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Elogio de la política profana: Una política estratégica frente a la estética del fragmento

FUENTE

Y en el fondo, la prioridad otorgada a lo local sobre los grandes horizontes, a la eficacia inmediata sobre los sueños lejanos, al pragmatismo modesto sobre las abstracciones teóricas, no es más que el trillado estereotipo de todas las retóricas de la resignación”. Daniel Bensaïd

La discordancia de los tiempos

Durante el pasado siglo la bomba de relojería del capitalismo (la clásica contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas) experimentó un brutal salto cualitativo que tuvo su pistoletazo de salida con la primera guerra mundial. La expansión mundial del mercado capitalista, el auge e internacionalización de unas fuerzas productivas que cada vez devienen más destructivas sometidas a la lógica de la propiedad privada y la competencia bajo la forma del estado-nación fueron la causa principal de las dos guerras mundiales y del ascenso del fascismo.

La comprensión de que el capitalismo en su fase imperialista genera un desarrollo desigual y combinado -la penetración del capitalismo occidental en el resto del mundo integrando a los demás países en su esfera de dominación impone una combinación entre subdesarrollo y desarrollo que impide que estos países sigan el mismo esquema evolutivo- puso al orden del día la necesidad material del internacionalismo a la hora de abordar cualquier proceso de liberación.

Así la teoría de la revolución permanente permitió romper con las interpretaciones lineales o “etapistas” del marxismo de la Segunda Internacional y del estalinismo e integrar dentro de una misma estrategia de transformación social la no contemporaneidad o discordancia de los tiempos históricos de los diferentes países. Como explica Ernest Mandel: “Trotsky relacionó constantemente la lucha de clases de cada uno de los países con el lugar que ocupa cada país en el sistema capitalista mundial como una totalidad, y las consecuencias que una victoria o una derrota de la revolución en un país tendría sobre el sistema como un todo.”

La escala de los mapas

El actual proceso de mundialización capitalista, lejos de haber diluido las fronteras y la lucha de clases, ha exacerbado y desquiciado las contradicciones del proceso imperialista. Como explica Bensaïd: “A consecuencia de la circulación acelerada e incrementada del capital, de las mercancías y de la información, el poderío imperial evoluciona (…) las fronteras se desplazan, se amplían, se internalizan, pero no desaparecen.”

Los estados nacionales siguen siendo un eslabón central para romper la actual cadena de dominación a nivel nacional e internacional. Más del 90 por ciento del derecho internacional sigue siendo un derecho interestatal, mientras que el ámbito estatal, como saben muy bien los inmigrantes, continúa estructurando las relaciones de las fuerzas sociales, del mercado de trabajo, etc. Pero la transferencia de poder y funciones a escala supraestatal, como la Unión Europea (Comisión de Bruselas, Tribunal de Luxemburgo, Alianza Atlántica) reclama una “gimnasia estratégica que permita intervenir simultáneamente en diversos niveles”.

El problema es como definir una estrategia de cambio común en un contexto donde la mundialización capitalista ha multiplicado los espacios sociales no sólo con el refuerzo de las fronteras y nuevos muros de la vergüenza (Palestina, Estados Unidos y México, Ceuta y Melilla), sino dentro de los propios estados nacionales; donde las políticas neoliberales de los últimos 20 años han barrido los restos de los pactos sociales de la posguerra desintegrando las solidaridades sociales y fragmentando los espacios de experiencia que permitían establecer un marco político común.

Es en este contexto donde hay que situar el auge de las políticas de identidad y la etnización de la política. Es aquí donde Bensaïd, a través de David Harvey, reclama una comprensión de las escalas y articulación de los espacios sociales que permitan definir este marco político común: “Tras haber incorporado al pensamiento político las nociones de no contemporaneidad, de contratiempo y discordancia de los tiempos, hoy es necesario asimismo concebir la producción social y la discordancia de los espacios”.

El pánico por la identidad

Si nos acercamos a los espacios de desintegración urbana y social que hoy configuran el marco de experiencia de millones de personas en Europa, si nos acercamos a los habitantes de ascendencia extranjera de las banlieue, o a los jóvenes inmigrantes de cualquier suburbio de una ciudad europea, es difícil que perciban el espacio nacional como su marco de referencia principal.

Sin ir más lejos, seguramente a un paquistaní del Raval de Barcelona le importa poco, o más bien nada, las consultas independentistas de Arenys de Munt, por poner un ejemplo. Como explica Bensaïd, lo más probable es que la experiencia de este chico “esté dividida entre el limitado horizonte de su barrio o ciudad y el espacio imaginario del país de origen (que la mayoría no conocen y al que no volverán nunca), el también imaginario de la comunidad religiosa o el de un universo musical sin fronteras.”

Dicho de otro modo, hoy los espacios vividos y los espacios de representación coinciden menos que nunca. Frente a esta realidad, el repliegue sobre la nación étnica, la reivindicación de un cosmopolitismo liberal (o sea mercantil) o la defensa de la “nación política” (o republicana) no son soluciones, sino varios síntomas de un mismo problema.

Hegemonía y proyecto histórico

El giro culturalista que marca la posmodernidad es síntoma del vacío de proyectos históricos alternativos. “Salir de la historia es salir de la política”. La fuga del tiempo histórico sitúa la perspectiva del cambio social en el terreno de la teología o en los diferentes terrenos de la ilusión: la “ilusión social, [o sea] la confianza en la autosuficiencia de los movimientos sociales y la decisión de mantenerse aparte de la política”; o la “ilusión económica […] según la cual cierta cantidad de experiencias sustraídas a la lógica del mercado bastarían para frenar las lógicas en acción, esquivando la peliaguda cuestión del poder político”.

Así, frente a la crisis de la orientación espacio-temporal, la primera tarea es volver a construir este marco de experiencia y representación común para la acción política. Es aquí donde Bensaïd recupera el concepto de hegemonía: “El concepto de hegemonía, enmarcado en una perspectiva estratégica, es irreductible a un inventario o una suma de antagonismos sociales equivalentes. Implica una unión de fuerzas alrededor de relaciones de clase (…) Esto no implica, sin embargo, la subordinación de los diferentes movimientos sociales (feministas, ecologistas, culturales..) a un movimiento obrero en permanente reconstrucción, sino la búsqueda de convergencias en las que el propio capital sea el principio unificador activo.

La construcción de este bloque histórico debería ser la primera tarea de una política profana

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La privatización del mal

9 diciembre 2012

Luis García Montero – Comité de Apoyo de ATTAC España

La privatización de la justicia pone en escena la inexistencia del contrato social. No bastaba con los despachos de abogados para millonarios. Con la aparición de las tasas, desaparecen los últimos restos de pudor. Justicia para ricos, sanidad para ricos, educación para ricos, no hay espacios públicos capaces de equilibrar la muralla del dinero en la convivencia. El dinero, que es siempre una frontera más o menos flexible, se convierte ahora en un muro. El nuevo muro de Berlín.

La privatización de la justicia es inseparable de la privatización del mal. El mal en el cuerpo y el mal en el carácter. La exaltación del cuerpo, la invitación a un presente perpetuo, las cremas de belleza, las obras en los labios y en la nariz, nos han dejado sin historia. No importa oler o saborear mejor. El reto es ser vistos como un presente perpetuo, como gente sin historia. Eso afecta al cuerpo y al pensamiento social.

En una sociedad sin historia, las enfermedades pasan a ser un asunto privado. Que cada cual se pague su factura médica, ya que la mercantilización de los cuerpos convierte la estética y la salud en un negocio. La ciencia y la sabiduría forman parte también de ese negocio. Planes de estudio al servicio de los mercados. Médicos al servicio de los mercados. Ya no es pertinente un compromiso público con los cuerpos. Que cada uno se pague su tensión, su quimioterapia, su culpa. ¿No habrá una culpa bajo cada enfermedad?

Porque el mal es privado, consecuencia de un fracaso personal o de una disposición innata. El robo, el crimen, la violencia, el maltrato, la maldad, son pecados originales, nacen en el cuerpo y en el alma de cada uno. No existen pecados públicos. Las leyes no tienen ninguna responsabilidad. Los poderes económicos son inocentes. Las decisiones políticas no afectan a la pobreza, a la angustia, a la desesperación de los ciudadanos. Hay que vivir dentro de un orden, y el orden no tiene tampoco historia, es una fatalidad, el único organismo que no debe ser considerado responsable de sus enfermedades.

La privatización del mal no medita sobre la injusticia, se contenta con crear criminales. La fotografía del criminal es el principio y el fin de su catecismo. Los antecedentes policiales son antecedentes médicos, el protocolo vital de gente nacida para el delito. No conviene contemplar la reinserción, porque el que nació de mala arcilla no tiene arreglo. No conviene meditar sobre las situaciones sociales, porque la pobreza es una responsabilidad personal que invita a dos actitudes: mano dura contra los malos pobres y caridad cristiana para los pobres buenos.

La mejor alternativa es la creación de un estado policial. Tasas altas para evitar la molestia burocrática de las quejas y fuerzas antidisturbios entrenadas en la violencia. La extrema derecha puede jugar un papel en el sistema si la sacamos de los campos del fútbol y de las celebraciones nostálgicas y le buscamos un hueco en la policía. Botes de humo, balas de goma, escudos y porras contra el cuerpo de los manifestantes. ¿De quién es el cuerpo de un manifestante? Las llagas son privadas, su orden es público. Los derechos no son un debate político, sino un problema de orden público. Ordeno y mando.

El suicidio como alternativa vital privatiza la muerte. Los mártires entregan su muerte a un paraíso, a una revolución, a un sueño. Por mucho que nos conmocione su drama, el suicida hipotecario entrega su muerte a una casa vacía. Canceladas las ilusiones públicas, la soga del ahorcado privatiza su dolor, su mal, y paga el último plazo de su deuda con la vida. Quien se pasó la vida buscando un domicilio privado digno para participar en la vida pública, se encuentra ahora con una vida pública indigna o cancelada que convierte en basura su domicilio privado.

La negación de la historia no nos regala el presente, sino la soledad. Esto es la soledad, el desamparo, la convivencia nocturna con un cáncer, la mano que coloca una orden de desahucio en el bolsillo de un ahorcado.

Artículo publicado en Público.es

Marcha del millón

Fuente: LibreRed.net

Fecha: 03/09/11

Más de 400.000 personas protagonizaron este sábado la mayor manifestación de la historia de Israel en la llamada “Marcha del millón”, cenit de la protesta contra la carestía de la vida iniciada en julio.

La mayor participación se registraba en Tel Aviv, con 292.000 personas, mientras que en Jerusalén se han concentrado entre 35.000 y 50.000 personas y en Haifa unas 25.000 personas.

“Nosotros no pararemos esta protesta hasta que tú, primer ministro (Benjamín Netanyahu), nos des soluciones reales. Estamos aquí para quedarnos”, dijo uno de los principales líderes de la movilización, el presidente del Sindicato Nacional de Estudiantes, Itzik Shmueli, en la concentración en Tel Aviv.

Shmueli advirtió de que “el camino hacia la victoria no será fácil”, pero acabará con “una mejor sociedad israelí” basada en un “mejor equilibrio entre la economía de libre mercado y la economía humana”.

La “Marcha del millón” era el reto lanzado por los “indignados” de Israel para lograr la manifestación más numerosa de la historia del país, siete semanas después del comienzo de su movimiento de protesta.

Los “indignados” lograron sacar a las calles a 300.000 personas en la entonces mayor concentración de la historia del Estado judío por motivos no vinculados al conflicto de Oriente Medio.

La cifra de hoy en un país de 7,5 millones de habitantes supera la hasta ahora mayor concentración de la historia del Estado judío, cuando 400.000 personas salieron a las calles en 1982 en protesta por las masacres de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en el Líbano.

Los israelíes de cualquier tendencia política o religiosa, como subraya uno de los vídeos de movilización efectuados por los organizadores, habían sido convocados en diversas ciudades del país entre las 20.30 y las 21.30 horas locales.

Aunque el cartel de la convocatoria reza, en un juego de palabras: “Ellos sólo entienden números”, los organizadores insistían en que el éxito de la protesta no debe medirse únicamente por el número de asistentes.

El sábado pasado sólo se movilizaron 20.000, la mitad en Tel Aviv.

El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, avanzó ayer que, aunque esta noche sólo se manifiesten 100.000 personas, su voz tendrá que ser oída.

La contestación nació en Tel Aviv cuando una joven plantó en julio una tienda de campaña en un céntrico bulevar tras quedarse sin casa de alquiler.
Su caso fue seguido por otros en solidaridad, lo que llenó el bulevar de centenares de tiendas, se extendió a otras ciudades y se convirtió en un movimiento más amplio de protesta socio-económica.

Sin embargo, la iniciativa ha sido criticada en determinados círculos de izquierda por dejar de lado por motivos tácticos el espinoso asunto de la ocupación y la colonización de los territorios palestinos.

EFE

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Fuente: La Voz de Asturias

Más de 450.000 personas de todas las edades y condiciones salieron anoche a la calle en un gran número de localidades israelíes para exigir al Gobierno de Binyamin Netanyahu un cambio político trascendente que elimine las grandes desigualdades económicas que se observan en la sociedad y que crecen continuamente en detrimento de la justicia social.

La Marcha del Millón fue, según la Policía, la mayor protesta en la historia de Israel, aunque el número de participantes al final fue inferior al previsto y se celebró 52 días después de que se iniciaran las protestas contra el abusivo precio del requesón, que los israelíes consumen de manera cotidiana en el desayuno. La protesta se extendió primero a través de los foros sociales de internet adoptando la forma de un boicot y luego llegó a las calles, con tiendas de campaña incluidas, para terminar con una petición más generalizada de justicia social.

Un sueño de justicia social

En Tel Aviv se reunieron más de 250.000 personas, que corearon: “El pueblo pide justicia social”. En uno de los edificios se proyectaba un discurso de Martin Luther King. En Jerusalén, 60.000 personas se congregaron muy cerca de la residencia del primer ministro Netanyahu.  Riadas de gente continuaban llegando a ese lugar pasadas las nueve y media de la noche, la hora en la que dio comienzo la protesta. En Haifa se reunieron 40.000 personas; una parte importante de ellas eran árabes israelíes que exigían más justicia, puesto que en muchos aspectos se consideran marginados por el Estado.

Yosi Shalom, el líder estudiantil universitario de Haifa que participó en la organización de la protesta, dijo: “No hay una escena más hermosa que la solidaridad y el espíritu social que vemos aquí. Es muy emocionante ser miembro de esta protesta. Como estudiante, la lección más importante que he aprendido a lo largo de mi vida la he aprendido en las últimas semanas”.

Shalom concluyó: “ Ha llegado el momento de salir a la calle y luchar por un futuro mejor y por derechos para todos. Los estudiantes, como representantes de la nueva generación, tenemos responsabilidades sociales que no se limitan a las universidades”.

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Fuente: euronews

La han llamado la marcha del millón. Y aunque finalmente los indignados han conseguido sacar a 450.000 personas a las calles de Israel, ya se trata de la movilización más importante en la historia del país.

Denuncian el encarecimiento de la vida y las crecientes desigualdades sociales.

La manifestación en Tel Aviv ha sido la más multitudinaria, rozando las 300.000 personas.

“El parlamento, los ministros están trabajando para veinte familias, no se preocupan del pueblo, y estamos aquí para devolver el poder al pueblo, dice un manifestante.

“Hemos venido aquí para pedir justicia social, justicia medioambiental y esperamos que el gobierno haga algún cambio y escuche las voces de las personas que hoy estamos aquí. “

El pasado julio ya salieron a la calle 300.000 personas indignadas, sobre todo, por el alto coste de la vivienda en Israel.

Ahora los motivos de queja se han multiplicado: el altísimo gasto militar; los monopolios en sectores estratégicos como la electricidad o el cemento; el altísimo precio de los coches, el lento y deficiente transporte públicoreclamaciones que como pocas veces han logrado aglutinar significativamente el crisol social israelí.

Copyright © 2011 euronews

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Fuente: Iton Gadol

Más de 400 000 personas participan hoy en distintos puntos de Israel en la llamada “Marcha del millón” en protesta contra la carestía de la vida, según los canales 2 y 10 de la televisión local.
Hacia las 21.30 hora local (18.30 GMT), la mayor participación se registraba en Tel Aviv, con 155.000 personas, mientras que en Jerusalén y en Haifa se han concentrado unas 10.000 personas.
La “Marcha del millón” es el reto lanzado por los “indignados” de Israel para lograr la manifestación más numerosa de la historia del país, siete semanas después del comienzo de su movimiento de protesta.
Los israelíes de cualquier tendencia política o religiosa, como subraya uno de los vídeos de movilización efectuados por los organizadores, han sido convocados en diversas ciudades del país entre las 20.30 y las 21.30 horas locales (17.30 y 18.30 GMT).
En Tel Aviv hay desplegados cientos de policías, así como una macropantalla y otras más pequeñas a lo largo de todo el recorrido.
Los “indignados” esperan alcanzar la cifra de 400.000 personas, por encima de las 300.000 que salieron a las calles el mes pasado en la mayor manifestación de la historia del Estado judío por motivos no vinculados al conflicto de Oriente Medio.
En un país de 7,5 millones de habitantes, la cifra de un millón señalada en la convocatoria suena poco realista, pero si las manifestaciones de hoy superasen las 400.000 personas serían las mayores de la historia de Israel, por encima de la multitud que salió a las calles en 1982 en protesta por las masacres de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en el Líbano.
Aunque el cartel de la convocatoria reza, en un juego de palabras: “Ellos sólo entienden números”, los organizadores insisten en que el éxito de la protesta no debe medirse únicamente por el número de asistentes.
El sábado pasado sólo se movilizaron 20.000, la mitad en Tel Aviv.
El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, avanzó ayer que, aunque esta noche sólo se manifiesten 100.000 personas, su voz tendrá que ser oída.
La contestación nació en Tel Aviv cuando una joven plantó en julio una tienda de campaña en un céntrico bulevar tras quedarse sin casa de alquiler.
Su caso fue seguido por otros en solidaridad, lo que llenó el bulevar de centenares de tiendas, se extendió a otras ciudades y se convirtió en un movimiento más amplio de protesta socio-económica.

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Fuente: RTVE

RTVE.es/ AGENCIAS 04.09.2011 – 01:32h

Cientos de miles de personas han protagonizado este sábado en Israel una histórica manifestación que supone un nuevo récord en la protesta de los indignados contra la carestía de la vida, iniciada hace casi dos meses. “El pueblo demanda justicia social”, ha coreado la multitud.

Según las estimaciones independientes de las tres cadenas de televisión nacionales, la participación en un total de veinte localidades del país ha superado las 400.000 personas. La mayor concentración ha tenido lugar en Tel Aviv, con unas 300.000 personas, mientras que en Jerusalén se concentraron en torno a 50.000 y en Haifa 35.000, según estos medios.

La policía ha hablado de 300.000 personas, según Reuters. Otras fuentes consideran que las cifras están infladas. Los organizadores habían bautizado la protesta como la Marcha del millón, y aunque no se ha llegado a esa cifra, supone un hito en la historia del Estado judío, de 7,5 millones de habitantes.

En las marchas sobresalían algunas banderas israelíes o pancartas con lemas como “La respuesta a la privatización es la revolución” y hasta un becerro de oro, como alusión bíblica. También había referencias a Martin Luther King o el Che Guevara.

Fiesta y oportunidad para el Gobierno

Las concentraciones han estado amenizadas por actuaciones de algunos de los principales grupos musicales del país, como Hadag Nahash, Karolina o Hayehudim, y han acabado, como de costumbre, con el himno nacional, Hatikvá (la esperanza, en hebreo).

“Nosotros no pararemos esta protesta hasta que tú, primer ministro (Benjamín Netanyahu), nos des soluciones reales. Estamos aquí para quedarnos”, ha dicho uno de sus principales líderes, el presidente del Sindicato Nacional de Estudiantes, Itzik Shmueli, desde el escenario en la concentración de Tel Aviv, que como en todas las ciudades ha tenido lugar al anochecer del día sagrado para los judíos.

Shmueli ha advertido de que “el camino hacia la victoria no será fácil”, pero acabará con “una mejor sociedad israelí” basada en un mayor “equilibrio entre la economía de libre mercado y la economía humana”, informa Efe.

El Gobierno ha creado un comité para estudiar las reivindaciones de los manifestantes y algunos de los líderes del movimiento han mostrado su disposición a suspender temporalmente las protestas hasta recibir lo más pronto una respuesta satisfactoria, según varios medios.

En un discurso muy emocional, otra activista, Dafni Lif, ha dicho sentirse “orgullosa de ser israelí desde hace siete semanas”. “Este verano hemos abierto los ojos y ya no los cerraremos (…) Es el despertar más importante que ha habido nunca aquí”.

La contestación nació en Tel Aviv en julio cuando una joven plantó una tienda de campaña en un céntrico bulevar tras quedarse sin casa de alquiler. Su caso fue seguido por otros en solidaridad, lo que llenó la avenida de centenares de tiendas, se extendió a otras ciudades y se convirtió en un movimiento más amplio de protesta socio-económica, añade la misma agencia..

Palestina y los árabes, fuera del foco

Hace tres sábados, según las estimaciones de los medios, salieron a las calles 300.000 personas, en la que se convirtió entonces en la mayor concentración del Estado judío por motivos no vinculados al conflicto de Oriente Medio.

La que hasta ahora se consideraba la mayor manifestación de la historia del país, con unas 400.000 personas, se produjo en 1982 en protesta por las masacres de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en el Líbano, recuerda Efe.

Ahora, la cuestión de la ocupación y la colonización de los territorios palestinos ha sido dejada de lado por motivos tácticos, lo que ha provocado la crítica de sectores de la izquierda. Quizá por ello, pese al éxito de las movilizaciones, apenas participan árabes, que son casi un 20% de la población.