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La burbuja de derivados alcanza un máximo histórico y amenaza la economía global

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Caracas, 28 de mayo de 2014 (VTV).- La burbuja mudial de los derivados financieros continúa hinchándose y ya es un 20% más grande de lo que era antes de la crisis financiera de 2008, señala un artículo publicado en el portal The Economic Collapse.

Según el Banco de Pagos Internacionales, el total de derivados alcanza los 710 billones de dólares, aunque otras fuentes estiman que la cifra es mucho mayor. Para hacernos una idea de las dimensiones, se estima que el PIB de EE.UU. para el 2014 será de unos 17 billones de dólares.

La cifra ya roza niveles incomprensibles y puede que esta burbuja no tarde en reventar. Sin embargo, en lugar de tomar cartas en el asunto y castigar a los grandes bancos por su conducta imprudente, nuestros líderes permiten que tanto las entidades bancarias como la burbuja de los derivados sigan creciendo, lamenta el autor del artículo.

Como recuerda Snyder, los grandes bancos de Wall Street juntos son actualmente un 37% más grande de lo que eran justo antes de la última recesión.

“En algún momento esta burbuja de derivados va a estallar y los bancos quebrarán. Cuando llegue ese día, enfrentaremos una crisis que hará que la de 2008 parezca un picnic”, agrega.

¿Qué es un derivado financiero?

Los instrumentos financieros derivados son contratos cuyo precio depende del valor de un activo, el cual se denomina comúnmente ‘subyacente’ de dicho contrato. Estos activos pueden ser bonos, acciones, materias primas, índices bursátiles o divisas. Inicialmente este tipo de productos financieros pretendían eliminar la incertidumbre que generaba la fluctuación del precio de los productos. No obstante, en la actualidad forman parte de un sistema de especulación.

Según el bloguero, un derivado no tiene ningún valor intrínseco, “es esencialmente una apuesta”.

“La gente apuesta todo lo que uno pueda imaginar y Wall Street se ha transformado en el casino más grande de la historia del planeta”, subraya.

Después de la última crisis financiera, los políticos prometieron que mantendrían bajo control el comercio de los derivados. Sin embargo, el tamaño de la burbuja de los derivados no solo no ha disminuido, sino que ha alcanzado un nuevo máximo histórico.

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La burbuja de derivados alcanza un máximo histórico y amenaza la economía global

 

Marco Antonio Moreno⎮Jaque al Neoliberalismo⎮30 de mayo de 2014

La burbuja mundial de los derivados financieros continúa hinchándose y ya es un 20% más grande de lo que era antes de la crisis financiera de 2008, señala Michael Snyder en su blog The Economic Collapse. Para Snyder esta es la mayor burbuja financiera que se haya dado jamás en el mundo, y cuando finalmente estalle será una auténtica pesadilla para el sistema financiero del planeta.

Según el Banco de Pagos Internacionales, el total de derivados alcanza los 710 billones de dólares, aunque otras fuentes estiman que la cifra es mucho mayor. Para hacernos una idea de las dimensiones, se estima que el PIB de EE.UU. para el 2014 será de unos 17 billones de dólares.

La cifra ya roza niveles incomprensibles y puede que esta burbuja no tarde en reventar. Sin embargo, en lugar de tomar cartas en el asunto y castigar a los grandes bancos por su conducta imprudente, nuestros líderes permiten que tanto las entidades bancarias como la burbuja de los derivados sigan creciendo. Snyder señala que los grandes bancos de Wall Street son actualmente un 37% más grandes de lo que eran antes del estallido de la crisis en 2008.

“En algún momento esta burbuja de derivados va a estallar y los bancos quebrarán. Cuando llegue ese día, enfrentaremos una crisis que hará que la de 2008 parezca un picnic”, indica Snyder.

¿Qué es un derivado financiero?

Los instrumentos financieros derivados son contratos cuyo precio depende del valor de un activo, el cual se denomina comúnmente ‘subyacente’ de dicho contrato. Estos activos pueden ser bonos, acciones, materias primas, índices bursátiles o divisas. Inicialmente este tipo de productos financieros pretendían eliminar la incertidumbre que generaba la fluctuación del precio de los productos. No obstante, en la actualidad forman parte de un sistema de especulación. Según Snyder, un derivado no tiene ningún valor intrínseco, “es esencialmente una apuesta”.

La gente apuesta todo lo que uno pueda imaginar y Wall Street se ha transformado en el casino más grande de la historia del planeta. Después de la última crisis financiera, los políticos prometieron que mantendrían bajo control el comercio de los derivados. Sin embargo, el tamaño de la burbuja de los derivados no solo no ha disminuido, sino que ha alcanzado un nuevo máximo histórico.

Fuente: http://mamvas.blogspot.com.es/2014/05/la-burbuja-de-derivados-alcanza-un.html

¿Crisis económica… o agotamiento de un modelo de pensamiento?

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Los sistemas económicos no funcionan en el aire, sino que están bien anclados a principios o creencias que, en cada contexto cultural, social e histórico, sustentan las decisiones de los agentes que participan en ese sistema. Principios que, repetidos sin cesar, acaban asumiéndose como dogmas. Por ejemplo, la idea de que el trabajo, la tierra y otros bienes puedan ser objeto de compra; la superioridad del mercado para determinar valor y precio; o la supremacía de la propiedad privada, parecen haber estado ahí siempre tal y como lo entendemos ahora.

Pero no es así. Por ejemplo, los economistas fisiócratas configuraron en el siglo XVIII una ciencia económica que tenía como objetivo central promover las creaciones de la tierra, como única fuente de riqueza, “sin menoscabo de la fuente de su producción”, decía François Quesnay (de modo sostenible, podríamos decir hoy). Sin embargo, esta perspectiva de la economía fisiocrática fue quedando en desuso y, aproxidamente un siglo después, la ciencia económica se ocupaba ya sólo de aquello que podía ser objeto de propiedad y de valoración monetaria, de aquello que podía incorporarse a los procesos productivos. Esta evolución del pensamiento económico era coherente con el pensamiento de la Ilustración, que sustituyó una visión de la Naturaleza como un sistema orgánico movido por fuerzas sagradas, por un mundo que funcionaba como una máquina y en el que el único conocimiento válido era el racional. Así pues, en la base del funcionamiento de la economía está nuestro modo “ilustrado” de ver el mundo. Y también nuestra percepción de la Naturaleza como algo que está fuera de nosotros mismos.

De hecho, si nos distanciamos un poco de nuestros pensamientos automatizados, no es difícil ver la actual crisis como expresión de los conflictos que se producen dentro de una gran burbuja, cuya dimensión va más allá de la especulación financiera o inmobiliaria. Dicho de otro modo: si nos imagináramos a nosotros mismos observando esa burbuja desde fuera, podríamos ver que la crisis actual es una consecuencia natural de la evolución histórica que han seguido el pensamiento económico y el modelo capitalista de producción y consumo.

Efectivamente, ésta es la analogía que hace Peter Senge cuando aplica el funcionamiento de las burbujas especulativas a toda una época: sin duda, la era industrial y capitalista ha generado importantes beneficios a millones de habitantes del planeta (mayor esperanza de vida, menor analfabetismo, mayor acceso a nutrientes, más oportunidades y posibilidades de conocimiento, de creación, de ocio, de relaciones humanas…). Esto confirma las teóricas ventajas de la forma de pensamiento que hay detrás de estos beneficios y, por tanto, se unen más y más seguidores convencidos de sus bondades. Y, si la duración de esa burbuja se prolonga durante siglos, esto dificulta siquiera la posibilidad de imaginar otras formas de pensar y de funcionar sustancialmente diferentes.

Sin embargo, igual que crece el número de beneficiarios en una burbuja, también lo hacen las tensiones y las contradicciones que se producen entre la lógica que rige en su interior y la realidad más amplia. Una tensión evidente es la profunda crisis ecológica global: sólo en las últimas décadas, la especie humana ha transformado los ecosistemas más rápida y extensamente que en ningún otro período de tiempo comparable de su historia, en gran parte para resolver las demandas rápidamente crecientes de alimento, agua potable, madera, fibra y combustible. Así lo evidencia el informe de Naciones Unidas de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio. Concluye el estudio que la degradación de los servicios que prestan muchos ecosistemas está constituyendo un claro obstáculo para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para reducir la pobreza, el hambre y la enfermedad.

Esta burbuja centenaria se ha forjado sobre unas creencias en torno a lo que es el comportamiento humano perfectamente representadas por el modelo del homo economicus. Este homo maximizador de utilidad, hedonista e individualista encaja perfectamente con el funcionamiento de una economía que resulta incompatible con la sostenibilidad global por varias razones:

1)     Simplifica bienes, necesidades y escaseces al homogeneizarlo todo en un único tipo de valor: el monetario.

2)     Atribuye al proceso económico la creación de riqueza (valorada en términos monetarios) y, en coherencia, mitifica el crecimiento económico como un fin en sí mismo.

3)     Al excluir procesos no monetarios y tener en el centro de su atención al crecimiento económico, conduce a la sobreexplotación de los recursos naturales, subordina el razonamiento moral al económico, y desatiende dimensiones de la vida no mercantilizables, como la contemplación.

4)     Pone el énfasis en las necesidades (o, más bien, en los deseos, que nunca quedan saciados) expresadas a través de los mercados. Por tanto, se priorizan las necesidades más ligadas a “tener” que a “ser” o “cuidar”.

5)     Privilegia la perspectiva individual del ser humano frente a su dimensión social. Y aún menos relevante para el modelo del homo economicus es la dimensión espiritual del ser humano, que supone sentirnos identificados con otros seres humanos y no humanos, así como con la Tierra como un todo. Sin embargo, la vertiente social y espiritual son tan reales y tan propias de la naturaleza humana como la dimensión individual. La prueba se encuentra en su permanente expresión a través de comportamientos altruistas, del cuidado de los otros y de sentimientos compasivos. Compasión que implica, más allá de entender el sentimiento ajeno, experimentarlo como propio.

En definitiva, el homo economicus produce un mundo teóricamente coherente, pero simplista, miope y, en la práctica, autodestructivo. Ciertamente, la crisis de sostenibilidad se basa en una economía que funciona al margen de los procesos y los ritmos de la Naturaleza; una economía que ignora que vivimos en un planeta finito, marcado por complejas interconexiones. Y la supervivencia de nuestra especie, así como el reconocimiento de los seres no humanos, implica fluir con los procesos de la Naturaleza (desde la prudencia y el conocimiento disponible). Fluir con esos ritmos es incompatible con subordinarlos a los vaivenes de las fuerzas de los mercados, independientemente de qué revolucionarias tecnologías puedan acudir a “resolver” el problema.

Entonces, ¿se encuentran en la idea de “sostenibilidad” principios mentales que nos ayudarían a salir de la burbuja en la que nos encontramos?

Para responder a esta pregunta, no podemos olvidarnos de la idea dedesarrollo sostenible”, que nació de añadir el término “sostenibilidad” a esa idealización que supone la idea de “desarrollo”. El desarrollo sostenible se ha generalizado en el discurso que acompaña a la actividad económica, pero no ha ido ligado a un rediseño sustancial en los mercados y en los procesos de producción y consumo (ni en los marcos institucionales en los que operan). Éstos siguen respondiendo a la lógica del beneficio y del rendimiento sobre la inversión pero no (o de modo muy secundario) a los límites y los rendimientos de la Naturaleza o al objetivo de una vida buena. En su lugar, la expresión “desarrollo sostenible” y, por analogía, “sostenibilidad”, han tendido a significar en la práctica la continuidad en la extracción de recursos, en la expansión de todo tipo de bienes y en la permanente acumulación de capital.

A pesar de lo anterior, “sostenibilidad” también ha supuesto un territorio terminológico en el que vislumbrar y expresar el reconocimiento de un modelo de pensamiento agotado y la emergencia de otro nuevo. Un nuevo modelo de pensamiento que pone a la economía como un instrumento para alcanzar una vida buena, plena y con sentido; y a la finitud de la Naturaleza como su límite físico fundamental.

El fundamentalismo de mercado ha provocado la peor crisis de los mercados de los últimos 60 años

El fundamentalismo de mercado ha provocado la peor crisis de los mercados de los últimos 60 años
George Soros · · · · ·
27/01/08
La actual crisis financiera ha estallado como consecuencia de una burbuja en el mercado inmobiliario estadounidense. En ciertos respectos, se parece a otras crisis que han venido produciéndose desde el fin de la II Guerra Mundial a intervalos de entre 4 y 10 años.

Sin embargo, hay una profunda diferencia: la actual crisis significa el fin de una era de expansión del crédito fundada en el dólar como moneda de reserva internacional. Las crisis periódicas eran parte de un proceso más vasto de expansión-recesión. La crisis actual es el punto culminante de un superboom que ha durado más de 60 años.

Los procesos de expansión-recesión giran normalmente en torno al crédito, e implican incluso una desviación o una idea errada. Se trata normalmente de un error en el reconocimiento de una conexión reflexiva, circular, entre la propensión a conceder préstamos y el valor del colateral. Las facilidades de crédito generan una demanda que empuja al alza el valor de la propiedad, lo que, a su vez, incrementa el monto del crédito disponible. Una burbuja comienza a hincharse cuando la gente compra viviendas con la expectativa de poder refinanciar su hipoteca con beneficios. El reciente boom inmobiliario en EEUU es un caso más complicado.

Cada vez que la expansión del crédito acababa teniendo dificultades, las autoridades financieras intervenían inyectando liquidez y encontrando otras vías de estímulo de la economía. Eso ha generado un sistema de incentivos asimétricos, conocido también como “azar moral”, que ha estimulado una extensión cada vez más grande del crédito. El sistema ha logrado así que la gente creyera en lo que el ex-presidente Reagan llamaba la “magia del mercado” y yo llamo el “fundamentalismo del mercado”. Los fundamentalistas creen que el mercado tiende hacia el equilibrio, y que el interés común está mejor servido, si se permite a los participantes perseguir el propio interés. Es una idea claramente errada, porque ha sido precisamente la intervención de las autoridades la que ha preservado de la debacle a los mercados financieros, y no los mercados por sí propios. Sin embargo, el fundamentalismo del mercado surgió como ideología dominante en los años 80, cuando los mercados comenzaban ser globales y los EEUU iniciaban una fase de crecimiento de su déficit por cuenta corriente.

La globalización ha permitido a los EEUU absorber el ahorro del resto del mundo y consumir más de lo que producían. El déficit por cuenta corriente estadounidense ha llegado al 6,2% del PIB en 2006. Los mercados financieros han animado a los consumidores a endeudarse mediante la introducción de instrumentos financieros más sofisticados y de condiciones más generosas. Las autoridades han permitido y aun acompañado todo el proceso, interviniendo cada vez que el sistema se hallaba en riesgo. Desde 1980, las medidas de regulación han venido siendo “relajadas”, hasta desaparecer en la práctica.

El superboom se ha ido de las manos cuando los nuevos productos financieros han llegado a ser tan complicados, que las autoridades no podían ya calcular los riesgos y empezaron a confiar la gestión misma del riesgo a los propios bancos. Del mismo modo, las agencias de rating se fiaban de las informaciones suministradas por quien generaba los productos financieros sintéticos. Lo que ha habido es una indecente abdicación de responsabilidades.

Todo lo que podía hacerse mal, se ha hecho. Lo que comenzó con la difusión de las hipotecas de alto riesgo subprime respaldadas en obligaciones de deuda colateral, ha terminado por dañar a las aseguradoras municipales y a las hipotecarias, amenazando con desbaratar el multimilmillonario mercado de la reventa de créditos derivados de impagos (default credit swap). El empecinamiento de los bancos de inversión en la compra apalancada o adquisición a débito (leveraged buyout) ha trocado en aumento de los pasivos. Los hedge funds “neutrales” no han resultado, de hecho, neutrales, y ha sido preciso socorrerlos. El mercado de títulos comerciales respaldados en activos se ha bloqueado, y los vehículos especiales de inversión, generados por los bancos a fin de sacar los créditos hipotecarios de sus balances, no pueden ya obtener financiación externa. La tormenta final ha llegado cuando el préstamo interbancario, que es el corazón del sistema financiero, se ha ido al garete porque los bancos se han visto obligados a ahorrar recursos y han perdido la confianza mutua. Los Bancos Centrales han inyectado un volumen sin precedentes de liquidez, extendiendo el crédito a un círculo de instituciones más amplio que nunca. Lo que ha hecho que la crisis se convirtiera en la más grave conocida desde el final de la II Guerra Mundial.

A la expansión del crédito tiene ahora que seguir un período de contracción, porque algunos de los nuevos instrumentos y prácticas financieros han naufragado y resultan insostenibles. La capacidad de las autoridades financieras para estimular la economía se ve menguada por la resistencia del resto del mundo a acumular reservas adicionales en dólares. Hasta hace muy poco, los inversores esperaban que la reserva federal hiciera todo cuanto estuviera en su mano para evitar una recesión, porque eso era lo que había ocurrido en otras ocasiones. Ahora tienen que tomar nota de que la Fed ha dejado de estar en condiciones de hacerlo.

Con el petróleo, los alimentos y otras materias primas al alza, y el renminbi [la moneda china] en rápida revalorización, la Fed tiene que preocuparse de la inflación. Si los fondos federales llegan a debilitarse hasta un cierto punto, el dólar podría verse sometido a renovadas presiones y los títulos a largo plazo caerían en sus rendimientos. Pero es imposible determinar cuál sea ese punto. Cuando se alcance, la capacidad de la Fed para estimular la economía habrá llegado a su fin.

Aun cuando una recesión en el mundo desarrollado es ahora más o menos inevitable, China, India y algunos países productores de petróleo se hallan en una robusta tendencia opuesta. De manera que la crisis financiera actual, más que causar una recesión global, lo que podría es acabar alterando las actuales relaciones de fuerza de la economía mundial, con un relativo declive de los EEUU y el ascenso de China y de otros países del mundo desarrollado.

El peligro radica en que las consiguientes tensiones políticas, o aun el proteccionismo estadounidense, puedan destrozar la economía global y arrojar al mundo entero a la recesión, si no a cosa peor.

George Soros es un conocido financiero y hombre de negocios de alcance planetario, y uno de los animadores iniciales del Foro Económico Mundial que se celebra cada año por estas fechas en el balneario suizo de Davos.

Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F. Nyerro

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El capital riesgo valenciano se concentra en tres grupos tras el declive de los ‘fondos burbuja’

El capital riesgo valenciano se concentra en tres grupos tras el declive de los ‘fondos burbuja’

JOAQUIM CLEMENTE. 01/02/2012 Atitlán, Valcapital y Sherpa se consolidan como los fondos de capital valenciano más activos

VALENCIA. El capital riesgo valenciano está viviendo su propia reordenación en medio de la actual crisis y falta de financiación tanto pública como privada. Tras unos años en que se lanzaron varios proyectos para crear fondos de inversión con cifras en algunos casos de centenares de millones, algunos de los cuales no llegaron a cuajar y otros han tenido una vida corta y poco rentable, los inversores valencianos que apuestan por esta vía se han concentrado fundamentalmente en torno a tres grupos: Atitlán, Sherpa y Valcapital.

Roberto Centeno, presidente de AtitlánEstas tres firmas, que cuentan con fondos de inversión propios, son las únicas que han protagonizado operaciones de relevancia en el último año. El resto se han anotado prácticamente un año en blanco.

“Lo que está ocurriendo fundamentalmente es que los fondos se están dedicando a gestionar las empresas en las que entraron en años anteriores. Es un trabajo fundamental, especialmente en esta época, para obtener una rentabilidad que en muchos casos está siendo complicado y en otros será imposible”, explica a ValenciaPlaza.com un directivo del sector.

En 2011 los fondos de inversión valencianos cerraron cuatro operaciones de cierta envergadura. Atitlán, a través de su fondo Atitlán Alpha, dedicado a las empresas agroalimentarias, compró al fabricante navarro de ensaladillas, interproveedor de Mercadona, Mahn Mac, Valcapital se hizo con los activos de Punt Mobles en el proceso de liquidación, y Sherpa Capital adquirió la cadena de tiendas de decoración KA Internacional y la filial española de la química Coveright Surfaces.

La inversión de esas cuatro operaciones no se conoce al detalle. En los casos de Sherpa se comunicó que la compra de Covering alcanzó los 12,5 millones y la de KA, 10 millones. En el de Atitlán no se facilitó el precio de compra, aunque la sociedad de la que se quedaron el 90% tenía problemas para financiar su ampliación, estimada 27 millones. Punt Mobles estaba en liquidación, con lo que el precio se pactó con el juzgado y tampoco se facilitó.

A estas compras relevantes hay que añadir algunas operaciones menores cuantitativamente hablando, aunque para las empresas que reciben el dinero sean relevantes. Por una parte el fondo impulsado por el IVF Comval Emprende participó proporcionalmente en la ampliación de capital de 800.000 euros de la biotecnológica valenciana Biótica, en la que tiene una participación minoritaria. Por otra, los fondos asesorados por Gala Fund Management, en la que tiene vinculación la gestora valenciana Santángel y su fondo, compró el 75% de la operadora Neo Sky a Iberdrola.

Arturo Virosque, Julio de Miguel, Vicente Sala y Antonio Gil-Terrón, en 2002Capítulo aparte merece Inversiones Valencia Capital Riesgo, propiedad del Banco de Valencia. Aunque la sociedad sí ha registrado movimientos en sus participadas en el último ejercicio, resulta difícil vincularlas a una actitud inversora real. IVCR, más bien, se ha dedicado a tomar participaciones en empresas con problemas con los créditos de su matriz. Chillida, Energía Solar Aplicada o Adesal Telecom son algunas de sus filiales que registraron cambios en la participación de un fondo. Olvidada en un cajón está Cartera de Participaciones Empresariales, el holding que crearon a la fuerza Bancaja y CAM que, aunque no es capital riesgo, cuando se creó en 2002 anunció que invertiría en en empresas. Nunca hizo una sola inversión.

Al margen de las escasas operaciones realizadas por los inversores valencianos, el capital riesgo ha hecho otros negocios en la Comunitat. Según los datos de la Asociación Española de Entidades de Capital Riesgo (ASCRI), hasta junio de 2011, últimos datos disponibles, se había registrado 26 operaciones por un montante de 288 millones. Se trata de operaciones que realizan grandes fondos nacionales e internacionales y que no necesariamente suponen la compra de una empresa, lo que significa que sí hay negocio. Un fondo de los que operan en la Comunitat Valenciana puede estar analizando en un año más de 200 propuestas de inversión, la mayoría de ellas no solicitadas.

ATITLÁN, ÚNICO EQUIPO DE ‘PREMIER’ DE LOS FONDOS VALENCIANOS

Si algún fondo ha tomado un protagonismo esencial ese es Atitlán, presidido por Roberto Centeno, se ha convertido en el principal actor del mercado. Con el apoyo de la familia de Juan Roig y otros inversores, esta gestora dispone de la mayor dotación económica de todos los fondos registrados en la Comunitat Valenciana. “Juegan en otra liga”, explica a ValenciaPlaza.com un gestor de capitales. El mercado estima que cuenta con más de 500 millones para invertir.

Atitlán gestiona dos fondos, Atitlán Alpha, especializado en entrar en empresas agroalimentarias, y Angels Capital, capital semilla para emprendedores, dotado con 17 millones. Pero más que eso, es a quien todos se dirigen en la Comunitat Valenciana cuando buscan financiación. Pese a que solo ha confirmado su interés por comprar Ribera Salud, su nombre se ha vinculado a Aguas de Valencia, el Circuito Ricardo Tormo o el Banco de Valencia.

Arturo Llopis, responsable de ValcapitalMás modestamente, pero con una experiencia mayor en la entrada y salida en empresas está Valcapital, especializado en pymes, que ya tiene en su porfolio operaciones con cuatro operaciones completas. Dispuso de unos seis millones de euros, de los cuales ya ha reintegrado la mitad aproximadamente a los socios, y prepara el segundo fondo por un importe similar. De la primera fase de inversión solo le queda Suavitas, principal reto de la gestora que dirige Arturo Llopis. En la fase actual ha comprado los activos de dos sociedades que estaban quebradas, La Mediterránea y Punt Mobles, con el objeto de reactivarlas.

FONDOS FALLIDOS AL CALOR DE ‘LA BURBUJA’

Pero lo cierto es que de todos los fondos que existen y se lanzaron en la época de bonanza económica, la mayor parte están ‘paralizados’, es decir, mantienen las participaciones que compraron en su día y se limitan a gestionarlas. Los casos más llamativos son los dos impulsados por la Generalitat, Comval Emprende y Tirant. No han realizado ninguna operación relevante en el último año pese a que formalmente aún disponen de fondos (Comval está dotado de 13,5 millones y Tirant de 60 millones, aunque en este último caso entró en grandes empresas con problemas, como Kelme). El primero, en todo caso, sí ayudó a poner en marcha pequeños proyectos como Konomav, Biótica, Eurener o Jet Ready)

“El problema de estos fondos radica en parte en quién los gestiona. Hay una diferencia notable entre los que están dirigidos por empresas valencianas, como Tandem, Valcapital o Sherpa, y los que llevan las grandes firmas como Riva y García y Clave Mayor, responsables de los dos fondos de la Generalitat. Mientras que un gestor local se preocupa tanto por invertir el dinero comprometido inicialmente como por buscar nuevos partícipes para seguir creciendo, en estos dos casos prácticamente se han limitado, con mayor o mejor fortuna, a colocar el dinero inicial. No generan nuevo negocio”, explica un directivo de una de las firmas de capital riesgo valenciana.

La tarea de buscar nuevos partícipes dispuestos a invertir con riesgo es la más compleja en estos momentos. “Costaba convencerles cuando vivíamos el boom del capital riesgo a mediados de la década pasada y ahora más, de igual manera que son más exigentes a la hora de aprobar operaciones. Pero ahí está la clave de este negocio”, señala el gestor. En eso está, por ejemplo, la nueva sociedad gestora de capital riesgo valenciana, Avindia Capital, dirigida por el ingeniero José Emilio Giner, que está promoviendo un fondo dedicado a invertir en energías renovables. José Emilio Giner, presidente de Avindia

La cuestión es que los principales fondos valencianos, al menos los que son operativos, no cuentan entre sus partícipes a las grandes fortunas conocidas, con la excepción de Juan Roig con Atitlán. Uno de los intentos por atraer a esta cultura inversora a grupos familiares fue Tandem Capital. Con aportaciones de familias como los Ballester, Martinavarro, Zamorano, Lis y Giménez, el fondo acabó cerrando después de cuatro años en los que solo realizó una operación de ocho millones sobre los 40 millones que habían comprometido.

“En ese caso, los inversores prácticamente negaron cualquier proyecto y acabaron pidiendo la devolución de los fondos”, explica una fuente próxima al proyecto que presidió el actual conseller de Economía, Máximo Buch y que gestionó el director de Improven, Eduardo Navarro.

Eduardo Navarro, gestor de Sherpa CapitalNavarro, de hecho, opto por promover Sherpa Capital, un fondo especializado en entrar en empresas en crisis para reflotarlas. En algo más de un año ha cerrado tres operaciones con los 30 millones iniciales comprometidos. Resulta llamativo que Navarro haya optado por empresas de fuera de la Comunitat Valenciana en los tres casos.

Más llamativo fue el anuncio que realizó la cúpula del poderoso lobby empresarial AVE, que agrupa a las grandes empresas valencianas. A finales de 2006 el entonces presidente Francisco Pons, anunció la “inminente” puesta en marcha de Impulsos Empresariales Valencianos, un fondo, a imagen de Catalana d’Iniciatives, que arrancaría con 300 millones de euros para invertir. Nunca más se supo de este proyecto.

OTROS ACTORES

Pero el negocio del capital riesgo en la Comunitat Valenciana tiene otros actores, al menos formalmente. En algunos casos se trata de family offices camuflados, como Suver Inersiones, de José María Suescun, Onofre Desarrollo, de Onofre Miguel, Pontia Equity, de Vicente Cotino.

En un término medio está el grupo Zriser, la sociedad de inversión que creó Pablo Serratosa cuando salió de Nefinsa, que actúa como capital riesgo, a través del fondo Zriser Capital 1, pero también ha realizado una fuerte inversión inmobiliaria, vetada a este tipo de fondos, con la compra por 21 millones del edificio de la aseguradora Generali en la plaza del Ayuntamiento de Valencia hace unos meses.

Su mayor inversión fue la entrada en Siliken, la empresa de energía solar. Una compra difícil de digerir, a la que ha tenido que inyectar más de un centenar de millones, con lo que pasó de un 5% inicial a más del 55%, y a la que está dedicando prácticamente su atención como gestor. Con la excepción de una toma de posición nada desdeñable en la cotizada Clínica Baviera, el 5%, Zriser no ha protagonizado ninguna operación empresarial.

Solvencia del sistema financiero español.

El Banco de Españay el Gobierno aseguraron al inicio de la crisis (2008) que el sistema financiero español era el más fuerte del mundo. Luego llegaron los tests de resistencia propiciados desde Europa, de los cuales –según se dijo– salió “reforzada” la solvencia del sistema financiero español. Cambió el Gobierno, pero no varió el optimismo acerca de lo que estaba pasando con los llamadosactivos tóxicos” de los bancos, es decir, créditos incobrables sobre suelo y viviendas. Amén del suelo propio adquirido por los bancos con intenciones especuladoras.

Es sospecha bien fundada que en todo este asunto los informes de la Inspección del Banco de España, cuya profesionalidad nadie ha puesto en duda, han sido ignorados desde que la Inspección denunció la existencia de la burbuja hasta hoy.

A estas imprudencias se sumó, en el caso de Bankia, una auténtica “imprudencia temeraria”, una deslealtad societaria cometida por quienes han dirigido hasta hace dos años la Caja de Ahorros de Madrid. En primer lugar, Miguel Blesa (puesto en ese cargo por el PP, sin tener experiencia alguna), su equipo y también sus aliados políticos y sindicales (no sólo el PP, también IU, representada por José Antonio Moral Santín). Todos ellos, juntos y revueltos, se ocuparon más de sus “asuntos personales” que de la caja, mientras esta se metía en financiaciones enloquecidas que la han llevado a la situación actual. Un negocio próspero cuya solvencia antes de la llegada de estos depredadores era modélica, con una clientela fiel en las capas medias de toda España.

Y yo me pregunto: ¿estas gentes se van a ir de rositas? ¿Nadie les va a pedir responsabilidades por sus trapacerías? ¿Es de recibo, por ejemplo, que Moral Santín –gran muñidor de gabelas– siga ahí, en su alto cargo, tan campante? ¿Dónde está Miguel Blesa? ¿En Miami, al amparo del banco que la caja compró allí?

Especulación bursatil

En los últimos dos años ha tomado relevancia en los medios la especulación bajista contra empresas cotizadas, normalmente bancos, o contra bonos soberanos.   La especulación bajista (ponerse corto) consiste en vender las mencionadas acciones o bonos sin tenerlos, esperando a que bajen de precio para recomprarlos más baratos e ingresar el beneficio resultante.   Los malvadísimos especuladores hacen esto cuando tienen expectativa de que las acciones o los bonos vayan a bajar.

Esta actividad tiene una peculiaridad, y es que estos especuladores están forzados a comprar tarde o temprano si quieren cerrar su operación Y para el que piense que esta es una actividad donde se gana dinero fácil, nada más lejos de la realidad.  ¡Los riesgos son elevadísimos!, para muestra un botón: Las enormes pérdidas que sufrió el multimillonario alemán Adolf Merckle por especular contra las acciones de Volkswagen en 2009.    Por eso los especuladores no se ponen cortos sobre cualquier activo, menos aun si es un activo solvente porque les puede llevar a la más absoluta de las ruinas.

Pues bien, hay otra modalidad mucho más habitual de hacer exactamente la misma operación, pero en vez de hacerlo contra bonos o acciones, lo hacemos contra la moneda.    Esa operación es sencillamente endeudarse.   Vendemos una moneda que no tenemos a cambio de, por ejemplo una casa, unas acciones u otra divisa.  Esperando que el valor de la moneda en la que nos hemos endeudado baje con respecto a la casa, las acciones o la divisa en cuestión y así embolsarnos la diferencia.    Hipotecarnos para comprar una casa es sinónimo de ¡¡ponernos cortos!! en la moneda en cuestión, es especular a la baja contra la moneda exactamente igual que hacen los especuladores cuando venden bonos soberanos en descubierto.   O simplemente el que vende moneda para comprar una casa a modo de inversión, en cierto modo huye de la moneda por temor a que sus ahorros mengüen.

No es necesario que la casa incremente su valor, también nos sirve con que la moneda se devalúe contra la casa, y eso se produciría si más gente hace lo mismo que yo, porque al endeudarse introducen muchas más monedas en el sistema y por tanto al haber más cantidad, su valor baja.   ¿Esto de ganar por el simple hecho de que todo el mundo haga lo mismo que yo, suena a burbuja, verdad?.  Si, suena por que lo es en toda reglaEs de hecho la burbuja que genera el resto de burbujas que suelen identificarse habitualmente (inmobiliaria, .com, materias primas, tulipanes, etc) y que son tan solo síntomas de la primera.

Pues bien, ¿Que pasa si tenemos una moneda sistemáticamente débil, que continuamente pierde valor?  Pues que fomentamos que todo el mundo adopte posiciones cortas contra ella.   No ya sofisticados especuladores de Wall Street, si no cualquiera lo puede hacer, porque es suficiente ir al banco pedir un préstamo y comprar el activo de nuestra preferencia (inmuebles, oro, joyas, acciones, etc…).  ¿Que estamos fomentando?:  El endeudamiento masivo, la especulación sistemática contra la moneda.  ¿Para que producir si puedo ganar dinero especulando contra la moneda?

¿Y cual es el resultado de todo esto?  Pues como todo el mundo se endeuda, y cuanto más nos endeudamos más moneda hay en circulación, su precio baja y alimenta endeudamiento adicional.    Un circulo vicioso que solo puede llevar a una burbuja de crédito, que será más grande cuanto más tiempo dure la situación.

Esto mismo es lo que fomentan todos aquellos que propugnan la emisión de más moneda y la devaluación para resolver la crisis que padecemos.  Si señor, una gran solución.  Esto es lo que se han conseguido los últimos 40 años con esa actitud: