La quimera del capitalismo con rostro humano

El gobierno español propugna un nuevo “modelo productivo”

El gobierno ha presentado la tan esperada Ley de Economía Sostenible. Se ha presentado como un conjunto de medidas, “muy ambicioso”, que creará el marco legal para desarrollar el “nuevo modelo productivo”. Desde que Zapatero reconoció la gravedad de la crisis económica que estamos atravesando, gobierno y sindicatos han alzado la bandera del “nuevo modelo productivo” que nos alejará del modelo “insano” basado en el ladrillo, y traerá una modernización de la economía española.

La idea de un “nuevo modelo productivo” no es nueva ni original. Hacía ya tiempo que los sindicatos, haciéndose eco de economistas neokeynesianos, la utilizaban como panacea contra la precariedad laboral. Zapatero no hace otra cosa que seguir la estela de Obama, que también habla de más investigación y desarrollo, más formación y más ecología en un contexto donde los países más desarrollados tecnológicamente (como los propios EEUU, Alemania o Japón) tampoco han podido eludir la crisis económica.

No es casualidad que la nueva ley esté acompañada de una retórica progresista. Los grandes titulares destacan supuestos mecanismos de control del sistema financiero y del salario de los altos ejecutivos. Sin embargo, el fondo de la norma es reaccionario. El gobierno trata de convencer a los trabajadores de que sus sacrificios de hoy tendrán una recompensa en un futuro de prosperidad en el que todos (trabajadores y empresarios) construiremos una nueva sociedad. Detrás del “nuevo modelo productivo” se encuentra la vieja idea del “capitalismo de rostro humano”, la comunión de intereses entre capitalistas y trabajadores, así como la legendaria búsqueda del “empresario progresista y patriota”.

El modelo productivo español

El gobierno se ha apoyado a la hora de plantear la idea del “nuevo modelo productivo” en un montón de indicadores que revelan de manera cruda el carácter eminentemente parasitario del capitalismo español: productividad, inversión en investigación y desarrollo2, formación… En todos a la cola de Europa, demostrando el escaso interés de la burguesía española por la tecnología.

Tratar de convencer a los empresarios españoles que es mejor invertir en tecnología que en sectores basados en salarios bajos es un ejercicio inútil. La tasa bruta de explotación de las empresas españolas es de las más altas de Europa. Así, en el Estado español, por cada cien euros facturados, diez van directamente a los bolsillos del empresario. En Europa de cada cien tan sólo se llevan seis. ¿Qué significa este dato? Que el “modo de producción” español puede ser “insano” pero para los capitalistas es tremendamente rentable. Y éste es el quid de la cuestión: el capitalismo funciona en base a la inversión privada, la iniciativa individual. Un capitalista no invierte para desarrollar la sociedad, no invierte para modernizar el país, invierte única y exclusivamente para obtener beneficios. Y además, para obtener los mayores beneficios posibles en el menor tiempo posible. El gobierno puede tratar de convencer al capitalista de las ventajas del “nuevo modelo productivo”, sin embargo, el empresario, tras hacer unas rápidas cuentas mentales, cogerá el dinero que Zapatero les ofrezca, y como mucho harán una solemne promesa, de cara a la galería, de “corregir los errores del pasado” y seguirán tranquilamente con sus negocios de toda la vida.

El propio desarrollo histórico de la economía española determina la situación actual. Economías que tradicionalmente se han basado en la innovación y el desarrollo, disponen de una base tecnológica que sólo tienen que actualizar y de un hueco en el mercado mundial. Aquí, para que los capitalistas españoles se especializaran en un sector tecnológico, no sólo deberían afrontar una enorme inversión inicial que paliara el atraso histórico acumulado, sino que además deberían de enfrentarse a la perspectiva de incertidumbre, en la que la recuperación de la inversión en absoluto está garantizada debido a la brutal competencia existente en el mercado mundial. ¿Van a hacer todo eso los capitalistas españoles cuando, sin tantas complicaciones, ya consiguen ingentes beneficios?

Desde luego, los capitalistas no son una masa homogénea dedicada toda ella al negocio de la construcción y a la especulación. En el pasado, algunos sectores de la izquierda, equivocadamente, han usado las contradicciones en el seno de la burguesía para imaginarse dentro de los capitalistas a un sector industrial y progresista, dispuesto a invertir para desarrollar la economía y enfrentado a otro sector parasitario y conservador. Esas diferencias por supuesto existen, sin embargo, el grado de dominio, fusión y vinculación del capital financiero sobre los demás capitalistas es hoy en día, absoluto. Ya Lenin lo explica en su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo. Dueña de los capitales que los empresarios necesitan, la banca se transforma en una oligarquía financiera que lo domina todo. Es la gran banca la que determina hacia dónde van las inversiones, la que realmente dirige la economía. Sólo un dato: el 60% de los créditos bancarios concedidos están orientados hacia la construcción.  

¿Puede el Estado cambiar el modelo productivo?

Por todo ello, es ingenuo creer que el gobierno puede “por decreto” cambiar el modelo productivo. ¿Va a convencer a los banqueros de que renuncien a sus beneficios en aras de una sociedad más desarrollada y más justa? ¿Cómo se puede pretender transformar la economía española sin controlar sus palancas más importantes, sin dominar los sectores estratégicos como son los energéticos o, sobre todo, la Banca? Por mucho que diga el PP, Zapatero no puede planificar la economía sin expropiar a los grandes capitalistas.

La experiencia de Venezuela, un país en revolución, demuestra con claridad que es imposible regular el sistema capitalista. Es como ponerle puertas al campo. Allí el Estado incluso controla sectores fundamentales de la economía (como es el petróleo) y ya antes de que Chávez planteara el socialismo como objetivo de la revolución, su gobierno había tratado de utilizar los recursos petroleros para “transformar el modelo productivo” (en este caso se hablaba de conseguir “un capitalismo de rostro humano”). Todos los intentos del gobierno venezolano han chocado una y otra vez con los intereses de la burguesía. Y no sólo por factores económicos (al no liquidar el sistema capitalista y limitarse a introducir “reglas” que tratan de que el mercado “sea más justo”, el gobierno objetivamente dificulta el normal funcionamiento del capitalismo, provocando desajustes como la inflación, etc.) sino, sobre todo, por factores políticos (el odio de los capitalistas a la revolución está también detrás de la desinversión, la fuga de capitales, etc.). Precisamente el dilema que tiene la revolución en Venezuela es que o se culmina el proceso, expropiando a los capitalistas y a la banca o, finalmente, los capitalistas se saldrán con la suya y recuperarán el control político del país.

Si aquí Zapatero tomara la más mínima medida que realmente afectara a los beneficios de los capitalistas para mejorar las condiciones sociales o laborales de las masas, por un lado despertaría un enorme entusiasmo entre los jóvenes y trabajadores, pero también la oposición violenta de toda la “opinión pública” burguesa. Pero éste no es el caso con la Ley de Economía Sostenible.

¿En qué ha quedado la Ley de Economía Sostenible?

Y al final, ¿la Ley de Economía Sostenible en qué ha quedado? Para empezar todas las medidas de control y regulación del sistema financiero son meras palabras huecas. Los capitalistas siempre tienen mil maneras de zafarse de las regulaciones. En cuanto al control de los salarios de los altos ejecutivos, la ley sólo obliga a que las sociedades elaboren un informe sobre remuneraciones… ¡para los accionistas!

Lo demás son medidas, la mayoría subvenciones y deducciones fiscales, que vuelven a trasvasar dinero público a manos de los empresarios: deducción en el Impuesto de Sociedades a las empresas que inviertan en I+D, que pasan de un 8 a un 12%; deducción en el IRPF del 10% a las que acometan obras para ahorrar energía y agua.

Para el gobierno, una manera efectiva de impulsar la investigación y el desarrollo en las empresas privadas es… regalándosela: se favorece que la investigación universitaria vaya a manos privadas, fomentando la creación de nuevas sociedades mixtas basadas en los resultados de I+D obtenidos por investigadores de instituciones públicas y universidades. La Ley Orgánica de Universidad (LOU) impuesta por el PP en 2001 y no derogada por el gobierno del PSOE y los planes de Bolonia ya apuntaban en esa dirección.

Muchas medidas redundan en ayudar al maltrecho sector inmobiliario. Lejos de buscar un “nuevo modelo productivo”, se acude al rescate del ladrillo: deducciones fiscales a los dueños de vivienda en alquiler y más subvenciones para la rehabilitación de edificios. También posibilita a los pequeños pistoleros de la construcción participar en la tarta de las obras públicas, aumentando el porcentaje permitido de subcontratación (y, por tanto, la precarización) de un 30 a un 50%. La ley además favorece la “colaboración público-privada”, por ejemplo excluyendo la obligación de la administración de efectuar una evaluación previa de las obras públicas contratadas, cuando algún otro órgano de la misma administración haya hecho una evaluación para un “supuesto similar”, es decir ayuda a encubrir la corrupción de las comisiones por obras. Cuando se habla de “simplificación administrativa” no hay otra cosa que más presiones laborales para los funcionarios (que ya han visto mermada sus condiciones laborales). De hecho, “se presentará un plan de austeridad y de calidad del gasto y un plan de racionalización del sector público empresarial y de la estructura de la Administración Pública”. No hay que ser muy listo para saber lo que esto significa.

En cuanto a la formación, la Ley de Economía Sostenible rescata la reforma de la Formación Profesional, planteada hace un año y analizada críticamente en su día por el Sindicato de Estudiantes, que entre otras contrarreformas, facilita la obtención de títulos de FP a trabajadores con experiencia laboral, pero sin formación académica. También han anunciado una posible nueva “reforma” del sistema educativo.

Las medidas “ecológicas” principalmente son subvenciones para la compra de vehículos ecológicos, un fondo público para comprar bonos de carbono (es decir, fomentar la especulación con las cuotas de emisión de CO2) y medidas para “liberalizar” el transporte público, que podría traer consigo más privatizaciones de empresas municipales de transporte público y, sobre todo, de Renfe.

No rechazamos una energía más ecológica, pero como siempre hemos explicado los marxistas, los capitalistas lo que quieren es una energía más barata. Si lo consiguen usando las renovables ¡magnífico!, pero si lo tienen que lograr construyendo más nucleares, presionarán en este sentido. De hecho, el gobierno ya anunciado una revisión de su postura sobre la cuestión nuclear.

Por último, y de tapadillo, la ley introduce una disposición adicional que permite cortar Internet a aquellos que vulneren los “derechos de propiedad intelectual”, y además ¡se hará sin orden judicial! -aunque Zapatero dijera el 3 de diciembre que “el Gobierno no tiene la intención de cerrar ninguna web”, al día siguiente la vicepresidenta Fernández de la Vega no fue capaz de aclarar si también revisan este punto o no-. Es decir, no sólo las multinacionales se salen con la suya a la hora de luchar contra el “pirateo” sino que además cercenan los derechos democráticos.

Dinero para los empresarios, ataque a los funcionarios, privatización y contrarreformas, anuncio de reforma laboral… ¿Alguien se cree que estas medidas servirán para cambiar el modelo productivo?

Perspectivas para la economía española

Si el gobierno no cambió el modelo productivo durante el boom económico, con condiciones de financiación excepcionales, equilibrio de las cuentas públicas y unas perspectivas de expansión que se perdían en el infinito, ¿qué puede hacernos creer que ahora que la economía atraviesa una profunda crisis, será posible algo así? La primera prueba la tuvimos en los presupuestos generales del Estado: la inversión en I+D se contrajo, la partida presupuestaria para educación, en la práctica, se congeló…

El boom económico se basó en un endeudamiento masivo, histórico, de familias y empresas. Pero esa deuda finalmente se tiene que pagar. O se paga, o al final alguien quiebra. Los gobiernos mundiales optaron por aplicar enormes planes de rescate para salvar a los capitalistas, pero la deuda no desaparece. Ahora se ha transferido, en parte, a las cuentas públicas pero sigue estando ahí. La deuda pública y privada se ha convertido en un verdadero cáncer que amenaza con hundir a la economía mundial una vez más.

La crisis y las propias medidas de emergencia que ha tomado el gobierno este año están teniendo un efecto doble en las cuentas del Estado: los ingresos por impuestos se desploman y los gastos se disparan. Se calcula que en los nueve primeros meses del año los gastos han duplicado los ingresos. Es una situación insostenible a medio plazo. De hecho, el gobierno ya ha anunciado una política de ajuste para los próximos años. En ese contexto, el gobierno no va a tener margen para hacer inversiones en desarrollo tecnológico que tengan implicaciones serias en el conjunto de la economía. Además, no es una prioridad para la burguesía. Lo que están haciendo los capitalistas no es invertir, sino todo lo contrario. Así, la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) continúa en caída abrupta y persistente: en el primer trimestre del 2009 caía un 15,2%, en el 2º un 17%, en el 3º un 15,8%, y en el último un 13,3%. Si esta tendencia continúa, el “nuevo modelo productivo” consistirá en producir millones de parados crónicos y que una generación entera desperdicie su vida en la ciénaga de la degradación social. El desempleo masivo actúa como un nuevo elemento de contracción del mercado, favoreciendo una espiral descendente de la economía. Es el oro y no las nuevas tecnologías, lo que está atrayendo el gran capital.

La supuesta recuperación mundial tiene más que ver con los planes de estímulo inyectados por los gobiernos en la economía, que con que se haya iniciado una dinámica ascendente de recuperación con cimientos sanos. No está descartado que de retirar las ayudas, la economía volviera a sumirse en una profunda depresión. Si las ayudas continúan los desequilibrios de las cuentas de los estados acabarán siendo también una rémora para la recuperación económica. Eso sin contar todas las turbulencias financieras que se siguen desarrollando, que demuestran que los bancos siguen en graves problemas (ver Dubai). Si el futuro económico mundial no es nada halagüeño, el del Estado español no puede ser otra cosa que muy oscuro.

¿Un nuevo modelo cambiaría la naturaleza del capitalismo?

En la historia sí ha habido casos en los que las economías de determinados países han sufrido poderosas transformaciones sin romper con el sistema capitalista: Japón al terminar la Segunda Guerra Mundial, Corea y los llamados “tigres asiáticos” en los 80, o actualmente China (aunque en este caso la transformación está vinculada a la restauración del capitalismo). Desde luego, una combinación de factores históricos, que aquí no podemos analizar, explican todos esos casos.

El propio Estado español sufrió una tremenda transformación en los años 50 y 60 del siglo veinte, que terminó con un país fundamentalmente campesino y trajo consigo la industrialización, y con ella un poderoso proletariado. Así, en 1975 el 37,8% del PIB dependía del llamado “sector secundario” (hoy ha caído hasta el 24,9% en beneficio del sector terciario). Entonces, sectores enteros de la economía eran públicos como la minería, los astilleros, la siderurgia, la electricidad y las telecomunicaciones… Pero esas empresas públicas tenían un objetivo muy concreto: eran sectores que requerían enormes inversiones que ningún capitalista español estaba dispuesto a asumir. El Estado lo hacía para garantizar materia prima y productos básicos a bajo coste para los capitalistas. Luego, los capitalistas los transformaban y comerciaban con tales mercancías y conseguían suculentos beneficios. Es decir, las medidas de “regulación” de la economía introducidas por un Estado capitalista, buscaban beneficiar a los capitalistas.

El “desarrollismo” del franquismo se basaba en las condiciones brutales que la dictadura imponía a la clase obrera: salarios de miseria, ningún derecho democrático… Pero el factor determinante que explica la transformación económica del Estado español (y de muchos otros países en aquella época) fue un desarrollo económico histórico en todo el mundo, el boom de la postguerra, con tasas de crecimiento que rondaban el 9 y el 10% (nada que ver con la situación actual). En ese proceso, el papel del Estado, importante desde luego, no dejó de ser un papel auxiliar. Ayudaba a impulsar la economía capitalista, pero no podía, ni muchísimo menos (y tampoco pretendía) sustituir la iniciativa privada.

Resulta interesante señalar que los mismos argumentos reformistas que ahora se presentan la panacea del “nuevo modelo producido” fueron los que en los años 80 y 90 impulsaron el desmantelamiento y/o privatización de toda aquella estructura industrial. Los gobiernos de Felipe González fueron los principales adalides de la especialización de la economía española en el sector servicios para modernizarla (turismo verde a cambio de acerías se decía en Asturias, por ejemplo). Se suponía que era el “modelo productivo” que traería progreso y desarrollo. Esta crisis ha derrumbado por completo aquel paradigma económico que ahora pretende ser sustituido por otro.

Supongamos, por un momento, que Zapatero lograra transformar el modelo productivo en el sentido en el que lo plantea. ¿Traería consigo el nuevo modelo productivo capitalista menos explotación para los trabajadores, suprimiría la dinámica boom-recesión propia del capitalismo, se terminaría con la especulación y con las burbujas especulativas? No. Ningún país se ha librado de los efectos de la crisis económica mundial. En Japón, por ejemplo, su modelo de economía, que por excelencia se basa en la tecnología y la inversión, no impidió que se desarrollara en los 80 una burbuja inmobiliaria sin precedentes. Del consiguiente crack Japón aún no se ha recuperado, a pesar de los masivos planes de estímulo que el gobierno nipón inyectó en la economía. Actualmente la clase obrera sufre un paro histórico. También allí se insiste en que para salir del atolladero tiene que “cambiar su modelo productivo”. ¿A cuál? A un modelo productivo que fomente el consumo interno ¡Cómo el que había en EEUU hasta la actual recesión, o en el Estado español! En el caso de China su economía sufre gravísimos desequilibrios que pueden estallar en cualquier momento.

Pero es que además, las propias burbujas especulativas pueden estar basadas en un sector tecnológico, no es un fenómeno exclusivo del “ladrillo”. No podemos olvidar la burbuja de las punto.com de finales de los años 90. Al fin y al cabo las burbujas son producto de las expectativas de obtención de rápidos y fáciles beneficios y son inherentes al caos capitalista.

Respecto a la cuestión de la productividad, que le pregunten a General Motors (GM) si la inversión y el desarrollo son o no son vacunas contra la crisis. El gigante norteamericano está en el quinto puesto en el ranking mundial de inversión en I+D y sólo la nacionalización por parte del gobierno norteamericano ha evitado su quiebra. De hecho, el sector del automóvil, uno de los que más invierte en I+D está sumido en una profunda crisis. Estos sectores, por mucha tecnología que haya, no pueden evitar sufrir la sobreproducción, la gran contradicción del sistema capitalista.

Paradójicamente, más tecnología no sólo no alivia las contradicciones del capitalismo sino que las profundiza: aumenta la composición orgánica del capital, ya que la máquina de por sí no crea plusvalía, así que, para mantener su tasa de beneficios el empresario sobreexplota más si cabe al trabajador, aumentando su jornada laboral, su ritmo de trabajo, etc. Es otra locura del sistema capitalista el que más maquinaria y más producción lejos de ser empleada en mejorar nuestras condiciones de vida acarrea más opresión.

El capitalismo en un sistema anárquico incapaz de conciliar la capacidad productiva con las necesidades sociales de la clase obrera. Fijémonos en la burbuja inmobiliaria española. Se construyeron millones de pisos hasta que estalló y, sin embargo, el problema de la vivienda sigue siendo uno de los más acuciantes para jóvenes y trabajadores. ¡Pisos vacíos conviven con trabajadores sin hogar! Antes hablábamos del fracaso escolar entre la juventud. ¡Cuánto potencial creativo desechado por el sistema capitalista! ¡Qué universo de posibles talentos malgastado! Sólo con poner a trabajar a los miles de licenciados que están hoy en día en el paro, las ciencias, la tecnología, el arte conocerían un desarrollo impresionante, la sociedad podría desarrollarse a límites insospechados. Pero el capitalismo no conoce de necesidades sociales y condena a la humanidad a la ignorancia y la barbarie.

Definitivamente, el “nuevo modelo productivo” de Zapatero no es más que un conejo sacado de la chistera del reformismo sin reformas, de una socialdemocracia que se ve obligada en todo el mundo a aplicar contrarreforma tras contrarreforma en la medida en que no tiene realmente otro modelo que aplicar. Detrás del debate del modelo productivo está el viejo debate de reforma o revolución. ¿Se puede reformar el sistema o debemos luchar por su abolición? El callejón sin salida de los reformistas, que hace tiempo abandonaron una perspectiva revolucionaria y por tanto no les queda otro remedio que seguir los dictados de las grandes empresas, es revelador.

Los marxistas afirmamos que sí hay otro modelo, pero no un modelo capitalista. Expropiando a los capitalistas y banqueros y planificando democráticamente la economía sí se puede construir una economía capaz de desarrollar todo el potencial de la inteligencia humana, garantizando y desarrollando unas condiciones de vida dignas para toda la humanidad. Pero no es “otro modelo productivo” cualquiera, estamos hablando del socialismo.

NOTAS

1. Según PIMEC, la producción por hora trabajada en el conjunto de la UE-15 aumentó en el periodo 2001-2007 a una tasa anual acumulativa del 1,3%. Este porcentaje contrasta con la evolución que ha tenido en EEUU y Japón (2,2% anual). Sin embargo, la economía española se sitúa en el furgón de cola: el aumento de la productividad en el periodo citado fue de sólo el 0,9% anual. Es falso que una economía sea más productiva por tener salarios bajos (de ser así las economías más prósperas estarían en el continente africano). Tampoco hay una relación directa con la jornada laboral. Un estudio de 2007, elaborado por Ipsos para la empresa Lexmark, revela que la economía española es la que tiene, de la UE-15, la jornada laboral más larga y menos rendimiento se obtiene por hora trabajada. Los países que tienen jornada laboral más baja (Holanda, Alemania y Bélgica) se encuentran entre los cuatro donde la productividad por hora es mayor. Si la economía española no es más productividad se debe a la falta de tecnología. Es decir, es un problema de inversión de los capitalistas de lo que los trabajadores no tienen ninguna responsabilidad.

2. Según el INE, el esfuerzo en I+D en el Estado español (gasto en relación al PIB) en 2008 fue de 1,38%, frente al 2,26% de media de la OCDE (2,54% en Alemania, 2,66% en EEUU y 3,39% en Japón). Sin embargo, los datos de I+D revelan otra cosa realmente interesante: en el Estado español apenas el 45% de los recursos que se invierten en I+D provienen de fondos privados, aunque esas mismas empresas privadas ejecutan el 55% del gasto. No sólo se demuestra que las empresas españolas no invierten en desarrollar tecnología, sino que además se dedican, en una parte importante, a chupar de la teta del Estado, de la investigación pública en los organismos públicos y en las universidades. No es casualidad que en el ranking de las empresas mundiales que más invierten en I+D no haya ninguna española. El diario económico Cinco Días (26/11/09) decía lo siguiente al respecto: “Si estas cifras evidencian el retraso en I+D de las compañías españolas, también lo hacen las partidas globales. Todas las firmas nacionales juntas destinaron durante 2008 cerca de 1.470 millones de euros. (…) Y no se puede decir que en España no se ha movido dinero durante los últimos años. De hecho, el agujero generado por la suspensión de pagos de la inmobiliaria Martinsa Fadesa (gran símbolo de la burbuja inmobiliaria), que tuvo lugar en 2008, rondó los 7.000 millones de euros, casi cinco veces más que la citada inversión de 1.470 millones en I+D por parte de las grandes empresas españolas durante ese mismo año” (El énfasis es nuestro).

3. En el segundo trimestre de 2009 la deuda de las familias equivalía al 130% de la Renta Disponible Bruta (RDB). El boom elevó a un porcentaje histórico el endeudamiento, pero la crisis no ha rebajado sustancialmente este ratio. Lo que sí ha traído la es una caída abrupta de la llamada “riqueza financiera” y “riqueza inmobiliaria”, que hasta cierto punto compensaba el endeudamiento. Así, mientras el “valor” de los activos se desploma, las deudas se quedan, afectando el consumo de amplias capas sociales (no sólo de la clase obrera) y provocando un efecto lastre en la economía, que puede ser duradero. Quien puede consumir, ahorra y quien no puede llegar a fin de mes, consume menos todavía. El consumo representa el 60% de la actividad económica española.

Fuente: http://www.elmilitante.net/content/view/6039/29/

Fronteras de la democracia

FUENTE

Pablo Bustinduy
Filósofo
Ilustración Ramón Rodríguez

“Un cuerpo ciudadano inclusivo pero esencialmente pasivo, en el que caben tanto la élite
como la multitud, pero cuya ciudadanía tiene un horizonte limitado”

 Ellen Meiksins Wood, “La democracia contra el capitalismo”

 

1. En la antigua Grecia, la libertad (eleutheria) quería decir: ser libre de servir. Ciudadano es aquel que no tiene señor y no le debe nada a nadie, quien no debe sudar para que otro le arrebate el fruto de su tiempo y de su esfuerzo. Por debajo, claro, estaba el cuerpo de los esclavos; por detrás el de mujeres y extranjeros. En el centro de la plaza, sin embargo, la presencia del demos era escandalosa: su gobierno no estaba basado en el linaje, la riqueza, la inteligencia o la aptitud, sino en la socialización de las decisiones y de la razón política, en el poder común de la gente libre. Por eso la mayor parte de los cargos políticos se sorteaban al azar, y las principales discusiones se sometían al griterío de la asamblea: porque quien no trabaja para un tirano tampoco se encomienda a él para que decida en su lugar.

2. En las democracias modernas, el “gobierno del pueblo” se convierte en el gobierno de sus representantes, y el pueblo en una ficción por la que la igualdad consiste en que el voto de un oligarca y el de un obrero valgan exactamente lo mismo. Todo lo que los separa -su trabajo, sus ingresos y relaciones, el poder que ejercen o que se ejerce sobre ellos- desaparece por arte de magia de la escena política. En la democracia capitalista, el demos es una superficie lisa, homogénea, fría, donde la vida social no deja marca alguna y todos tienen el mismo derecho a no hacer (casi) nunca (casi) nada. Pero los griegos ya decían que toda ciudad tiene dentro otras dos ciudades, que no todos viven en las mismas condiciones ni tienen las mismas posibilidades. Por eso el pueblo es a la vez el nombre de las clases bajas y de todo el cuerpo social: porque ese cuerpo está quebrado por dentro.

3. En el parlamento, la democracia entra en un lugar cerrado que pretende tener el monopolio de lo legal y lo legítimo (no es casualidad que los parlamentos del Sur de Europa estén blindados: esa es en última instancia la porosidad de la “esfera política”). La ficción representativa despolitiza por principio todo lo que queda fuera de ella. Por eso los escraches son “nazismo puro” y el millón de firmas del referéndum de la sanidad, una “parodia”. Del otro lado de esa frontera, sin embargo, hay cada vez más gente a la que ya no le quedan razones para mantener el pacto social. Es un bloque histórico (en el sentido casi tectónico de placas de ruptura, de un continente que busca darse su propia forma) en crecimiento y más consistente de lo que se deja pensar. La paradoja es que cuanta más presión hace contra el límite, más se acerca a su propia frontera, a sus propios momentos de desborde y definición.

4. En un comentario sobre las lecciones de la revolución, Trotsky dice que en ese tipo de situación suelen surgir dos actitudes que obligan a retroceder en lugar de saltar adelante. El primero no encuentra a su alrededor más que defectos, dificultades e imposibles para el movimiento; el segundo solo ve un obstáculo cuando ya se ha abierto la cabeza contra él. Uno ve montañas por todas partes; el otro está convencido de que el “océano le llega por las rodillas”. Spinoza decía que la esperanza y el miedo son dos versiones simétricas de una misma parálisis, de una misma incapacidad de actuar. Probablemente, encontrar el punto medio entre esos dos extremos sea hoy una premisa para el problema de la organización.

5. La situación se ha vuelto cada vez más impredecible. La unidad del demos, de la que tanto se habla, nunca viene dada de antemano: es un proceso dialéctico, contradictorio, que avanza inutilizando límites, haciendo fuerza contra ellos, volviéndolos inservibles. Gilles Dauvé y Karl Nesic escriben en Más allá de la democracia:

“En Petrogrado, en 1917 y con 90.000 empleados (hombres y mujeres) del textil ya en huelga, uno de los detonantes de la revolución fue una manifestación de mujeres que, el día 23 de febrero, se hartaron de hacer cola delante de las panaderías y decidieron plantarse frente a la sede de la Duma municipal para exigir pan (…) Por el camino detuvieron los tranvías y se pararon frente a las puertas de fábricas y oficinas, incitando generalmente con éxito a parar el trabajo. Es un ejemplo de cómo lograr que se entremezclen las categorías “domésticas” y “obreras”, el lugar de trabajo y el espacio fuera de él, la ocupación de la empresa y de la calle; es crear un umbral a partir del cual todo puede ponerse en discusión. A una escala más modesta, apenas se entreabre una brecha en la realidad puede surgir ese “desorden fraternal” (Babeuf), productor de una comunidad de lucha. En Rouen, en mayo de 1968 y tras haber sido invitados a parar el trabajo, los empleados de una calle comercial se ponen a debatir a pie de calle; se suma todo viandante que lo desea, sin que nadie les pregunte quiénes son ni en nombre de quién hablan. Las fronteras solo rigen mientras rigen las rutinas.”

Los procesos pueden darse a muchos niveles y con distintas lógicas: lo esencial es acumular fuerzas en el instante en que se cruzan las trayectorias, cuando se puede desbordar las fronteras y poner las cosas en discusión

LA CARA OCULTA DE LOS SUPERMERCADOS

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"El pan de los pobres es su alimento.

Quien se lo quita, es un asesino"

ECLESIÁSTICO, 34

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Contra el progrés

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CONTRA EL PROGRÉS.

Diari Ara. 13/5/13. Gustavo Duch

Podria ser una habitual conversa del vermut d’un matí de diumenge a Viladecans, Sant Boi o El Prat. ―Carles, el que passa és que tu sempre estàs en contra de qualsevol progrés. Recordo perfectament quan fa uns anys qüestionaves l'ampliació de l'Aeroport del Prat de Barcelona; tot l'any passat t'ho vas passar en campanyes i accions contra l'arribada de Eurovegas a la zona del Parc Agrari i; ara que ens parlen d'un gran complex de tendes de roba outlet, també ho critiques.

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JUSTICIA FISCAL GLOBAL: ¿Qué hacer con la deuda y el euro?

16 de maig de 2013

Autores:
Daniel Albarracín, Nacho Álvarez, Bibiana Medialdea (España)
Francisco Louçã (Portugal)
Giorgos Galanis (Grecia)
Stavros Tombazos (Chipre)
Özlem Onaran (Gran Bretaña)
Michel Husson (Francia)

Apoyar el manifiesto

La crisis

Europa se hunde en la crisis y la regresión social bajo la presión de la austeridad, la recesión y la estrategia de “reformas estructurales”. Esta presión está estrechamente coordinada en el plano europeo bajo la dirección del gobierno alemán, el BCE y la Comisión Europea. Existe un amplio consenso de que estas políticas son absurdas e incluso “iletradas”: la austeridad fiscal no reduce la carga de la deuda, sino que genera una espiral de depresión, más desempleo y desesperación en los pueblos europeos.
Sin embargo, estas políticas son racionales desde el punto de vista de la burguesía. Son una manera brutal —una terapia de choque­— de restablecer los beneficios, garantizar las rentas financieras e imponer las contrarreformas neoliberales. Lo que está ocurriendo es básicamente que los Estados están convalidando las demandas financieras sobre la producción y el PIB futuros. Por eso la crisis adopta la forma a una crisis de la deuda soberana.
Un falso dilema
Esta crisis revela que el anterior proyecto neoliberal para Europa era inviable. Presuponía que las economías europeas eran más homogéneas de lo que son realmente. Las diferencias entre países aumentaron debido a su posicionamiento en el mercado mundial, a su sensibilidad al tipo de cambio del euro. Las tasas de inflación no convergían y los bajos tipos de interés favorecieron intensos movimientos de capitales entre países y burbujas financieras y de la construcción. Todas estas contradicciones —exacerbadas tras la instauración de la unión monetaria— existían antes de la crisis, pero estallaron a raíz de los ataques especulativos a las deudas soberanas de los países más expuestos.
Las alternativas sociales y populares a esta crisis exigen una audaz refundación de Europa, porque la cooperación europea e internacional es necesaria para reconstruir el tejido industrial, la sostenibilidad ecológica y la estructura del empleo. Pero dado que esta refundación global parece fuera del alcance ante la actual relación de fuerzas, se propone salir del euro como solución inmediata en diversos países. El dilema parece radicar entre una “salida” arriesgada de la eurozona y una utópica armonización europea a partir de las luchas obreras. Desde nuestro punto de vista, esta es una falsa dicotomía y es importante tratar de elaborar una estrategia política viable de cara a la confrontación inmediata. Toda transformación social implica la puesta en tela de juicio de los intereses sociales dominantes, sus privilegios y su poder, y es cierto que dicha confrontación se produce en primer lugar dentro del contexto nacional. No obstante, la resistencia de las clases dominantes y sus posibles medidas de respuesta superan el marco nacional. La estrategia de abandono del euro no se centra necesariamente en este esfuerzo por avanzar una alternativa europea y en este sentido se requiere una estrategia de ruptura con el “euroliberalismo” para crear los medios de una política alternativa. Este documento no trata del programa de esta ruptura, sino que se centra más bien en la búsqueda de medios para poner en práctica este programa.
¿Qué debería hacer un gobierno de izquierdas?
Estamos en pleno apogeo de lo que se podría denominar técnicamente una “crisis de balances”. Es una crisis generada por el desendeudamiento y la minimización de las deudas del sector privado, causadas por la acumulación de una enorme cantidad de activos ficticios, no respaldadas por activos reales. En términos prácticos, significa que los ciudadanos han de pagar por la deuda o, en otras palabras, convalidar las demandas del sector financiero sobre la producción y los impuestos actuales y futuros. Los países europeos, en una acción estrechamente coordinada en el plano europeo e incluso mundial, han decidido nacionalizar las deudas privadas convirtiéndolas en deuda soberana e imponiendo la austeridad y las políticas de transferencia para pagar dichas deudas. Esta es la justificación, la motivación y la oportunidad de implementar las “reformas estructurales” cuyos objetivos son clásicamente neoliberales, reduciendo los servicios públicos del Estado de bienestar, recortando el gasto social y flexibilizando los mercados de trabajo a fin de rebajar los salarios directos e indirectos.
Desde nuestro punto de vista, la estrategia política de la izquierda debe concentrarse en la lucha por una mayoría que sustente un gobierno de izquierda, capaz de deshacerse de esta camisa de fuerza.
Demos la espalda a los mercados financieros y gestionemos el déficit. A corto plazo, y como medida inmediata, un gobierno de izquierda debería encontrar vías para financiar el déficit público al margen de los mercados financieros. Las normas europeas prohíben algunas de ellas y esta es la siguiente ruptura. Técnicamente hay una amplia gama de medidas posibles que no son nuevas y que se han utilizado en el pasado en varios países europeos: un préstamo forzoso con cargo a los hogares más ricos; la prohibición de tomar prestado de no residentes; la obligación de los bancos de mantener cierta proporción de bonos públicos; impuestos drásticos sobre las transferencias internacionales de dividendos y operaciones de capital, etc. y, por supuesto, una profunda reforma fiscal.
La vía más sencilla pasaría por financiar el déficit a través del banco central nacional, como ocurre en Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, etc. Es posible crear un banco especial que pueda refinanciarse a través del banco central, pero dedicado principalmente a comprar bonos públicos (el BCE ha hecho lo mismo en la práctica).
Por supuesto que esto no es principalmente una cuestión técnica, sino que supone una ruptura con el orden europeo. Sin esta ruptura, cualquier política heterodoxa se vería frustrada de inmediato por un aumento del coste de la financiación de la deuda pública.
Deshagámonos de los mercados financieros y reestructuremos la deuda. Sin embargo, este primer conjunto de medidas inmediatas no reduce la carga de la deuda acumulada y de los intereses de esta deuda. La alternativa largo plazo es entonces la siguiente: bien una austeridad interminable, bien una política de cancelación de la deuda y una moratoria inmediata sobre la deuda pública. Un gobierno de izquierda debería decir: “No podemos pagar la deuda robando salarios y pensiones y no lo haremos”. Después de declarar esta moratoria debería organizar una auditoría ciudadana para determinar la deuda ilegítima, que corresponde, por ejemplo, a cuatro elementos:
  • Los “regalos fiscales” del pasado a los hogares más ricos, a las empresas y a los “rentistas”.
  • Los privilegios fiscales “ilegales”: evasión fiscal, optimización de impuestos, paraísos y amnistías fiscales.
  • Los rescates bancarios desde el estallido de la crisis.
  • La deuda generada por la propia deuda a través del efecto “bola de nieve” derivado de la diferencia entre tipos de interés y tasas de crecimiento del PIB, menoscabado por la austeridad y las políticas de desempleo.
Esta auditoría abre la vía a la imposición de un canje de títulos de deuda cancelando gran parte de la misma, según haga falta. Esta es una segunda ruptura.
Sin embargo, las deudas soberanas también están totalmente imbricadas con la banca privada. Por eso el rescate de un país ha consistido en general en un rescate de los bancos. Hace falta una tercera ruptura con el orden neoliberal: el control de los movimientos internacionales de capitales, el control del crédito y la socialización de la banca. Este es el único medio racional de desenredar la madeja de las deudas. Después de todo, esta fue la opción tomada por Suecia en la década de 1990 (seguida, claro está, de su reprivatización).
En resumen, abrir una vía alternativa exige un conjunto coherente de tres rupturas:
  • Financiación de la deuda del pasado y de las cuestiones de la deuda soberana futura.
  • Cancelación de la deuda ilegítima.
  • Socialización de la banca para el control del crédito.
Estos son medios de transformación social. ¿Cómo lograrlos?
Hace falta un gobierno de izquierda
A fin de desarrollar estas tres rupturas principales, necesarias para resistir el chantaje financiero, necesitamos un gobierno de izquierda. Aunque las condiciones sociales y políticas para una estrategia de convergencia y la lucha por un gobierno de este tipo varían mucho de un país a otro, toda Europa contempló en el verano de 2012 la posibilidad de que Syriza ganara las elecciones y constituyera el eje de tal gobierno en Grecia. Entonces y después, Syriza lanzó una campaña en torno a los principales temas que defendemos en este manifiesto: un gobierno de izquierda es una alianza para cancelar el memorándum y reestructurar la deuda, protegiendo los salarios y las pensiones y los servicios sociales de sanidad, educación y seguridad social. Nuestro enfoque en este documento sintoniza con el de “ningún sacrificio por el euro” de Syriza.
La salida del euro no es una garantía de ruptura con el “euroliberalismo”
Es evidente que un gobierno de izquierda que aplique estas medidas ha de ser muy audaz, estar muy cohesionado en torno a un programa socialista y contar con un amplio apoyo popular. Este último solo se conseguirá si su programa es claro con respecto a la tarea principal de combatir los intereses financieros, reconstruir una economía de pleno empleo y asegurar la gestión social de los bienes públicos. No debemos desviarnos de esta estrategia. Si la cancelación de la deuda es el objetivo, no debemos desviarnos del objetivo. Ganar y merecer la victoria depende estrictamente de la coherencia y la claridad políticas. Las primeras medidas del gobierno de izquierda deben dirigirse contra la deuda y la austeridad.
Para aplicar esta política efectiva contra la deuda, un gobierno de izquierda, siempre que cuente con el necesario apoyo popular, deberá estar dispuesto a utilizar todos los medios democráticos necesarios para enfrentarse a los intereses financieros, con inclusión de medidas de nacionalización de sectores estratégicos y de confrontación directa con el gobierno de Merkel, el BCE y la Comisión Europea. Deberá profundizar en la defensa de la democracia y de los avances sociales a escala supranacional. Sin embargo, si la política de Bruselas se lo impide, esta defensa deberá asegurarse desde mecanismos nacionales ya existentes. Esta confrontación no debería ver el euro como un tabú y debería contar con opciones alternativas, incluido el abandono del euro tanto si no queda otra alternativa en el marco europeo como si las autoridades europeas lo fuerzan. Sin embargo, esto no debería plantearse de entrada.
Cualquier gobierno de izquierda debería tener claras las difíciles consecuencias del abandono del euro. En primer lugar, no significaría necesariamente la recuperación de la soberanía democrática, pues la financiación del déficit escaparía al control de los mercados financieros, pero este control podría ejercerse mediante la especulación contra la nueva/antigua moneda si un país tiene un déficit por cuenta corriente.
En segundo lugar, no se reduciría la carga global de la deuda, sino que aumentaría en proporción al porcentaje de devaluación, puesto que la deuda se denomina en euros. En este caso, el gobierno se vería forzado a redenominar la deuda pública en la nueva moneda nacional, lo que equivaldría a una cancelación parcial de la deuda. El Estado tiene el poder de hacerlo, aunque quepa prever una disputa judicial internacional, pero la empresa privada y la banca no tienen el mismo poder soberano; por consiguiente, el valor de la deuda privada y financiera aumentaría en la moneda nacional equivalente. En este contexto, finalmente será preciso nacionalizar la banca debido simplemente a la quiebra de todo el sector crediticio, pero esto también significa que aumentará la deuda pública a favor del sector financiero internacional.
En tercer lugar, la devaluación pondría en marcha un proceso inflacionista y por tanto los tipos de interés tenderían al alza, generando nuevos problemas de deuda interior y distribución desigual de la renta.
En cuarto lugar, la salida del euro suele presentarse como una estrategia encaminada a conquistar cuota de mercado mediante la devaluación competitiva. Este tipo de enfoque no rompe con la lógica de la competencia de todos contra todos y abandona una estrategia de lucha común europea contra la austeridad.

Finalmente, continuar la lucha sin proponer la salida del euro y de la UE como alternativa aumenta el margen de maniobra y el poder de negociación de un gobierno de izquierda, así como las posibilidades de que la resistencia se extienda a otros países de la UE. Por eso es progresista e internacionalista en vez de aislacionista y nacional.

Por una estrategia de ruptura unilateral y extensión 
En contraste con la visión neoliberal de la competencia, las soluciones progresistas se basan en la cooperación y funcionarán mejor si se generalizan a un mayor número de países. Por ejemplo, si todos los países europeos redujeran la jornada laboral y aplicaran un impuesto uniforme sobre las rentas del capital, esta coordinación evitaría la repercusión que tendría esta misma política si se adoptara en un único país. Para allanar el camino a la cooperación, un gobierno de izquierda debería seguir una estrategia unilateral que combinara:

1. “Buenas” medidas aplicadas unilateralmente, como por ejemplo el rechazo de la austeridad o la aplicación de un impuesto sobre las transacciones financieras.

2. Planes de protección concomitantes, como controles de capitales.

3. Habrá que reconocer el riesgo político de desafiar las normas de la Unión Europea para poner en práctica esta política a escala inicialmente nacional. La idea es extender esta política a escala europea para que estas medidas sean adoptadas por los Estados miembros, por ejemplo con la extensión del estímulo fiscal, o un impuesto europeo sobre las transacciones financieras.

Sin embargo, no será posible evitar la confrontación política con la UE y las élites de otros países europeos, en especial el gobierno alemán, por lo que no cabe descartar la amenaza de salida del euro como alternativa viable.

Este planteamiento estratégico reconoce que la refundación de Europa no puede ser condición necesaria para poner en práctica una política social. Las eventuales represalias contra un gobierno de izquierda deberán neutralizarse a base de contramedidas que incluyen efectivamente el recurso a medidas proteccionistas si fuera preciso. Sin embargo, no es una estrategia proteccionista en el sentido habitual del término, ya que defiende una transformación social que parta del pueblo y no de los intereses del capitalismo nacional en su competencia con otros capitalistas. Se trata, por tanto, de un “proteccionismo de expansión”, cuya lógica de fondo es desaparecer una vez las medidas sociales a favor del empleo y contra la austeridad se hayan generalizado a toda Europa.

La ruptura con las normas de la UE no se basa en una posición de principio, sino más bien en un criterio de eficacia, justicia y legitimidad de unas medidas que responden a los intereses de la mayoría y también se proponen a los países vecinos. Este reto estratégico puede apoyarse entonces en la movilización social en otros países y de este modo generar una relación de fuerzas capaz de desafiar a las instituciones de la UE. La experiencia reciente de los planes de rescate neoliberal aplicados por el BCE y la Comisión Europea ha demostrado que es muy posible pasar por encima de una serie de disposiciones de los tratados de la UE y que las autoridades europeas no dudan en hacerlo para mal. Por tanto, reivindicamos la misma capacidad de adoptar medidas para bien, incluida la imposición de controles de capitales y otros instrumentos en defensa de los salarios y las pensiones. En este planteamiento, la salida del euro es una amenaza o un arma de último recurso, como ya hemos señalado.
Esta estrategia se apoya en la legitimidad de las soluciones progresistas que se deriva de su naturaleza de clase sumamente cooperativa. Es una estrategia cooperativa de ruptura con el marco actual de la UE porque se aplica en nombre de otro modelo de desarrollo basado en una nueva arquitectura para Europa: un presupuesto europeo más amplio, financiado mediante un impuesto común sobre el capital que financie fondos de armonización e inversiones social y ecológicamente útiles. Pero no esperamos de brazos cruzados a que se produzca el cambio: la lucha contra la deuda y la austeridad está en el orden del día, del mismo modo que las medidas justas de defensa de los salarios y las pensiones y los servicios sociales y bienes públicos. No perdemos de vista esta estrategia.

En suma, la estrategia popular de un gobierno de izquierda debe estar abierta a hacer lo que sea necesario por la lucha democrática contra la deuda y la austeridad. Nosotros defendemos esta estrategia.

Publicat per a 19.19

Alternativas para una vida digna: reparto del trabajo.

13 de maig de 2013

“El desmantelamiento de servicios públicos destinados al cuidado de personas dependientes, menores y personas adultas deriva la responsabilidad de los cuidados en la reconcentración familiar y esto, en la práctica, quiere decir que son las mujeres quienes vuelven a asumir este mayor trabajo -no remunerado-.”

Carmen Castro. Consejo Científico de ATTAC España.

El reparto del trabajo representa, hoy por hoy, una alternativa necesaria para la redistribución de los recursos y la riqueza desde otro paradigma, basado en la equidad de género y la solidaridad intergeneracional.
Es puro sentido de común y por ello, precisamente, resulta fácilmente entendible. Si el trabajo remunerado no alcanza para todas las personas que están disponibles para el empleo, por qué no modificar el criterio de reparto del mismo, reduciendo la parte del tiempo que comprometemos laboralmente en nuestras vidas. Según los datos de la última EPA, de los 22,8 millones de población activa que hay en el Estado Español, 6,2 no consiguen empleo. ¿Qué impide pasar de la jornada laboral máxima de 40 horas a otra de 25 o 30 horas máximas a la semana? Francamente, creo que nos iría mejor si pensásemos en clave de inversión, en qué capacidades y perspectivas estamos sembrando para el futuro; en cuál es la herencia social, económica y medioambiental que estamos traspasando.
Hay quien dice que una propuesta como esta no cuajaría porque parte de la ‘clase trabajadora’ se resiste a reducir su nivel de ingresos. En mi opinión, esta es una más de las muchas falacias con las que el sistema capitalista pretende mantener su propio statu quo. Es la estrategia del ‘divide y vencerás’ de toda la vida: fomentar la rivalidad y división de intereses, entre quienes precisan de una renta del trabajo para subsistir; asentando, al mismo tiempo, la tradicional división sexual del trabajo.
El desigual impacto de la crisis sobre las mujeres pone en evidencia la persistencia de brechas de género en el empleo (trabajo remunerado) y en el trabajo no remunerado; algo que al sistema heteropatriarcal, que sostiene a este capitalismo depredador, le va muy bien y que delimita las posibilidades reales de las mujeres de desarrollar sus proyectos de vida, cercenando sus oportunidades de acceder a una renta de trabajo.
Mientras las políticas neoliberales continúan con el expolio de derechos y recursos, la división sexual del trabajo se intensifica y precariza aún más. El desmantelamiento de servicios públicos destinados al cuidado de personas dependientes, menores y personas adultas deriva la responsabilidad de los cuidados en la reconcentración familiar y esto, en la práctica, quiere decir que son las mujeres quienes vuelven a asumir este mayor trabajo -no remunerado-.
De cómo las manipulaciones de economistas ultraortodoxos no tienen límite…
 
Recientemente se ha desmontado una de las grandes estafas ideológicas que ha sustentado el austericidio ejecutado por la troika europea. Un trabajo académico firmado por Reinhart y Rogoff insiste en que la deuda pública por encima del 90% del PIB provoca un crecimiento negativo de -0,1%; y este análisis se está utilizando por el FMI y la troika cual ‘mantra neoliberal’; con ello justifican los planes de reducción de la deuda pública vía recortes presupuestarios y los planes de austeridad.

Los efectos del fundamentalismo del déficit cero no se han hecho esperar; la profundización de la crisis arroja ya, en el Estado Español, una tasa de desempleo que supera el 27%, una tasa de desempleo femenina superior a la media y la descapitalización de una sociedad con más del 57% de su población joven, formada y que debería estar tomando el relevo productivo, en situación de desempleo y sin perspectivas. El artículo mencionado, y las conclusiones recogidas en el mismo, ha sido refutado al descubrir que contenía sesgos y errores de cálculo importantes. Resultaría hasta cómico, de no ser por las dramáticas consecuencias que está provocando y la involución social que trae consigo. Porque veamos, ¿quién va a asumir la responsabilidad de haber creado en el sur de Europa la nueva zona de low cost salarial de occidente?

Mucho me temo que nadie lo hará. Más bien lo contrario; porque están preparando dosis mayores de la misma medicina. Ya han empezado a transmitir que el aumento de la esperanza de vida, lejos de poder ser interpretado como un reflejo de la mejora de condiciones sociosanitarias desarrollada durante el pasado siglo, será el factor de penalización con el que las políticas neoliberales pretenden desmontar el sistema público de pensiones. Tal vez consigan inculcar el miedo suficiente para que haya quien se trague la mentira de que como vivimos años ‘por encima de nuestras posibilidades’ tendremos que trabajar durante más años y cobrar un importe menor una vez nos hayamos jubilado.

Sin embargo, la indignación y el hartazgo social frente a esta podredumbre sigue creciendo y en mi opinión, algo se empieza a resquebrajar.

La resistencia se manifiesta cada vez de manera más explícita entre quienes sabemos que, en el largo plazo, hay una relación directa entre la igualdad, el desarrollo y la sostenibilidad de la vida. Y es, precisamente, este eje de cambio lo que nos puede permitir transformar no solo el modelo de producción actual, sino sobre todo el modelo de sociedad. ¿Y si en vez de seguir permitiendo que crezcan la rivalidad y la competencia nutrimos activamente la reciprocidad y la cooperación como germen de un proceso de devolución social? ¿Y si decidimos apostar por construir proyectos de vida plena, en los que la división sexual del trabajo sea algo completamente desterrado y la violencia estructural un lamentable fantasma del pasado?

El momento es ahora; no habrá otro más oportuno.

Tenemos un gran poder transformador en las iniciativas ciudadanas, en las estrategias de economía social y solidaria y en algunas experiencias desarrolladas desde la gestión colectiva, por ejemplo. Necesitaremos también apropiarnos del poder político para conseguir reorientar el marco de actuación hacia la igualdad efectiva. ¿Por qué no empezar por el reparto del trabajo (remunerado y no remunerado) en clave de equidad? Soy de las personas que piensan, como muchas otras activistas feministas, que necesitamos igualdad de género para otro modelo de sociedad.

 Carmen Castro. Consejo Científico de ATTAC España.

Fuente: http://singenerodedudas.com/blog/alternativas-para-una-vida-digna-reparto-del-trabajo/

MAYO DEL 68: La Noche de las Barricadas (10/5/1968)

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Hoy hace 44 años que tuvo lugar la llamada “noche de las barricadas” en el Barrio Latino de París, suponiendo el punto de inflexión en el famoso "Mayo del 68" francés, momento en el que quedó claro el grado de compromiso de sus miembros a pesar de las sanciones que ya empezaban a sufrir.

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