas —“hay que dejarse de acuerdos y consenso, ahora hay que ponerse a gobernar”, declaró Arias Salgado tras las elecciones— tuvo muy corto alcance. Después de las municipales, la respuesta al nuevo gobierno de Suárez —mucho más derechista en su composición que el de 1978— fue la conclusión del pacto municipal PCE-PSOE. En mayo, durante el congreso del PSOE, Felipe González se vio obligado a dimitir ante el desbordamiento radical de los delegados. Todas las fuerzas políticas —desde Fraga hasta Carrillo, se echaron las manos a la cabeza exigiendo su retorno, al mismo tiempo que la oleada terrorista más intensa hasta ese momento, causaba 20 muertos y más de 100 heridos en una sola semana.

Por su parte, la patronal “Confederación Española de Organizaciones empresariales” (CEOE), hizo una crítica demoledora al programa económico del gobierno y le dio casi un ultimátum para que presentara un plan de acuerdo con la mayoría de la CEOE. Simultáneamente, cientos de miles de trabajadores iban a la huelga y se manifestaban activamente desde enero de 1979 contra los topes salariales, el paro y el empeoramiento de las condiciones de vida. Una nueva huelga general contra la represión paralizó Euskadi, al tiempo que en Cataluña, Aragón, Castilla y Euskadi, manifestaciones de cientos de miles de personas exigían la autonomía.

Tres meses después de las elecciones, ante la creciente polarización entre las clases, la estabilidad política del país en un clima de normal juego parlamentario entre gobierno y oposición, se tornaba cada vez más difícil, con tendencia clara hacia una situación de ingobernabilidad tendencialmente explosiva. Ante semejante situación, Carrillo volvió a plantear un “gobierno de concentración nacional”, con un consenso aún mayor que el de la etapa anterior. Por su parte, Felipe González ofreció sus servicios en caso de que se produjera “una situación de emergencia”. En las FF.AA., los síntomas de insubordinación militar empezaron a ser cada vez más notorios y no desaparecerán de la escena política nacional hasta su desenlace el 23F.

La consecuencia inmediata de esta situación fue el consenso entre las dos principales fuerzas parlamentarias centristas, UCD y PSOE, a fin de imponer “democráticamente” en la Cortes las principales leyes de desarrollo de la Constitución (Ley del Tribunal Constitucional, estatuto de Radio Televisión Española, acuerdo marco entre la patronal CEOE y el sindicato socialista UGT, estatutos de autonomía de Euskadi y Cataluña, Estatuto de los Trabajadores, Ley de Seguridad Ciudadana, Estatuto de Centros, Ley de Autonomía Universitaria, etc.

Sin embargo, la repulsa y protesta popular contra toda esta política se fue agudizando a lo largo del otoño y el invierno de 1979. Cientos de miles de trabajadores se movilizaron contra los topes salariales y el Estatuto de los Trabajadores pactado entre la patronal y el sindicato socialista. Las universidades e institutos despertaron de su letargo y se movilizaron contra las leyes del gobierno en el terreno de la enseñanza. En diciembre, más de dos millones y medio de trabajadores, estudiantes, etc. participaron en el movimiento huelguístico. La lucha obrera y popular no había alcanzado un grado de contestación semejante desde principios de 1976. Arrastrados por ese movimiento de masas de magnitud, los propios dirigentes del PCE hablaban de preparar una huelga general, aunque finalmente se echaron atrás, demostrando que el Estado burgués y sus prebendas gravitaban más que la presión de las masas sobre su comportamiento político. Todo había sido cuestión, para ellos, de haber dado hacia ese centro burocrático de interés el primer paso en julio-agosto de 1974, como hemos visto.

Paralelamente, la actividad de las bandas fascistas y parapoliciales, los asesinatos y la represión contra el pueblo se desataron. En esos meses, doce personas fueron asesinadas y muchas otras heridas, detenidas y encarceladas. El 13 de diciembre, en el curso de una manifestación de obreros y estudiantes, la policía mató a dos estudiantes. Al día siguiente, en las Cortes, nadie se atrevió siquiera a mencionar los hechos. En los parlamentos burgueses, la lucha de clases se sublima, pasando de su estado sólido tal y como aparece en las calles y fábricas, al gaseoso. En ese momento, el divorcio entre la política oficial y la calle era ya enorme y no dejaba de aumentar. De un lado las masas, empujadas por las contradicciones de la vida social tendentes a desbordar los diques del capitalismo, del otro, los dirigentes oportunistas del movimiento, tratando de evitar el desborde a cambio de una parte en el común negocio de explotar trabajo ajeno. Como decía Trotsky, el falso dado político del pequeñoburgués, gira en una dirección y en otra según los vientos de la lucha de clases, pero siempre se detiene sobre su base más pesada.

A lo largo de 1979 se produjeron acontecimientos que irían a provocar un giro importante en la situación mundial. En enero, fue derrocado el emperador de Irán, Reza Phalevi, instaurándose la República Islámica. En agosto triunfó el movimiento pequeñoburgués sandinista en Nicaragua. En noviembre, los llamados “Guardianes de la revolución” asaltaron la embajada norteamericana en Teherán tomando un  número indeterminado de rehenes. Poco después, las tropas soviéticas ocuparon Afganistán para responder al asedio norteamericano —a instancias de su aliado paquistaní— sobre el eslabón más débil de la URSS en Asia. La CIA, en connivencia con los sátrapas islámicos en esa región, pusieron en quiebra la política exterior de distensión del presidente norteamericano Jimmy Carter, quien descendió al nivel más bajo de popularidad en toda la historia presidencial de ese país, obligándole a un mayor endurecimiento en sus relaciones con el “bloque comunista”, y a una política de “ley y orden” en sus propios dominios internacionales, de confrontación con la otra superpotencia y de rearme.

Este giro de la política internacional alteró profundamente la situación interna de España, cuyo gobierno de “consenso” bajo la presidencia de Suárez, venía de tomar una serie de iniciativas que le cogieron a contrapié. Justamente a lo largo de 1978 y 1979, Suárez había congelado la decisión de integrar a España en la OTAN ­cuestión que no pudo ser consensuada con la izquierda­, cuya militancia, además, acusaba la acción de los movimientos antiimperialistas en la escena internacional, demandando de su gobierno una mayor dimensión iberoamericana y africana de la política exterior española.

En septiembre de 1978, Suárez había viajado a Cuba para invitar a Fidel Castro a visitar España. Fue el primer presidente en tomar semejante iniciativa. Un año después, Yasir Arafat fue recibido en Madrid con honores de Jefe de Estado, siendo España el primer país europeo en dar ese paso. Finalmente, el gobierno envió un observador a la Cumbre de Países No Alineados realizada en La Habana, gesto diplomático insólito en un país tradicionalmente aliado de los EE.UU.

El rumbo de la política interior y exterior de España, marchaba, pues, a contrapelo de las exigencias norteamericanas derivadas de la nueva situación en ese país y en el mundo. Lo que deseaba Washington era una España “segura”, estable y sometida a sus dictados; una España dentro de la OTAN, dócilmente alineada en la lucha contra la otra superpotencia y, por supuesto, sin reflejos neutralistas o tercermundistas en su política exterior.

Pero Suárez, hipotecado al consenso con la izquierda burguesa del PCE en aras de la estabilidad política del Estado a instancias de su relativa capacidad de control del movimiento de masas, estaba cada vez menos en condiciones de cumplir con las exigencias del imperialismo norteamericano. Esas nuevas exigencias de Washington, al mismo tiempo que las crecientes disidencias con sus socios democristianos y liberales al interior de UCD, fueron las que contribuyeron decisivamente a convulsionar y desestabilizar su gobierno, acabando por erosionar su propio prestigio político personal, no sólo de cara a la banca y los medios de comunicación que le habían catapultado, sino a la propia volubilidad pragmática del Monarca.

Por su parte, el Partido socialista obrero español renovado (PSOE), con el instinto político carroñero que le caracterizó desde su relanzamiento, comenzó a desmarcarse de la política de consenso con el Gobierno, iniciando su viaje al centro para fagocitarse el cadáver de la UCD y ocupar su puesto. Por de pronto, sintiendo la necesidad de ganarse la confianza de la banca, de los yankys y del Monarca, en el congreso de mayo del 79 lastró el marxismo: “Hay que ser socialista antes que marxista”, dijo Felipe González en una de sus sesiones a los delegados. El partido se negó a seguirlo y él renunció tácticamente a modo de presión como diciendo: “yo o el caos”. Cuando todos —incluso la derecha civilizada de Fraga— se echaron las manos a la cabeza, en setiembre volvió reforzado en su autoridad política personal.

Este proceso de recomposición burocrática de los partidos políticos institucionalizados, se fue a acentuando conforme se hacia patente —a lo largo de 1980—, que el próximo presidente norteamericano sería el republicano Ronad  Reagan. De hecho, a lo largo del año, las distintas fuerzas más reaccionarias vinculadas al imperialismo norteamericano, empezaron a moverse claramente con estas nuevas previsiones del gran viraje a la derecha en las postrimerías del gobierno de Carter, y que bajo el mandato de Reagan no hicieron más que confirmarse y profundizarse.

Finalmente, la llegada de Reagan a la Casa Blanca dio un nuevo impulso a los preparativos involucionistas en curso desde varios meses atrás. A poco de haber tomado posesión de su cargo, el nuevo secretario de Estado, Alexander Haigh, declaró públicamente que: “España debe fijar de inmediato un calendario para su integración en la OTAN”. Las promesas de una futura integración sin concretar ni dar pasos prácticos en ese sentido, ya no son suficientes. El golpe militar en setiembre contra el gobierno turco de Süleymán Demirel, fue una premonición y un aviso. Un informe del coronel Quintero (agregado militar español en Ankara) donde se valoraba positivamente el golpe, circuló profusamente entre la oficialidad y recibió favorables comentarios. En la prensa ultra española, los artículos amenazantes sobre el carácter “límite” e “intolerable” de la situación, se sucedían a diario. En Euskadi, durante los primeros días de noviembre, ETA cometió atentados con resultado de muerte contra once dirigentes de UCD, entre militares y guardias civiles.

A principios de diciembre, lal UCD sufrió un descalabro electoral aún mayor que los anteriores con la elección de solo dos senadores por Almería y uno por Sevilla. Aunque fue una elección sin trascendencia en sí misma, la importancia está en que la UCD quiso convertirla en un test de fuerza electoral.

Esta situación aceleró la ejecución del plan —conocido ya por Suárez— urdido por el conjunto de la oposición, parte de UCD y el sector monárquico del ejército liderado por los generales Milans del Bosh y Armada, todos en connivencia con el Rey, consistente en la presentación de una moción de censura contra Suárez para obligarle a dimitir, dejando expedito el camino legal para el nombramiento de un nuevo gobierno “de concentración” cívico-militar, presidido por el propio Armada, único modo de detener la dinámica del golpe “duro” en preparación, contra los partidos políticos, las instituciones “democráticas” y la Corona.

Pero lo que ocurrió fue que Suárez se adelantó presentando su renuncia irrevocable publicada el 29 de enero, proponiendo como sucesor a Leopoldo Calvo Sotelo, quien, hasta ese momento, se desempeñaba como vicepresidente segundo de Asuntos Económicos. [47] De este modo, si los conspiradores decidían seguir adelante con sus propósitos, se pondrían fuera de la legalidad “democrática”. Y esto es lo que, de hecho, se llegó a consumar cuando Tejero irrumpió en la sala de sesiones del Congreso. Su naturaleza social burocrática y facinerosa les impidió apelar al pueblo, hasta que Tejero descubrió que había sido engañado y utilizado por sus superiores operativos —quienes hasta último momento subestimaron su propia determinación política ocultándole la verdadera finalidad del golpe—, y decidió abortarlo tratando por unas horas de imprimirle su sesgo personal más duro. Nadie le siguió, demostrando la debilidad política y la cobardía personal de los burócratas civiles y militares profranquistas, así como la carencia total de apoyo activo en la sociedad.

El nuevo giro de la situación mundial, fue un factor de primera magnitud en el deterioro del esquema político de Suárez. La dificultad estaba en que, al mismo tiempo que iban cristalizando las amenazas latentes de involución política por parte de los sectores más recalcitrantes del franquismo residual, ninguna de las fuerzas políticas de la oposición democrática mostraban la solvencia necesaria para asumir la alternativa de gobierno.

Dado que la izquierda burguesa le había dado suficientes garantías de moderación y responsabilidad de Estado como para convencerle de que las únicas amenazas a la institución monárquica sólo podían provenir del falangismo residual y altos mandos de las FF.AA., con toda la impunidad para conspirar que le confería el artículo 56 de la Constitución —y que nadie cuestionó jamás—, el Rey no dejó de espolear secretamente a Suárez para que siguiera galopando con el caballo de las reformas políticas de izquierda burguesa (legalización del PCE, renuncia a entrar en la OTAN) y el saneamiento en el aparato político y militar del franquismo, al que había jurado fidelidad pero que ahora le resultaba un estorbo de cara a la proyección europea del Estado español y, por tanto, de su Casa real. Así, presidido por la vieja estrategia real de matar dos pájaros de un tiro, entre Suárez y el Monarca comenzó algo así como…

<<…el juego del policía bueno y el policía malo. Primero Suárez actuaba de malo y, después, los militares pasaban por La Zarzuela a quejarse al Rey, que era el bueno. El 28 de noviembre de 1979, Milans del Bosh fue recibido en audiencia privada y, poco después, también acudiría al palacio una amplia representación de la División Acorazada, presidida por el general Torres Rojas. Lo que más les enojaba era la política de depuración del Gobierno, que había enviado a destinos alejados de los centros de poder a los más adeptos al antiguo Régimen, para poner a mandos nuevos e ir lavando la cara de las Fuerzas Armadas. Y, desde luego, el tema de las autonomías, con aquél famoso “café para todos”, que veían como una desmembración de facto de la sagrada unidad de la patria>> (Patricia Sverlo: Op. Cit. Cap.10)

Una vez planteado el conflicto y el consecuente desgaste irreversible del Presidente —con sus decisiones ya sobre el terreno firme de los actos políticos consumados—, el Rey pasó a actuar, en primera instancia, como mediador y “árbitro” interesado entre Suárez y todos los que conspiraban contra él, pero luego fue sumando subrepticiamente su propio peso político fáctico a la carga de otros poderes que ya recaía sobre la cara en que el falso dado ganador de esa disputa debía detenerse para beneficio mutuo, siempre al amparo de lo previsto en el mismo artículo 56, 1 de la Constitución, que le relevaba de cualquier responsabilidad política o penal ante lo que hiciera o dejara de hacer, de modo que, así, todo quedaba “atado y bien atado”:

<<Juan Carlos escuchaba a Felipe, Fraga, Armada, Milans… en su papel de “árbitro” de España, para intermediar entre ellos y el presidente. Y acabó con un impulso que le dieron desde el exterior [en este caso desde el exterior de su propia relación con Suárez] (como en prácticamente todas sus anteriores decisiones políticas importantes), que inclinó la balanza a favor de los primeros. Juntos [los conspiradores, incluido el Rey, a espaldas de Suárez] comenzaron a elucubrar posibles soluciones al problema, a hacer planes que acabaron cristalizando el 23 de febrero de 1981.>> (Ibíd)

Pero Suárez ya había aprendido la lección estando entonces Torcuato Fernández Miranda donde ahora estaba él, cuando fue “pateado” por el rey una vez “acabada su misión”. Suárez se apercibió de que el monarca le haría objeto a él de la misma jugada, cuando el 22 de enero le propuso nombrar al General Armada segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército (el cargo ideal para pasar a desempeñarse como presidente del ya pactado gobierno de “concentración), a lo cual Suárez —como hemos visto— se negó, presentando cuatro días después su renuncia indeclinable, con lo cual hizo recaer el duro coste político del golpe “blando” sobre sus conspiradores, como así parece haber sido.

Hasta llegar a esa situación, los síntomas de descomposición y disgregación de UCD, se fueron haciendo más y más evidentes conforme avanzaba 1980. Entre enero y febrero, una nueva oleada fascista y represiva provocó 10 muertos y más de 20 heridos. Entre las víctimas estuvo la joven inmigrante dominicana, Yolanda González, secuestrada y asesinada por un comando fascista de Fuerza Nueva en los aledaños de Madrid. El 28 de febrero, la UCD sufrió su primer gran descalabro político en el referéndum autonómico andaluz. En abril, las elecciones autonómicas en Euskadi y Cataluña significaron una auténtica debacle para la UCD y enormes pérdidas electorales para el PSOE y el PCE, los tres pilares básicos del esquema político del consenso en que se sostenía el gobierno de Suárez. Estos resultados dieron pábulo a una verdadera espantada de UCD. Los “varones” de ese partido empezaron a perfilar su futuro político, unos con vistas a integrarse en la Alianza Popular de Fraga, otros en el PSOE. En mayo, Francisco Fernández Ordóñez, Joaquín Garrigues Walker y Landelino Lavilla, decidieron conspirar contra Suárez apoyando una moción de censura —presentada por el PSOE— que no prosperó.

Los medios de expresión de la derecha empezaron a poblarse de críticas ante la situación de «vacío de poder» que se estaba creando. Los rumores sobre reuniones conspirativas en la cúpula militar y en círculos de poder fáctico se extendieron. A la vez que aparecían públicamente opiniones y movimientos en torno a un posible “gobierno de concentración”, una salida a la crisis extraconstitucional presidida por un militar que recondujera el proceso. Los nombres de Osorio y otros viejos franquistas vuelvan a sonar como posibles ministros de ese gobierno. Incluso el PSOE a través de Enrique Múgica y sus contactos con altos mandos militares, apareció implicado en estas maniobras. En junio, el ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, declaró que España debía integrarse en la OTAN antes de 1983, por lo cual fue inmediatamente cesado, pero este episodio de indisciplina partidaria demostraba el calibre de las fisuras en el seno del gobierno y de la UCD.

Desde el verano de 1980 hasta finales de ese año, todos los factores de crisis se fueron agudizando al extremo. El desastroso panorama económico, donde la política gubernamental fracasaba, el aumento exponencial del terrorismo y la delincuencia (1980 batirá todos los records), la ley de Divorcio, el proyecto de ley de amnistía para los militares “progresistas” de la UMD (Unión Militar Democrática), la retirada del PNV de las Cortes, el enfrentamiento abierto entre el gobierno central y el autonómico catalán y, en fin, la sensación de desgobierno, de “vacío de poder”, van a dejar sin sustento la política de Suárez. Los poderes fácticos, la gran banca, las organizaciones empresariales, el ejército, la Iglesia,… van a ir dando la espalda a Suárez, cuando no enfrentándose con él abiertamente.

Entre julio y setiembre se pusieron en marcha varias conspiraciones civiles que buscaron conseguir el apoyo de unos y otros generales, con el fin de desplazar más o menos discretamente al gobierno legalmente constituido de la UCD, para poner en su lugar a un “equipo consensuado” entre unos u otros grupos de civiles y unos u otros grupos de militares. Se tiene constancia de que ya en el mes de julio de 1980, se reunieron el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, Pedro Más —ayudante de campo del General Milans del Bosh en la III región militar de Valencia— y el civil Juan García Carres, para comenzar a planificar el operativo con la finalidad de tomar las Cortes. En esas conspiraciones para desencadenar un golpe de Estado encubierto —blando o duro— parece que estuvieron implicados, además del Rey, no sólo significados personajes de la derecha civilizada, sino que, a estas alturas, se habían incorporado destacados representantes de la izquierda burguesa: PSOE y PCE. Así lo dice Sergio Vilar en: “La década sorprendente”:

<<Todo ello quería llevarse a cabo, al menos por parte de los socialistas, guardando algunas formas constitucionales; es decir, derribando al gobierno de UCD mediante un voto de censura, para formar, a continuación, un “gobierno fuerte” presidido por un general, o lo que Carrillo decía: “un gobierno de concentración” (…) La primera denuncia pública que Suárez hizo de esos proyectos, la pronunció ante los periodistas que le acompañaban en su viaje a Lima el mes de julio de 1980: “Conozco la iniciativa del PSOE de querer colocar en la presidencia del gobierno a un militar. ¡¡Es descabellado!!”>> (Op. Cit Ed. Planeta/86).

Vilar sigue reportando que, en los meses siguientes hubo diversas y sugestivas declaraciones —nunca desmentidas— más o menos alusivas a esos planes. Joan Raventós, primer secretario del “Partit dels Socialistes de Catalunya-PSOE” (PSC-PSOE), confesó sus deseos de acabar con el gobierno de Suárez de la manera que fuese y “aunque el gobierno que vaya a sustituirle sea más de derechas”. Por su parte, Ramón Tamames por entonces uno de los máximos jerarcas del PCE— fue más explícito y directo al pedir que un militar presidiera el futuro gobierno.

El 22 de octubre de 1980, en Lérida, tuvo lugar el famoso almuerzo-entrevista del general Alfonso Armada —supuestamente el “elefante blanco”, famoso militar a quien Tejero esperaba en el Congreso para hacerse cargo de la presidencia del gobierno— con Enrique Múgica Herzog y Joan Raventós en casa del alcalde ­socialista­ de esa ciudad, Antonio Ciurana. Unos y otros miembros del PSOE (sobre todo Múgica) redactaron informes de esta entrevista para entregárselos a Felipe González. No se ha aclarado todavía con detalle el contenido de tales informes, aunque todos ellos coincidieron en la formación de un gobierno de coalición al margen de cualquier consulta a los ciudadanos. Idéntico propósito se observaba en los movimientos de la derecha “democrática” y —ni que decir tiene— de la ultraderecha. Así lo revelaba una conversación que el dirigente democristiano Fernando Álvarez de Miranda mantuvo en diciembre de 1980 con Adolfo Suárez, así como las declaraciones de un periodista atribuyendo a Alfonso Guerra la propuesta igualmente sediciosa de su partido días antes del 23F:

<<Le reiteré, finalmente, que en mi opinión la situación estaba muy mal; que se habían encendido hacía tiempo las señales de alerta para la democracia y que, no teniendo la mayoría absoluta en el Parlamento, debía buscarse la coalición con el partido de la oposición. Me miró con tristeza diciendo: “Sí, ya sé que todos quieren mi cabeza y ése es el mensaje que mandan hasta los socialistas: un gobierno de coalición presidido por un militar: el general Armada. No aceptaré ese tipo de presiones, aunque tenga que salir de la Moncloa en un ataúd”, sentenció Suárez. Mi cara —­sigue diciendo Álvarez de Miranda—­ reflejó de tal manera la sorpresa, que no tuve que insistir en que no era ésa mi propuesta. Más de un año después de imprimir las anteriores líneas, nadie ha desmentido su contenido; como tampoco se han negado estas otras que firma el periodista Antxon Sarasqueta: “El nacionalista vasco Marcos Vizcaya me llegaría a confesar meses después que, veinte días antes del 23-F, Alfonso Guerra le llamó por teléfono para interrogarle sobre la disposición de su partido a participar en un gabinete de concentración presidido por un militar” Estas consultas de Guerra, así como algunos comentarios que Felipe González hizo en público (…), prueban que la participación en la conspiración militar era una actividad que se desarrollaba desde las máximas alturas del PSOE y por tanto desresponsabiliza en parte el papel que en ello jugaron otros socialistas, como Múgica, Raventós o Ciurana. El diputado comunista Jordi Solé Tura también tuvo relaciones con el general Armada, y, al parecer, en el gobierno que éste “había de” formar, el representante del PCE-PSUC iba a asumir la cartera del Ministerio de Trabajo. Otro irresponsable al que le pirran los cargos, como en 1985 volvió a demostrar al aproximarse al PSOE, mientras su antiguo partido languidecía a causa de las divisiones y de la pérdida de militantes y electores.>> (Op. Cit.) [48]

Por estas mismas fechas, en diciembre de 1980, pudo comprobarse que el General Armada —todavía destinado en la comandancia militar de Lérida— se entrevistó con el Rey como mínimo tres veces. El 18, cuando fue de vacaciones a Madrid lo visitó en La Zarzuela. El 3 de enero, en Baqueira, revisaron juntos el tradicional discurso que iba a pronunciar con motivo de la Nochebuena:

<<Armada conserva una fotocopia de las cuartillas con retoques de su propia mano. El 24 de diciembre, el rey lanzó aquél mensaje navideño lleno de ideas sugerentes, por primera vez sin la familia delante de las cámaras, sentado ante su mesa de trabajo: “La Monarquía, que en mí se encarna (…) impulsora de una acción de todos para todos”. Dirigiéndose a los políticos, dijo: “Consideremos la política como un medio para conseguir un fin y no como un fin en sí mismo. Esforcémonos en proteger y consolidar lo esencial si no queremos exponernos a quedarnos sin base ni ocasión para ejercer lo accesorio”. Y al pueblo en general: “No podemos desaprovechar,  con inútiles vaivenes, compromisos y disputas, esta voluntad de transformar y estabilizar España…”. dos días después de la entrevista que había concertado con Armada, debido a la cual, el general hubo de adelantar el final de las vacaciones, el rey pronunció otro discurso. Esta vez, el de Pascua, dirigido a los militares, que acababa así: “Yo tengo la certeza de que, si permanecemos unidos, entregados a vuestra profesión, respetuosos con las normas constitucionales en las que se basa nuestro Estado de derecho, con fe y confianza en los mandos y en vuestro Jefe Supremo, y alentados siempre por la esperanza y la ilusión, conseguiremos juntos superar las dificultades inherentes a todo período de transición y alcanzar esa España mejor, en la que ciframos nuestra felicidad.>>

Como no fuera el “vaiven” de casa al trabajo y del trabajo a casa de los que tenían por entonces la suerte de no estar parados, además de los “compromisos” entre familiares o allegados, y las pequeñas “disputas” en el estrecho círculo de relaciones interpersonales mediadas por el escaso dinero y los sentimientos más primarios en que el sistema recluye a sus “súbditos”, los “ciudadanos de a pie” —incluso cuando se les saca de paseo por el jardín de la “democracia” para que “decidan” qué minoría social sin “dar palo al agua” ha de gobernarles cada cuatro años, ¿a qué otros vaivenes, compromisos y conflictos podía estarse refiriendo el Monarca, sino es a los vaivenes, compromisos y conflictos propiamente políticos, en los que, al mismo tiempo, él y su cohorte de burócratas civiles y militares estaban secretamente empeñados en exclusivos y secretos ámbitos de actuación, donde de verdad se juega “lo esencial” de esta sociedad, o sea, el poder económico y político que posibilita la irrestricta libertad para ejercer en plenitud el usufructo de eso que el Monarca llama “lo accesorio”, las “pequeñas cosas de la vida”, cuyo valor de cambio no se reduce precisamente, para ellos, al de un salario medio?

Hay demasiados indicios que autorizan a juzgar políticamente de que tal ha sido la naturaleza social determinante de ese juego conspirativo-burocrático-sedicioso que desencadenó el 23F. El 15 de marzo de 1981, pasados los hechos, la prensa informó que algunos de los españoles comprometidos con el golpe militar habían viajado a Washington entre noviembre de 1980 y febrero de 1981, invitados por el equipo de Reagan para consultar o ser consultados sobre el intento, recibiendo promesas de ayuda. Lo cierto es que una conspiración en la que estuvieron implicados, desde capitanes generales y generales de Estado Mayor a suboficiales, pasando por coroneles, capitanes y tenientes de las FFAA y de la Guardia Civil, además de decenas de civiles, es imposible que pasase desapercibida para los servicios de información, sobre todo norteamericanos. Más todavía cuando uno de los golpistas mejor situados, el jefe del Estado Mayor de la División Acorazada Brunete, el coronel San Martín, procedía de los servicios de información de Carrero Blanco y tenía la reputación de estar estrechamente relacionado con los norteamericanos. En 1979, apenas dos años antes del 23-F, el excoronel del CESID Juan Alberto Perote fue destinado como capitán l “Área 3”, que se dedicaba a Contrainteligencia para los países del Este. La sede estaba en un inmueble de la calle Menéndez Pelayo, de Madrid financiado por la CIA:

<<Mi mayor descubrimiento mientras trabajé en Contrainteligencia —relata Perote— fue saber que aunque oficialmente dependíamos del CESID, nuestro patrón era la CIA. Ella era la que sufragaba el inmueble y nuestras gratificaciones en calidad de fondos reservados. Como se dice, el que paga manda, y esta dependencia me pareció siempre una escandalosa colonización que se extendía igualmente a otros ámbitos de la inteligencia. Cuando años después asumí cargos de cierta responsabilidad me empeñé en quitárnoslos de encima>> http://www.geocities.com/f_franco.geo/23f.htm

Como ya hemos visto, desde hacía tres años, en 1978, un oficial, el coronel Federico Quintero, especializado en información y próximo también a los servicios norteamericanos, había informado a sus superiores sobre una conspiración en la que estaba implicado el teniente coronel Tejero quien preparaba un golpe militar para noviembre de ese año. Se refería a la “operación galaxia” (El País: 21/11/1978). Los sediciosos pensaban secuestrar a Adolfo Suárez para forzar una “salida política” consistente en un “gobierno de salvación nacional”, invocando como legitimación el art. 8 de la Constitución, relativo a la indisoluble unidad de España cuyo garante son las FF.AA y comprometiéndose a “solucionar la crisis”, curiosamente provocada por los propios golpistas.

Según el informe al que tuvo acceso “El Mundo” elaborado por la dirección del CESID sobre el comportamiento de algunos altos cargos y agentes de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) durante el fracasado golpe del 23-F, en el verano de 1980 se creó la Sección Especial de Agentes (SEA), cuyo único fin fue dar cobertura a los conspiradores de la trama golpista. Respecto a los integrantes de esta nueva unidad, el CESID refirió en su momento que la SEA “está compuesta por agentes escogidos por su inestabilidad emocional para misiones dudosas y nunca lo suficientemente aclaradas para el resto de los directivos de la Unidad”.  El periódico alude a otro documento en el que “se establece que, como complemento a esa nueva unidad, el comandante —hoy coronel retirado— José Luis Cortina, tenía previsto incorporar a varios hombres de confianza.” Los redactores del informe acusaron al equipo de Cortina, de intentar anular la capacidad operativa de la AOME ante la posibilidad de una nueva intentona golpista” (CESID2). Según Jesús Palacios en “El Golpe del CESID”, la SEA alquiló un piso a trescientos metros del Congreso tres meses antes de la operación.

Con todo este arsenal de noticias, es imposible creer que los servicios de información españoles ignorasen la preparación del golpe, siendo igualmente inimaginable, que el general Alfonso Armada —tras 15 años de colaboración con don Juan Carlos de Borbón— hubiera aceptado encabezar un proceso de intervención militar sin contar con la anuencia de los EE.UU. Una vez conjurada la intentona, el propio Tejero, desde el banquillo de los acusados, declaró ante el Juez Instructor que “tanto el gobierno de EEUU como el Vaticano habían sido sondeados por el general Armada”.

Cuesta pensar que los servicios de EEUU ignorasen una conspiración que se demostró ramificada, primero en Turquía y después en Portugal y España. Un cable de la agencia France Press (5/03/1981) se refería a un grupo de 250 portugueses de extrema derecha, que cruzaron la frontera española esperando el triunfo del golpe en España, para hacer un llamamiento al Ejército portugués favorable a un golpe similar al turco. Existe el dato del ministro de Defensa español que no pudo desmentir ante el Congreso el 17 de marzo de 1981, en cuanto a que la base aérea de EEUU en Torrejón, fue puesta en estado de alerta el domingo anterior al 23F.

Pero hay más. El informe oficial del Ministerio de Defensa presentado al Congreso el 17 de marzo de 1981, confirmó que el golpe de Tejero y Milans del 23 de febrero, se adelantó a los preparativos de otro de mayor dureza y fecha posterior. Lo cierto es que el 30 de abril, las tropas de la región militar de Madrid fueron acuarteladas, y que el 4 de mayo un general y un policía nacional fueron asesinados en Madrid, más dos guardias civiles en Barcelona. La escalada culminó el jueves 7 de mayo con el intento de asesinato del teniente general Valenzuela, jefe de la Casa Militar del Rey. Esa tarde acuartelaron las tropas hasta el anochecer. Al día siguiente se sentía en el ambiente el riego de insurrección. Pero no la hubo ni en España ni en Portugal.

Más datos: para que el gobierno del dimitido Suárez se hallara en pleno dentro del hemiciclo, se requería que en la sesión del viernes 20 no fuera investido Presidente Leopoldo Calvo Sotelo. En su “Memoria viva de la transición”, éste recoge lo siguiente:

<<Desde mi casa, el 17 de febrero, llamó Pío Cabanillas a Jordi Pujol y tuvo con él este diálogo:

—Jordi ¿Por qué no votáis en primera votación a Calvo Sotelo?
—Ahora no podemos; ya se verá más tarde.
—No es prudente ir a la segunda votación.
—¿Qué temes que pueda suceder entre una y otra?
—No, nada. A lo mejor un revuelo de entorchados>>.

El domingo, 22 de febrero, el comandante Pardo Zancada, de la División Acorazada de Madrid se entrevistó en Valencia con el capitán general Milans del Bosch, quien le dijo que “el lunes 23 se produciría en Madrid un hecho de extraordinaria gravedad ante lo cual no había más remedio que garantizar el orden y la seguridad de la I Región (Madrid), y que la III (Valencia) ya estaba preparada”. A las 8 de la mañana del lunes 23, oficiales del Estado Mayor de la III Región ultimaban los planes “como estaba previsto de antemano por Milans de Bosch”. A las 4 de la tarde, el general Torres Rojas, gobernador militar de La Coruña, aparecía en el recinto de la División Acorazada de Madrid y convocaba con la mayor facilidad a “los jefes del Cuartel General y al Estado Mayor de la misma”. En la I Comandancia Móvil de la Guardia Civil, en Valdemoro (Madrid), se repartieron fusiles entre guardias seleccionados tres horas antes para ocupar el Congreso de los Diputados.

Con estos antecedentes, es imposible concebir que los servicios de información militar, el Centro Superior de información de la Defensa (CESID) y la Junta de Jefes del Estado Mayor (JUJEM), los Estados Mayores del Ejército y de la Guardia Civil, dejaran de percibir los preparativos, hasta el punto de que, a las 6,22 de la tarde, la totalidad de los ministros se vieran sorprendidos en el Congreso por la irrupción de Tejero y sus hombres. Ya el 17 de diciembre de 1980, “El Alcazar” había publicado que el colectivo “Almendros” preparaba una conspiración militar. [49] A mediados de enero de 1980, “El Heraldo Español” titulaba en su portada a toda plana: “Ha llegado la hora”. El 22 de enero y el 1 de febrero de 1981, con el mismo seudónimo, se precisaba esa información. El día 8, bajo el título “Situación límite” situado en primera página firmaba otro articulo el teniente general Fernando de Santiago y Díaz de Mendívil, ministro de Defensa entre 1975 y 1977. El 19 de febrero, “El Heraldo Español” anunciaba bajo el titular “El Plan De Gaulle… al revés”, que el general Armada iba a presidir un nuevo Gobierno auspiciado por Felipe González.

Según reporta “El Mundo” en su edición del 23 de enero de 2003, la dirección del CESID elaboró un informe sobre el comportamiento de algunos altos cargos y agentes de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) durante el fracasado golpe del 23-F. El informe se refiere a la creación, en el verano de 1980, de la Sección Especial de Agentes (SEA), cuyo único fin fue dar cobertura a los conspiradores de la trama golpista “blanda”. Respecto a los integrantes de esta nueva unidad, refiere que “está compuesta por agentes escogidos por su inestabilidad emocional para misiones dudosas y nunca lo suficientemente aclaradas para el resto de los directivos de la Unidad”. En un documento se establece que, como complemento a esa nueva unidad, el comandante Cortina tenía previsto incorporar a varios hombres de confianza. Los redactores del informe acusan al equipo de Cortina de intentar anular la capacidad operativa de la AOME, ante la posibilidad de una nueva intentona golpista. Según Jesús Palacios en “El Golpe del CESID”, la SEA alquiló un piso a trescientos metros del Congreso tres meses antes de la operación.

El 25 de enero, vísperas de la dimisión de Suárez, el presidente de la patronal catalana, Alfredo Molins, lanzaba un duro ataque a su gobierno: “Este Gobierno no se comporta como nosotros creemos que debería comportarse (…) es necesario un Gobierno que gobierne y que gobierne con autoridad”. Quince días antes del golpe, en medios empresariales catalanes ya se hablaba de un Gobierno de concentración que sería presidido por el general Armada.

El 19 de enero, el coronel Ibáñez, del Estado Mayor de Milans de Bosch, visitó a Armada en Lérida “para comunicarle el resultado de una entrevista, en la que se había decidido el aplazamiento del asalto al Congreso. Armada informó de su próximo nombramiento como segundo jefe del Estado Mayor del Ejército”.

El 30 de enero, Emilio Romero en ABC publicaba que el general Armada se estaba proyectando a la Presidencia del Gobierno. Adolfo Suárez dimitió el 26 de enero y su renuncia recién se publicó el 29. De inmediato, el general Armada fue catapultado al puesto de segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército. Catorce días después se reorganizaba la estructura de mandos del Ejército de Tierra. Se centralizó la dependencia de la estructura de fuerza —capitanías generales— y de las unidades de la Reserva General en la persona del jefe del Estado Mayor, y ponía al frente del Estado Mayor General y Especial del Ejército… al general Armada. Hay que recordar aquí, que el 29 de octubre de 1977, tras el triunfo de UCD en las elecciones generales celebradas ese mismo mes, Adolfo Suárez exigió al Rey que cesara a Armada de su puesto de secretario general de la Casa Real, para mantenerlo lejos de Madrid. Ahora, el mismo Monarca, ya sin exigencias, hacía caer a Suárez para que subiera Armada.

Según las conclusiones de Milans del Bosch ante el Juez Instructor del sumario por el 23F, el 10 de enero de 1981, el Rey había mantenido una reunión con Armada en Valencia donde “se habló de una operación política encaminada al nombramiento de Armada como jefe de Gobierno”. En una reunión ulterior, el día 18, en presencia de Tejero, del general Torres Rojas y de otros conjurados, se consideró que Felipe González presentaría en el Congreso una moción contra el Presidente del Gobierno: “acudirían a la sesión la totalidad de los diputados y sería el momento apropiado para tomar el Congreso”.

Una vez conocidos los planes para sacarlo de en medio, Suárez solía decir en privado: “el rey a mi no me borbonea”. Sobrevenida su dimisión el 26 de enero —recién públicamente anunciada el 29—, los planes del golpe “democrático” a lo De Gaulle quedaban trastornados [50] ; parecían quedar desbaratados, toda vez que Suárez se adelantó renunciando voluntariamente y haciendo público un mensaje donde dijo:

<<…un político debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona (…) yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España>> (Joan E. Garcés ”Soberanos e intervenidos”La intervención militar. http://www.nodo50.org/caum/Cuadernos/Soberanoseintervenidos.html)

Está claro que, en ese sacrificio de su renuncia, no sólo iba implícito el propósito de evitar la ruptura del proceso democrático, sino de garantizar también la continuidad de su proyecto. Sin embargo, el 12 de febrero Alfonso Guerra declaró que: “Felipe González no descarta la posibilidad de una moción de censura” contra su sucesor, Calvo Sotelo, con lo que el libreto de completar la moción de censura pactada con la alternativa de un gobierno de coalición presidido por un militar, no sólo consistía en reemplazar a Suárez. Porque, está claro que si ése fuera el único propósito, el golpe no se hubiera llevado a cabo, salvo que persiguiese fines más ambiciosos. Y de eso se trataba: poner al frente del gobierno a un militar, único modo de neutralizar el golpe “duro”.

La dimisión de Suárez tuvo que influir, sin duda, en la decisión asumida por los conspiradores. Al día siguiente, el Partido Comunista se arrugaba y pedía un gobierno de coalición Suárez-González. Blas Piñar, veía el sustituto de Suárez en Landelino Lavilla. Y Alvarez de Miranda, democristiano, que antes se había pronunciado favorable a que UCD se coaligase con González. Pero el propio Calvo Sotelo en la sesión parlamentaria de investidura, dejó claro su rechazo a González al afirmar que “la transición ha terminado”. En esto coincidía con la dirección de UCD y con los partidos nacionalistas de Euskadi y Cataluña. Al mismo tiempo, González y Carrillo coincidían en excluir una coalición socialistas-comunistas. El más interesado en que González accediese al gobierno de España era el canciller Helmut Schmidt. Su ministro de Hacienda y el presidente de la Confederación General de Sindicatos, habían convocado a una discreta reunión con Carlos Ferrer Salat, presidente de la CEOE, pero éste comunicó “a sus interlocutores socialdemócratas alemanes que, a su modo de ver, el momento no era favorable para que el PSOE asuma ahora el encargo de formar Gobierno”.

Al día siguiente de hacerse pública la dimisión de Suárez, 30 de enero, el extinto periodista Emilio Romero publicó en el periódico monárquico “ABC” un artículo en el que ya se hablaba expresamente de “la solución Armada”. El 3 de febrero, el Rey telefoneó al exsecretario de su “Casa”, Armada, para confirmarle como candidato sustituto de Suárez y darle la enhorabuena desde el aeropuerto de Barajas, a la espera de que se abriera el de Vitoria para iniciar su primer viaje al País Vasco. Ese mismo día, Armada también habló con el coronel Ibáñez, quien se desplazó a Lleida para hablar personalmente con el general sobre la nueva situación creada a raíz de la dimisión de Suárez.

El cinco de febrero, seis días después de la dimisión de Suárez, el Rey cumplió su anunciada confirmación: Armada fue “rehabilitado” y nombrado 2º Jefe del Estado Mayor de Tierra, promoción que le puso en las mejores condiciones de ser catapultado por el propio Monarca a la presidencia del gobierno.

El 6 de febrero los reyes estaban en Baqueira para descansar tras los incidentes con militantes de ETA en la Casa de Juntas de Guernika, y se citaron con Armada para cenar en un restaurante de Artíes. La cena debió suspenderse ante la noticia de que la madre de la reina estaba muy grave. Sofía se trasladó rápidamente a Madrid, pero la entrevista no podía posponerse, y el Rey se quedó conversando con Armada hasta las tres de la madrugada. [51]

Tras la celebración del II Congreso de UCD, el día 10 de febrero, el Rey finalmente propuso a Calvo Sotelo en las Cortes como su candidato a presidente del Gobierno:

<<Cuando éste pasó por La Zarzuela al día siguiente, para los oficios religiosos ortodoxos en memoria de la madre de la reina (…) tuvieron ocasión de hablar brevemente en un aparte. El rey le dijo que le interesaba mucho verlo, y lo citó para el día 13 a las 10,30. Llamó a Sabino para que lo apuntara en el libro de visitas, y Sabino le advirtió de que no había horas libres, pero el rey insistió en el hecho de que retrasara la hora a quien hiciera falta —que en este caso fue Alfonso de Borbón citado para esa hora. Ninguno de los dos ha revelado nunca el contenido de la conversación que mantuvieron en aquella cita extraordinaria. (Más tarde) Alfonso Armada solicitó permiso por escrito a Juan Carlos, para darla a conocer como prueba que le favoreciera en su juicio. Pero no se lo autorizaron y Armada cumplió la orden al pie de la letra.>> (Patricia Sverlo: Op. Cit. Cap. 12)

Una vez elegido el candidato a presidente que infructuosamente se quiso imponer a Suárez por vía de los hechos desde la sombra, el Rey se impuso a sí mismo el “deber” de mantener una nueva ronda de consultas con los diferentes líderes políticos de esa especie de cofradía sediciosa que llegaron a formar entre todos ellos, para mantenerse en la cúspide del poder estatal que administra políticamente a esa otra cofradía de la sociedad civil, unida por el interés común de explotar trabajo ajeno. Se reunió con González, Fraga, Carrillo, y demás actores del elitista elenco golpista convocado para representar su respectivo papel en la farsa. El 16 de febrero tuvo lugar una nueva reunión en Madrid entre un tal Ibáñez —segundo de Milans— y Armada. El 17, hubo otro contacto del Rey con Armada, durante un  acto en la Escuela Superior del Ejército. El 18 Ibáñez concertó telefónicamente con Tejero la fecha definitiva de la “Operación Congreso”:

<<Se había pensado en el viernes 20, con ocasión de la investidura del nuevo presidente del Gobierno. Pero Tejero puso dificultades y acordaron que podría  ser el lunes 23, puesto que se repetiría la votación y, nuevamente, el pleno del Congreso de los Diputados volverían a estar reunidos todos los miembros del gobierno presentes.>> (Ibíd)

Aquí adquiere pleno sentido la enigmática conversación ya citada entre Pío Cabanillas y Jordi Pujol, a la que Leopoldo Calvo Sotelo aludió en su “Memoria viva de la Transición”. A pocos días de la  paradojal representación oligárquico-totalitaria en ese templo de la democracia burguesa que es el Congreso de los diputados, José Luis Cortina Prieto, Jefe de la Agrupación Operativa de Medios Especiales AOME del CESID —un remedo de la FEMA norteamericana comprometida en el 11S— se encontró con el entonces embajador de los EE.UU. en Madrid, Tenence Todman, y con el nuncio del Vaticano, Monseñor Antonio Inocenti. [52] Cortina también se reunió el día 21 por la noche con Antonio Tejero, Alfonso Armada y Vicente Gómez Iglesias (su mano derecha en el CESID. En esa reunión, en lo que se le explicó a Tejero que habrían de ser los fines de la operación, estuvo la clave de su exitoso final político:

<<Fue en esta reunión que Armada se descubrió personalmente delante de Tejero como jefe de la operación. Cortina le indicó al guardia civil que los socialistas no darían nada de guerra, que aceptarían lo que les propusiera, que también veían la necesidad de un golpe de timón. Se le explicó, al parecer, no demasiado bien, que su operación en el Congreso se tendría que reconducir hacia el objetivo político de Armada. Según la declaración que hizo en el juicio, a Tejero en aquél momento le dieron a entender que el nuevo gobierno sería sólo de militares, y que el verdadero jefe era el rey, que lo apoyaba totalmente. Armada, en concreto, le explicó: “La monarquía necesita robustecerse, por ello, Su Majestad me ha encargado esta operación. Matizó, además, que la Corona y la Democracia  seguirían incólumes, aunque ya hay preparados varios decretos que entrarán en vigor” (esto último como para que Tejero creyera que se trataba de imponer algo parecido a una “democracia castrense”) . También le revelaron que tanto el Vaticano como el gobierno norteamericano habían sido sondeados y que, la Administración Reagan, les había prometido ayuda.>> (Ibíd. Lo entre paréntesis es nuestro)

Mientras los trabajadores de este país estábamos de lleno en nuestros “vaivenes” diarios aquél 23 de febrero de 1981, eran las 10,20 cuando Milans del Bosh se reunía con sus mandos para informarles de que en Madrid iba a producirse un hecho “grave e incruento” que se conocería por radio y TV, que el rey estaba por completo al tanto y que las instrucciones del operativo serían impartidas por el General Armada desde el Palacio de La Zarzuela. [53] Con algo más de retraso respecto a Milans y los americanos, a eso de las 13 hs. Tejero escogía los efectivos que le acompañarían en la toma del Congreso, sin decirles dónde irían y qué harían.

De acuerdo con la denominada “Operación Jaula”, a las 16,20 hs, el teniente Suárez Alonso, del Servicio de Información de la Guardia Civil, cerró las principales calles de acceso al Congreso con una certera e invisible maniobra. Veinte guardias civiles de paisano a bordo de cinco coches camuflados crearon un cordón de seguridad con la excusa de que vigilaban una red de comercios de coches de importación ilegales en los aparcamientos de la zona. Si fuera preciso, las patrullas, estratégicamente colocadas, facilitarían la entrada de Tejero y sus guardias en el edificio de la Carrera de San Jerónimo.

A las 18 hs., Tejero iba con sus hombres en dirección de la Carrera de San Jerónimo, sede del Congreso de los diputados, a bordo de los seis autobuses comprados días antes por su mujer. Veintidós minutos después, el contingente armado hacía irrupción en el hemiciclo donde se estaba decidiendo la investidura presidencial de Calvo Sotelo. Tal como se confirmaría después, Tejero había participado creyendo que se trataba de implantar un gobierno puramente militar para salvar a la Patria y la Corona del peligro comunista.

Enterado de la movida, el general José Juste Fernández —un hombre próximo a Suárez en ese momento a cargo de la Brunete de Madrid— contactó con Pardo Zancada quien le confirmó que la operación estaba en marcha dirigida desde La Zarzuela por el general Armada. Para cerciorarse de que esa información era veraz, Juste Fernández comunicó telefónicamente con la Casa Real pidiendo hablar directamente con Armada y fue atendido por el secretario del Rey, Sabino Fernández Campo:

<<Según la versión oficial, Sabino desmintió con una seguridad sorprendente que Armada hubiera de aparecer: “Ni está ni se le espera”. No se sabe a ciencia cierta de qué hablaron ni en qué tono, pero, a resultas de esto, Sabino se enteró de algunos detalles que no le hicieron gracia. Muy en particular que los golpistas estaban invocando a la Corona con frases poco afortunadas (“el rey está al tanto de todo”, “contamos con las simpatías de la reina”…). Hombre cauto por naturaleza, se sintió un poco alarmado y fue rápidamente a hablar con el rey (…) lo convenció de que no era nada aconsejable que Armada se presentara en la Zarzuela en medio de tanta confusión. Y el Monarca, como tantas otras veces, aceptó la tutela de Sabino.>> (Ibíd)

Mientras tanto, “la propuesta de resolver la situación en el Congreso mediante la formación de un Gobierno presidido por Armada, la expresó éste a los generales reunidos en el cuartel general, después de una conversación telefónica con Milans (…) Armada pidió un ejemplar de la Constitución para estudiar el posible encaje legal de la fórmula”. Al regreso de Armada al Cuartel General del Ejército, informó a su inmediato superior, el general Gabeiras, que “el Ejército está dividido y no sé más solución que la de formar un gobierno presidido por él (Armada). Con ese propósito se prestó él mismo a ir a las Cortes y hacer tal propuesta, si se le autoriza”. Armada “dice que se le permitió presentar su fórmula a título personal, nunca como propuesta de la superioridad (…) Fernández Campo confirmó que el Rey habló con Gabeiras y con Armada, y que después le pasó el teléfono (a Sabino) y Armada le dijo que (…) había que evitar la división del Ejército, para lo que él (Armada) consentía en sacrificarse ofreciéndose para presidir un gobierno”. Extraña forma de resolver el problema creado por la conspiración, de la que el propio Armada formaba parte.

Ubicado ya sobre el teatro de operaciones, el burócrata militar Alfonso Armada no entró directamente en el Congreso, sino que hizo escala en el “Hotel Palace”, convertido en puesto de mando de los generales que comandaban los cuerpos militarizados. A las 23,40 “reiteró (a Aramburu y Sáenz de Santamaría) su apreciación de que algunas capitanías podían estar a favor de Milans, y expuso la oferta que iba a hacer a Tejero, de un gobierno de transición presidido por él”. Recibió la aprobación y encaminó sus pasos cruzando la Carrera de San Jerónimo hacia el Congreso.

¿Qué supuestos permitían a Armada entrar en el Congreso con un propósito tan preciso, contando con la luz verde del mando militar y del Palacio Real? Armada declararía después ante el Fiscal togado que “Creía necesario resolver la situación de emergencia que se había producido, porque en aquella situación la Constitución estaba vulnerada por Tejero y había que restablecer la normalidad…” Sin embargo, existía constancia de que Armada, dos días antes, el sábado 21 de febrero, se había descubierto ante Tejero como cabeza de la operación. Así concluye el Fiscal togado diciendo que: “en la madrugada del 21 de febrero se celebró en Madrid una reunión a la que asistieron Armada y el procesado comandante de Infantería, designado en el CESID, José Cortina Prieto (…) Cortina informó que están redactados hasta los decretos-leyes que entrarían en vigor en su momento y que, transcurridas dos horas desde la ocupación del Congreso, llegaría una autoridad militar que sería aceptada por distintos grupos parlamentarios”. En su comparecencia ante el Juez Instructor, Tejero declaró que en la reunión del día 21 “Cortina le indica que todo va a salir bien, que los socialistas no van a dar la menor guerra (…) Los socialistas del Congreso son más bien socialdemócratas y ven también la necesidad de un golpe de timón”. Prosigue el Fiscal togado: “Después de esta entrevista Tejero consultó por teléfono con Milans, quien le ordenó que obedezca a Armada, y Tejero informó a Milans que se había fijado la fecha del 23 de febrero para la operación, y que precisamente la había fijado Cortina”.

El propio Milans parece haber intuido algo nuevo en Cortina: “mantiene una conversación con Armada, quien le confirma que Cortina era el hombre de su confianza”. Sería este el antecedente inmediato de la divergencia en la noche del 23 al 24 de febrero entre Tejero y Armada acerca del desenlace del golpe. A Tejero se le confió la misión de ocupar el Congreso y retener al Gobierno y a los diputados, pero no conocía el desarrollo planificado para después, le habían dicho que el nuevo “gobierno sería sólo de militares”. Nada más.

Tejero,  que tenía su confianza puesta en Milans del Bosch, sabía que su misión duraba “hasta que llegase una autoridad militar que pronunciase la consigna: “Duque de Ahumada”, preguntó a Armada “si el general Milans formaría parte del Gobierno. Armada contestó que ni él (Milans) ni ningún militar, solamente él (Armada) como presidente”. Tejero vio todo claro en ese instante. Le habían ilusionado con un golpe militar “contra el sistema” y ahora descubría haber sido utilizado. Pidió explicaciones a Armada, quien le dijo que en el gobierno estarían Felipe González, Múgica Herzog, Solé Turá y otro representante de UCD. Desengañado, Tejero rompió el diálogo con Armada, “ordenó a dos guardias civiles que le condujesen a la salida y que no entrara sin su permiso”.

Era en ese momento la 1,20. A la 1,23 se emitió el mensaje del Rey por televisión. Patricia Sverlo dice que, en La Zarzuela, todavía no sabían que el plan Armada había fracasado. Algo muy poco verosímil y todo un despropósito político a tenor del previo encadenamiento de los hechos, teniendo en cuenta, además, que un miembro de la guardia real había podido penetrar en el edificio del Congreso para que el Rey —a instancias de Sabino Fernández Campo, su secretario— estuviera al tanto de todo lo que allí sucedía. En ese momento, una dilación en la respuesta a la actitud de Tejero, podía ser interpretado en las capitanías generales como una debilidad del bando “democrático”, lo que resultaría decisivo para el vuelco de los acontecimientos en favor de los “duros”.

Algunos dicen que no fueron tres sino quince los minutos que tardó el Rey en dirigirse a los españoles desde que Tejero repudió la propuesta de Armada. En cualquier caso, demasiado tarde para quien ha sido nombrado a los fines de “guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes” (Art. 61.1). Siete horas tardó nuestro “Jefe del Estado” (Art. 56.1) en ejercer públicamente el “mando supremo de las FF.AA.” (Art. 62 h), para controlar la situación ante semejante violación del “Estado democrático de derecho”. ¿Por qué tardó tanto? Pocos son los que desde entonces se han hecho esta pregunta, y menos aun los que han intentado siquiera responder a ella.

Dijimos que tres minutos de vacilación es demasiada ventaja que se le concede a un enemigo en semejantes circunstancias. Juan  Carlos de Borbón y Borbón debe saberlo porque estudió estrategia militar. Sin embargo, no concedió tres minutos sino siete horas de ventaja a los enemigos de la “democracia” permaneciendo en completo silencio político —hay quienes dicen que jugando al squash en La Zarzuela. Recién abrió la boca para ejercer su autoridad cuando Tejero echó a Armada del Congreso, es decir, cuando sólo quedó en juego la alternativa del golpe “duro”, cuyo triunfo, para él, suponía perder los privilegios sociales adosados a su Corona. Pero, entonces, ¿A qué se quedó esperando durante esas siete horas si es que no estuvo comprometido con ninguna opción golpista? “Hic Rhodus, hic salta” [54] .

A su salida del Congreso, Armada se trasladó directamente al Hotel Pálace para comentar lo que había pasado, y, de allí, al Ministerio del Interior, donde le esperaba una comisión de Secretarios de Estado y subsecretarios. Allí Armada habló con la Casa Real, después que el discurso del Monarca fuera visto por millones de españoles que, hasta ese momento, habían estado pendientes de los medios de comunicación —“cada uno en su casa y Dios en la de todos”— para irse a dormir tranquilos pensando que el golpe había sido abortado por el Monarca, y de esto se encargaron los medios de comunicación.

Sin embargo, el desenlace de la situación todavía no había dado todo de sí. A las dos de la mañana el comandante Pardo Zancada partió de la División Acorazada Brunete hacia las Cortes, al mando de una columna de 113 efectivos en apoyo de Tejero, y nadie interceptó su marcha entrando en el Congreso sin encontrar resistencia. Mas tarde llegó el capitán de Navío Menéndez Tolosa con igual propósito y tampoco tuvo dificultades para entrar. A las dos de la mañana, los insubordinados todavía esperaban que su actitud fuera seguida por más fuerzas del ejército —que hasta ese momento, se habían —mantenido al margen— para inclinar la balanza del poder militar en su favor y reclamar que el Rey se volcara en su apoyo nombrando presidente a Armada “sin Constitución ni hostias”:

<<Pero el borbón siempre ha sabido medir muy bien los riesgos. La experiencia de un golpe de este estilo ya la había tenido su abuelo, Alfonso XIII, con Primo de Rivera…y no le había salido bien. Además, aquello no era lo que querían los americanos. No, no podía ser. Como le dijo a Milans, ya era demasiado tarde, ya no se podía hacer nada. Tejero había abortado el golpe de Estado que él mismo había iniciado (y no se había podido reconducir).>> (Ibíd. Lo entre paréntesis es nuestro)

A partir de ese momento, Tejero trató de proseguir con el golpe militar. Improvisó un manifiesto pidiendo a los oficiales de la División Acorazada Brunete que lo divulgasen por radio —“La Voz de Madrid”— que no logró salir al aire. Intentó que lo imprimiera “El Alcazar”, y tampoco lo consiguió. Recurrió a Milans. A las 01,35, al frente de 113 hombres y 4 capitanes llegó al Congreso en apoyo del golpe el comandante Pardo Zancada, de la División Acorazada. En Valencia, Milans, vacilaba; a las 2,30 del martes 24 —ocho horas después de que Tejero ocupara el Congreso al manifestarle el propio Rey por teléfono y telex que no aceptaba la formación de un Gabinete Militar— retiraba los tanques de las calles de Valencia, pero no levantaba el Bando militar. “Juro —le había dicho el Rey—, que no abdicaré la Corona ni abandonaré España, quien se subleve está dispuesto a provocar una guerra civil”. Milans consultó a otros capitanes generales. Entre las 04 y las 05 hs. de la madrugada, comprendió que no le secundaban ya ni sus propios oficiales. A las 05 retiró el Bando y renunció a seguir. A medianoche, el Rey había transmitido un mensaje radio-televisado rechazando un desenlace que no respetase la Constitución. La intención del mando militar central que preparó la intervención era respetar la fachada de la Constitución, puesto que si Armada hubiera tenido éxito, la Junta de Jefes de Estado Mayor hubiera invocado el art. 8 que atribuye a las FFAA “la misión de defender el ordenamiento constitucional”.

Desde dentro del Congreso, Tejero había procedido visceralmente a desbaratar la “operación Armada”. Diez horas después, aislado y tras ser abandonado también por Milans, pactó su rendición con el propio Armada en la calle, sobre el capó de un coche, por eso llamado “el pacto del capó”:

<<Antes de entregarse, Tejero exigió la presencia de Armada. Sólo pactaría la rendición con él. Un gesto entre militares y en su lenguaje, para dejar patente su traición y humillarlo públicamente. A las 12,45 del 24 de febrero, tras hablarlo con el rey, Armada firmó a la puerta de las Cortes —sobre el capó de un coche—, la “nota de capitulación” con las condiciones de Tejero. (…) A las 14,30 , el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Gabeiras, telefoneó a Milans del Bosh y le ordenó que acudiera inmediatamente a Madrid. A las siete en punto de la tarde, Milans entró en el Ministerio de Defensa donde fue detenido inmediatamente. Aquella misma tarde la Junta de Defensa, reunida en La Zarzuela, con Suárez todavía de presidente en funciones, ordenaba a Gabeiras que también arrestara a Armada. Gabeiras giró la cabeza hacia el rey, entre sorprendido y alarmado, e hizo exclamar a Suárez: ¿No mire al rey, míreme a mi!>> (Ibíd)

Habiendo pretendido forzar la formación de un Gabinete Militar que suspendiera las libertades partidocráticas, Milans y Tejero chocaron con la lógica del desarrollo previsto por los conspiradores “democráticos” para llevar a cabo, con Armada como cabeza visible, el golpe de Estado blando. Como síntesis de este choque de dos fuerzas políticas iguales y opuestas cuya resultante fue nula, se abrió paso la “gloriosa” farsa protagonizada por Juan Carlos de Borbón y Borbón, como el nuevo bonaparte de la historia contemporánea en Occidente.

Aquello fue cualquier cosa menos un golpe de Estado clásico, tal como así lo demostró el Coronel Amadeo Martínez Inglés en su libro Titulado: “El golpe que nunca existió”, publicado por la Editorial Foca. Años antes había escrito otra obra: “La transición vigilada”, que fue retirada del mercado a los 15 días de aparecer. Formó parte de un grupo de oficiales: la Unión Militar Democrática (UMD) denominados los “húmedos”,  de significación “aperturista”. En 1990 sufrió arresto durante cinco meses en la prisión militar de Alcalá de Henares, por defender la idea de crear unas fuerzas armadas puramente profesionales, no politizadas, por lo que se le apartó del servicio activo justo cuando iba a ser ascendido a general. [55]

La tesis de Martínez Inglés tiene el sólido fundamento de una regla político-militar de libro confirmada por un hecho indiscutible. La regla dice que todo golpe de Estado, para serlo, debe apuntar a su máxima jefatura ―que en este caso era el Rey― y a sus instituciones políticas, esto es, a los tres poderes de su aparato: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Y el hecho indiscutible es que, cuando, a las 18,23 de ese día, 23F, el Coronel Tejero irrumpió en el hemiciclo del salón de sesiones del Congreso, lo hizo gritando como para ser escuchado por todos los que allí, sorprendidos, le observaban: “Estoy a las órdenes del Rey”. Además:

<<Los guardias civiles que entraron en el Congreso de los Diputados bajo las órdenes del teniente coronel Tejero, no iban en contra del rey, iban precisamente en su nombre, incluso dando vivas al monarca, como se observó en la televisión>> (Martínez Inglés: Op.cit.)

Aquí, alguien puede pensar que este testimonio es un argumento muy débil, porque Tejero pudo muy bien simular que estaba actuando en nombre del Rey. Pero, en ese caso, habría sido necesario tomar militarmente La Zarzuela y secuestrar al Monarca cortando todas sus comunicaciones con el exterior. Y lo cierto es que todas las líneas telefónicas del Palacio Real permanecieron abiertas en todo momento, y la centralita se saturó de llamadas, con lo que el Monarca hubiera podido desmentir esa estratagema tranquilamente desde su despacho, convocando a una conferencia de prensa en un descanso del partido de squash que a esas horas estaba jugando con dos “favoritos cortesanos”: el regatista vasco Ignacio Caro y el pionero del esquí y del turismo de invierno en Baquería Beret, Miguel Arias. [56]

Años después, el mismo Rey —tan emborrachado con el vino malo de la popularidad como salvador de la “democracia” que ya no distinguía entre lo que debía decir y lo que le convenía callar— le comentó al telemático marqués de Villalonga con vistas a su biografía autorizada, lo siguiente:

<<“Si yo fuera a llevar a cabo una operación en nombre del Rey, pero sin su consentimiento, la primera cosa en la que habría pensado sería aislarle del resto del mundo impidiéndole que se comunicara con el exterior. Y bien, esa noche, yo pude entrar y salir de La Zarzuela a mi voluntad. Y en cuanto al teléfono ¡tuve más llamadas en unas pocas horas que las que había tenido en un mes! De mi padre, que se encontraba en Estoril —y que se sorprendió también mucho de poder comunicarse conmigo; de mis hermanas que estaban las dos en Madrid e, igualmente, de los jefes de Estado amigos que me llamaban alentándome a resistir”>> (Patricia Sverlo: Op. Cit. Cap. 12)

Al advertir la infidencia política que el Rey había cometido consigo mismo, Sabino Fernández Campo —el nuevo Jefe de la Casa Real en sustitución de Alfonso Armada por exigencia de Suárez— se encargó de que este párrafo fuera suprimido de la edición española del libro. Sverlo averiguó que, además de su familia, le telefonearon primeros ministros y reyes preocupados por la situación. También los presidentes autonómicos del País Vasco y Catalunya, Carlos Garaycoechea y Jordi Pujol, con la frase de complicidad que le dedicó a este último y después recogió la prensa: “tranquilo Jordi, tranquilo”. [57] Y la gente de Comisiones Obreras, varias veces, preguntando al Monarca: “¿Quemamos nuestros archivos y nos tiramos al monte?”, a lo que el Rey respondió: “¡Sobre todo no hagáis eso! ¡Tengo el asunto controlado!”. En cambio, Alexander Haig, por entonces Secretario de Estado de EE.UU., cuando conoció la noticia en Washington , con la misma tranquilidad se limitó a declarar: “Es un asunto interno de los españoles”.

Respecto del otro escenario del “golpe” —Valencia— en la obra citada Martínez Inglés reporta lo siguiente:

<<Milans del Bosch me dijo: “El batallón que ocupó Valencia salió prácticamente desarmado. No iba a combatir contra nadie. Llevaba órdenes rigurosas de respetar el entorno urbano para evitar accidentes entre la población. Aquello no era un golpe militar. Sólo se trataba de escenificar una situación política especial, limitada en el tiempo, en provecho de España y la corona”>> (Amadeo Martínez  Inglés Op.Cit.)  

Y en una entrevista a la periodista Sanjuana Martínez, de la revista mejicana “Proceso”, se ratificó en otros términos recordando que se destacó el hecho de que el general Milans del Bosch hubiera sacado los tanques en Valencia:

<<…pero los tanques salieron en plan de desfile, sin munición, respetando los semáforos. Un golpe de Estado no se monta así. En un verdadero golpe hubieran salido en Madrid y hubieran ido al palacio del rey, no en Valencia>> (Op. Cit.)

Según uno de los protagonistas del “golpe”, el coronel Ricardo Pardo Zancada [58] ―autor del libro “23F. La pieza que falta” ― en noviembre de 1980, cuatro meses antes del hecho, el antiguo Centro Español de Informaciones para la Defensa (CESID), presentó al Rey un informe sobre los movimientos subversivos en marcha; de todos ellos subrayó la importancia de uno ―negociado con el PSOE y UCD― previsto para la primavera de 1981 y promovido por un grupo de generales en activo, con el fin de imponer un Gobierno de concentración presidido por un militar. Por supuesto con el total desconocimiento de Suárez.

Otro hecho cierto, confirmado por el General Alfonso Armada, es que, nomás hacerse con la situación dentro del Congreso, “Tejero dijo varias veces que esperaba a un militar de alta graduación en 20 minutos” para que se hiciera cargo de la operación y le indicara cuales debían ser los siguientes pasos que él y sus hombres debían dar. Según todos los indicios reunidos por el periodismo, ese “elefante blanco” que los asaltantes de la Guardia Civil estaban esperando, era el General Alfonso Armada, extremo que éste nunca confirmó.

Con motivo de cumplirse los veinte años de aquél episodio, en un reportaje especial concedido a “La voz de Galicia” en la persona del periodista Carlos Fernández, preguntado si era él ese oficial de alta graduación que Tejero estaba esperando, Armada lo negó diciendo: “no sólo no me hizo caso, sino que me dijo que no volviese”.

Ante la pregunta de:

―Pero, realmente, ¿qué le propuso a Tejero cuando fue a verle al Congreso?

Armada contestó:

―Que me permitiese entrar en el hemiciclo para hablar a los diputados, pero que antes debía retirar a la tropa de allí. No me admitió ni una cosa ni otra. (¿hablar a los diputados para decirles qué?)

―¿Y la lista del futuro Gobierno que llevaba en un papel, donde aparecía Felipe González como vicepresidente y Manuel Fraga como ministro de Defensa?

―Yo no llevaba ninguna lista de Gobierno ni nada que se le pareciese. El único papel que llevaba era uno con el teletipo de Milans desde la Capitanía de Valencia. Cuando se corrió ese bulo, casi me dio la risa y ni lo desmentí. No soy tonto y sé cual es el procedimiento que existe para nombrar un Gobierno. Sé que el Rey propone un candidato y que luego hay una sesión de investidura en el Parlamento y una o varias votaciones.

Lo que mueve a risa, es el argumento pueril que utilizó Armada para salir del paso ante una pregunta comprometedora. Como si en momentos como aquél —una rebelión armada en toda regla— el hecho de nombrar un gobierno u otro dependiera del procedimiento burocrático legalmente previsto para el traspaso rutinario del poder en circunstancias normales. El candidato que el Rey —más que proponer— ya había dispuesto quien debía ser, era él, el mismo Armada. Y lo que sucedió es que Tejero, con el poder en sus manos hasta ese momento —en el hemiciclo del Congreso—, dispuso lo contrario rechazando la Constitución y un gobierno en el que estaban “los rojos”.

La entrevista con el corresponsal terminó así:

“―En resumen, ¿a qué fue usted al Congreso el 23-F?

—Fui a buscar una solución que permitiese salir de aquel embrollo, que no hubiese sangre y que se liberase a los diputados. Es falso que esa solución fuese un Gobierno de coalición presidido por mí. No he tenido ni tengo ambiciones políticas. Sólo he querido servir a España y al régimen monárquico que la encarna.”

De ser cierto que no tuvo nada que ver con algo parecido a una sublevación militar, y que fue allí sólo para negociar la rendición de los golpistas, la pregunta que Armada no pudo contestar es ¿por qué Tejero le recibió si al único que estaba esperando era ese misterioso cabecilla militar apodado “elefante blanco”?

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[46] Más tarde, avanzado ya el 1979, este mismo grupo de generales confió en que una rápida acción de la brigada Paracaidista y de la División Acorazada Brunete, al mando del general Torre Rojas, tomara el palacio de la Moncloa y nombrara un gobierno presidido por el general Vega.

[47] Leopoldo Calvo Sotelo nació en Madrid en 1926. Terminó sus estudios de ingeniero de Caminos en 1951, pasando años después a ocupar diversos cargos directivos como la presidencia de RENFE en 1967. Tres años después fue nombrado consejero delegado de Unión Explosivos Rio tinto, S.A. Posteriormente elegido procurador en Cortes como representante de los empresarios de industrias químicas, puesto que ocupó durante cuatro años, hasta que en 1975 fue designado ministro de Comercio en el primer Gobierno de la Monarquía. Durante los gobiernos de Adolfo Suárez desempeñó distintos cargos en la Administración del Estado, como ministro de Obras Públicas, ministro para las Relaciones con la Comunidad Económica Europea y vicepresidente segundo de Asuntos Económicos. En febrero de 1981 fue investido como Presidente del Gobierno, tras la dimisión de Adolfo Suárez.

[48] La formación de un gobierno de coalición o de salvación nacional modelo De Gaulle en Francia, es decir con el beneplácito y la participación de todas las fuerzas políticas democráticas, era el objetivo de esta operación. Tanto el presidente como los ministros tenían ya nombre y apellidos. Armada sería el presidente; Felipe González, Vicepresidente político; Manuel Fraga, ministro de Defensa; ministro de Economía, Ramón Tamames y Luis María Ansón -entonces presidente de la agencia EFE- ministro de Información, etc. El 26 de febrero de 1981, Felipe González invitó a Calvo Sotelo, en su intervención en el Pleno del Congreso, a formar un Gobierno de Coalición y añadió que la predisposición de su partido era ya conocida.

[49] Nombre del grupo golpista formado en noviembre de 1980 por los generales De Santiago e Iniesta, con la colaboración del coronel José Ignacio San Martín. Desde mediados de diciembre comenzaron a publicar artículos en “El Alcázar”y “El Heraldo español”, desde cuyas páginas propugnaban abiertamente la necesidad de un golpe de Estado.

[50] En 1958 este general francés, el héroe de la Segunda Guerra Mundial, fue reclamado por una comisión de todos los partidos políticos para que se hiciese cargo de la difícil situación, especialmente por los problemas de la descolonización en Indochina y en Argelia. Aceptó el encargo y en una intervención en la Asamblea Nacional expuso sus condiciones, que fueron aceptadas. El militar, reclamado por los políticos, acudió en salvación de la patria. Esta imagen, que Alfonso armada conoció de primera mano —ya que se encontraba en París durante aquellos meses—quedó guardada en su retina. Muchos años después, en 1980, él mismo se creerá el De Gaulle español, el militar al que acuden los políticos en momentos de zozobra a fin de que salve a la patria.

[51] Posteriormente, durante el juicio que le despojó de su rango militar y acabó condenándole a treinta años de prisión por conspiración y rebelión, Armada pidió al Rey permiso, “por el honor de mis hijos y de mi familia, para utilizar, durante el consejo de guerra, parte del contenido de nuestra conversación, de la cual tengo nota puntual, mantenida días antes del golpe, a la vuelta de los reyes del entierro de la reina Federica de Grecia”. El permiso no le fue concedido, aunque sí una reducción de pena que se quedó en sólo seis años, indultado el 24 de diciembre de 1988 por razones de salud.

[52] Antonio Perote, que estuvo al frente de la Agrupación Operativa de Medios Especiales del CESID, justifica la utilización que los servicios secretos de todo el mundo hacen de métodos ilegales: escuchas no autorizadas, allanamientos de moradas, violaciones de la intimidad de los ciudadanos… y cosas mucho peores. Según él, sin esa licencia para delinquir –para matar, en la versión de Bond–, un servicio secreto no sería eficaz. Y, como quiera que –según él– la labor de los servicios secretos es imprescindible para todo Estado que se precie, la pescadilla se muerde la cola: la ilegalidad es un instrumento necesario para la defensa de la legalidad. O, por decirlo con otras –y muy viejas– palabras: el fin justifica los medios. Ver: http://www.javierortiz.net/jortiz1/Diario2002/46.2002.html. Para una comparación con la FEMA estadounidense en relación con el derrumbe controlado del complejo comercial “World Trade Center” el 11S, ver: http://www.nodo50.org/gpm/11s/Fema.HTM. Según Perote, el antiguo responsable de la AOME, Javier Calderón, ocultó todas las pruebas para evitar que se procesara a muchos golpistas que actuaron en las sombras.

[53] En realidad, los primeros movimientos de tropas comprometidas en la conspiración, no sucedieron en Valencia, sino en Madrid. Precisamente el día anterior y en la Base aérea que los EE.UU. regentaban en Torrejón de Ardóz, hecho que no pudo ser desmentido por el entonces Ministro de Defensa español, al ser interpelado en la sesión del Congreso de los diputados el 15 de marzo.

[54] “Aquí está Rodas, salta aquí”. Frase tomada de una fábula de Esopo, en la que se habla de un fanfarrón que, invocando testigos, afirmaba que en Rodas había dado un salto prodigioso, como el de la prensa venal después del 23F, elevando al Rey a baluarte supremo de la democracia en España. Quienes le escuchaban, contestaron: “¿Para qué necesitamos testigos? Aquí está Rodas, salta aquí”. En otras palabras, demuestra lo que eres capaz de hacer.

[55] El coronel Martínez Inglés fue profesor de Historia Militar y Estrategia en la Escuela del Estado Mayor y testigo directo de los entresijos del Ejército durante el período de la transición como jefe de Movilización del Estado Mayor y jefe de la Brigada de Infantería de Zaragoza. Desde hace 25 años, empezó sus investigaciones sobre la intentona golpista. Hace unos seis años, publicó el libro La transición vigilada, pero fue retirado del mercado a los 15 días. En 1990 fue arrestado durante cinco meses en la prisión militar de Alcalá de Henares por defender la idea de crear unas fuerzas armadas profesionales, y se le apartó del servicio activo justo cuando iba a ser ascendido a general.

[56] Ignacio Caro nació en 1929 en Bérriz, Vizcaya. A los quince años empezó a navegar en snipe en el Club Marítimo de El Abra de Bilbao. Ha participado en innumerables regatas, como la Bueno Aires-Río, las Fastnets Giraglias, la Channel Race y varias Sardínias Cup. Ha atravesado el Atlántico en ambas direcciones en varias ocasiones y también ha surcado el Pacífico desde la Polinesia hasta Hawai. Hace más de treinta años que pasa los veranos navegando en Baleares. De su historial náutico lo que más le enorgullece son las múltiples singladuras que hizo como tripulante del “Saltillo” y del “Giralda” a las órdenes de don Juan de Borbón, así como las muchas millas navegadas como tripulante del “Fortuna”, el yate del Monarca. Miguel Arias es hijo y sobrino de explotadores de trabajo ajeno aplicado al turismo invernal. Desde los años setenta director de esta importante estación pirenaica hasta los ochenta, década en la que emprendió sus propios negocios turísticos en la comercialización del turismo de nieve —fundando en Baqueira-Beret la primera central de reservas que ha habido en una estación de esquí en España— y en el mundo de la restauración, fundando el lujoso restaurante madrileño “Las cuatro Estaciones”.

[57] 23 años después, Jordi Pujol escribió un artículo para el periódico catalán “La Vanguardia” publicado en la edición del 18/02/01 donde hizo un relato de lo que pasó. Entre otras cosas, como suele hacer el mago “Andreu”, este inefable servidor de la cosa pública se puso la escarapela de la templanza política diciendo lo siguiente: <<Lo que sí quiero subrayar es que desde el primer momento mi consigna fue no precipitarse tomando decisiones o haciendo declaraciones que no conducían a nada. En cambio, pedí mantener en todo lo posible una actitud de serenidad y de normalidad. Cosa que realmente era difícil de hacer.>> Para él, que supo el libreto de todo lo que pasó bastante antes de que ocurriera, fue, desde luego, muy fácil. Lo mismo cabe decir de Carrillo cuando Tejero disparó al techo largando aquello de: “que se sienten, coño”; como muestran las imágenes del momento, fue el único en todo el hemiciclo que no se escondió debajo de su banco.

[58] Comandante de Estado Mayor, experto en información, actuó de enlace con Milans del Bosch, capitán general de Valencia, ocupando un alto puesto en el Estado Mayor de la Brigada acorazada. Fue el jefe de la única unidad del Ejército que se unió en el Congreso a los guardias civiles del teniente coronel Tejero. Estuvo, pues, en los tres puntos neurálgicos de la movida. Condenado en principio a seis años de prisión por el Consejo Supremo de Justicia Militar (hoy suprimido), se le elevó la pena al doble cuando el Gobierno de L. Calvo Sotelo apeló al Tribunal Supremo para que se le impusieran penas más severas. Ángeles Maestro, dirigente del PCE y diputada por IU, dice presentando su libro que: “Se trata de un testigo privilegiado. Pero, además, ha tenido quince años para estudiar los millares de folios del proceso, para interrogar a protagonistas, para revisar la bibliografía existente, y para evocar sus recuerdos. Estamos, pues, ante un testimonio de excepcional valor historiográfico, superior a cuanto hasta ahora se ha publicado.”

El relato de los héroes del 23-F y los sucesos escondidos

FUENTE

El relato del 23-F como el relato de la Transición ha sido conformado de una forma monolítica, un proceso histórico que jamás ha sido rebatido debido al consenso generalizado sobre los puntos claves que conforman dichos relatos. Ambas historias se basan en una serie de héroes salvadores de la democracia que cedieron a sus intereses por el bien mayoritario. Unas actitudes propias de hombres de Estado comprometidos en un contexto el que casi todos los actores sociales actuaron con amplitud de miras ante los enemigos de la democracia. Actitud generalizada en la Transición, según el relato mayoritario, y ahora desconocida en la política actual. Un relato que eleva a categoría de héroes a personajes por actitudes concretas sin considerar el contexto y los puntos negros que toda historia tiene y que, convenientemente, han sido ocultados o no puestos en valor.

El relato del 23-F sirvió para consolidar la imagen del rey Juan Carlos, al considerarlo desde todos los ámbitos el salvador de la democracia con su actitud aquella noche de febrero del año 1981. Todas las dudas o errores que cometió durante esas fechas, y las previas, fueron completamente escondidos o minusvalorados para instaurar el relato preferente que ha servido a la monarquía durante 30 años. Algo que también sucedió con todos los actores políticos y sociales que durante los días previos al 23-F conspiraron para instaurar un gobierno de concentración al margen de las urnas, y que posteriormente ganaron las elecciones y ocuparon cargos de responsabilidad.

Los puntos negros del 23-F son aquellos elementos que fueron olvidados en el relato mayoritario e institucional, y que, si bien no significan una implicación de los actores directa en el golpe de Estado, sí señalan una irresponsabilidad política, unas maniobras completamente antidemocráticas o sombras sobre una actuación que trascienden el relato conocido del 23-F.

La reunión del PSOE con Alfonso Armada.

Durante las fechas previas y debido a la inestabilidad de la presidencia de Adolfo Suárez y la poca confianza que había en el gobierno de UCD por parte de todos los actores políticos y sociales, hubo multitud de maniobras que buscaban un cambio institucional, la mayoría de las veces al margen de la legalidad constitucional y de carácter antidemocrático. Javier Cercas, en Anatomía de un instante, narra uno de los sucesos menos conocidos por la historiografía y el relato mayoritario del 23-F: las maniobras del PSOE para conseguir el poder explorando vías completamente antidemocráticas.

En mayo de 1980, Felipe González y el PSOE presentan una moción de censura que no logra su objetivo, pero supone un empujón de popularidad para el líder de este partido. Cercas narra que, a pesar del importante impulso propagandístico que supuso la moción de censura para la imagen de Felipe González, el fracaso del intento de conseguir el poder por las vías constitucionales acaba frustrando al líder de la socialista. Es por ello que empiezan a manejar otras alternativas, torciendo los límites de la democracia recién instaurada y celebrando una serie de reuniones con miembros de diversa índole que finalmente sirvieron a los intereses de los golpistas.

Durante los meses posteriores a la moción de censura en las esferas políticas, se habla de golpe de Estado, gobiernos de concentración, coaliciones y gobiernos de salvación. Esta situación lleva al PSOE y a Felipe González a realizar una serie de reuniones con dos personajes muy presentes en los sucesos del 23-F, Sabino Fernández Campos, secretario del rey, y Alfonso Armada, alejado de la escena política madrileña en su cargo de gobernador militar en Lleida (personaje que siempre sonó y seguirá sonando hasta el artículo de Emilio Romero en ABC días antes del golpe como el presidente de ese gobierno de concentración).

La reunión con Armada se celebró el 22 de octubre de 1980 en la casa del alcalde de Lleida, y en ella participaron Antonio Siurana, alcalde de Lleida; Joan Raventós, presidente del PSC; y Enrique Múgica Herzog, número 3 del PSOE y antiguo presidente de la comisión de Defensa en el Congreso. El expresidente Leopoldo Calvo Sotelo ofreció este relato de los hechos, que, según él, le explicó Enrique Múgica en una comida en un conocido restaurante madrileño.

Al hablar de la idea del gobierno de concentración expuesta por Armada a sus contertulios y preguntar sobre quién debería dirigirlo, Raventós, le espetó un sonoro: “¿Quién va a presidirlo? ¡Pues tú!”. Cercas en este punto no es tan taxativo y sólo expone que Raventós preguntó a Armada si estaría dispuesto a presidir ese gobierno de concentración, a lo que Armada no se negó.

Esta conversación se produjo en un contexto en el que Múgica y Armada convinieron que Adolfo Suárez era el responsable de todos los problemas que se estaban produciendo en España y que debía salir del Gobierno de forma inmediata. Armada mostró la preocupación que el rey tenía por la situación del país. Múgica, según Javier Cercas en Anatomía de un instante, elevó un informe de esta reunión ante el Comité Ejecutivo del partido que llevó a varios miembros de ese órgano del PSOE a sondear el interés del resto de formaciones participar en un gobierno de concentración presidido por un militar.

La reunión obligó a Enrique Múgica, Joan Raventós y Antonio Siurana a declarar en el macrojuicio del 23-F. Según lo narrado en la prensa del momento, “los tres llamados a declarar negaron que en aquel almuerzo, en el que también estuvo presente el general Alfonso Armada, se hablara de la posibilidad de que los socialistas participaran en un hipotético Gobierno de coalición presidido por un militar”.

Portada 23F ABC

La extraña concesión del rey a Armada.

Existen dos circunstancias que es preciso explicar para comprender que el rey tenía que saber necesariamente que Alfonso Armada estaba implicado de una u otra forma en el golpe de Estado.

El 12 de noviembre de 1980, el general Armada y el rey mantuvieron una reunión en el refugio La Pleta, en el Valle de Arán. Ese día, el rey Juan Carlos I manifestó su preocupación sobre la situación del país, el gobierno de Suárez y el grado de satisfacción del Ejército. El diagnóstico fue convenientemente exagerado por Armada, lo que propició que el rey le mandara informarle sobre la situación y el malestar de los generales sobre la situación política en España. Javier Cercas alude a que es muy probable que en esa conversación surgiese la idea de un gobierno de concentración presidido por un militar.

Quince minutos después de la intrusión de Tejero y los guardias civiles en el Congreso, el general Juste, al mando de la división acorazada Brunete, encargada de tomar Madrid, llamó a la Zarzuela y habló con Sabino Fernández Campo para preguntarle si ya estaba Armada en Zarzuela, una prueba que el general Juste necesitaba para saber que el golpe contaba con el apoyo del monarca y entonces dar vía libre a su acorazada. Sabino Fernández Campo contestó con la famosa frase “Ni está, ni se le espera”, consciente al expresarse de tal modo de la implicación que tenía Armada en la asonada de una u otra forma.

Estos dos sucesos no dejan lugar a dudas de que en Casa Real se tenía constancia, o al menos unas sospechas muy fundadas, de que el Alfonso Armada tenía una responsabilidad en el golpe de Estado. Según Cercas, el relato de las negociaciones con Armada y el rey durante el 23-F es el siguiente.

Durante la noche del 23F, Jaime Milans de Bosch habla con Armada por teléfono. Los oficiales del Estado Mayor se encuentran en el Palacio de Buenavista junto a Armada y asisten atentos a la conversación. Milans y Armada acuerdan la solución del Gobierno de concentración presidido por Armada, al que dan el visto bueno los oficiales y generales allí presentes. Acuerdan que Armada debe ir con consentimiento del rey al Congreso con la propuesta.

Armada llama entonces a la Casa Real y habla con el rey. Tras presentarle al monarca la situación de forma catastrófica, incluyendo el peligro de una guerra civil, le presenta la solución que ha hablado con Milans y que cuenta con la aprobación de los Capitanes Generales y el Estado Mayor. La propuesta que Armada le presenta al rey es la misma que hablaron en la reunión de noviembre en el Valle de Arán. El rey no contesta y le pasa el teléfono a Sabino Fernández Campo. Se produce una larga conversación en la que Armada le dice a Fernández Campo que su propuesta recibirá el apoyo hasta de los socialistas (la reunión de Lleida). Finalmente, en esa primera conversación se le niega a Armada el permiso para acudir al Congreso. Minutos más tarde, la conversación se repite y es en ese momento cuando el rey hace una extraña concesión a Armada.

La Casa Real era consciente de la implicación, en menor o en mayor medida, del general Alfonso Armada en el levantamiento por lo anteriormente expuesto. A pesar de ello, el rey y Sabino Fernández Campo conceden permiso a Armada, dejándole claro que no diga que van de su parte, para que proponga ese gobierno de concentración presidido por el general y así dar la posibilidad de que el golpe de Estado acabe triunfando con un gobierno antidemocrático por el que llevaban conspirando durante las fechas previas todos los actores políticos y militares.

Es sólo tras el permiso de la Casa Real cuando Armada acude al Congreso y le expone a Tejero, en una sala cercana al hemiciclo, la idea de formar un Gobierno de concentración presidido por él mismo, y le avanza la composición de los miembros de dicho gobierno. Tejero le niega la entrada y el golpe de Estado finaliza sin que se hagan efectivos los planes de Armada y todos sus valedores.

La confluencia de múltiples factores y sucesos en torno a Armada dejan muchos puntos oscuros en el relato del 23-F. No había actor político, periodístico o militar que no supiera la importancia de Armada en un previsible gobierno de concentración que casi todos aprobaban. El artículo de Emilio Romero en ABC días antes del golpe, y que sirvió de señal para la asonada, mostraba a Armada como el hombre preciso para el golpe de timón, que todos aceptarían.

Tertulias de Madrid Emilio Romero