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Reunión secreta de Florentino con Alberto Nadal para preparar la devolución de la concesión del Castor

 

Habían pasado solo unas horas del demoledor 4-0 que infligió el Real Madrid al Bayern y un henchido Florentino Pérez se dejaba caer por el Ministerio de Industria y Energía para tratar de buscar una salida al problema que más le acucia, el futuro del almacén de gas Castor, que fue cerrado temporalmente en septiembre pasado tras provocar más de 500 terremotos.

Pero esta vez, su interlocutor había cambiado. Desde que estalló el escándalo del Castor, el presidente de ACS, accionista de control del 66% de Escal UGS (la empresa que explota el almacén subterráneo), se había reunido en varias ocasiones con el ministro José Manuel Soria para tratar este problema y otros también de índole energética, como los recortes a las plantas termosolares.

Pero esta vez, el que le recibía no era el ministro, sino el que de facto se ha convertido ya en el hombre fuerte del Ministerio para todos estos temas, el secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal.

El hermano de Álvaro Nadal, jefe de la Oficina Económica del Gobierno, está acaparando, poco a poco, todo el poder sobre el área de actividad más importante de Industria, ante el progresivo distanciamiento de Soria, que se ha quemado con la reforma energética y ha dejado de ser el interlocutor con el sector, con el que ha dinamitado todos los puentes.

Así que, el 30 de abril, fue Alberto Nadal el que recibió a Florentino, que acudió al encuentro con su equipo de asesores. Tras las bromas y felicitaciones por el baño dado por el Madrid al equipo de Guardiola, las dos partes se pusieron manos a la obra, según confirman a este diario fuentes conocedoras de la reunión.

Sobre la mesa, la propuesta del empresario madrileño de devolver la concesión para explotación del almacén de gas a cambio de una indemnización del entorno de los 1.400 millones de euros.

Vozpópuli había informado cuatro días antes de la idea que manejaba el dueño del Castor, que previamente había sido sondeada entre otros miembros del Gobierno, incluido el propio Soria.

Tanto Florentino como Nadal conocían ya las conclusiones de los primeros informes técnicos encargados por Industria al Instituto Geográfico Nacional (IGN) y al Instituto Geológico y Minero de España (IGME), mantenidos en secreto varios meses hasta que el diputado de IU en el Congreso, Ricardo Sixto, los dio a conocer posteriormente, a mediados de mayo.

Solo ellos y los técnicos sabían que los informes constataban, sin albergar dudas, que había habido “una relación directa” entre la inyección de gas realizada por Escal en el Castor y los 512 terremotos registrados en septiembre en las zonas del Bajo Maestrazgo (Castellón) y Tierras del Ebro (Tarragona).

Todo indica que la sismicidad inducida es el resultado de la actividad de inyección de gas“, sentencia el documento elaborado por el IGN, que descarta que los temblores tuvieran su origen en la falla de Amposta. “Se trataría de otra falla, no cartografiada”, que habría despertado el proceso de inyección de gas, y que algunos expertos ya denominan “Falla Castor“.

El IGN, además, alertaba de que deberían haberse realizado más estudios de sismicidad inducida para prevenir el impacto de la inyección de gas en la estabilidad sísmica de la zona.

Con conclusiones tan demoledoras como las de estos estudios y de los que aún están por llegar, qué Gobierno que se atreve a reabrir un almacén que podría volver a provocar nuevos seísmos en la zona, constatado ya el “despertar” de una nueva falla, donde la población pudo sentir en sus propias casas en septiembre varios temblores que llegaron a alcanzar los 4,2 grados en la escala Richter.

Ante tales evidencias, el grupo ACS, el sector gasista español y el Gobierno dan por perdida, al menos en el corto y medio plazo, una infraestructura que se presupuestó en 500 millones de euros y cuyo coste final se ha disparado por encima de los 1.400 millones de euros.

De ahí que Florentino planteara en esa reunión secreta a Nadal que la mejor salida al problema es la devolución de la concesión, que pasaría a manos del Estado y por la que ACS recibiría una indemnización.

El empresario madrileño puso en valor la sentencia del Supremo, que respalda el derecho de la compañía, en caso de suspensión o finalización de la concesión, a recibir una compensación por el valor neto de las instalaciones, incluso en el caso de que Escal obrara con dolo o negligencia, teniendo el derecho a percibir el “valor residual” de la infraestructura.

Sin embargo, según confirman las fuentes informantes, Nadal le replicó que habrá que esperar a que estén sobre la mesa todos los informes que faltan, tanto los técnicos pedidos fuera de España como las auditorías económicas, que determinarán si la obra incurrió en sobrecostes no justificados. En Industria, y en el Gobierno, no quieren ni oír hablar de tener que cargar al recibo del gas o a los Presupuestos Generales del Estado el coste total de la indemnización que finalmente se lleve ACS, por lo que buscan todos los resquicios para conseguir que ésta sea lo más baja posible, señalan fuentes del entorno del Ejecutivo.

Al término de la reunión, que acabó en un ambiente de cordialidad, las partes se emplazaron para más adelante, una vez que los nuevos informes estén realizados.

Pero Florentino Pérez ha seguido moviéndose con otros miembros del Gobierno para tratar de convencerles de que la mejor opción es la devolución de la concesión, que ACS-Escal puede activar cuando considere oportuno porque así está recogido en las propias cláusulas del contrato de concesión.

Unos días después, el 6 de mayo, el presidente del Real Madrid estuvo departiendo con Álvaro Nadal en Moncloa sobre cómo solucionar el problema del Castor, en el almuerzo que dio Mariano Rajoy a los miembros del Consejo Empresarial de la Competitividad.

Más de 240 terremotos provocados en el Golfo de Valencia

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Desde hace varias semanas el Golfo de Valencia está sufriendo una serie de seísmos de baja intensidad que alcanzaron su máximo exponente este martes con un sismo 3,9º según los datos del Instituto Geográfico Nacional. Esta serie de terremotos están suscitando gran interés científico y también una importante repercusión y preocupación social de muchos habitantes cercanos a la zona que miran con preocupación que está pasando.

Según los datos de los que se dispone y los últimos análisis, este enjambre sísmico no responde a causas naturales, sino a la propia mano del hombre. El conocido yacimiento de hidrocarburos de Amposta, del que se extraía petróleo, fue explotado años atrás dejando cámaras subterráneas vacías que desde hace unas semanas se están rellenando con gas natural en lo que será una Reserva Estratégica del Estado.

Este proceso de rellenado es una práctica normal, pero en este caso nos encontramos que el año de retraso con el que se ha producido la inyección de gas y la forma en la que se esté haciendo, está provocando los temblores del Golfo. Las diferencias de presión ocasionadas y el nuevo elemento que se introduce pueden estar produciendo el derrumbe de las paredes, del techo y de todas las partes del interior del reservorio, lo que ocasiona cada uno de los terremotos que se están produciendo.

Este almacén conocido como El Castor gestionado por la empresa ACS cuyo dueño y presidente es Florentino Pérez, también presidente del Real Madrid, cuenta con una capacidad de 1,3 millones de metros cúbicos, convirtiéndose en la reserva de gas más grande del país.

Esta serie sísmica de baja intensidad y algunos de ellos muy superficiales “podrían ser las primeras señales de un fenómeno de triggering donde podrían desencadenarse terremotos de mayor magnitud” según explica Federico Mansilla Núñez, geólogo experto en riesgos naturales. Además de este riesgo, la multitud de temblores podría originar deslizamientos del talud y corrientes de turbidez: desprendimientos y corrimientos de tierra subterráneos que a su vez podrían provocar perturbaciones en la superficie del mar e incluso daños en zonas marítimas a causa de pequeños tsunamis.

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Simulación de tsunamis por desprendimientos del talud.
Este proyecto en el que también participa el Ministerio de Industria dejó de inyectar gas el día 16 de septiembre, aunque una semana después se siguen produciendo terremotos incluso de mayor intensidad. En este momento debería hacerse una gestión muy controlada y saber si existe el suficiente control del riesgo y la suficiente planificación como para ver si todo se está efectuando de la manera más sostenible y segura sin riesgo para los ciudadanos y el medio ambiente.

La realidad dista mucho de la gestión asegurada. Según comenta Carlos Velasco López, investigador en Ingeniería Ambiental, “quizás no exista un correcto estudio del riesgo ambiental en esa zona, por lo que las consecuencias ante un posible fallo en el proyecto podrían ser alarmantes para las personas y el medio ambiente si estas no se tienen controladas”. También ha remarcado que “el gas natural, pese a sus bajas emisiones de gases efecto invernadero cuando es quemado, es muy nocivo para el medioambiente y la salud humana”. Y asegura que “en caso que se produjera una fisura o grieta en el fondo marino, llevaría consigo la inmediata liberación del gas, y al alcanzar la superficie, podría ser arrastrado por el viento hacia la costa, causando efectos seriamente negativos y poniendo en riesgo a la población” por lo que se debe tener un exhaustivo conocimiento del proceso, la zona y los riesgos asociados.

 

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¿Sismicidad inducida? El aumento de los terremotos puede estar vinculado con la actividad humana.

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El aumento de los terremotos requiere dos preguntas importantes: ¿Son naturales o provocados por el hombre? ¿Y qué se debe hacer en el futuro, nos dirigimos a las causas y consecuencias de estos hechos para reducir los riesgos asociados? Científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) han estado analizando los cambios en la frecuencia de los terremotos, así como las causas probables, y tienen algunas respuestas
La cantidad de terremotos ha aumentado dramáticamente en los últimos años en el centro y este de Estados Unidos. Se produjeron más de 300 terremotos por encima de una magnitud 3,0 en los tres años a partir de 2010-2012 en comparación con una tasa promedio de 21 eventos por año observado desde 1967 hasta 2.000.

 

Los puntos negros indican terremotos con una magnitud de 3,0; las manchas más grandes indican los de magnitudes de 4,0. Los colores de fondo indican los niveles de riesgo de terremoto que determina el mapa Nacional de Riesgo Sísmico (National Seismic Hazard Map, NSHM)
Este aumento de los terremotos requiere que nos planteemos dos preguntas importantes: ¿Son naturales o provocados por el hombre? ¿Y qué se debe hacer en el futuro, nos dirigimos a las causas y consecuencias de estos hechos para reducir los riesgos asociados? Científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos han estado analizando los cambios en la tasa de los terremotos, así como las causas probables, y tienen algunas respuestas.
Científicos del USGS han encontrado que en algunos lugares el aumento en la actividad sísmica coincide con la inyección de aguas residuales en los pozos profundos de eliminación. Gran parte de estas aguas residuales son subproducto de la producción de petróleo y gas, y se las dispone de forma rutinaria mediante inyección en pozos específicamente diseñados y aprobados para este fin.
Artículo de Revisión de terremotos inducidos por inyección
El geofísico William Ellsworth de USGS examinó la cuestión de los terremotos inducidos por la inyección en un estudio reciente publicado en la revista Science. El artículo se centra en la inyección de fluidos en pozos profundos como una práctica común para la disposición de aguas residuales, y se examinan los acontecimientos recientes y los retos científicos clave para la evaluación de este riesgo y avanzar para reducir los riesgos asociados.
¿Qué es sismicidad inducida?
Aunque pueda parecer ciencia ficción, los terremotos artificiales han sido una realidad durante décadas. Desde hace tiempo se ha entendido que los terremotos pueden ser inducidos por la acumulación de agua en embalses, minería de superficie y subterránea, la extracción de fluidos y gas del subsuelo, y la inyección de fluidos en formaciones subterráneas.
¿Qué es la eliminación de aguas residuales?
El agua que recibe agregados de sales o es contaminada por productos químicos debe ser eliminada de una manera que evite la contaminación de las fuentes de agua dulce. A menudo, es más económico forzar un “secuestro” geológico de estas aguas residuales mediante la inyección subterránea, muy por debajo de los acuíferos que abastecen de agua potable.
Las aguas residuales pueden ser resultado de una variedad de procesos relacionados con la producción de energía. Por ejemplo, suele estar presente agua en las formaciones rocosas que contienen petróleo y gas, por lo que será extraída durante la producción de petróleo y gas. También se pueden producir aguas residuales como flujo de retorno de las operaciones de fracturación hidráulica que implican la inyección de agua a alta presión en una formación de roca para estimular el movimiento de petróleo y gas a un pozo de producción.
La investigación de Ellsworth mostró que cuando se eliminan las aguas residuales cerca de las fallas, y las condiciones subterráneas son las adecuadas, pueden ser más probable que ocurran terremotos. Específicamente, se puede activar un terremoto por el mecanismo bien conocido de elevar la presión del agua en el interior de una falla. Si la presión aumenta lo suficiente, la falla puede moverse, liberando la tensión tectónica almacenada en forma de un terremoto. Incluso las fallas que no se han movido en millones de años pueden ser llevadas a deslizarse y causar un terremoto si las condiciones subterráneas son las adecuadas.
Mientras que el proceso de eliminación tiene el potencial de desencadenar terremotos, no todas las eliminaciones de aguas residuales produce terremotos. De hecho, muy pocos de los más de 30.000 pozos diseñados para este fin parece causar terremotos.
Fracturación hidráulica
Se han planteado muchas preguntas sobre si la fracturación hidráulica —comúnmente conocida como “fracking”— es responsable del reciente aumento de los terremotos. Los estudios del USGS sugieren que el verdadero proceso de fracturamiento hidráulico sólo muy rara vez es causa directa de los sismos que se han dado. Si bien la fracturación hidráulica produce miles de extremadamente pequeños “microsismos”, éstos rara vez se sienten y son demasiado pequeños para causar daños estructurales. Como se señaló antes, se ha relacionado las aguas residuales asociadas con la fracturación hidráulica con algunos —pero no todos— los terremotos inducidos.
Las incógnitas y preguntas pasadas para más adelante
Científicos del USGS están dedicados a lograr una mejor comprensión de las condiciones geológicas y las prácticas industriales asociadas con los terremotos inducidos, y a determinar cómo se puede gestionar el riesgo sísmico.
En el artículo de Ellsworth, se destaca un enfoque de gestión de riesgos que implica la fijación de umbrales de actividad sísmica para una operación segura. Bajo este sistema de “semáforo”, si la actividad sísmica excede los umbrales preestablecidos, se harán reducciones de la inyección. Si las sismicidad continúa o se intensifica, las operaciones podrían ser suspendidos.
El actual marco regulador de los pozos de eliminación de aguas residuales se ha diseñado para proteger las fuentes de agua potable de la contaminación, y no se ocupa de la seguridad contra terremotos. Ellsworth señaló que una de las consecuencias es que la cantidad de la información sobre los volúmenes y presiones de inyección reportados a las agencias reguladoras está lejos de ser ideal para gestionar el riesgo sísmico de las actividades de inyección.
Por lo tanto, mejoras en la recopilación y presentación de los datos de inyección a los organismos reguladores podrían suministrar una información muy necesaria sobre las condiciones potencialmente asociadas con la sismicidad inducida. En particular, dijo Ellsworth, una información diaria de los volúmenes de inyección y presiones de inyección máximas y promedio sería un paso en la dirección correcta, al igual que la medición de la presión de agua y el estrés tectónico antes de la inyección.
La importancia de entender los peligros y riesgos
Hay un creciente interés en la comprensión de los riesgos asociados con los terremotos inducidos por inyección, especialmente en las zonas de EEUU donde son raros los terremotos dañinos.
Por ejemplo, la eliminación de aguas residuales parece haber provocado el terremoto de magnitud 5,6 que sacudió las zonas rurales el centro de Oklahoma en 2011, dando lugar a algunas lesiones y daños a más de una docena de casas. Los daños causados por un terremoto de esta magnitud sería aún peor si llegara a suceder en una zona más densamente poblada.
A medida que crece el uso de la inyección para la eliminación de las aguas residuales, también crece la importancia de conocer los riesgos asociados. Para hacer frente a estos desafíos, el USGS espera incrementar los esfuerzos de investigación para entender las causas y efectos de los terremotos inducidos por inyección.
Más información
El USGS ha publicado FAQs en línea ( http://www.usgs.gov/faq/?q=taxonomy/term/9833 ) que proporcionan detalles adicionales e información general de la sismicidad inducida.
Fuente: Science Daily. Aportado por Eduardo J. Carletti
fuente/ Axxon.com.ar

Descubiertas nuevas causas de terremotos inducidos por la actividad industrial

 

La inyección de aguas residuales bajo tierra aumenta la probabilidad de que se produzcan terremotos, ya que incrementa el estrés sísmico de la zona. Estas conclusiones se desprenden de dos estudios publicados hoy en Science sobre la implicación de las actividades humanas en la generación de terremotos.

Investigadores de la Universidad de California en Santa Cruz han descubierto que las instalaciones de energía geotérmica pueden inducir terremotos, y han encontrado una alta correlación entre actividad sísmica y la producción de este tipo de energía, que implica inyectar agua en el subsuelo.

Los geofísicos estudiaron el número de terremotos producidos entre 1981 y 2012 en la región de Salton Sea (California), y cruzaron estos datos con los de la actividad de las plantas geotérmicas.

Hasta 1986, cuando había poca actividad geotérmica, el nivel de terremotos se mantuvo bajo. Tras 2001, tanto la producción de este tipo de energía como la actividad sísmica se dispararon.

Para separar los terremotos directamente producidos por la industria, los investigadores desarrollaron un método estadístico. “Podríamos predecir los terremotos generados por la actividad humana, a partir de los datos del agua que entra y sale del suelo”, explica Emily Brodsky, geofísica de la universidad de California y autora principal del estudio.

En la región analizada, la mayoría de los seísmos inducidos fueron pequeños, pero los expertos se preguntan qué podría pasar con las plantas geotérmicas situadas cerca de la falla de San Andrés. “Es difícil saber el efecto que estas plantas pueden tener sobre la falla, pero parece plausible pensar que podrían interaccionar”, opina Brodsky.

Al límite de estrés

“Los líquidos están llevando las fallas a un punto crítico”, explica Nicholas van der Elst, investigador de la Universidad de Columbia en Nueva York y autor del segundo estudio publicado en Science

Según su trabajo, la inyección de aguas residuales puede generar un alto estrés sísmico en las zonas explotadas y hacerlas vulnerables a los grandes terremotos que provocan temblores en otras partes del globo. Este efecto precursor ya se conocía, pero es la primera vez que se relaciona el fenómeno natural con actividades humanas.

Los seísmos inducidos por la inyección de agua en la tierra son especialmente importantes, ya que la fracturación hidráulica (fracking) ha permitido la obtención de gas y petróleo de zonas que hasta entonces no eran productivas.

“Las olas sísmicas producidas por terremotos lejanos son como un test de estrés”, explica Heather Savage, coautor del estudio. “Si el número de pequeños terremotos se incrementa, puede indicar que las fallas se están ‘estresando’ de manera crítica y que podría producirse un terremoto mayor”.

De esta forma, terremotos de gran magnitud como los de Chile en 2010 (8,8 grados en la escala de Ritcher), Sumatra en 2012 (8,6) o Japón en 2011 (9,0) fueron responsables de otros seísmos en zonas tan alejadas como Praga, Colorado o Texas, en áreas sometidas a un alto estrés sísmico provocado por las inyecciones de aguas residuales.

Referencia bibliográfica:

Emily E. Brodsky and Lia J. Lajoie “Antrhopogenic Seismicity Rates and Operational Parameters at the Salton Sea Geothermal Field”. Science 11 July 2013

van der Eilst N. J. et al. “Enhanced Remote Earthquake Triggering at Fluid-Injection Sites in the Midwestern United States”. Science 12

ESCAL quiere vincular los terremotos a la actividad natural

El Ministerio de Industria ya cuenta con el primer informe preliminar que ha de determinar el futuro del almacén subterráneo submarino de Castor, que provocó la oleada de terremotos en el norte de Castellón el pasado mes de octubre. Ahora, el titular de esta cartera, José Manuel Soria, está pendiente del dictamen que pueda llevar a cabo el Instituto de Geología y Minería Española.

Pese al cerrojazo informativo aplicado por el Ministerio de Industria, ha trascendido que el Gobierno se ha puesto en manos de la prestigiosa Det Norske Veritas (DNV), una firma noruega de certificación de todo tipo de instalaciones industriales y grupo líder en gestión de riesgos. DNV está especializada en casos como el de Castor, ya que uno de sus objetivos es “salvaguardar la vida, propiedades y el medio marino”. Se trata de una fundación independiente considerada como una de las tres firmas mundiales más prestigiosas en su especialidad.

Soria tiene el informe preliminar del que depende el futuro del almacén gasista en la costa de Castellón desde el pasado 21 de octubre, según ha notificado la explotadora de la instalación, la empresa Escal UGS, controlada en un 66% por la constructora ACS, que preside Florentino Pérez. El contenido de este informe preliminar se desconoce y en el sector energético se cree que la intención del Ministerio de Industria es hacer público el dictamen definitivo a finales de año.

La postura de Escal

Por otro lado, el documento de Escal UGS revela cuál es la línea de defensa de los impulsores de la infraestructura gasista. Básicamente, desvincular los terremotos de la puesta en marcha del almacén. En esencia, mantiene que la falla de Amposta “estaba a punto de iniciar su actividad natural justo antes de que se iniciara la inyección de gas”. Y descarta que se puedan producir más seísmos, incluso si se retoma la actividad.

Esta línea argumental se opone a las tesis de los geólogos, que vinculan de manera directa la inyección de gas en los pozos submarinos de Castor a la oleada de terremotos, tal y como muestra el gráfico.

Ante el Ministerio de Industria, Escal UGS ha defendido su postura presentando lo que denomina una “nota técnica”, según ha informado la empresa a los inversores. En esta nota se argumenta que la falla de Amposta como tal no existe, sino que se trata más bien de una sucesión de fallas. Y pide a los inversores que se ha de esperar al estudio del Instituto de Geología y Minas Español. La Comunidad Valenciana y el Ayuntamiento de Vinaroz ya han pedido formalmente que se cierre el almacén. Pero la clausura de la instalación, según el decreto de la concesión, implica que el Gobierno debe indemnizar a Florentino Pérez y sus socios. Soria ha cifrado la cantidad en 1.700 millones.

En el documento para los inversores se apunta la voluntad de ACS y sus socios, los canadienses de Dundee Energy, de mantener el almacén abierto y operativo. La razón se encuentra en la colocación de 1.400 millones en bonos en Luxemburgo para financiar el proyecto. La colocación se ha llevado a cabo con determinadas garantías para los prestamistas. Entre ellas, existe una carta de crédito por la que Escal UGS debería devolver a los tenedores de los bonos el dinero de la emisión si el Gobierno no remunerase a los promotores en los términos previstos o si el almacén no estuviese operativo antes del 30 de noviembre del 2014. Por tanto, en el almacén de gas de Castor se han quedado atrapados muchos intereses, además del gas colchón que ya se ha inyectado en el subsuelo. La constructora ACS y sus socios pretenden mantener abierto el almacén subterráneo de gas Castor.

Los científicos no descartan que Castor provoque más terremotos si no se cierra

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El informe científico sobre el proyecto Castor, aún en elaboración, pronostica que habrá más microterremotos si el Gobierno no paraliza definitivamente la planta de almacenamiento de gas, según asegura hoy la Cadena Ser, que cita “fuentes conocedoras del proceso”. Los técnicos del Instituto Geológico y Minero (IGME) están ultimando el informe que les encargó el Ministerio de Industria y podrían entregarlo la semana que viene.

Los científicos ya dijeron a principios de octubre, en cuanto recibieron el encargo de Industria, que no se podía descartar que volviera la actividad sísmica si se ponía en marcha de nuevo el Castor. De hecho, la propia empresa ha reconocido siempre que los terremotos más pequeños, los de magnitud inferior a 3, se deben a su actividad. Las técnicas de inyección de gas en el subsuelo como la que utiliza Castor para almacenarlo a grandes profundidades están asociadas a lo que se conoce como sismicidad inducida. Son seísmos, sin embargo, que la población no percibe.

También se sabía que no ha sido la falla de Amposta, sobre la que se asienta el depósito, la que ha provocado los terremotos de mayor magnitud –los ha habido hasta de 4,2, y la población del entorno de Vinaròs (Tarragona) los ha percibido claramente–, sino una más pequeña situada en el entorno, probablemente no cartografiada. Los expertos ya la tienen localizada, según relataron dos fuentes a EL PAÍS hace unos días. La Ser asegura que el informe no descarta que se pueda volver a despertar si vuelve la actividad al subsuelo de la zona.

En realidad, los técnicos del IGME no descartan prácticamente nada. Fuentes consultadas por este diario siempre han repetido que el informe que harán es de carácter técnico, mientras que la decisión de permitir que vuelva a usarse Castor es política y económica. Dada la sismicidad inducida que acarrean estos proyectos, ningún científico puede firmar si es seguro “al cien por cien” –la expresión que empleó el ministro de Industria, José Manuel Soria, como condición para reabrir Castor—reanudar una actividad que inyecta gas en un subsuelo sísmicamente activo.

La Generalitat catalana desactivó su plan de emergencia sísmica (Sismicat) el pasado 29 de octubre, tras registrar seis días sin terremotos en la zona del Castor. Durante la crisis se han producido más de 600 seísmos.

Geólogos critican el «secretismo» en la investigación del Castor

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Los geólogos ajenos a la investigación oficial que se desarrolla sobre el almacén submarino Castor no tienen acceso a los datos y los que sí están directamente implicados no pueden informar en público del desarrollo de los trabajos. Así lo denunciaron ayer diversos participantes en una mesa redonda organizada por la facultad de Geología de la Universitat de Barcelona (UB). «Esperemos que algún día dispongamos de la información y la gente obre en consecuencia», afirmó Pere Santanach, catedrático emérito de Geodinámica Interna. Mariano Marzo, catedrático de Estratigrafía, llegó incluso a hablar de «secretismo» y «falta de transparencia».
Los participantes en el debate suscribieron sin discusión que la actividad sísmica detectada en la zona es atribuible a los trabajos en el Castor y que «muy posiblemente una nueva inyección de gas volvería a ocasionar terremotos», como afirmó Eulàlia Masana, profesora del departamento de Geodinámica de la UB. En su opinión, la presión empleada para guardar el gas fue muy baja, por lo que «poco cambiaría la situación» si se inyectara de otra manera.
Masana consideró además que los estudios en curso, «que podrían prolongarse hasta un año», jamás podrán determinar con una certeza absoluta que la zona no vuelva a sufrir terremotos. Y si se determina que el riesgo es pequeño para la población, entonces la decisión final sobre la continuidad del Castor no será científica, sino «exclusivamente política», dijo Marzo. «Estamos llegando a un momento en que la presión social puede ser más importante que la ciencia».
El catedrático de Estratigrafía recordó que la empresa Escal UGS realizó ocho perforaciones de prueba y cumplió todos los requisitos legales –nada menos que 42 trámites administrativos–, pero se preguntó si algo habría que cambiar en la ley para analizar más los aspectos sísmicos. Los participantes en el debate incidieron en este aspecto: «Es vergonzoso que se pueda empezar a perforar sin una red de sismógrafos», dijo Jesús Carrera, especialista del CSIC. Ahora es esencial, concluyó Masana, que se instalen sismógrafos submarinos. Pero, claro, «son caros».

Castor provocará más terremotos si sigue adelante, según el informe de los científicos

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Según fuentes conocedoras de este proceso, este informe es técnico y, por lo tanto, no especificará si el gobierno debe o no paralizar de forma definitiva esta planta de inyección de gas situada frente al delta del Ebro.

Sin embargo, los científicos sí consideran que, si se vuelve a inyectar gas en el suelo marino, los micro-terremotos pueden volver a repetirse en esta zona costera entre Tarragona y Castellón, lo que técnicamente se llama “sismicidad inducida” y que, en el caso, del Proyecto Castor no se espera que estos movimientos sísmicos inducidos por esta actividad gasística superen los 3 grados en la escala Ritcher, es decir, que la mayoría no serían sentidos por la población del entorno.

Además, los expertos del IGME (el Instituto Geológico y Minero) también han localizado ya la falla que provocó el terremoto de cuatro grados en la escala Ritcher, que provocó la alarma entre la población. Se trata de una falla “pequeña” y, por lo tanto, los científicos no esperan terremotos de magnitud mayor. Sin embargo, este informe no descarta que la inducción sísmica provocada por el proyecto Castor pueda volver a “despertar” esta falla y, por lo tanto, que se puedan volver a repetir terremotos de 4 grados o más, que serían sentidos por la población del entorno.

Mientras tanto, por primera vez, la nueva ley de impacto ambiental que ha aprobado el Congreso incluye “la peligrosidad sísmica inducida”, pero no obliga expresamente a las empresas a realizar un estudio previo para analizar el riesgo de sismicidad de proyectos, como el Castor. Esta reforma legal todavía tiene que ser aprobada por el Senado, pero el PSOE denuncia que, de mantenerse así, permitirá la puesta en marcha de más proyectos peligrosos como el Castor

La paralización del proyecto Castor, tras registrarse unos 500 terremotos en el Delta del Ebro, sí ha obligado al PP a mover ficha: de momento, ha incluido “la peligrosidad sísmica inducida” en la ley de evaluación ambiental, pero de manera indirecta y no en el articulado sino en el anexo de carácter técnico.

Sin embargo, y en declaraciones a la Cadena SER, el diputado popular Guillermo Collarte, ha anunciado que están dispuestos a mejorar el texto de esta ley para impedir más desastres como el del proyecto Castor.

Los científicos no saben si el proyecto Castor volverá a provocar terremotos

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El Ministerio de Industria, por boca de un alto cargo, ha asegurado que las actividades del proyecto Castor para almacenar gas frente a las costas de Castellón no se reanudarán “hasta que no exista una seguridad al 100% de que estas actividades no pueden provocar seísmos”. Según este razonamiento, el proyecto, que ha supuesto una inversión de 1.200 millones de euros, no podría ponerse de nuevo en marcha. Los técnicos que está consultando el Gobierno afirman que, desde el punto de vista científico, asegurar al 100% que no volverá a haber terremotos como los que se han producido, e incluso mayores, es imposible. No obstante, indican que, con la paralización de la inyección de gas a alta presión en el subsuelo, lo normal sería que los sismos fuesen remitiendo.

En una peculiar rueda de prensa en la sede del Ministerio de Economía y Competitividad, en la que los responsables de comunicación del Gobierno han pedido que no se citase por nombre a los altos cargos y expertos comparecientes, el Ejecutivo ha tratado de lanzar un mensaje de tranquilidad tras la serie de pequeños terremotos que han sentido en los últimos días los habitantes de Vinaroz (Castellón). Pese a la contradicción entre sus declaraciones, que piden seguridad absoluta para el almacén de gas, y las de los técnicos, que afirman que eso es imposible, el alto cargo de Industria presente en la sala aseguró que eso no descarta aún que el proyecto Castor vaya a seguir inyectando gas a alta presión en una antigua explotación petrolífera bajo el Mediterráneo. “Esperemos a los informes”, ha dicho.

El fuego que está tratando de sofocar el Gobierno comenzó el pasado mes de septiembre, cuando en Vinaroz se empezaron a sentir una serie de leves movimientos sísmicos que han acabado por provocar una alarma importante en la población. El mayor de ellos alcanzó una magnitud 4,2 y por el momento no se han producido daños personales ni materiales. Ante esta situación, se han reclamado responsabilidades, afirmando que no se había realizado un informe sísmico previo para asegurarse de que la actividad de almacenamiento de gas no provocaría terremotos. Un experto presente en la rueda de prensa ha afirmado que, pese a la falta de ese informe previo, ellos habían visto el proyecto y “la información geológica era adecuada”.

Ahora, los geólogos tienen previsto colocar dos nuevos sismógrafos en las islas Columbretes, cerca de la plataforma del proyecto Castor. Hasta el momento, la lejanía de los sismógrafos instalados en la zona impide determinar con precisión el epicentro de los movimientos sísmicos. Esta información ayudará a conocer qué ha sucedido exactamente y hasta qué punto han influido las actividades de almacenamiento de gas.

Desde hace décadas, se sabe que inyectar fluidos a alta presión en depósitos subterráneos, ya sea para almacenar gas o para guardar desechos industriales, puede producir pequeños terremotos. Lo que sucedió en Castellón no ha sorprendido a los expertos, pero ellos entienden que las personas que hayan sentido los sismos puedan alarmarse. “Yo he vivido varios terremotos en mi vida”, contaba el experto. “Uno, en Tokio, en lo alto de un hotel, de magnitud 7,1″, recuerda. “Ese para mí fue muy relevante, pero para mí fue más relevante uno que viví en Granada de 4,2″, ha afirmado, ejemplificando el grado de subjetividad que hay que tener en cuenta a la hora de valorar cómo vive cada persona un terremoto.

Proyectos como Castor ya habían provocado terremotos con anterioridad, y volverán a provocarlos

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Desde finales de los años 60 del siglo pasado se sabe que inyectar fluidos a alta presión en el subsuelo provoca terremotos leves. En 1961, el Ejército de Estados Unidos estaba introduciendo residuos en un pozo bajo su arsenal de las Montañas Rocosas cuando se desencadenaron terremotos que llegaron a sentirse en Denver, a varios kilómetros de distancia. Para comprobar si existía un vínculo entre estos dos eventos, en 1970, un equipo de científicos hizo un experimento incrementando la presión de pozos petrolíferos agotados en Colorado. Cuando inyectaban agua en el subsuelo, la actividad sísmica subía y cuando la retiraban, la presión se reducía y los sismógrafos se calmaban. Los terremotos eran leves, pero la relación era clara.

Por ese motivo, para los expertos, muchos de los más de 300 seísmos que se han registrado desde el 13 de septiembre en las inmediaciones de Vinaròs (Castellón), a pocos metros de un proyecto frente a su costa que almacena gas natural en un antiguo pozo petrolífero submarino, no fueron una sorpresa. “No es raro que haya sucedido”, reconoce José Martínez-Díaz, profesor de Geodinámica de la Universidad Complutense. En esa misma línea se ha manifestado el catedrático de Ingeniería Geológica de la misma universidad, Luis González de Vallejo, que dice no entender la sorpresa que han causado al Gobierno estos episodios.

Menos frecuente es que se alcancen magnitudes como los 4,2 puntos en la escala de Richter registrados el martes en el Golfo de Valencia, pero ya se conocen casos de sismos más graves relacionados con la inyección de fluidos en el subsuelo. El 6 de noviembre de 2011, cerca de Prague, una pequeña población del estado de Oklahoma (EEUU), se produjo un terremoto de magnitud 5,7, el más grande de la historia de ese estado. Destruyó 14 casas y una autopista, y dejó dos heridos. Un estudio publicado este año en la revista Geology relacionaba aquel suceso con la inyección en bolsas subterráneas de aguas residuales producidas en pozos petrolíferos.  

Otro artículo que apareció en Science el pasado mes de julio, liderado por Nicholas van der Elst, de la Universidad de Columbia, advertía de una creciente sismicidad en algunas regiones de Estados Unidos vinculada a las mismas prácticas. Además, consideraba que la gravedad de la sacudida de Oklahoma se desencadenó cuando las ondas sísmicas de un gran terremoto de 8,8 puntos en Chile hicieron liberar la tensión de unas fallas que habían al límite de su resistencia bajo la presión de las inyecciones de aguas residuales. En Estados Unidos hay más de 30.000 pozos dedicados a guardar este tipo de desechos y más de 400 almacenes subterráneos de gas natural como el del proyecto Castor, como se conoce la plataforma de Castellón. En España, hay cuatro además de esa, en Huesca, Bermeo, Guadalajara y Huelva.

El proyecto Castor emplea un antiguo pozo petrolífero situado a 1.750 metros de profundidad como almacén de gas desde el que suministrarlo a los consumidores según las necesidades. El mapa de peligrosidad de terremotos del Instituto Geológico Minero indica que la plataforma de inyección de gas se encuentra encima de una falla activa. Sin embargo, según Martínez-Díaz, uno de los expertos que han colaborado en la elaboración de ese mapa, “aunque hay fallas activas, hay pocos terremotos”. “Se trata de una zona de fallas muy lentas, donde solo hay terremotos cada varios miles de años”, añade. “Es muy poco probable que esas fallas se reactiven, pero si eso va a suceder y cuándo es muy difícil de predecir”, concluye.

Pese a lo alarmante de la historia, algunos expertos, que prefieren no ser citados, indican que unos movimientos sísmicos de esta magnitud son raros, y que, en cualquier caso, para entender qué es lo que está sucediendo realmente, habrá que esperar a que la empresa Escal UGS, responsable del almacén, y el Ministerio de Industria, Energía y Turismo pongan a su disposición datos más detallados sobre las instalaciones, el modo de inyección del gas o el ritmo y la presión a la que se inyecta. De momento, el Gobierno ya ha encargado un informe sobre lo sucedido a varias instituciones como el Instituto Geográfico Nacional (IGN) o el Instituto Geológico Minero de España (IGME). Los dos organismos han dado instrucciones a sus expertos para que no informen a los medios de comunicación bajo directrices de Industria. El CSIC, la gran institución nacional de investigación, ha dado órdenes similares a sus investigadores y ha nombrado a un portavoz único que ayer, en el epicentro de la crisis, se iba a pasar medio día en un avión cruzando el Atlántico.

Lo sucedido en Castellón puede tener repercusiones sobre otras actividades que implican técnicas similares. La explotación no convencional de gas a través del método de fracturación hidráulica, el conocido como fracking, suele producir terremotos de menor intensidad que la inyección subterránea de fluidos. Sin embargo, esta actividad puede implicar ciertos riesgos sísmicos por dos motivos. En primer lugar, como recordaba el artículo de van der Elst, la acumulación de presión sobre las fallas activas puede ayudar a que otros fenómenos acaben por provocar movimientos más intensos. En segundo lugar, aunque el fracking en sí no sea tan estresante para las placas tectónicas, igual que las explotaciones petrolíferas, produce agua contaminada de la que hay que deshacerse, y una técnica frecuente para hacerlo es inyectarla en el subsuelo.

La segunda práctica que puede sufrir los efectos de la alarma provocada por el proyecto Castor es la captura subterránea de CO2, una actividad con mayores efectos sísmicos que el fracking según el National Research Council. Esta tecnología, con la que se pretenden mitigar los efectos de la actividad industrial sobre el cambio climático, implica inyectar el dióxido de carbono a más de mil metros de profundidad, de un modo parecido al que se introduce el gas natural en el almacén frente a las costas de Vinaroz. En un artículo publicado el año pasado en la revista PNAS, el investigador Mark Zoback, de la Universidad de Stanford, afirmaba que, aunque los científicos no esperan que esta técnica provoque grandes terremotos, sí que es probable que los pequeños movimientos sísmicos causen grietas que inutilicen los almacenes de CO2 al permitir escapar el gas. Zoback tampoco olvidaba la preocupación que podrían causar estas filtraciones en las poblaciones cercanas a los sumideros.

Riesgo moderado

Pese a la natural alarma provocada por los terremotos de Castellón, los análisis científicos muestran que los riesgos de grandes desastres provocados por la inyección de materiales a alta presión en el subsuelo son moderados. En un país como EEUU, con 30.000 pozos para residuos y más de 400 para almacenamiento de gas, solo se ha registrado un terremoto que se puede asociar a estas prácticas con daños significativos: 14 casas destruidas, una autopista dañada y dos heridos. Comparar la relevancia de la industria energética con las de otras actividades económicas y los riesgos que producen, puede ayudar a poner en perspectiva la amenaza. En España, el gas natural es la principal fuente de la electricidad que se consume.

En una revisión sobre los riesgos sísmicos de la inyección subterránea de fluidos publicada en Science, William Ellsworth, del US Geological Survey, advierte que, aunque hasta ahora los problemas no han sido tan graves, “la industria del petroleo necesita unos requisitos claros para operar”. Además, añade, “los reguladores deben tener una base científica sólida para fijar esos requisitos y el público necesita saber con seguridad que esos requisitos son suficientes y que se van a cumplir”. Como en el caso del fracking, aunque a veces los opositores exageren las amenazas, es frecuente que la industria comience a operar cuando aún no se tenga información suficiente para saber si la práctica es completamente segura o no, y que afirme con total confianza que sus actividades son seguras sin saberlo realmente.

En el caso de Castellón, no se consideró necesario realizar un informe de sismicidad. Esta posible falta de precaución es compartida, según cuenta Ellsworth, por EEUU, un país donde estas técnicas se aplican desde hace mucho más tiempo y con mayor profusión. “El actual marco regulador solo contempla la protección de las fuentes de agua potable frente a la contaminación y no afrontan la seguridad sísmica”, afirma. Además de mejorar el conocimiento sobre la tecnología empleada para la inyección de gas y los riesgos reales de estas prácticas, Martínez-Díaz menciona un aspecto que olvidan con frecuencia los Gobiernos cuando tratan de gestionar actividades industriales que tocan la sensibilidad de la población: la trasparencia. “En otros países, cuando se van a realizar inyecciones que pueden provocar pequeños terremotos, se avisa a los ciudadanos para que estén preparados y no se alarmen”, señala. En España, preguntado por este medio, el Ministerio de Industria no contestó si este tipo de advertencias están previstas o no