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El rey llama a mantener la unidad de España como “gran Nación por la que vale la pena luchar”

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El rey Juan Carlos ha centrado esta noche su mensaje de Nochebuena en dos ejes de crítica situación por la que atraviesa el país: los durísimos efectos que la crisis económica tiene para desempleados, desahuciados y pensionistas, y el desafío independentista de Catalunya -aunque sin citarla expresamente-, donde la Generalitat ha convocado una consulta popular soberanista.

En cambio, el monarca ha pasado de puntillas sobre la tormenta de escándalos de corrupción que afectan “al prestigio de la política y de las instituciones” en general, pero muy especialmente al partido en el Gobierno y hasta a la propia Casa Real, implicada indirectamente en el caso Nóos de Urdangarin y la infanta Cristina.

El discurso del rey en siete vídeos

En el mensaje, Juan Carlos comienza por subrayar que “España continúa sufriendo los efectos de una crisis económica y financiera de una duración y magnitud desconocidas en la historia reciente de la Unión Europea, con efectos muy negativos sobre las personas, las familias y las empresas”. Para de inmediato dirigirse a “aquellos a quienes con más dureza está golpeando esta crisis: a los que no habéis podido encontrar trabajo o lo habéis perdido durante el año que va a terminar; a los que por circunstancias diversas no podéis disponer de una vivienda; a los jóvenes que no habéis podido encauzar todavía vuestra vida profesional; a todos los que habéis soportado tan duros sacrificios con coraje…”

Tras saludar a “emprendedores; pequeña y mediana empresa; trabajadores autónomos; inmigrantes; servidores públicos, y los que trabajan fuera de España” -de los que espera que ayuden a “superar las dificultades”-, el rey agradece la “ayuda” de “las personas mayores, los pensionistas, que estáis siendo el soporte de muchas economías familiares”. Para rendir también homenaje a “la fuerza de la familia en España” y “a la sociedad civil que ha demostrado una solidaridad verdaderamente ejemplar para atender a millones de personas en graves dificultades”.

Además, dedica un “recuerdo muy especial y emocionado a las víctimas del terrorismo”, a las que -en evidente alusión a la anulación de la doctrina Parot por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo- se dirige personalmente: “Sé que estáis pasando momentos especialmente difíciles”.

Más adelante reconoce: “Es indiscutible que la crisis económica que sufre España ha provocado desaliento en los ciudadanos, y que la dificultad para alcanzar soluciones rápidas, así como los casos de falta de ejemplaridad en la vida pública, han afectado al prestigio de la política y de las instituciones”. Por lo cual, “la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social que satisfaga las exigencias imprescindibles en una democracia. Es verdad que hay voces en nuestra sociedad que quieren una actualización de los acuerdos de convivencia”.

Esta clara referencia a los escándalos de corrupción política e injusticia económica, así como a las demandas y protestas de una ciudadanía indignada, se resuelve en el mensaje real con cuatro recomendaciones de actuación: “Realismo”; “esfuerzo”; “funcionamiento del Estado de Derecho”; y “generosidad para saber ceder cuando es preciso, para comprender las razones del otro y para hacer del diálogo el método prioritario y más eficaz de solución de los problemas colectivos”.

Aquí es cuando Juan Carlos entra ya de lleno en el auge soberanista y el desafío independentista en Catalunya, sin mencionarla directamente, al enfatizar que el Estado de derecho requiere “para que la ejemplaridad presida las instituciones, para que se cumplan y hagan cumplir la Constitución y las leyes, y para que las diferencias y las controversias se resuelvan con arreglo a las reglas de juego democráticas aprobadas por todos”.

En defensa de la Constitución

“(…) el sistema político que nació con la Constitución de 1978 nos ha proporcionado el período más dilatado de libertad, convivencia y prosperidad de toda nuestra historia y de reconocimiento efectivo de la diversidad que compone nuestra realidad”, prosigue el monarca, saliendo al paso de los llamamientos para una reforma de la Carta Magna.

Aunque también admite “la necesidad de mejorar en muchos aspectos la calidad de nuestra democracia” -tarea a la que convoca, además de a los políticos, a “los agentes económicos y sociales”-, el rey sostiene: “Juntos debemos seguir construyendo nuestro futuro porque nos unen y nos deben seguir uniendo muchísimas cosas”, en una clara desautorización de las reivindicaciones secesionistas.

A continuación, el monarca enumera lo que “nos une”, desde “el afán de asegurar un porvenir sólido, justo y lleno de oportunidades”; hasta “la extraordinaria riqueza de un país diverso, de culturas y sensibilidades distintas”; pasando por “la intensidad de los afectos y lazos históricos, las culturas que compartimos, la convivencia de nuestras lenguas, la aceptación del diferente“. Igualmente, argumenta, “nos une la solidaridad que siempre demostramos ante las grandes adversidades, ante las desigualdades sociales y territoriales, ante las necesidades de nuestros vecinos”.

Todo ello alude indudablemente al afán soberanista de Catalunya, y termina con una inconfundible advertencia, en la que menciona al heredero de la Corona:

“Y nos une y nos debe seguir uniendo el sentimiento de comunidad que recientemente expresaba el Príncipe de Asturias: España es una gran Nación que vale la pena vivir y querer, y por la que merece la pena luchar“.

“La Corona promueve y alienta ese modelo de nación. Cree en un país libre, justo y unido dentro de su diversidad. Cree en esa España abierta en la que cabemos todos. Y cree que esa España es la que entre todos debemos seguir construyendo”.

En consecuencia, Juan Carlos, invita “a las fuerzas políticas a que, sin renunciar a sus ideas, superen sus diferencias para llegar a acuerdos que a todos beneficien y que hagan posibles las reformas necesarias para afrontar un futuro marcado por la prosperidad, la justicia y la igualdad de oportunidades para todos”. Y las convoca a combatir “el conformismo, el desaliento y el victimismo”.

Después hace la única mención clara a los recortes del Gobierno de Rajoy, al llamar “a las instituciones públicas, los empresarios e inversores a que apuesten decididamente por la investigación y la innovación, para mejorar la competitividad y contribuir así a la creación de empleo”, algo en lo que no se ha distinguido precisamente el Ejecutivo del PP.

Sólo al final del mensaje, el soberano hace una alusión indirecta a la necesidad de transparencia también en la Casa Real, tras la breve imputación de su hija Cristina por el caso Nóos y la posibilidad de que la infanta vuelva a ser imputada por la aparición de nuevos datos sobre los gastos privados que la duquesa de Palma cargaba a Aizoon, la sociedad en la que figuraba como responsable junto a su marido, Iñaki Urdangarin.

Ni abdicación ni Regencia de Felipe

“Esta noche, al dirigiros este mensaje, quiero transmitiros como Rey de España:

En primer lugar, mi determinación de continuar estimulando la convivencia cívica, en el desempeño fiel del mandato y las competencias que me atribuye el orden constitucional, de acuerdo con los principios y valores que han impulsado nuestro progreso como sociedad.

Y, en segundo lugar, la seguridad de que asumo las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad“.

Con este cierre, Juan Carlos disipa también cualquier duda sobre las hipótesis de que pudiera estar planteándose abdicar o entregar la Regencia a su heredero, como consecuencia de su avanzada edad, sus problemas de salud -por los que sumará ya dos años como jefe del Estado sin plenas facultades– y los escándalos que han sacudido últimamente a la Casa Real.

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El príncipe cobarde

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Alucinados quedáronse unos amigos franceses el pasado lunes cuando, oh là là, contemplaron en su Canal + un reportaje titulado Le crépuscule d´un roi (el crepúsculo de un rey, como resulta obvio). Aclarar que el crepuscular protagonista del reportaje era el rey nuestro, un tal Juan Carlos. Los motivos de los hélas, los mon dieu o los ça alors! de mis gabachos no eran por el caso Urdangarín, ni por los elefantes abatidos, ni por las Corinnas, ni por esas gaitas conocidas de que Juan Carlos es el heredero de Franco y juró los principios del Movimiento un día de dictadura. Todo eso ya lo sabían los franceses, que saben más de nuestros delincuentes y de nuestros poetas que de los suyos. El motivo de la estupefacción de los franceses es cómo puede ser tan paleto, tan fascista o tan infantiloide nuestro príncipe Felipe como para mandar a unos guripas a evitar que una periodista francesa le preguntara sobre Urdangarín.

La reportera francesa le preguntó al príncipe si sabía algo de los negocios de Urdangarín.

Varios guardaespaldas, uno muy fuerte muy calvo y muy serio, rodearon inmediatamente a la reportera y la alejaron del príncipe un par de pares de metros. A empujones.

Momment de panique -dice la reportera francesa en directo.

En dicho documental, que por su falta de interés no creo que jamás emita la televisión española, se ve a los guardaespaldas del príncipe apartar a lo lejos a la reportera, que protesta su secuestro diciendo que solo estaba haciendo una pregunta. El guardaespaldas muy fuerte muy calvo y muy serio le echa el aliento a la reportera francesa desde arriba. Discuten. Finalmente, el guardaespaldas muy fuerte muy calvo y muy serio, grita:

-La Constitución lo dice. No se le pueden hacer preguntas a los miembros de la Casa Real -o algo así.

-Eso no lo dice la Constitución -responde la reportera quizá con algo de razón.

Una de estas tres cosas es este príncipe, a la vista de los citados hechos: paleto, fascista o infantiloide. Paleto si se cree que por vetar aquí un documental de la televisión francesa no nos vamos a enterar en España. Fascista si está de acuerdo con el discutible hecho de que la Constitución impida a una periodista, aunque sea francesa, hacer una pregunta a su Alteza Real. O infantiloide si los guardaespaldas lo protegen para que no diga nada, haga nada, o piense nada que se pueda salir del recto escribir de nuestra impecable monarquía. Que el niño aun no ha cumplido los cincuenta años, y no se sabe manejar.

Mis amigos decían oh là là, y mon dieu, y ça alors, viendo cómo guardaespaldas impedían a una periodista hacerle una inocente pregunta a un triste príncipe. Quizá los franceses dicen muchas tonterías. Pero nosotros no decimos nada.

Fascistas a sueldo de la Guardia Civil y la Policía

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¿Se imaginan qué dirían los portavoces de la AVT y del PP si la Ertzaintza contratara a un ex militante de ETA para que impartiera cursos de formación a sus agentes? Seguro que Francisco Alcaraz, el demócrata amigo de Ynestrillas, volvería a amenazar con que los suyos se tomarían la justicia por su mano ante semejante humillación a las víctimas. Sin embargo, ya sabemos que la extrema derecha española nunca se ha caracterizado por sus agallas a la hora de tomarse la justicia por su mano; siempre que pegaban un tiro a alguien se aseguraban antes la cobertura de los aparatos del Estado.

Hoy se ha publicado un estremecedor reportaje de José María Irujo que nos cuenta que Emilio Hellín, el ultraderechista miembro de Fuerza Nueva (el partido de Blas Piñar) que asesinó de dos disparos en la cabeza a la militante de izquierdas Yolanda González en 1980, imparte cursos en el Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Policiales (IUICP) y dirige una empresa que asesora habitualmente a las fuerzas de seguridad del Estado. El instituto depende de la Secretaría de Estado para la Seguridad del Ministerio del Interior. Según se nos dice en el citado reportaje, algunos de los cursos se realizaron en 2008, cuando Alfredo Pérez Rubalcaba estaba al frente del Ministerio del Interior, pero dudo que veamos al jefe del PSOE dar explicaciones sobre esto. Ya se sabe que si alguien protegió y amparó en nuestro país a los terroristas a sueldo del Estado, esos fueron los socialistas.

Emilio Hellín, hermano de un guardia civil, fue detenido en casa de un inspector de policía, tras la confesión de uno de los participantes en el asesinato de Yolanda, el policía nacional Juan Carlos Rodas. Hellín fue condenado a 43 años de cárcel. Participó en una fuga de la cárcel de Alcalá de Henares pero fue detenido y recluido en la prisión más segura del país, Herrera de la Mancha. Finalmente consiguió que le concedieran un escandaloso permiso penitenciario y escapar con toda su familia (¿es esto posible sin amigos poderosos?) a Paraguay, donde fue recibido como un héroe por el régimen de Stroessner. Allí empezó a trabajar formando a los servicios secretos policiales y militares de la dictadura paraguaya. Finalmente, tras una investigación periodística, fue extraditado a España en 1990. Tres años después ya disfrutaba de permisos y en 1996 se cambió el nombre en el registro civil.

En el momento del asesinato de Yolanda, dirigentes socialistas de la talla de Alfonso Guerrahellín o Juan Barranco, denunciaron las vinculaciones de los asesinos con las fuerzas de seguridad. Se sospechaba que tras el asesinato estaba la el jefe de la Brigada Especial Operativa, el comisario Manuel Ballesteros, un torturador de la dictadura franquista que fue repescado por el siniestro ministro de interior del PSOE José Barrionuevo. La necrológica que le dedicó El País en 2008 presenta a Ballesteros como un experto en la lucha antiterrorista que participó en las conversaciones con ETA en Argel.

Ya tienen ustedes elementos suficientes para comprender cómo es posible que un ex terrorista trabaje a sueldo de las fuerzas y cuerpos de seguridad que pagamos todos. Sencillamente, porque fue un terrorista al servicio del Estado. ¿Transición modélica y ejemplar la nuestra? Quienes afirman tal cosa sólo merecen el desprecio de los que somos demócratas.

El rey Juan Carlos podría haber colaborado en la estafa del Instituto Noos

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La corrupción también está empezando a salpicar a Juan Carlos de Borbón. La edicion de este martes 17 de abril de El Mundo informa que el ex-socio de Iñaki Urdangarín en el Instituto Noós, Diego Torres, implica al rey español y la infanta Cristina directamente en este caso. Según este diario, unos correos electrónicos de Urdangarín a Torres evidencian que Juan Carlos intercedió con el ex-presidente Francisco Camps para que favoreciera a su yerno.
Torres remitió ayer al juez que investiga las actividades del Instituto Nóos la documentación: tres correos electrónicos enviados el 2007 en los que Urdangarín afirma que el rey hizo de mediador para que a su yerno le adjudicaran un nuevo equipo de vela en la Copa América.

El País recoge uno de estos correos, que hace referencia a las gestiones del rey sobre el llamado proyecto Ayre, que no acabó prosperando. Urdangarín dice a Torres por correo: “Tengo un mensaje de parte del rey y es que le ha comentado a Cristina, porque me lo diga, que llamará a Camps y a Pedro para comentarle el tema de la base del ‘Prada’. Y que en principio no habrá ningún problema y que nos ayudará a tenerla”, dice en relación con las instalaciones al puerto de Valencia para tener el futuro barco del proyecto Ayre.

En los otros correos, Urdangarín también hace referencia a otras gestiones para favorecer el proyecto.

El Instituto Nóos es investigado por el robo y despilfarro de dinero público del gobierno balear y de la Generalitat Valenciana en la organización de acontecimientos deportivos. En el caso de Valencia, se organizaron los llamados Valencia Summit en 2004, 2005 y 2006 por unos 3,5 millones, unos congresos dedicados también al ámbito empresarial, turístico y deportivo. Dentro de este presupuesto, se incluyeron casi 20.000 euros en flores y 368.000 euros en viajes. Entre los billetes de avión y tren pagados, se incluyen los viajes de Urdangarín, Torres y gran parte de los trabajadores del Instituto Nóos. También se dedicaron más de 140.000 euros a cátering y casi 190.000 a alojamiento.

¿Entrevista a al Rey?

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Lunes, 7 de enero del 2013

Técnicamente, la entrevista de Jesús Hermida al Rey fue perfecta: se dejó hablar al entrevistado y, sobre todo, se dejó hablar al entrevistador. Qué pedazo de preguntas. En ocasiones, tuve miedo de que el Rey le soltara a Hermida: “¿Por qué no te callas?”.

Juan Carlos y Jesús Hermida, durante la entrevista para TVE en el palacio de la Zarzuela.

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Información publicada en la página 72 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 07 de enero de 2013 VER ARCHIVO (.PDF)

¿Y quién ha dicho que la entrevista no fue dura? Atención a lo que le preguntaba Hermida al Monarca en el minuto 2 (léase lento, vocalizando mucho, como quien habla a un niño pequeño o a un guiri): “Majestad, hay momentos en la vida, ocasiones, en los cuales, en las cuales, uno se para y mira hacia su pasado, y mira hacia su presente, y desde luego mira hacia su futuro. Si vuestra majestad hiciera esas tres miradas, ¿cómo definiría su ayer, su hoy y su mañana?”. Toma ya. No me extraña que con cuestionarios así el Rey haya tardado más de una década en conceder una entrevista.

A mí me hacen esa pregunta y salgo corriendo. Sería incapaz, así, a pelo, de definir el ayer, el hoy y el mañana de nada ni de nadie. Creo que en ese momento el Rey pensó: “Joder, casi prefiero que me pregunten por Urdangarin”. Pero no. No le preguntaron por su yerno.

Tampoco hubo preguntas sobre la corrupción política. ¿Para qué? Si, total, solamente hay 300 políticos imputados en casos de corrupción. Ni sobre los desahucios. Ni sobre el rescate de la banca. Ni sobre las jubilaciones millonarias de los directivos de las cajas de ahorros. Ni sobre los recortes del Estado del bienestar. Ni sobre las cacerías africanas de nuestro jefe de Estado. Ni sobre las ansias independentistas de algunas comunidades autónomas. Ni sobre la capacidad de Rodrigo Rato para encontrar buenos trabajos.

Más papistas que el Papa

Y me sabe mal. Porque dudo de que el Rey no quiera hablar de esos temas. Pero en su séquito debe haber más papistas que el Papa. Y para protegerle decidieron huir de lo que supuestamente podía incomodar al Monarca. Y en esa huida huyeron de la información, de la ocasión histórica que suponía ver a un rey sometido al cuestionario de un periodista. Protegieron al Rey mientras desprotegían a los espectadores. Si la Casa Real buscaba dar una imagen de transparencia y proximidad, consiguió todo lo contrario.

Pero tampoco nos pongamos tiquismiquis, que 20 minutos de conversación no dan para tanto. Seguro que a todos nos ha pasado lo mismo más de una vez. Te encuentras a alguien que hacía tiempo que no veías y, entre que le preguntas cómo está, por su familia y cuatro cosas más, se te pasa el tiempo volando.

Viendo todo el programa en su conjunto me pregunté si es cierto que en TVE ya no hay publicidad, porque me pareció un espot que ni los de Campofrío. De hecho, no tengo muy claro si lo que se ha eliminado de TVE es la publicidad o el periodismo.

El año que viene, cuando el Monarca cumpla 76 años, que vuelvan a repetir la entrevista. Pero al revés. Que el Rey pregunte a Hermida. Por si cuenta más cosas.

El Partido Popular y la policía: hacia una guardia pretoriana del 1%

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15 diciembre 2012

Juan Carlos Monedero – Consejo Científico de ATTAC España

Un antiguo mando de la policía, hoy jubilado, graba un durísimo alegato contra la dirección actual de la policía y su apuesta por la represión y la violencia (algo que estamos viendo ahora con el regreso del PRI en México y la persecución a los estudiantes de #yosoy132). Preocupado este policía demócrata -y con memoria-, advierte: “¡Cuidado! Estamos regresando al franquismo. El PP está deslizándonos otra vez hacia la lógica de la dictadura”. Y hace una apelación que hace tiempo planteamos en algún debate de la Tuerka: si hay objeción de conciencia entre los médicos ¿por qué no puede haber objeción de conciencia entre los policías? Una enseñanza de Venezuela ha sido la unión cívico-militar. Un error de la izquierda argentina estuvo en no cuidar a los militares demócratas y de izquierda -que existían-, entregando todo el ejército a la extrema derecha. No se nos escapa que las fuerzas y cuerpos de seguridad tienen como última ratio defender la lógica que sostiene el sistema -la propiedad privada-, pero no deja de ser menos cierto que es imposible que el sistema se sostenga con los únicos brazos de ese 1% que se está quedando con nuestros países. Por eso necesitan mercenarizar a la policía y al ejército (sin olvidar los servicios privados de seguridad, que, como se vió con el caso de Madrid Arena y la muerte de cuatro jóvenes, trabajan con una exclusiva lógica de guardaespaldas de la empresa).

A día de hoy, en Europa, no lo han conseguido. Parece sensato trabajar para que no puedan hacerlo. Si se manda a la policía a un cuerpo a cuerpo contra la ciudadanía, todos pierden. También los policías. De ahí la importancia de los sindicatos democráticos dentro de la policía. De ahí la importancia de dejar claro a la policía que no es con ellos, salvo que se conviertan en los defensores de lo indefendible y que, por tanto, si están saltando por encima de las obligaciones que les marca la Constitución, se están poniendo en contra de la democracia a la que deben defender. En la última huelga general, la ciudadanía demostró mayor tolerancia con el enfrentamiento con la policía. Como ya vimos con la lucha de los mineros. Hay que convencer a la policía que esta pelea del 1% contra el 99% no es su pelea. Es un momento de lanzar mensajes de diálogo antes de que se rompan todas las costuras. Por mucho que el ánimo, viendo determinados comportamientos de los antidisturbios, pida lo contrario. Para darse gusto al cuerpo uno se entrega a las pasiones. En política la pasión, necesaria, tiene que venir después del análisis. Para no confundir la lucha necesaria con un Hola! revolucionario. Si van a existir solamente dos bandos, el de los demócratas y el de los dictadores, todos los trabajadores deben estar en el lado de la democracia. Y hay que ayudar a los que no lo tengan todavía claro.

www.comiendotierra.es

Juan Carlos, ¿por qué no te callas?

Juan Carlos quiere poner paz y orden. Su paz y su orden. Ayer lo dejó claro. Con su misiva señalaba que en momentos de crisis hay que interiorizar dos cuestiones fundamentales “que sólo superaremos las dificultades actuales unidos” y “que desde la unión y la concordia hemos de recuperar los valores de la Transición”. Ni lo uno ni lo otro.

¿Unidos con quién? Ya que o se impone el interés de la minoría –como viene sucediendo– o triunfa la voluntad de la mayoría. Aquí no hay medias tintas. No vamos todos en el mismo barco. El capital económico y financiero quiere aprovechar la crisis para reorganizar la sociedad en función de sus intereses particulares. Salir reforzado de la crisis, con menos derechos sociales, laborales y democráticos. Y así lo vemos día tras día, recorte tras recorte. Nos quieren hacer pagar el coste de una crisis que no hemos creado. Su crisis no es la nuestra. Sus recetas anticrisis no son las nuestras y no nos benefician, aunque nos quieran hacer creer lo contrario. Superar las ”dificultades actuales” sólo será posible si la voluntad del 99% prevalece por encima de los intereses particulares del 1%, de la elite financiera y los políticos a su servicio. Unidos sí, pero los de abajo contra los de arriba.

¿Remar juntos? No se “rema juntos” a la fuerza, bajo la imposición de una Constitución que niega el derecho a la autodeterminación de los pueblos. El monarca decía en su carta que “nuestro modelo de convivencia” está amenazado. Pero quiénes lo amenazan son aquellos que niegan la libertad de los pueblos a decidir su futuro. Un “modelo de convivencia” sin derecho a decidir no es convivencia ni es nada. Y las aspiraciones de soberanía no son una “quimera”, como decía en su misiva, son un derecho legítimo. Lo que es una “quimera” es pensar que la gente se quedará en casa con la que está cayendo y que el pueblo catalán permanecerá de brazos cruzados cuando se le niega su soberanía. Aquí quién persigue una “quimera” es el rey.

Y, ¿qué valores recuperar? No es en los “valores de la Transición” donde hay que buscar la inspiración para afrontar el presente, sino en los de la lucha del antifranquismo y de la resistencia contra todos los falsos consensos que nos impusieron desde la propia Transición. El régimen actual atraviesa sus peores momentos. El edificio construido en 1978 tiene profundas grietas. Y no hay que taparlas sino ahondarlas. Cuando el mito de la “inmaculada Transición” se desmorona su invocación por parte del rey suena entre tragicómica y esperpéntica. El intento desesperado por salvar un buque antes del naufragio.

Dicen que los elefantes, a quienes el monarca trata con poco cariño, tienen muy buena memoria. La Transición impuso el olvido y la desmemoria. Tal vez tendríamos que aprender de los elefantes y recuperar la memoria y luchar contra aquellos que, imponiendo la Ley del más fuerte, acaban con nuestras vidas y niegan nuestros derechos sociales y nacionales.

Nos pedía el rey recuperar los valores de: “el trabajo, el esfuerzo, el mérito, la generosidad, el diálogo, el imperativo ético, el sacrificio de los intereses particulares en aras del interés general”. No parece que la Corona sea un ejemplo de dichos valores. Tampoco la elite financiera que se basa en la competencia, el beneficio a corto plazo, la especulación, el enriquecimiento fácil… a costa de todo y de todos.

“Los valores de una sociedad sana y viva” a los que alude no son ni los de la Transición, ni los de la Constitución, ni los de la Monarquía, ni los del Capital son los que emanan de las luchas sociales, de la marea indignada nacida el 15M, de las movilizaciones contra los recortes y, mal que le pese al rey, de la manifestación del pasado 11 de septiembre en Catalunya cuyo mensaje no arroja dudas sobre la voluntad del pueblo catalán y su opinión sobre el régimen de la Transición y sus “valores”.

Hace unos años el rey mostraba su fe en el “consenso” haciendo callar autoritariamente a Hugo Chávez. Ahora nos toca entre todos hacerlo callar a él.