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Por una revolución integral

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Os presentamos la introducción al debate de la XXXIX Jornada asamblearia de la CIC –que tuvo lugar en Catalunya el sçabado 16 de noviembre de 2013–, sobre les bases de la Revolución Integral.

 “Lo peculiar de la condición humana es que se ubica entre lo sórdido y bestial y lo sublime y grandioso.” (Prado Esteban)

1) Historia: heteronomía o autonomía

Durante la historia conocida de la humanidad, podemos reconocer dos tradiciones o tendencias, en las formas de organizarnos y en la cultura y los sistemas de valores (o disvalores) que legitiman éstas y nos guían para encarar la vida, para construirnos como personas: la tradición de la heteronomía y la tradición de la autonomía.

La tradición de la heteronomía1 la conforman todos aquellos sistemas de organización social que han establecido las desigualdades y las jerarquías entre la humanidad. Los Estados y las clases sociales: imperios, coronas, césares, faraones, führers… Ejército, cuerpos represivos, cárceles… Poseedores y desposeídos, ricos y pobres, amos y siervos. El dinero y los sistemas monetarios de acumulación. Gobernantes y gobernados. Dictaduras oligárquicas que se autoproclaman “democracias” usando la falacia de la “representación”. Estados “de derecho”, “sociales” o “del bienestar”: despotismo ilustrado. Parlamentarismo, partitocracia y politiquería.

Siempre unas minorías que concentran el poder de decisión y la capacidad de determinación de las condiciones y los asuntos que afectan a todos. Esta tradición es hegemónica hoy en día, con la mundialización de la “democracia representativa”, un perfeccionamiento del sistema de dominación que se ha puesto la máscara de “democrático”, como si en éste el poder se encontrara en manos del pueblo, cuando en realidad el poder ha seguido concentrándose cada vez en menos manos.

Los disvalores y los idearios relacionados con esta tradición hacen prevalecer lo peor de las personas y de la potencialidad humana, potencialidad para el bien y para el mal. Se basan a menudo en la idea de que las personas somos lobos unas para otras, que “somos malas por naturaleza”, que lo normal es “la guerra de todos contra todos”, y sostienen así el conformismo con el statu quo, la docilidad y la sumisión ante los poderosos opresores, la complicidad con la injusticia. Y no son sólo los valores negativos, los que sostienen la heteronomía, sino también la falta de valores positivos, la apatía y la indiferencia, la ausencia de sentido ético de la existencia.

Contrariamente, la tradición de la autonomía2 la conforman aquellos sistemas de organización social que han rechazado los fenómenos anteriormente mencionados, así como los intentos y esfuerzos para conseguir establecer estos sistemas, tantas veces aplastados por las clases privilegiadas y sus mercenarios. Así, han apostado por organizarse sin jerarquías, ni Estados, ni clases sociales, ni diferencias de privilegio entre minorías favorecidas y el resto, defendiendo que el poder de decisión se comparta entre todos los miembros de cada comunidad. Esto siempre se ha llevado a cabo mediante regímenes asambelarios y, por tanto, necesariamente enfocados en el ámbito local como base de poder soberano.

Los valores e idearios relacionados con la tradición de la autonomía promueven lo mejor de las personas y la potencialidad humana. Se basan en las ideas e ideales de bien, libertad-igualdad, justicia, verdad-honestidad, fraternidad, equidad… y en el compromiso del individuo con estas para aportar al bien común. Este compromiso tiene que empujarnos a querer ir aprendiendo y mejorándonos a lo largo de la vida.

La historiografía oficial actual difunde la tradición heterónoma pero no la autónoma. Por ejemplo, ha habido una falsificación histórica de la Alta Edad Media, en la que el pueblo era una realidad social paralela a los poderes oligárquicos constituidos (como la Corona, el Estado premoderno, mucho más pequeño y débil que el actual, que fue creciendo y haciéndose fuerte), que organizaba su vida en pequeños municipios en base al concejo abierto y el comunal (tierras y medios económicos de “propiedad” y uso colectivo), la autodependencia económica local y comarcal, las formas de ayuda mutua y trabajo comunitario, la cosmovisión de la igualdad humana y los valores de comunidad, el trabajo no asalariado y la buena convivencia…

Falsificaciones históricas como ésta son pilares fundamentales del sistema actual, que obtiene legitimidad a partir del mito de un pasado monstruoso y totalitario donde la gente era sumisa y mucho menos libre que ahora.

2) La derrota de los últimos siglos y la crisis actual

Con el triunfo de la modernidad las revoluciones liberales que permitieron el surgimiento de los Estados modernos y el ascenso del capitalismo, hace doscientos años, surgieron las ideas de emancipación del socialismo, en un contexto ideológico heredero de la Ilustración y un contexto social marcado por la revolución industrial, la migración de las personas del campo a las ciudades y el nacimiento y desarrollo del proletariado.

Se formularon, pues, los planteamientos ideológicos del marxismo y el anarquismo, fundadores de la Primera Internacional, que entendían que era necesario un proceso revolucionario que cambiara las bases de aquella sociedad y ponían las esperanzas en el desarrollo de un movimiento obrero que lo llevara a cabo. Este proceso tenía que conducir la humanidad a una sociedad comunista sin clases (sin diferencias entre propietarios y desposeídos, entre gobernantes y gobernados). Había la creencia –sobretodo por parte del marxismo, que lo planteaba como “verdad científica”– de que este devenir histórico era inevitable.

Esta aspiración tuvo su auge y declive durante el siglo pasado. En la península ibérica, el Estado –con el levantamiento del ejército que originó la Guerra Civil y, ganada ésta, con la instauración del franquismo– aplastó todo lo que había de movimiento y tejido popular de potencial revolucionario. Éste se había ido gestando desde finales de siglo XIX con publicaciones, ateneos, escuelas libres, tejido asociacionista y cooperativista, sindicalismo combativo –centenares de miles de afiliados a la CNT–, prácticas de solidaridad y desobediencia, de tradición fuertemente libertaria en el Estado español. Con la persecución y represión franquista y la posterior instauración de la sociedad de consumo, se masacró al pueblo y se destruyeron sus aspiraciones.

Por otro lado, el proyecto socialista estatista, que plantea cambiar las cosas desde el poder del Estado, ha fracasado por sí mismo. El final de la URSS marcó hace dos décadas un punto de inflexión, y se ha visto y se ve que todos los demás intentos no llevan por ningún camino bueno.

Con la derrota de la aspiración de una transformación cualitativa del status quo, el abandono del anhelo de un nuevo mundo y una nueva humanidad, el Estado y el Capitalismo han ido afianzando progresivamente su fuerza y estabilidad.

Este sistema genera una sociedad de la decadencia, con unas dinámicas que destruyen, envilecen y deshumanizan las personas, llevan a una crisis en todos los ámbitos de la vida y ponen en peligro la misma existencia humana en el planeta.

No se ha llegado, pues, a un momento de estabilidad y a “el fin de la historia”, como se decía hace poco, antes de 2008. Esta idea es una quimera que contribuye al no-pensamiento y al conformismo generalizado.

La mediática crisis económica en Occidente ha reventado esta burbuja a nuevos sectores de la sociedad, a pesar de que los problemas más graves presentes y esperables son mucho más profundos y de diferente naturaleza de los económicos en boca de todos.

3) La necesidad de la revolución

Las raíces de la crisis y los grandes problemas e injusticias de nuestro tiempo son profundas y sistémicas. Es decir, se encuentran en la esencia y las dinámicas de los pilares del sistema actual, no en el “mal funcionamiento” coyuntural de éste, como dicen todos los partidarios de los discursos reformistas que atribuyen la culpa a la maldad de los banqueros, la corrupción o la incompetencia de los políticos profesionales… El sistema funciona muy bien, el problema es que funciona bien contra los intereses de la humanidad, la vida, la libertad y la justicia.

Es necesario, pues, recuperar la idea y el objetivo de la revolución, como gran proyecto de transformación profunda y necesaria, en positivo, de la sociedad actual, como sustitución del actual sistema oligárquico y dictatorial por formas de organización social democráticas horizontales, basadas en la cooperación y el compartir.

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4) La revolución integral

Con la idea de poner sobre la mesa el proyecto revolucionario, actualizándolo y ampliándolo, en base a la reflexión sobre las lecciones del pasado y la comprensión del momento actual, surge la noción de revolución integral.

La idea de revolución integral es por ahora una noción de un concepto que, ampliando y mejorando la idea de revolución social, sacando conclusiones reflexivamente de las experiencias del pasado, intente estar a la altura de las circunstancias actuales, promueva una renovación del ideario revolucionario, manteniendo los componentes positivos de éste en el pasado pero dejando atrás los negativos, erróneos y obsoletos. La revolución social consistía en la transformación social radical desde abajo, realizada por las clases populares, que aboliera el Estado y el Capitalismo en pro de nuevas instituciones horizontales y comunitarias: las asambleas soberanas y la propiedad colectiva del bienes fundamentales.

4.1. El sujeto y los valores

Las teorías emancipadoras de antaño, por la influencia de estar fundamentadas en la Teoría del Progreso y en una visión profética y mecanicista de “las Fuerzas de la Historia”, en el economicismo… no dieron la importancia debida al individuo, a la autoconstrucción de éste como sujeto de calidad y sujeto revolucionario.

Las revoluciones no las hacen “las masas oprimidas” como tales. Éstas pueden hacer revueltas pero no revoluciones. Las revoluciones las anhelan, planean y llevan a cabo las personas revolucionarias. Las personas son la clave.

Así pues, la principal aportación, respecto a la noción de revolución social, es la consideración adecuada de la importancia del individuo y las cualidades de éste, del sistema de valores revolucionario.

Para llevar a cabo la revolución integral hay que llevar a cabo la autoconstrucción de los individuos en base a ideas e ideales que nos den suficiente fuerza, sentido y grandeza para afrontar la complicada, difícil y, al final, heroica tarea de la revolución.

Sobre la actual decadencia de los valores e ideales, la cultura, la ética, la filosofía, la convivencia… tenemos que construir una nueva cultura subversiva y fraternal que nos haga fuertes, basada en el esfuerzo y el dar de nosotros mismos.

Esto implica trabajo personal de reflexión profunda y existencial, de lidiar con nuestras capacidades y carencias, de tomar las riendas de nosotros mismos, como personas ante la vida, finita.

Éste es el reto de la transformación de los valores y las personas dentro de la revolución integral. La actual fuerza fundamental del sistema estatal-capitalista se basa en la degradación, docilidad y construcción de las personas desde el poder.

4.2. Revisando y recuperando la historia

Siguiendo la Teoría del Progreso, desde la Modernidad se ha menospreciado toda la historia premoderna, las aportaciones filosóficas, culturales, experienciales… de distintos pueblos, civilizaciones y comunidades humanas. La narración “esclavismofeudalismocapitalismosocialismo” se basa en el desconocimiento –por ocultación y falsificación– de la Edad Media, que sobretodo en su período inicial se caracterizó por la realidad dual y diferenciada entre el pueblo y los Estados premodernos , donde fuera de las ciudades estatales el pueblo se organizaba en muchas regiones horizontal y fraternalmente en base al concejo abierto (asamblea de vecinos y vecinas de un pueblo), el comunal (propiedad colectiva de la tierra, los bosques y otros muchos bienes económicos). Éstas instituciones son protagonistas de la historia del mundo rural popular en la península. Recuperar esta historia, sin mitificarla pero valorándola adecuadamente, nos servirá para reconocernos como personas y humanidad y para golpear el paradigma y discursos del sistema actual.

También existe, por ejemplo, en la cultura clásica, la tradición filosófica de afrontar la vida dándole importancia al sujeto, a la reflexión sobre la construcción y desarrollo vital de eśte en base a la idea de virtud. Recuperando aportaciones de ésta también puede nos puede servir a la hora de plantear la revolución integral.

4.3. Transformación en todos los ámbitos de la vida

La revolución integral tiene que afrontar la totalidad holística y compleja de cuestiones importantes de las personas y la sociedad, no puede especializarse en ninguna ni olvidarse de alguna otra. No sólo con el cambio de valores y la revolución personal, no sólo con la revolución social, política y económica: con todo a la vez haremos la revolución integral.

5) Orígenes del concepto

El término revolución integral ya fue usado en el pasado por algunos anarquistas. En lo que se llama “España” lo utilizó a principios de este siglo el escritor libertario Félix García Moriyón. Después ha sido el historiador y pensador soriano Félix Rodrigo Mora quien hace poco empezó a apostar fuertemente por esta noción. En su obra escrita y oral se encuentran muchas aportaciones a la cuestión “revolucionaria integral”, y una aportación sintética al respecto son sus “25 puntos del sistema convicciones para una revolución integral”.

Mucha gente valora el potencial de ésta noción para englobar distintos colectivos y personas en una visión y líneas estratégicas generales revolucionarias, es decir, comprometidas con el objetivo de la libertad –así pues, contra el Estado y las otras formas de dominación–, viendo lo fundamental de abordar la integridad de las cuestiones humanas a trabajar para el proyecto emancipador.

La publicación masiva “¡Rebelaos!” adoptó el término hablando de germinar la semilla de la revolución integral. Meses después, activistas de Cataluña procedentes de distintos colectivos se encontraron para promover un llamado para la futura constitución de un “Bloque internacional para la revolución integral”. También la Cooperativa Integral Catalana ha organizado jornadas de reflexión sobre este término y un colectivo que hace tiempo que trabaja en esta misma orientación ideológica general, el Grup de Reflexió per a l’Autonomia, también lo adopta cada vez más explícitamente. Diversos autores de blogs y/o activistas como Antón Dké, Prado Esteban, Enric Duran o Blai Dalmau han hecho igualmente aportaciones a la cuestión.

La idea no es una cuestión cerrada, sino abierta: hay que llenarla de aportaciones, contenidos, reflexión y debate. El rumbo de esta noción dependerá de esta labor y de la aceptación que tenga entre esas personas que apuesten realmente por un cambio y una perspectiva revolucionaria hoy en día. Para que tenga potencia habrá que evitar usarla banalmente o a la ligera, o convertirla en una etiqueta sin contenido profundo.

6) El llamado “Integra Revolucio”

La idea de éste es promover la reflexión sobre la necesidad de una revolución integral y promover la reflexión profunda sobre esta cuestión para poder crear un marco de confluencia a nivel mundial para juntarnos, conocernos, compartir reflexiones y promover sinergias entre personas, colectivos y organizaciones que apostamos por una transformación revolucionaria de la sociedad que ponga fin al capitalismo y el Estado construyendo una nueva sociedad y un nuevo ser humano. Se ha planteado una propuesta de bases comunes para la convocatoria para formar este posible espacio.

1Del griego hetero (otros) y nomos (normas). Heteronomía significa que no son las propias personas de una sociedad, pueblo o colectivo las que participan, en igualdad de condiciones, en la deliberación y determinación de las normas y decisiones a establecer y tomar, sino que éstas vienen impuestas por unos “otros”, unas élites minoritarias.

2Del griego auto (uno mismo) y nomos (normas). Autonomía significa que son las propias personas, en igualdad de condiciones, las que participan en la deliberación y determinación de las normas y decisiones y, de esta manera, se autogobiernan, se autodeterminan, se autogestionan

Procés Constituent o Revolució Integral?

fuente

En castellano aqui.

INTRODUCCIÓ:
ELS REPTES DEL 15M DOS ANYS DESPRÉS

El 15 de maig del 2011, com si es tractés d’un ruixat de primavera, centenars de milers de persones ens vam precipitar als carrers i vam inundar les places d’arreu de l’Estat espanyol. El descrèdit d’allò que es fa passar per “política”, el rebuig a la depauperació econòmica i la indignació envers la injustícia social van esclatar clamorosament mentre la genuïna activitat política reconqueria espais públics habitualment consagrats a la circulació de mercaderies. Salvant les distàncies, per primer cop d’ençà del maig del 68, una protesta massiva desbordà espontàniament els confins de la reivindicació i esdevingué un procés de reflexió col·lectiva, una trobada popular repleta de vívida comunicació, un assaig d’autoorganització democràtica massiva. Enguany es compleixen dos anys d’aquella memorable primavera. Remembrant l’efemèride, s’escau preguntar-nos: què n’hem après d’aquella experiència?; quins reptes va plantejar i com els estem encarant?; quins progressos i regressions s’han desenvolupat des d’aleshores?

Un dels aspectes més transcendents del 15M és que, implícitament, va posar de relleu alguns reptes històrics de cardinal importància i de candent urgència. Així, si el 15M va ser una temptativa precària, momentània i improvisada per recuperar la política (en el sentit genuí del terme, a saber, la deliberació i decisió de la ciutadania sobre els assumptes de l’esfera pública), el repte que tenim per davant consisteix en assolir una recuperació plena, permanent i institucionalitzada de la mateixa; si el 15M va ser una celebració efímera de l’esperit de comunitat, el repte del segle XXI consisteix en convertir la societat en una extensa comunitat de comunitats; si el 15M va girar entorn a les assemblees populars, el repte fonamental no és altre que aconseguir que aquestes siguin sobiranes. Aquella multitudinària mobilització va esclatar perquè estem patint intensivament i extensiva les conseqüències d’una profunda crisi multidimensional (econòmica, ecològica, social, ideològica i política) originada per les dinàmiques de concentració de poder i de creixement econòmic continuat inherents a les principals institucions del sistema actual: l’economia de mercat capitalista i l’Estat “democràtic representatiu; el gran repte consisteix, així doncs, en eradicar aquestes dinàmiques i substituir tals institucions, endegant un moviment alliberador massiu que doni llum a un nou sistema d’organització social basat en l’autonomia, la comunitat i la reintegració amb la natura (1).

Si bé l’efervescència multitudinària d’aquella primavera s’ha dissipat, moltes iniciatives de transformació social positiva han nascut o han agafat embranzida des d’aleshores i, d’aquesta manera, podem constatar i celebrar que en els darrers dos anys s’han dut a terme certs progressos qualitatius en el sentit d’assolir els reptes històrics abans esmentats. Entre aquests progressos hi podem comptar el desenvolupament de diversos projectes relacionats de forma implícita o explícita amb el concepte de “Revolució Integral, sobre el qual tindrem ocasió de reflexionar en la segona part d’aquest article. Tanmateix, malauradament, també s’estan desenvolupant algunes iniciatives que podem considerar regressives ja que no han encaixat les aportacions més innovadores i positives que va brindar el 15M. Així, per exemple, malgrat que aquella mobilització va posar de relleu que la “política” parlamentària suscita una àmplia desafecció i una justificada aversió, malgrat que milers de persones vam proclamar als quatre vents que “Ningú no ens representa”, recentment ha aparegut a Catalunya una proposta encaminada a canalitzar els anhels de canvi social cap a la fressada senda de la “democràcia representativa”. Ens estem referint, naturalment, al “Procés Constituent”.
PRIMERA PART:
PROCÉS CONSTITUENT

El Procés Constituent ha estat presentat per Arcadi Oliveres i Teresa Forcades com una proposta per “articular una candidatura al més àmplia possible per a les properes eleccions al Parlament de Catalunya amb l’objectiu de defensar la convocatòria d’una Assemblea Constituent per definir quin nou model d’estat i d’ordenació sòcioeconòmica volem”. Queda clar, per tant, que els seus promotors pretenen focalitzar l’atenció de la ciutadania envers els mecanismes i els agents de la “política” parlamentària amb l’objectiu últim de constituir un Estat català d’esquerres. El manifest inicial glossa deu reformes que pretesament es duran a terme gràcies a la conquesta electoral dels poders de la Generalitat de Catalunya i, més endavant, gràcies a la constitució del nou Estat Català.


Reflotar la socialdemocràcia?
La principal creença implícita en la iniciativa del Procés Constituent és que els mecanismes de lademocràcia representativasón un mitjà plausible per efectuar canvis socials positius i que senzillament aquells mecanismes s’han de complementar amb la mobilització i l’autoorganització de la ciutadania. Així doncs, malgrat la gran quantitat de falses promeses i de papers mullats que l’estratègia socialdemòcrata arrossega a les seves esquenes, els promotors del Procés Constituent intenten reflotar-la suggerint que aquest cop sí, que aquests partits sí que aplicaran les reformes que preconitzen.
Definim la socialdemocràcia com aquella tendència política que advoca per conquerir electoralment les institucions de l’Estat i des d’allà propulsar una sèrie de reformes que ens conduirien cap a una societat més lliure, justa i igualitària. Aquesta estratègia va fracassar al llarg de la passada centúria: si primer els partits socialdemòcrates perseguien reformes parcials del sistema com a passos graduals cap al socialisme, es van conformar després amb promoure el “benestar” i la plena ocupació dins del capitalisme i finalment, en les darreres dècades del segle XX, van acceptar la reducció gradual del primer i el fracàs total de la segona, convertint-se en part constitutiva de l’anomenat “consens neoliberal”. Però, què va provocar aquesta degradació històrica de la socialdemocràcia?
Aquells que, en la línia del Procés Constituent, pretenen reflotar la socialdemocràcia, de forma implícita o explícita consideren que la degradació històrica d’aquesta tendència es deu exclusivament al fet que les persones que representaven posicions d’esquerres en els òrgans de govern van abdicar els seus principis i van claudicar davant dels interessos i pressions de les elits dominants. Tanmateix, una anàlisi més profunda i global posa de manifest que aquesta claudicació va ser una conseqüència i no una causa de la degradació de la socialdemocràcia. La veritable causa rau en la pròpia idiosincràsia de l’estratègia socialdemòcrata, concretament en la seva connivència amb les estructures estatals i mercantils, les quals, implacablement, compel·leixen als professionals de la “política” per a que s’emmotllin a les dinàmiques oligàrquiques i als imperatius estructurals del sistema. Vegem-ho en més detall.
Per bé que la socialdemocràcia va aconseguir implementar la seva agenda en molts països durant l’“època daurada” del capitalisme (1945-1973), tals programes han esdevingut disfuncionals a mesura que ens hem endinsat en allò que podem anomenar l’“època crepuscular” de l’esmentat sistema (1973-2008). En aquest període, la internacionalització de l’economia s’ha multiplicat veloçment i el creixement econòmic s’ha convertit en una fita cada cop més difícil d’assolir a través de l’economia productiva, motiu pel qual grans sumes de capital s’han transvasat cap a l’economia financera i especulativa. Dit d’altra manera, els imperatius estructurals de l’economia de mercat capitalista (creixement, internacionalització, mercantilització i acumulació) han redoblat la seva pressió sobre el conjunt de la societat en les darreres dècades. És per això que les mesures socialdemòcrates han esdevingut cada cop més utòpiques en el sentit negatiu de la paraula: s’han convertit en incompatibles amb les necessitats del sistema que pretenen corregir i arreglar un sistema que es troba constret per creixents dificultats i esperonat per una desapiadada competència internacional. En aquest escenari, els professionals de la “política” de signe socialdemòcrata, en la mesura que han volgut mantenir la seva feina dins el partit i/o dins l’aparell estatal, han anat abandonant progressivament les idees socialdemòcrates per adaptar el seu programa polític a les exigències del sistema en el qual havien decidit participar (2).
La crisi sistèmica del darrer lustre, lluny de modificar aquesta situació, l’està refermant. Des del 2008 el capitalisme global ha entrat en el que podem anomenar la seva “època terminal”, un període històric marcat pel declivi econòmic provocat per l’esgotament dels recursos naturals. Per primer cop a la història la realitat ha corroborat allò que moltes persones havien pronosticat i advertit des de fa algunes dècades: a saber, que el creixement econòmic continuat a nivell global és impossible en un planeta amb recursos finits (3). S’han assolit definitivament els límits del creixement econòmic i això està provocant l’agonia del capitalisme ja que aquest és un sistema econòmic addicte al creixement. Aquesta agonia perdurarà almenys durant tot el segle XXI i farà que les mesures socialdemòcrates siguin, si això és possible, encara més utòpiques que en les dècades precedents.
L’Estat és part del problema, no de la solució
Les mesures que preconitza el Procés Constituent no només són un brindis al sol com hem vist en l’apartat anterior, sinó que, com argumentarem en aquest apartat, també resulten engalipadores ja que velen les veritables causes dels grans problemes contemporanis i fomenten la confusió sobre les seves potencials solucions. Resulta rellevant, en aquest sentit, el fet que es propugni la creació d’un nou Estat, donant a entendre que aquesta és una institució neutral que pot ser dissenyada, gestionada i dirigida per forces polítiques bones o dolentes i que, per tant, resulta desitjable esmerçar-se en instaurar un bon model d’Estat que sigui menat per persones honestes i responsables. En aquest context, pot resultar fructuós posar en clar la idiosincràsia de l’ens estatal i la seva història.
Com és sabut, l’Estat modern es va gestar durant el segles XV-XVII i es va imposar com a institució política fonamental arreu del món en les revolucions liberals dels segles XVIII i XIX. Des d’aleshores ha adoptat, segons les circumstàncies, formes parlamentàries o dictatorials, governs d’esquerres o de dretes, però la seva essència ha estat sempre la mateixa: una estructura marcadament jeràrquica i burocràtica, separada de la ciutadania i per damunt d’aquesta; un aparell de dominació i de coerció professional que es va instaurar soscavant i desmantellant les institucions realment democràtiques de la societat popular tradicional, com ara el Consell Obert i el Comunal a la Península Ibèrica (4).
L’Estat és un agent causal de primera importància en la crisi generalitzada d’avui en dia; la seva essència és destructiva, violenta i capciosa, tal com va posar de manifest el mateix Maquiavel. No hi ha un sol Estat al món que no estigui tacat de sang, farcit d’injustícia, erigit en base a l’engany i a l’explotació dels éssers humans i de la natura (5). Tanmateix, bona part dels defensors de l’Estat modern es dediquen a emmascarar i encobrir la seva perversa naturalesa; quantioses partides dels “fons públics” són atorgades a iniciatives “positives” que operen en explícita connivència amb l’Estat o que directament l’enalteixen com a possible solució dels problemes que ha contribuït a generar. Aquest és el cas de moltes ONGs així com d’entitats ecologistes i feministes que en les seves reivindicacions apel·len a la intervenció “protectora i benefactora” de l’Estat, sense tenir en compte que l’apel·lació al poder de l’Estat invariablement legitima i enforteix a l’Estat, amb el resultat que, en efecte, disminueix el poder del poble. El poder no permet cap buit en la vida pública. Tot el poder que l’Estat guanya sempre ho fa a expenses del poder popular. Al seu torn, tot el poder que el poble adquireix, sempre ho fa a expenses de l’Estat. Legitimar el poder de l’Estat és, per tant, deslegitimar el poder popular (6).
El Procés Constituent també contribueix a legitimar el poder de l’Estat ja que advoca inequívocament per a la creació d’un nou ens estatal. Es pretén que el poble de Catalunya, que compta amb una rellevant i encomiable tradició antiestatista, se senti partícip del procés de constitució d’un nou Estat i, d’aquesta maneta, se senti psicològicament més proper a aquesta nefasta institució, disminuint així la seva proclivitat a impugnar-la. Les “assemblees” que es pretenen realitzar per “definir la nova constitucióserveixen objectivament per imbuir la mentalitat estatista i reformista a la ciutadania de Catalunya. És per això que aquesta proposta i altres de similars reben el favor dels mitjans de difusió pro-sistèmics i el beneplàcit tàcit de les elits dominants: obnubilen la consciència de la ciutadania sobre les arrels estatals dels problemes socials fonamentals i canalitzen alguns dels anhels de canvi i algunes de les energies de lluita cap a uns plantejaments simplistes, superficials i fàcilment manipulables des de la cúspide de la piràmide social.
La “República catalana” propugnada pel Procés Constituent, en essència, seria només una nova expressió de la mateixa font de problemes: la dominació política en forma d’Estat “democràtic representatiu”. Si volem sortir realment de l’espiral de misèria en què es troba el món contemporani és menester que comencem a impugnar efectivament aquella dominació a través d’una política realment democràtica realitzada en el marc d’Assemblees Populars, en franca oposició a l’espectacle oligàrquic del Parlament, i sense pretendre participar en les seves estructures. Com veurem a continuació, sortosament, avui en dia comptem amb algunes propostes generals i algunes iniciatives concretes que apunten en aquest sentit.
SEGONA PART:
REVOLUCIÓ INTEGRAL
La “revolució” s’està posant de moda avui en dia de forma paral·lela a l’auge de la “crisi”: cada cop més persones pensen o intueixen que la primera és la única solució plausible de la segona. Ja en algunes manifestacions del 15M es va corejar una consigna plena de sentit: el problema és el sistema, la solució és la revolució. Tanmateix, algunes tendències polítiques i marques comercials estan emprant la noció i el vocable “revolució” d’una forma tergiversada, trivial i abusiva (7). Es fa necessari, per tant, aclarir en primer lloc el significat que li conferim a aquest terme.
En rigor, una revolució és una transformació profunda i generalitzada de la forma de vida, un canvi qualitatiu, substantiu i de gran abast en les estructures i valors que defineixen una societat. Així, si la matriu dels múltiples problemes del nostre temps és un sistema d’organització social oligàrquic, capciós, perniciós i malaltís, la revolució positiva que necessitem consisteix a eradicar els fonaments estatals i mercantils d’aquest sistema i reemplaçar-lo per noves estructures d’organització social. En altres paraules, si l’heteronomia, la separació, la competència, l’odi, la falsedat, el vici, la malaltia i la violència són inherents a les institucions i els valors que regeixen les societats contemporànies, la revolució consisteix en donar llum a una nova civilització en la qual l’autonomia, la comunió, la cooperació, l’amor, la veritat, la virtut, la salut i la pau siguin els eixos que vertebrin les societats i personalitats.
Per tal que aquesta Revolució tingui perspectives d’èxit, és menester que la majoria de la població esdevingui revolucionària, que posseeixi amplitud de mires i profunditat reflexiva, que prengui en consideració totes les grans qüestions del nostre temps, que aprofiti les lliçons que ens proporciona l’experiència, que desenvolupi la creativitat política i la vivesa intel·lectual. La gran transformació revolucionària que reclama el segle XXI passa per una síntesi i una superació de mètodes, perspectives i estratègies que hem esbossat i practicat en els darrers segles per tal d’escometre aquesta mutació societària i vital.
En aquest sentit, en els darrers anys s’han fet alguns avenços significatius en la promoció d’una nova consciència revolucionària potencialment capaç d’aplegar diversos sectors socials, projectes alternatius i lluites emancipadores sota un denominador comú: la Revolució Integral. Aquest concepte, encunyat pel pensador i historiador Félix Rodrigo Mora i utilitzat per projectes com ara la publicació Rebel·leu-vos o el centre Àurea Social, ha estat promogut recentment a través de “Integra Revolucio”, una crida encaminada a la constitució d’un Bloc Internacional per a la Revolució Integral, un espai polític i ideològic de confluència a partir d’unes bases comunes (8). A continuació reflexionarem sobre els tres trets cardinals que, al nostre entendre i atenent a l’esmentada Crida, podem atribuir al concepte de Revolució Integral.
Revolució virtuosa
La Revolució Integral ha estat definida com una “transformació radical de les estructures i dels valors que fonamenten una societat, una transformació que comprèn tots els elements que pot tenir per ser completa” (Integra Revolucio). No estem parlant, així doncs, d’una mutació merament política, ni tan sols en el sentit més profund i ampli del terme, sinó d’una transformació també psíquica i espiritual. En aquest sentit, la proposta de Revolució Integral suggereix una superació del fals dilema entre canvi social o canvi personal, ja que “la revolució interior, personal, ha d’avançar en paral·lel i al mateix ritme que la revolució exterior, social. La suma d’una i l’altra donen la Revolució Integral” (Félix Rodrigo Mora). Canviar-nos positivament a nosaltres mateixos ens condueix a voler canviar positivament la societat i, viceversa, la lluita per canviar radicalment la societat ens condueix a la ineludible necessitat i a l’ardent desig de transformar-nos a nosaltres mateixos, ja que aquella ha imprès en la nostra personalitat les seves indesitjables senyes.
La principal força motriu de la Revolució Integral no seran els interessos particulars, immediats i materials de les persones, sinó més aviat la qualitat moral i la riquesa interior d’aquestes. Tal revolució no serà fruit de les “lleis de la història” ni dels “interessos del proletariat”: si bé les circumstàncies històriques objectives poden condicionar el procés revolucionari, si bé els interessos de les classes oprimides naturalment poden estimular-lo, la força motriu i el factor decisiu serà la virtut de les persones, ja que, en definitiva només de la vivesa intel·lectual, de la valentia, de la fortalesa, de l’entrega desinteressada, de la capacitat per conviure, de la modèstia, de la frugalitat, de la solidesa de la voluntat, de la generositat, de la cortesia i de moltes altres virtuts, emergeix, al mateix temps, la comprensió profunda i àmplia de la realitat i la capacitat per dur a terme la seva transformació revolucionària. En aquest sentit, algunes persones estem començant a recuperar i reutilitzar un terme ètic de cardinal importància: la virtut, és a dir, la qualitat moral dels subjectes o, en altres paraules, la capacitat de ser feliços obrant degudament. Podem dir, així doncs, que la Revolució Integral que concebem és una revolució virtuosa.
Revolució democràtica
L’anàlisi radical de les crisis econòmica, política, social, cultural i ecològica revela que totes elles comparteixen una mateixa matriu, un rerefons comú: la concentració de poder que es reprodueix i s’acreix a través de les dinàmiques motrius del sistema estatal-mercantil i dels seus valors corresponents. Així, el fet que les crisis d’avui en dia, en conjunt, revesteixin una magnitud i una profunditat sense precedents s’explica lògicament pel fet que estem regits pel sistema oligàrquic més colossal, sofisticat i complex de la història.
Però si la concentració de poder (oligarquia) és la base del problema, naturalment, la redistribució equitativa del poder (democràcia) és la base de la solució; si el binomi dominació-subjugació ens imbueix la insània, el binomi alliberament-solidaritat és la fórmula de la guarició. L’única superació plausible dels grans problemes del nostre temps involucra un procés d’alliberament simultani de tots els àmbits de la societat (econòmic, polític, social, cultural i ecològic) a través de la construcció de noves estructures democràtiques i de la creació paral·lela d’una nova cultura basada en els principis de comunitat, autonomia i reintegració amb la natura.
Naturalment, en parlar de democràcia ens referim a un règim antitètic a l’Estat i al capitalisme, els quals, per molt que es disfressin de “democràtics”, constitueixen formes d’oligarquia política i econòmica respectivament. Recuperant el significat original del terme, concebem la democràcia com l’exercici directe de la sobirania per part del poble, a través d’Assemblees, les institucions fonamentals basades en la llibertat d’expressió, la fraternitat convivencial i la igualtat de poder. L’assemblea, com a forma de prendre decisions amb igualtat de veu i de vot, és la forma legítima d’organització de qualsevol comunitat, poble o col·lectiu, ja que és una condició necessària per a la llibertat (Integra Revolucio). Per això el nou sistema d’organització social que estem esbossant en fets i paraules pivota entorn d’una xarxa d’Assemblees i Confederacions d’Assemblees. Podem afirmar, així doncs, que la Revolució Integral apunta vers un sistema de Democràcia Integral o, el que és el mateix, un règim d’autogestió omnímode.
Un dels postulats d’aquest procés revolucionari és que “cal que els mitjans per realitzar aquesta transformació estiguin en concordança amb els fins que anhelem.” (Crida Integra Revolució). Es tracta, així doncs, d’impugnar les estructures del sistema de dominació establert (diners oficials, empreses capitalistes, administració estatal, etc.) i utilitzar-les només en la mesura que sigui necessari per tal de substituir-les per noves estructures autònomes, comunitàries i ecològiques. Particularment, cal tenir present que la Revolució Integral no es pot fer en connivència amb l’Estat, sinó només en contra del mateix, cosa que diferencia els plantejaments revolucionaris integrals dels “Processos Constituents” i dels partits d’esquerres que s’autoproclamen anticapitalistes però no impugnen la idiosincràsia oligàrquica del complement funcional del capitalisme, és a dir, l’Estat modern.
Revolució progressiva
Les principals corrents revolucionàries dels darrers segles (llibertaris, marxistes, situacionistes, etc.) han considerat que el canvi sistèmic desitjat passava necessàriament per un abrupte aixecament popular. Així, la noció de revolució social ha estat en general fortament connectada amb una estratègia eminentment insurreccional. Aquesta associació ha sigut una de les múltiples concauses que han portat al fracàs de les temptatives revolucionàries d’antany: no és realista pretendre canviar radicalment l’estructura i els valors de la societat a través d’un fulminant combat directe contra el sistema establert. Un canvi tan transcendent i profund requereix d’un enorme esforç col·lectiu que només pot florir a través d’un moviment de la població del món que vagi creixent progressivament durant tot un període històric. Per tant, per molt que anhelem vivament i que necessitem urgentment un canvi sistèmic complet, no seria convenient pretendre córrer més del compte i afanyar-nos a realitzar-lo immediatament, abruptament, impulsivament, ja que això podria resultar no només infructuós sinó fins i tot contraproduent.
La impugnació de l’antic sistema i la construcció del nou han de desplegar-se de forma gradual per transformar fermament les condicions institucionals i de consciència. Però el fet que concebem una revolució progressiva no significa que caiguem en el reformisme: les nostres lluites no impugnen el “mal funcionament” del sistema establert sinó la seva pròpia essència i les nostres pràctiques constructives no pretenen complementar-lo sinó substituir-lo. Per descomptat, el caràcter progressiu de la Revolució Integral tampoc ens ha de portar a encantar-nos: la quantitat de feina que tenim per davant és ingent i els temps que corren són crucials, de manera que hem d’aprofitar al màxim les nostres energies tot optimitzant les nostres estratègies. Finalment, cal tenir present que no seria bo excloure l’ímpetu insurreccional de la nostra estratègia: es tracta d’incorporar les accions insurreccionals d’una forma progressiva i assenyada, no abrupta i compulsiva.
Considerant que el procés de Revolució Integral durarà indubtablement més d’un segle, sembla apropiat dissenyar una estratègia general temporitzada en termes de dècades. Cada dècada hauria de tenir uns objectius clars i precisos. D’aquesta manera podríem visualitzar, en termes generals i sense excloure la improvisació, una concatenació de passos compassats i articulats arreu del món per tal que la nostra revolució sigui realment sòlida, consistent, assenyada, coherent i positiva. Però, quins poden ser els primers passos d’aquest procés?
Consciència, organització i acció
Moltes persones que participem en projectes de transformació social positiva ens estem adonant que el temps de la dissociació ha quedat enrere. Si durant anys ens hem focalitzat en preparar els diferents aspectes d’una gran tasca històrica, ara ha arribat el moment de complementar-nos mútuament per escometre-la conjuntament. El concepte de Revolució Integral pot esdevenir el nostre gresol, és a dir, el marc comú on confluïm, ens fusionem, ens aglutinem i renaixem. Però, com podem forjar aquest gresol? Com aconseguir que la Revolució Integral passi de l’actual estadi latent a un estadi incipient?
Probablement, la fita més important de l’hora present consisteix a dotar-nos de la solidesa ideològica i de la coherència estratègica necessàries per canviar el món de base. Hem d’escometre una gegantina labor d’innovació en el terreny de les idees i un incessant treball de desenvolupament moral i espiritual. Pensar, aprendre, dialogar i millorar són, així doncs, vectors imprescindibles per cultivar la Revolució Integral avui en dia. Formular i compartir una nova cosmovisió en sintonia amb els postulats de la Revolució Integral i un programa concret d’actuació per a les pròximes dècades, són tasques crucials del moment. Per fer-ho, necessitem organitzar-nos en una xarxa de Grups de Reflexió i Grups d’Acció arreu del territori.
Si diem que el procés de Revolució Integral es troba en un estadi latent és perquè encara no ha emergit un moviment pròpiament dit, però sí que existeixen molts substrats i diversos rudiments que apunten en aquest sentit. A les nostres terres comptem, per exemple, amb les contribucions de Félix Rodrigo Mora com a inspiració intel·lectual, amb les estructures de les Cooperatives Integrals com a base socioeconòmica i amb l’experiència del Grup d’Acció de Democràcia Inclusiva de Catalunya com a intervenció política. Aquests tres exemples conflueixen inequívocament en la línia de la Revolució Integral, un procés de transformació social mundial i històrica que, tanmateix, s’ha de nodrir de moltes altres aportacions (9).
CONCLUSIÓ:
En aquest article hem presentat, analitzat i sospesat dues propostes de transformació social que estan agafant forma avui en dia, dos anys després del 15M: la Revolució Integral i el Procés Constituent. Hem considerat que la primera representa un progrés respecte d’aquella mobilització, ja que proporciona una forma de confluència, d’expressió i de desenvolupament a les tendències més lúcides i innovadores de la mateixa. Considerem que la segona, en canvi, suposa una regressió, ja que constitueix una reiteració i amplificació de concepcions polítiques caduques i equivocades; concepcions que en el 15M, en bona mesura, van ser ignorades o, fins i tot, impugnades.
Ambdues propostes apunten a aplegar amplis sectors de la ciutadania políticament activa sota un estendard comú i uns objectius compartits. El Procés Constituent està avançant molt ràpid quantitativament, però com hem vist, compta amb uns postulats qualitativament deficients, mentre que la Revolució Integral està avançant lentament en termes quantitatius, però qualitativament se situa molt per davant del Procés Constituent. El Procés Constituent promet un seguit de solucions simples, fàcils i còmodes que són susceptibles de ser ràpidament recolzades per moltes persones, però no per això deixen de ser falses solucions. La proposta de Revolució Integral no enganya a ningú i afirma que els canvis realment valuosos, els canvis que estan a l’alçada de les circumstàncies, no provindran de cap Parlament, sinó només de l’esforç, la lucidesa, el valor i la tenacitat de cada un de nosaltres.
Blai Dalmau Solé
Membre del Grup de Reflexió per a l’Autonomia
Juny de 2013

NOTES

1- Per a un anàlisi general de la mobilització del 15M i dels reptes històrics que aquella va plantejar implícitament, vegeu: “Balanç del 15M amb mires a l’emancipació” (Blai Dalmau Solé, 2011). Per a una anàlisi més detallada, vegeu: “Pensar el 15M” i “Pensando el 15M, un año después” (Félix Rodrigo Mora, 2011 i 2012 respectivament).
2- Un exemple recent i fulgurant de la degradació de la socialdemocràcia és el fiasco de l’anomenada “revolució islandesa”. Després de fer volar coloms sobre els processos polítics d’aquella illa, ara molts socialdemòcrates guarden silenci al respecte, però exepcionalment alguns han reconegut que, una vegada més, la socialdemocràcia en el parlament ha traït al poble: “El que va succeir va ser un indicador més del desfasament entre els moviments socials que van tenir un enorme impacte en allò ocorregut en el període 2008-2009 i els partits polítics amb representació parlamentaria, incloent els d’esquerra, que van intentar canalitzar tals moviments. Aquest desfasament i distància explica que, un cop escollits, els partits governants d’esquerra (el Partit Socialdemòcrata i el Partit Verd), encara que fossin sensibles a algunes de les demandes dels moviments socials i de l’enorme moviment popular, van seguir polítiques diferents, i fins i tot oposades, a les que aquestes mobilitzacions havien exigit,  i van crear una gran frustració i decepció […]”  (¿Què paso en Islàndia?; Vicens Navarro; 2013). Per a un anàlisi global i detallada de les causes de la degradació històrica de la socialdemocràcia, vegeu el capítol 6 de “Crisi Multidimensional i Democràcia Inclusiva” (Takis Fotopoulos, 2007).
3- Sobre la fi del creixement econòmic, les causes profundes de la crisi sistèmica iniciada l’any 2008 i el seu presumible agreujament durant el segle XXI, vegeu: “Comentaris sobre el declivi energètic mundial i el “període especial” cubà” (Blai Dalmau Solé, 2013) i “La quiebra del capitalismo global: 2000-2030” (Ramón Fernández Durán, 2010)
4- Sobre les costums fraternals, les institucions democràtiques i el teixit comunitari del món rural popular tradicional, vegeu els capítols 3, 6 i 7 de “Naturaleza, Ruralidad y Civilización” (Félix Rodrigo Mora, 2008). Sobre com la instauració de l’Estat modern a la Península Ibérica va imposar-se violentament a despit de la voluntat popular i en contra de les institucions del Consell Obert i el Comunal, vegeu el Capítol 1 de “La democràcia y el triunfo del Estado” (Félix Rodrigo Mora, 2010) així com l’article “Los inicios del vigente orden de dictadura política: La revolución liberal espanyola, 1812-1874” dins de “Seis Estudios” (Félix Rodrigo Mora; 2010) i també en format audio produit per l’Euip Mizar.
5- “Rehacer la Sociedad: senderos hacia un futuro verde” (Murray Bookchin; 1990)
6- Fins i tot quan els Estats adopten una fraseologia “revolucionària”, com és el cas de l’Estat veneçolà en els darrers anys, la seva complicitat amb les elits dominants transnacionals i la seva connivència amb la ideologia del creixement econòmic i de la dominació política resulten patents a les mirades atentes i posen de manifest quina és la seva veritable naturalesa. Tanmateix, segons sembla, la hipocresia i la impostura d’aquesta “revolució bolivariana” no impedeix a Teresa Forcades ressenyar l’Estat veneçolà com a un referent per a la seva imaginada República Catalana. Per indagar en els simulacres, les incongruències i les misèries que constitueixen  la major part del règim chavista, consulteu l’esclaridor llibre “Venezuela: la Revolución como espectáculo. Una crítica anarquista al gobierno bolivariano” (Rafael Uzcátegui, 2010).
7- Es poden trobar alguns exemples de la trivialització del vocable “Revolució” en mans de la publicitat en l’article “Revolución como objeto de consumo” (Antonio Caro, Diagonal 12/06/13). Teresa Forcades se suma al carro de la publicitat en abusar, banalitzar i tergiversar aquell vocable tot caracteritzant com a “revolució pacífica” la proposta reformista del Procés Constituent. Igualment, els grans mitjans de difusió van qualificar de “revolucions” les mobilitzacions del nord d’Àfrica durant el periode 2010-2013, les quals no van donar lloc a cap canvi social estructural. Aquests casos són il·lustratius de com els agents i les institucions del sistema estatal-capitalista juguen en el sentit de redefinir, tergiversar i banalitzar el significat d’aquells vocables que poden ser emprats en la seva contra.
8-Integra Revolució” és una crida a constituir una espai ideològic i polític comú a nivell internacional que va ser llançada al març del 2013 per un grup d’activistes de Catalunya. Actualment s’estan constituint diversos “nodes locals” arreu del món, particularment a la Península Ibèrica, i alguns col·lectius preexistents estan manifestant la seva afinitat amb aquesta crida.
9- Sobre l’estratègia general i les propostes concretes que poden conformar el procés de Revolució Integral, ens remetem als tres exemples mencionats: 1) Les Cooperatives Integrals com a forma de promoure la construcció i la interrelació de projectes autogestionaris i el floriment de formes de vida alternativa a l’hegemònica; 2) Les aportacions reflexives de Félix Rodrigo Mora com a renovació ideològica, com a anàlisi profund i global de la societat contemporània i com a revelació de la història comunal i autònoma dels pobles de la península ibèrica; 3) La Intervenció política del Grup d’Acció de Democràcia Inclusiva de Catalunya, realitzada a través de grups d’estudi i de reflexió, conferències, trobades, publicacions i comunicats, com a primers passos per promoure una consciència democràtica integral i radical i d’aquesta manera catalitzar un nou moviment alliberador.
Adreces cibernètiques inserides en les Notes:

Democràcia tutelada

FUENTE

La desmotivació política, l’allunyament dels ciutadans dels afers públics, i la baixa participació electoral, són fenòmens creixents que palesen el perill que a la nostra Nació amplis sectors socials quedin al marge de la democràcia representativa, justament quan més ha augmentat el nivell educatiu, econòmic, i d’integració social, quan més expressions d’opinió pròpia i debat floreixen en Internet, i quan més i més persones participen activament en qüestions d’interès general per via d’entitats cíviques, d’ONGs, plataformes i manifestacions. No és la participació ciutadana que està en crisi, sinó un sistema polític i electoral que no dóna cap altre paper al ciutadà que votar cada quatre anys una llista tancada decidida per la cúpula de cada partit, en grans circumscripcions que allunyen l’elector de l’elegit, i sense cap més eina de control i decisió ciutadana que el vot a una nova llista tancada i decidida per altri.

Els problemes de la democràcia es resolen amb més democràcia. Moltes mesures són necessàries per superar el creixent encarcarament de la democràcia representativa, i una d’elles és l’obligada per l’Estatut: les consultes populars (art.122) i el dret dels ciutadans a promoure-les (art. 29.6), que el Tribunal Constitucional espanyol no podrà grapejar perquè ni el PP ni el PSOE, via Defensor del Pueblo, els han recorregut. Per referèndum, que és una de les formes de consulta popular, els ciutadans decideixen directament sobre qüestions de transcendència pública. A diferència i com a complement de la democràcia representativa, sovint remota i basada en partits a cops confusament similars, en un referèndum la tria és clara, cada vot compta igual, i l’impacte del vot és tangible i immediat.

El projecte de Llei de Consultes Populars per via de Referèndum té el mèrit de deixar de bloquejar el dret dels catalans a votar en referèndum que fa prop de tres anys va establir l’Estatut, però el limita de tal manera que pot resultar inoperant. La gàbia de la Constitució espanyola (autorització de cada convocatòria per l’Estat) és, mentre hi siguem a dintre, insalvable, però això no justifica que el legislador català imposi altres gàbies:

Podeu llegir la resta del text en l’article original publicat al diari AVUI el 12 d’abril de 2009

DEMOCRACIA DIRECTA

Fuente.

trabajo para asignatura SOCIOLOGÍA GENERAL

1. ¿QUÉ ES LA DEMOCRACIA?

Democracia es el gobierno del pueblo.

Lo que entendemos hoy en día por Democracia, lo que vivimos y nos dan a conocer es en su conjunto y diversas variaciones, es Democracia Representativa. En democracia representativa, el pueblo delega su soberanía en representantes que ejercen su mandato en los Poderes del Estado, eligiéndolos mediante normas y procedimientos prefijados. Estas normas deben definir unos procedimientos democráticos de formación, funcionamiento y finalización de los mandatos de los representantes, es decir, con el mayor grado posible de participación y representatividad de la soberanía del pueblo en cada proceso. Más bien, diría yo, nosotros votamos para que alguien nos represente. Elegimos un representante que tome las decisiones por nosotros.

Cuando hablamos de Democracia Directa no es algo ni nuevo ni diferente. En democracia directa, el pueblo ejerce directamente y sin intermediarios su gobierno. Tanto la democracia directa como la representativa no resultan excluyentes, y si bien la democracia directa absoluta (que afecte a la totalidad del gobierno) puede resultar a día de hoy utópica, no es menos utópico considerar la democracia representativa absoluta como democrática. Como democracia directa caben entenderse todas las medidas individuales encaminadas a establecer puentes de control directo del pueblo con su gobierno, medidas que le permitan ejercer su soberanía directamente.

Podemos encontrar numerosas formas de entender la Democracia, y una de ellas es la Democracia directa. Pero la Democracia Directa no esta definida. Hay diversos países que la integrado a sus Democracias. El objetivo principal es integrar a pueblo en las decisiones que son adoptadas. Hacer que sea mas participe, ya que, es el mismo pueblo el que repercute las actuaciones de sus dirigentes. El control que tiene el pueblo una vez elegido sus representantes en una sociedad organizada a través de una Democracia Representativa es menor que a través de una adecuada implantación en la sociedad de una Democracia Directa. Hoy en día, hay recursos para poder implantarla. La democracia debe evolucionar a los tiempos que vive la sociedad.

1.b. Dos formas de participación popular: democracia directa y democracia representativa.

La larga evolución de las formas de participación política dio lugar a concepciones distintas de la ciudadanía y de las formas ideales de expresión de la soberanía popular. Ya entre los primeros teóricos modernos de la democracia se podía distinguir a los que abogaban en favor de la eliminación de estructuras de intermediación entre pueblo y responsables políticos, de los que defendían los méritos de la delegación de poder a las autoridades competentes. Si bien es cierto que en nuestros días las instituciones representativas dominan la vida política en las sociedades democráticas, todavía subsiste una división en la teoría política contemporánea donde, en un extremo, encontraríamos a los defensores de la democracia radical y, en el otro, a los abogados de la poliarquía. Vale la pena detenerse para examinar el contenido de ambas concepciones de la democracia, puesto que sus argumentos están en el trasfondo de las discusiones sobre la implantación de los mecanismos de la democracia directa.

Como bien lo indica Sartori, la definición etimológica de la democracia es “…el gobierno o el poder del pueblo”. Sin embargo, en términos concretos, la palabra “pueblo” expresa realidades muy diversas. Sartori identifica seis referentes distintos de la palabra en el lenguaje político: todo el mundo; gran número de individuos; clase baja; totalidad orgánica; mayoría absoluta; mayoría limitada. Cada uno de ellos implica una definición distinta de la democracia como sistema de gobierno.

La filosofía política distingue entre Democracia Directa” y Democracia Representativa, y da a los dos términos connotaciones opuestas, pues se refieren a concepciones distintas de la soberanía popular.

La democracia directa se refiere a una forma de gobierno en la cual “…el pueblo participa de manera continua en el ejercicio directo del poder”. Se trata de una democracia autogobernante. Esto significa que el pueblo, reunido en asamblea, delibera y decide en torno a los asuntos públicos. Ya se ha mencionado que el experimento histórico más acabado de democracia directa es el de la ateniense. En nuestros días ésta se sigue practicando en pequeñas comunidades, como en los cantones de Glaris, Appenzell y Unterwald en Suiza.

Este ejercicio de la Democracia Directa supone la existencia de una comunidad en la cual las relaciones entre los integrantes se dan “cara a cara”, donde predomina una cultura oral de deliberación, el nivel de burocratización es bajo y el sentido del deber cívico es muy alto. En otras palabras, la “comunidad” y no la “sociedad” —en el sentido de oposición que confiere la sociología clásica a dichos vocablos— es la entidad política que más conviene al modelo de democracia directa.

En la filosofía política clásica, Jean Jacques Rousseau aparece como el gran defensor de la Democracia Directa. Para él, la soberanía del pueblo —que es la base del contrato social—no puede ser alienada, dado que el acto de delegación niega la esencia misma de la soberanía. El soberano no puede ser representado sino por sí mismo, so pena de perder el poder. El pueblo es libre en la medida en que no delega el ejercicio de su soberanía en asambleas legislativas. Más bien es el pueblo, reunido en asamblea, el que participa directamente en la ratificación de las leyes, las cuales, preferentemente, deben ser aprobadas por unanimidad. En ese modelo, los magistrados electos son meros agentes del pueblo y no pueden decidir por sí mismos: de allí la insistencia en su revocabilidad en cualquier momento. Como bien lo subraya Sartori, Rousseau “sustituye la idea de representación no electiva por la idea de elección sin representación”.

Si bien Rousseau logra identificar un aspecto problemático de la democracia representativa, su propuesta ha sido también ampliamente criticada. Se argumenta que su modelo de democracia sólo puede aplicarse a comunidades pequeñas y que, aun así, la práctica de esa democracia es excluyente. Se calcula que en su natal Ginebra —la que le sirvió de modelo— eran apenas unas 1,500 personas las que participaban como ciudadanos en la formulación de las leyes, de un total de 25,000.

En términos concretos, Sartori distingue entre dos tipos de democracia directa: la democracia directa observable, que corresponde al modelo presentado arriba, y la democracia directa de referéndum. En su manifestación extrema, la democracia de referéndum supondría la existencia de una comunidad política en la cual los individuos podrían ser consultados permanentemente sobre los asuntos públicos. Los progresos actuales de la cibernética hacen que esa posibilidad no sea tan fantasiosa como puede aparecer a primera vista. De esta manera, se superarían las limitaciones derivadas del tamaño y del espacio de la democracia directa, sin tener que recurrir a la representación política. El retrato futurista de una comunidad política vinculada por computadora es exagerado, pero tiene la virtud de resaltar algunos problemas de la democracia directa.

Aparte de los problemas técnicos, asociados al tamaño y a la complejidad de las sociedades, la democracia directa presenta otras deficiencias, las cuales son tratadas en la última sección de esta obra. Entre ellas, destaca la posibilidad de manipulación, que en la democracia de asambleas se expresa mediante el recurso a la demagogia y que en la democracia de referéndum se presenta al diseñar la agenda de las decisiones que habrán de tomarse. En el primer caso, además, siempre existe el peligro de que las decisiones respondan a las pasiones y al espontaneísmo de los asambleistas. En ambos casos, no existen límites al poder de la mayoría.

En contraste, se aprecian las virtudes de la democracia representativa. Sartori la define como una “Democracia Indirecta, en la que el pueblo no gobierna pero elige representantes que lo gobiernen”.

Como ya se ha mencionado, en sus orígenes la noción de representación política no estaba asociada a una forma de gobierno democrático. En la Edad Media la doctrina política pretendió establecer un puente entre poder nominal y ejercicio del poder, mediante la ficción de la representación. Cuando los monarcas reunían a los estamentos, sus miembros delegaban el ejercicio del poder a otra persona. En realidad se trataba de una presunción de delegación, con la que se evitaba que los representantes fueran realmente elegidos.

Thomas Hobbes, en el famoso capítulo XVI del Leviatán, hace el primer análisis profundo en torno al problema de la representación política, y distingue entre la persona natural (cuyas palabras y acciones son propias) y la persona artificial (que encarna palabras o acciones de otras personas). Sin embargo, no propone una discusión en términos de soberanía popular. Más bien usa el concepto de representación para justificar la obligación política de los súbditos hacia el soberano y legitimar, de hecho, la autoridad de este último.

Más tarde, con el desarrollo del pensamiento liberal, representación y participación política real se vinculan. James Madison, en El Federalista, señala que la representación política constituye un sustituto ideal de la democracia directa en países de gran extensión. Para él, las instituciones representativas son lugares de representación de personas, no de intereses. De hecho, considera que la existencia de intereses y de facciones constituye una amenaza para el bien común; sin embargo, es inevitable que se multipliquen en países de gran extensión. Por ello, las instituciones representativas sirven para anular a las facciones y producir un equilibrio. Como bien lo sintetiza Hanna Pitkin: “…Madison concibe la representación como una manera de concentrar un conflicto social peligroso en un foro central único, donde puede ser controlado por la vía del equilibrio y del bloqueo”.

El vínculo entre intereses y representación política es expresado, de manera más clara, en los escritos de los utilitaristas Bentham y Mill. Aunque en sus obras existe un problema de coherencia interna entre su noción de interés individual y la representación política de dichos intereses, para ellos la representación es la mejor manera de asegurar la congruencia de intereses entre la comunidad y el gobierno. Por ello, la elección frecuente de los representantes garantiza que éstos actúen acorde a los intereses de sus electores.

John Stuart Mill, en sus Consideraciones sobre el gobierno representativo, aboga también en favor de ese modelo de democracia y unifica los argumentos de Madison, Bentham y Mill. Para él, “un gobierno representativo, cuya extensión y poder están limitados por el principio de libertad (…), constituye una condición fundamental para la existencia de comunidades libres y de una prosperidad deslumbrante”. Stuart Mill retoma el argumento de Madison en cuanto a la función de equilibrio de intereses que desempeñan las instituciones representativas. A su juicio, el interés colectivo es mejor servido por el encuentro de los intereses particulares. Por ello, se manifiesta por la libre expresión de todos esos intereses, así como por una regla de mayoría que suponga el respeto a los intereses de la minoría, del sufragio universal y de la representación proporcional. En nuestros días, los argumentos que más se utilizan en defensa de la democracia representativa destacan que, en ella, la toma de decisiones cuenta con suficiente información en la medida en que se desarrolla a través de diversas etapas y de una serie de filtros. Así, las limitaciones a la participación, asociadas al tamaño y a la complejidad de las sociedades, pueden ser superadas. A diferencia de la Democracia Directa, la representación permite una política positiva que evita la polarización en la sociedad. Así, las minorías tienen voz y sus derechos están mejor protegidos.

Es cierto que en el momento de legislar o de participar en la toma de decisiones públicas, el representante no siempre sirve de manera pura a los intereses de sus representados. Sus lealtades están divididas entre éstos, su partido político y sus valores e ideales personales. Sin embargo, en los sistemas políticos modernos la representación no puede y no debe concebirse como un acto directo e inmediato. Como bien lo resalta Hanna Pitkin: “Cuando hablamos de representación política nos referimos a individuos que actúan en un sistema representativo institucionalizado y es en ese contexto que sus acciones se vuelven representativas”.

En el mundo moderno, son esas instituciones representativas las que constituyen el marco de la vida democrática. Los mecanismos de la democracia directa, tales como el plebiscito, la iniciativa popular o la revocación de representantes, tienen que ser estudiados dentro de ese marco. En términos institucionales, la relación entre ambas formas de democracia tiende a ser más complementaria que antagónica. Como lo señala el politólogo Maurice Duverger, los mecanismos mencionados anteriormente expresan más bien una forma de democracia semidirecta, dado que funcionan más como correctivos que como pilares de la vida democrática moderna. Examinemos ahora la historia y los diferentes tipos de mecanismos de consulta directa. Veremos cómo sus características institucionales producen efectos diferenciados.

 

 

 

Giovanni Sartori. Nació en Florencia, Italia, en 1924. En 1946 se licenció en Ciencias Sociales en la Universidad de Florencia. Como docente de Filosofía Moderna, Lógica y Doctrina del Estado impulsó la creación de la primera Facultad de Ciencias Políticas en Italia, la Cesare Alfieri. Fundó en 1971 la Rivista Italiana di Scienza Política. Ejerció también la docencia en las universidades de Stanford, Yale, Harvard y Columbia. Es doctor honoris causa por las Universidades Georgetown de Washington (Estados Unidos), Guadalajara (México) y Buenos Aires (Argentina). Sus trabajos en torno a la ciencia política y a los sistemas políticos se han aproximado al mundo de la comunicación cuando ha analizado el papel de los medios en la sociedad actual, especialmente en Homo videns. La sociedad teledirigida (versión española editada por Taurus, Madrid, 1998; portuguesa, Homo videns. Televisão e pós-pensamento, Terramar, Lisboa, 1999 y Edusc, Bauru, 2001). Es miembro de la Accademia Nazionale dei Lincei y editorialista de Corriere della Sera. Desde 1988 es vicepresidente de Societá Libera, destinada al estudio y la promoción de los ideales liberales en la sociedad.

El Ministerio de Cultura, censurara el contenido de las webs

viernes, 9 de noviembre de 2012

Breves notas sobre el Real Decreto Ley para modificar la LPI

Piratas de Cataluña ha puesto a disposición del público un documento (pdf) que contiene lo que el Gobierno pretende aprobar como reforma de la Ley de Propiedad Intelectual.
Asumiendo la autenticidad del mismo, y no veo razón para desconfiar de quien lo publica, es bueno llamar la atención, aunque sea brevemente, sobre su contenido, ya que la voluntad de aprobarlo por Real Decreto-Ley indica que la aprobación puede ser inminente, es decir que puede ir, sin ningún debate ni análisis por Diputados y Senadores, el próximo consejo de Ministros y entrar en vigor de manera inmediata.
Por eso, antes de que se convierta en hechos consumados viene bien saber qué suponen los aspectos más relevantes para los usuarios sus contenidos y en su caso protestar contra esta regulación.
Lo que si deja claro es que la redacción es muy propia de los sectores más próximos a la industria puesto que las “matizaciones” que se hacen al texto actual son aquellas de los discursos doctrinales que se han venido repitiendo durante años frente al literal de la norma.

Sobre el procedimiento de modificación de la Ley por Real Decreto-Ley, recordemos que este procedimiento se reserva para casos absolutamente excepcionales, aunque el gobierno, con mayoría absoluta en el Congreso, le ha cogido un gusto que practicamente hace que las Cámaras estén reducidas a una mera comparsa.

Entiendo que los primeros afectados pidan la nulidad por no reunir los requisitos legales para la aprobación de leyes mediante este instrumento.
Hay que denunciar, especialmente los partidos del Congreso, el abuso de acudir continuamente a leyes EXCEPCIONALES so pena de que los ciudadanos sigamos cuestionando su propia función, y sentir que no vivimos en una democracia representativa real, sino en una sistema presidencialista autoritario.
Para parar los desahucios se crean comisiones entre los grupos parlamentarios, para esto por via urgente,,, y saben, prioridades…
Canon digital, poco que añadir a la situación actual, puesto que ya se debería de estar pagando de los presupuestos generales del estado. Si antes era indiscriminado, porque lo pagaba todo el que compraba un equipo o soporte, ahora se ve que el que lo pague todo el mundo no lo es (vivir para ver).
Copia Privada, como desde las entidades de gestión se defendía que la copia privada era sólo aquella que se hacía del original y el texto legal ponía que de aquella accedida legalmente (lo que incluía la copia de la copia privada) pues ahora matizan que:
Se entenderá que se ha accedido legalmente a la obra divulgada en los siguientes supuestos:
1- Cuando se realice la reproducción a partir del soporte original de la copia de la obra adquirida en propiedad.
2- Cuando el acceso a la obra objeto de reproducción se produzca a través de un acto legítimo de comunicación pública, mediante radiodifusión o cualquier procedimiento análogo, alámbrico o inalámbrico, de tal forma que no sea posible,e elegir, por aquella persona física, el canal o sitio al que se accede ni el momento de dicho acceso.
Esto es sólo hay copia privada de originales adquiridos en propiedad y de las emisiones de televisión por la TDT, al radio y similares.
Así no sería copia privada la copia de un CD tomado en préstamo de la biblioteca, por ejemplo.Y por supuesto tampoco las copias de las copias de los CD’s obtenidos.
La limitación respecto de la situación actual es evidente.
Enlaces a obras de terceros, el punto estrella de la reforma sin ninguna duda. Se introduce un nuevo artículo 158.bis sobre obligaciones de información relativas a la explotación de derechos de propiedad intelectual en el entorno digital.
En esta reforma se obliga a los prestadores de servicios que ofrezcan o pongan a disposición del público  contenidos sujetos a derechos de propiedad intelectual de titularidad de terceros (incluidos los prestadores que tengan como actividad principal facilitar listados de enlaces) a mantener un listado de las autorizaciones concedidas por los titulares de derechos, incluyendo la entidad otorgante y los permisos concedidos.
Estamos ante un ataque a la linea de flotación de las conocidas como webs de enlaces, pero también de cualquier buscador que clasifique de alguna manera la información.
Hay que recordar que obras son no sólo videos y archivos musicales, sino también textos e imágenes, por lo que esto supone un cambio radical en la forma de relacionarnos con internet.
Si no aparece la información, el Ministerio de Cultura podrá imponer sanciones de hasta 150.000 euros y el cierre durante un año del servicios. El compentente es el Ministerio de Cultura para sancionar.
Por supuesto si la empresa que no informa está en el extranjero se puede acordar la interrupción del acceso desde España. Con lo cual España puede ver limitada su internet de manera muy importante, a pocosa páginas relevantes vamos a poder acceder.
Y para tener más seguridad jurídica las notificaciones no se harán directamente al responsable sino qeue se publicarán en el tablón de edictos de la sede electrónica del Ministerio. Es decir, que te pueden interrumpir el servicio y enterarte el día que no puedes acceder. O eso o revisas todos los días el tablón.
Identificación de la IP, e incluye en la Ley de Enjuiciamiento Civil una modificación para que se puedan pedir los datos Ip, de nombres de dominio, etc, de los prestadores de servicios, para los supuestos de:
difusión a gran escala, de manera directa o indirecta, a través de cualquier enlace o redireccionamiento, contenidos objeto de tal derecho sin que se cumplan los requisitos establecidos […]”
Vemos como el centro de atención está en redifusión y enlace, así que ya sabemos por donde van los tiros.
Devolución de lo indebidamente pagado por canon, si lo del canon es un cachondeo lo de pretender que no se devuelva lo indebidamente cobrado y que ha provocado un enriquecimiento injusto ya es saltarse a la torera las más elementales reglas jurídicas de nuestro sistema, alterando el sistema de prescripción de acciones general.
Conclusión:
 
Así tenemos una reforma que en lugar de avanzar en los límites/derechos de los usuarios y tratar de armonizar la situación consolida situaciones abusivas, limita esos derechos y encima pone en serio riesgo actividades en internet hasta ahora legítimas.

Publicado por David Maeztu a las 13:30

Luchando por lo básico

EL 15-M: una pregunta, no una respuesta*

Publicado el 6 noviembre, 2011 por JUAN CARLOS MONEDERO
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“Manifestación”. Antonio Berni. 1934

Saben los neurobiólogos que las pasiones residen en nuestro cerebro más primitivo. Toda decisión “racional, explica Antonio Damasio (Y el cerebro creó al hombre, Madrid, Destino, 2010) es  antes “emocional”. Nuestro cerebro primitivo no deja emanciparse al cerebro más reciente. Para contrarrestar una emoción negativa es menester tener “una emoción positiva muy fuerte. No es una apuesta por la irracionalidad. Lo es, bien al contrario, por una “razón emocionadao una “emoción razonada”, precisamente la que permita salir de las trampas de un mundo que, gracias al cierre intelectual de los que niegan una parte de la realidad al tiempo que la bautizan, dice que la protesta es terrorista, la risa subversiva, los parados perezosos, los estudiantes revoltosos y las mujeres reivindicativas, aligeradas. Los indignados que se disfrazan de payasos para manifestarse contra los recortes sociales lleva a que las cargas de los antidisturbios validen no solamente al capital financiero, sino también su imagen inclemente de verdugos de Gabi, Fofó, Miliki y Milikito. Emocionalidad bien inteligente.

La izquierda sólo ha entusiasmado cuando se atrevió a brindar un mundo diferente, que, casi necesariamente, siempre estuvo poco concretado. Te lanzas a la calle por leyes más justas, no por reglamentos mejor elaborados. “Libertad, igualdad y fraternidad” en la revolución francesa, “tierra y libertad” en la revolución mexicana, “pan, paz y trabajo” en la revolución rusa o “patria, socialismo o muerte” de los procesos cubano y venezolano. ¿Puede acaso hoy tumbarse la jaula de hierro del consumismo sin emocionar a quien va a serrar los barrotes?

El 15-M ha sido capaz de lograr lo imposible para ninguna internacional anterior: convocar la primera manifestación global contra el modelo capitalista. Un G-90. Tantos como países salieron a la calle a recuperar la democracia en donde nació: en las plazas. Un momento destituyente. En apenas seis meses. Una pregunta, no una respuesta.

Frente al shock de la crisis que tan bien ha explicado Naomí Klein (La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Madrid, Paidós, 2010), la reacción popular ante la dictadura de los mercados está teniendo derroteros diferentes a los tradicionales. La emoción del 15-M se parece a esa generosidad que nace de los desastres (el terremoto de México, el desastre nuclear de Fukushima o los deslaves tras las lluvias en América Latina). Entonces se suspenden los egoísmos. Se trata de luchar por lo básico. Ahí nace el optimismo, la comunión, lo que hermana con los demás porque conecta con lo que es más grande que uno mismo. ¿Son acaso mejores los libros de autoayuda, la guía de las vanguardias, la militarización de la sociedad? La alegría del 15-M desborda los diques de los partidos, de los sindicatos, de las instituciones. Los hace, incluso, más útiles, cuando el viento de las plazas tomadas es capaz de romper las constricciones o la pusilanimidad del sindicalismo para defender la educación pública. Y también los desafía cuando recuerda que es la misma ciudadanía la que vota y la que comparte la visión del 15-M, de manera que el resultado de las elecciones del 20-N, lejos de cuestionar al movimiento lo que hace es emplazar al gobierno entrante.

Cuando un rayo cae en la noche, el campo se ilumina y hace visible lo que estaba oculto.  No bastaría entornar los ojos para ver lo que la oscuridad negaba. Hay demasiados velos. Sólo un ojo con la sensibilidad suficiente como para detener el tiempo es capaz de ver entre los fotogramas esa verdad que la vertiginosa película niega. Hace falta una sociología de las ausencias (Boaventura de Sousa Santos, El milenio huérfano, Madrid, Trotta, 2011) que transforme, siguiendo a Bloch, lo que aún no existe en lo que existe todavía no. Es una cuestión de sensibilidad. La emoción hace que el dolor se convierta en saber, el saber en querer, el querer en poder y el poder en hacer. Un joven que se prende fuego porque la policía tunecina le ha quitado el medio de supervivencia, unos estudiantes egipcios, madrileños o griegos que acampan en mitad de la ciudad, pobres neoyorquinos que se enfrentan a ricos en el corazón de su caja de caudales, un desahucio en Vallecas al que  se le ven las lágrimas, un presidente que miró a los ojos y luego engañó. Sólo la sensibilidad puede convocar a la razón ausente. Sólo la emoción puede romper la clausura del pensamiento lograda por la sobreinformación, el afán consumista, el miedo al futuro, la negación del pasado y la zozobra ante la incertidumbre y el castigo. Si el sistema sólo entiende de objetos una hipoteca no satisfecha, una plaza universitaria costosa, un viejo o un enfermo que incrementa el déficit, un interino que encarece la deuda, una protesta que enfada a los bancos- la sensibilidad devuelve a su lugar a las personas.  Y cuando hay personas –no objetos– hay reconocimiento, la base para una búsqueda compartida de soluciones. Recuerda John Holloway la frase de un indígena a unos cooperantes: si vienen a ayudarme, olvídenlo. Si vienen porque su liberación está íntimamente relacionada con la mía, trabajemos juntos. Cambiar la mirada para ver diferente (John Holloway, Agrietar el capitalismo, Barcelona, Viejo Topo, 2011).

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El 15-M ¿una opción de gobierno?

¿Gobernar  mañana? El 15-M tendría que firmar, como el Lenin de 1917, onerosos tratados de paz si asumiera antes de tiempo esa responsabilidad. Perdería territorio, pagaría reparaciones, lastraría su vuelo. Todavía no se dirime en esas lides. El 15-M no es la respuesta a la esclerosis del capitalismo neoliberal y de la democracia representativa: es el diagnóstico de su enfermedad. ¿Para qué enfermarse con ellos? No es un partido ni debe ahora mismo serlo. Un partido es un medio para un fin. El 15-M es un fin en sí mismo: una gran conversación que a fuerza de saber lo que no quiere, va a terminar sabiendo lo que quiere.

Sin líderes, sin programa, sin estructura, el riesgo de desaparición en el reflujo del movimiento está ahí. La enseñanza del zapatismo debiera servir como contrapunto: pudieron haber transformado México cuando el país se abrió conforme entraban en la plaza del Zócalo. Luego,  el tiempo les robó esa posibilidad. En el mundo político, saber leer los plazos forma parte del éxito y también de la derrota. Pero la crisis del sistema y la imposibilidad de encontrar soluciones desde dentro, va a seguir alimentando la búsqueda. Antes de desaparecer, el capitalismo va a dejar el mundo sembrado de cadáveres. Por eso mismo, el movimiento necesita hacer algo con los liderazgos, con los programas, con las estructuras. Lo que tampoco significa repetir esquemas del pasado. Ni los programas son recetas de expertos ni las estructuras significan verticalismo. Es tiempo de una implicación social más horizontal. Hay que reinventar la gobernanza –un concepto nacido para regular- y darle la vuelta para convertirla en democracia –que sea la sociedad organizada y con capacidad deliberante real, no el mercado ni el Estado, quien decida las bases de la convivencia social-. Decisiones políticas que nazcan de la discusión y de unos mínimos compartidos anclados en un nuevo contrato social. Que después serán ejecutadas por la organización –en sociedades complejas, no pensar en alguna suerte de representación es ilusorio- pero que siempre tendrán abierto el camino de regreso a la supervisión de la ciudadanía a la que le afectan las medidas.

Frente a la libertad reclamada por el 68, ahora se reclama la igualdad. La naturaleza rota, el futuro incierto, la violencia cotidiana no soportan las diferencias. De ahí la fuerza de la camaradería en el 15-M. Por eso también la relevancia de las redes sociales, por su horizontalidad, por su relación entre iguales que se reconocen y tratan como tales.

En el 15-M confluyen veteranos castigados por el sistema y también clases medias enfadadas que, por vez primera, se han sentido tratadas como proletarios. En el maltrato se reconocen y se reinventan. Ahí se entiende parte de su amabilidad. La lucha contra el autoritarismo generó un tipo de partido.  La guerra fría, otro. Del 15-M saldrán maneras diferentes de organizarse políticamente. Lo relevante será ver en qué medida se  genera un viaje de ida y vuelta constante al movimiento que marque con su sello las formas de hacer política.

Frente a un capitalismo rígido y cada vez menos tolerante –nada líquido, con perdón de Bauman– el 15-M articula inteligente su oposición. El sistema sabe defenderse cuando se le niega o se le combate, pero no sabe qué hacer cuando se ve desbordado. Es la estrategia del movimiento desde apenas 5 meses. Pone patas arriba las teorías de esos intelectuales ignorados por los pueblos insurgentes que afirman: “si la realidad no se parece a la teoría, peor para la realidad”. Una realidad tozuda e irreverente, que, con perdón de los intelectuales consagrados y con el favor de los poetas, al igual que el rayo, no cesa.

Y sin embargo, hay elecciones

Dos hechos confunden el análisis en relación con el 15-M. En  primer lugar, cómo es posible que un movimiento que señala desde la izquierda las insuficiencias de la democracia representativa y del capitalismo neoliberal, termine beneficiando en las urnas a fuerzas políticas de la derecha, esto es, a las menos comprometidas con formas participativas de democracia y a las que con más ahínco defienden el modelo neoliberal. En segundo lugar, cómo se explica que más del 70% de la ciudadanía muestre su coincidencia con las propuestas del 15-M y, sin embargo, entre el 60 y el 70 % de la población vaya a ir a votar el 20-N y, de manera mayoritaria, vaya a hacerlo por los dos principales partidos.

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En primer lugar, hay que entender que la lectura que la ciudadanía hace del voto es la de un derecho que ha costado conseguir. Renunciar sin más a él, después de cuarenta años de dictadura, no tiene mucho sustento pese a la perversión democrática actual. Hay que añadir que opera también una rutina electoral plenamente vigente, de la misma manera que operan otras rutinas sociales que forman parte de la estructuración del orden social (se va a votar como se va a misa en las bodas y los entierros, a los cementerios el día de difuntos o a hacienda o al banco para la declaración de la renta). Añadamos que cualquier ciudadano o ciudadana, lo que busca políticamente en primera instancia, especialmente en momentos de crisis, es la solución a sus problemas. Quienes tienen los resortes del poder poseen, obviamente, más posibilidades de hacer algo que cada persona en singular, algo que es leído –y repetido mediáticamente- a cada momento por los votantes. La crisis, además, genera miedo, y el miedo actúa como una suerte de regresión a la infancia, donde se espera con ansiedad que una figura paternal solvente los problemas que tienen a uno atenazado. Los principales líderes, encumbrados como padres de la patria, ya han recibido esa vestimenta con su cargo. Además, siempre hay dos grandes opciones. Si A no es capaz, siempre tenemos la sacrosanta posibilidad de echarnos en los brazos de B.

No ha estado la academia exenta de este juego rutinario, al ir construyendo un relato funcional para esta imposibilidad de cambiar electoralmente un país de no obrar previamente un fuerte descontento social. Una serie de hitos han ido vaciando a la democracia según se iba extendiendo su presencia por el mundo. Ya en la Revolución Francesa se estableció que era el experto en el cuerpo social, al igual que ocurría con el caso del experto en el cuerpo enfermo, quien debiera ocuparse de su tratamiento. El abate Sieyés fue quien sentó las bases para dejar al representante, por su mayor supuesta cualificación, la gestión de lo público, algo que luego santificaría la Constitución francesa de 1791, Debemos a Benjamin Constant el establecer, en una famosa conferencia en 1814, la matriz de que la libertad de los modernos tiene lugar en el hogar privado, y no en el ágora, lugar de ejercicio de la libertad en el mundo antiguo. Con Luis Napoleón Bonaparte se aprendió posteriormente –tras las revoluciones de 1848- que los pobres pueden votar a los responsables de su pobreza si se les convence de que tienen más que perder en el desorden o la revolución que sosteniendo el régimen que los oprime. A mediados del siglo pasado, y de la mano de la teoría económica de la democracia, se construyó la idea de que los partidos son empresas que deben maximizar sus beneficios –los votos- en un mercado competitivo. Aunque, al igual que en los mercados, pronto iban a surgir cárteles donde se amañaban las reglas de la competencia. Bobbio le prestó especial atención en los años 70 –en discusión con la izquierda marxista italiana- a lo que se llama el “problema de las escalas”. En nuestras grandes urbes, y a diferencia de lo que ocurría en el ágora griega, no sería posible la democracia si no es a través de la representación. Cerraría este “gran relato” de la democracia como procedimiento y no como sustancia, la conversión de la discusión democrática a una discusión sobre la transformación de los votos en sistemas políticos, reduciéndose la política a fórmulas electorales. Toda esta construcción discursiva ha venido desembocando en un lema: vota y no te metas en política. Se pagaba el precio de la desafección ciudadana. Pero si el capitalismo es un sistema cortoplacista, la democracia representativa no está ajena a esa miopía congénita.

De manera más concreta, el régimen electoral español limita aún más las posibilidades democráticas al arrastrar los vicios de la transición. El asentamiento de los partidos políticos en la era de la televisión, sin haber pasado por las fases previas de discusión social propias de otros países de nuestro entorno, ha sido otro rasgo de debilidad que también conspira en la incapacidad del sistema político para dirigir los cambios. A la muerte de Franco en 1975, y con el miedo de las elecciones de 1931, donde las grandes ciudades dieron el triunfo a la República, se decidió sobrerrepresentar, en la futura “democracia”, a las zonas rurales así como a los partidos mayoritarios (las bases de nuestro sistema electoral están en la ley para la reforma política de 1976 y en el también preconstitucional Decreto ley 20/1977 del 18 de marzo). La Constitución estableció posteriormente, en la misma dirección, que la circunscripción era la provincia y que a cada una de ellas le correspondería un número mínimo de diputados, que la posterior ley de 1985 (una mera actualización de la de 1977) establecería en dos, de manera que Soria, Teruel, Madrid o Barcelona eran tratadas de la misma manera, primándose los territorios sobre la población. La asignación de escaños según el método D’Hont terminó de cerrar el esquema, al beneficiarse a los partidos mayoritarios (pero solamente porque al grueso de las provincias les corresponden pocos escaños, quedándose las terceras fuerzas, en concreto Izquierda Unida, fuera del reparto pese a superar por lo general la barrera del 3%. Echarle la culpa a D´Hont es no querer ver que la culpa está en un diseño que primaba la estabilidad de un régimen de clase a la proporcionalidad en un escenario de futuro incierto). El “no nos representan” del 15-M ha venido gestándose desde lejos.

¿Qué puede decir el 15-M al respecto? Si es cierto que el movimiento es una pregunta y no una respuesta, cualquier respuesta de los que comparten la pregunta debiera entenderse como válida, especialmente cuando esté reflexionada. El 15-M, como hemos señalado, no se la juega el día de las elecciones, y su principal tarea es mantener una línea de coherencia que le permita, incluso en el escenario de una aumento de la participación y una victoria por mayoría absoluta del PP, seguir insistiendo en sus planteamientos.

Cabe, sin embargo, recordar los efectos de cada una de las decisiones para evitar efectos perversos no queridos. En primer lugar, hay que apuntar que la abstención no afecta al sistema. Ni siquiera en el caso de que la mitad del país no acudiera a las urnas, el sistema se estremecería. Esas cifras son las tradicionales en Estados Unidos y ningún cambio ha venido nunca por ahí. La abstención es la forma de protesta electoral más estéril, además de que junta una abstención concienciada con la abstención de los gorrones o perezosos políticos que deciden no molestarse por los asuntos colectivos, o con las personas que, por las razones que fueren, ese día no pudieron acercarse a votar.

Parece evidente que votar PSOE o PP es un voto contrario a la lógica del 15-M. Dejando de lado si los dos partidos son iguales –algo que no es cierto en el carácter de sus militantes y votantes, aunque sería más difícil de negar en lo que respecta a las grandes decisiones económicas y políticas -, lo que es constatable es que los dos partidos han votado conjuntamente el grueso de las leyes y decisiones políticas que afectan a la ciudadanía. Así ha sido en el canon digital, en contra de la dación en pago, a favor del rescate bancario, a favor de la reforma laboral que encadena contratos precarios o aumenta la edad de jubilación, de la reforma constitucional que da prioridad al pago de la deuda por encima del gasto en educación, sanidad o pensiones o la entrega de Rota al escudo antimisiles. No parece que tenga mucho sentido votar al PSOE para que haga lo que no ha querido hacer estando gobernando, ni tampoco para, una vez más, frenar al PP, cuando todo indica que es más fácil una gran coalición en caso de que lleguemos a un escenario como el griego a que el PSOE decida echar su suerte con el grueso de la población.

El voto en blanco tiene el problema de que se contabiliza como voto válido, de manera que aumenta la barrera del 3% que tienen que superar los pequeños partidos para entrar en el parlamento. Es una forma de protesta igualmente débil, pues está dirigiendo sus dardos contra los partidos, y no contra un sistema que, de partida, está diseñado para tener resultados que atentan contra la libertad y la igualdad del voto (supuestamente consagrados en el artículo 68 de la Constitución). El voto nulo, en este sentido, parece más adecuado. Se trata de un “grito” de disconformidad que, además, al no contabilizarse como válido, no sube el listón para los pequeños partidos. Voto nulo es cualquier voto que manipula las papeletas originales –salvo hacer una señal en el nombre de alguno de los candidatos, que permita identificar al “candidato conocido”-. El problema es que, al tener que ir la “queja” dentro de un sobre válido, no se puede identificar el origen de la nulidad. Lo mismo ocurre en el recuento. Salvo en el caso del País Vasco, cuando la izquierda abertzale pidió a sus votantes que el voto ilegalizado se convirtiera en nulo –lo que permitió una identificación al medirse el voto nulo anterior, siempre escaso, y el obtenido después de lanzarse la consigna- en el caso del 15-M no existe esa posibilidad, de manera que el sistema igualmente lo digerirá sin problema.

Queda votar a los pequeños partidos, lo que a su vez, aunque no se suele mencionar, tendría el efecto añadido de otorgarle un apoyo económico para mantener sus redes locales –por voto recibido y también si superan el 5% de los votos-.  Pero una vez elegidos ¿qué garantías tiene el movimiento de que esas formaciones se convertirán en herramientas al servicio de la voluntad de cambio que apunta el 15-M? ¿Existe la posibilidad de que los diputados y diputadas de esos pequeños partidos hicieran como sus pares islandeses que forzaron una constituyente? ¿Hay que darles el voto de confianza?

El 15-M ha tenido, como principal virtud, la repolitización de la sociedad. Y el principal efecto de esa repolitización es la pérdida de la autorización política que recibían los gobiernos a través de las elecciones en las democracias liberales representativas. El gobierno saliente de las elecciones del 20 de noviembre no obtendrá ningún cheque en blanco. El 15-M se lo va a recordar, con el apoyo de una parte importante de personas que votarán ese día -e, incluso, de muchos y muchas que habrán votado a alguno de los dos grandes partidos-. Los sueños del 15-M, como rezaban muchos carteles en la Puerta del Sol en el verano madrileño, no pueden cerrarse en el espacio cerrado de una urna. Los problemas se han hecho inconmensurables a las medidas del sistema. Estamos ante problemas globales cuyas causas están en el modelo neoliberal y en esa democracia demediada convertida en un instrumento funcional para las necesidades del capital.

Pensar desde la grieta

En todo el mundo han empezado a surgir grietas. Cierto es que el espacio de la pared es amplio y desdeñarlo sería un mal análisis. Pero la grieta marca la tendencia. Y unas elecciones solamente pueden parar una tendencia cuando el gobierno saliente esté dispuesto a construir en esa dirección. La mentira por excelencia de nuestras democracias –votar a B cuando A demuestra su incapacidad- está desenmascarada. Lo hemos visto en Portugal o en las Comunidades Autónomas donde ha ganado la derecha. El ciclo va a cerrarse cuando la ciudadanía constate que el Partido Popular viene con las mismas respuestas. Será, a ciencia cierta, el momento de alguna suerte de gran coalición entre el PSOE y el PP (algo ya ensayado en la reforma constitucional). Será el momento en el que el 15-M tiene que hacer constar su coherencia. La que, en cualquier caso, no está en juego en las elecciones.

La legitimación procedimental a través de las elecciones, aun siendo condición necesaria, ya no es condición suficiente. La mercantilización de la política ha enfriado, como decíamos, la autorización. Es el fin de los monólogos y la exigencia urgente de los diálogos. Esto, que parecen no entenderlo los herederos de la modernidad, lo entienden los que insisten en ignorar todo aquello que no les deja vivir. ¿Un exceso de emoción? Ya decía Pascal que hay razones del corazón que la razón no entiende. Y estaría bien que pensadores como Bauman recordaran que eran ellos los que decían que hay una línea directa entre la fría modernidad y el campo de concentración de Auschwitz. Que le pregunten a Mario Draghi, el ex vicepresidente de Goldman Sachs devenido en Presidente del Banco Central Europeo; al premio nobel de la paz Obama cuando sobrevuela Guantánamo o a ese cónclave de Halloween que ha cambiado las escobas por los helicópteros y que se empeña en decir desde sus consejos de administración bancarios que, como nos ha recordado un filósofo, la democracia no puede ser un peligro para la democracia.

* una versión resumida de este artículo salió como Dominio Público en el diario Público el 5 de octubre de 2011.

Fuente: ComiendoTierra