Grandes Lagos Africanos: El genocidio olvidado

21 de febrero del 2003

Conferencia realizada en la sede nacional de Médicos del Mundo con motivo del 4º aniversario del asesinato en Rwanda de tres de sus miembros Flors, Manolo, LuisFUENTE

Juan Carrero Saralegui

Presidente de la Fundació s’Olivar de Mallorca.
Madrid. 15.02.01

El 20 de enero de 1997 todas las primeras páginas del Estado español destacaban casi en exclusiva la trágica noticia del asesinato en Rwanda de tres miembros de Médicos del Mundo: Flors, Manolo y Luis. Ese día era para mí, junto a otros compañeros de nuestra fundación, el séptimo día de ayuno de denuncia y presión a las puertas del edificio del Consejo de Ministros de la Unión Europea en Bruselas. Aquí en Madrid, otros compañeros hacían lo mismo frente a la embajada de los Estados Unidos. También ante su consulado en Barcelona se manifestaban cada día, haciendo turnos, diversas ONGs, en especial los compañeros de Inshuti (Amigos de Rwanda, Burundi y RD del Congo). Algunos de los miembros de esta ONG de Manresa eran amigos de la también manresana Flors Sirera, la ATS que acababa de ser asesinada. Y a las puertas del consulado de Estados Unidos en Palma de Mallorca permanecían de igual modo otros compañeros, como los de Drets Humans de Mallorca.

Hacía ya tres meses que los ejércitos de Uganda, Burundi y, sobre todo, Ruanda, con la excusa de asegurar sus fronteras, masacraban sistemáticamente en el este del Zaire a centenares de miles de refugiados hutus indefensos y avanzaban hacia la conquista de riquísimas zonas mineras del interior de este enorme país. Aquel día la Comisaria Emma Bonino, antes de entrar al Consejo de Ministros, se acercó a nosotros, como siempre hacía, para informarnos y darnos ánimos. Aquel día el dolor de los familiares de las tres víctimas, de sus compañeros de Médicos del Mundo y de toda España era nuestro propio dolor. Aquel día también nosotros intentamos dar ánimos a la Comisaria, comunicándole que ya eran quince los premios Nobel que apoyaban nuestras reivindicaciones. En las próximas semanas este número se elevaría a diecinueve. Y también recibiríamos el apoyo de la práctica totalidad del Parlamento Europeo y de su presidente José María Gil Robles, con la ayuda de eurodiputados como Francisca Bennassar o Carlos Carnero, que dedicaron muchos días de trabajo a nuestra causa.

Criminalizar a un pueblo

Aquel día estuvo marcado no sólo por el dolor sino también por el estupor. Aún hoy nos resulta sorprendente la ligereza (en el doble sentido de este término, la rapidez y también la frivolidad) con que los titulares de todos los medios del mundo adjudicaron este triple crimen a los extremistas hutus, los llamados “interahamwes”, sin mediar la más mínima investigación ni el más mínimo contraste informativo. Y aún hoy no deja de sorprendernos que, por el contrario, a los que siempre hemos disentido de esa especie de versión única, oficial y omnipresente de la realidad (y no me estoy refiriendo sólo ni principalmente a la de este triple crimen, sino a toda la terrible tragedia que desde 1990 se vive en el Africa de los Grandes Lagos) se nos haya considerado durante todos estos años una especie de extremistas y se nos haya exigido pruebas materiales y casi evidencias que sustenten nuestra visión heterodoxa de los acontecimientos. Pruebas materiales y evidencias casi imposibles, cuando incluso a la misma ONU se le ha impedido sistemáticamente realizar cualquier tipo de investigación independiente sobre cualquiera de los muchos crímenes del FPR.

Pero, en estos últimos meses, se está produciendo un importante punto de inflexión en la comprensión de este conflicto, tal como voy a intentar mostrar en el transcurso de esta conferencia. En cuanto a la verdad del triple asesinato de nuestros compatriotas, primero fue la investigación de la ONU y la de la policía española las que cuestionaron su arbitraria adjudicación a la etnia hutu. Después vinieron ya las revelaciones realizadas por el coronel Christophe Hakizabera, entre otros, o el informe Hourigan, las que nos dan incluso el nombre del comando del FPR que acabó con la vida de Flors, Manolo y Luis, el comando Network. El mismo que derribó el Mystère-Falcon presidencial en Kigali aquel fatídico 6 de abril de 1994.

El paso del tiempo está calificando, como mínimo, de irresponsable ese modo de proceder de tantos medios de comunicación y de tantos llamados “expertos”, que sin el más mínimo sentido crítico han sido vehículo de supuestos tan graves y tan dudosos (o directamente falsos). Puestos a ser frívolos lo hemos sido hasta en el lenguaje. Seguramente todos, incluido yo mismo, hemos dado por bueno en algún momento aquello de que los “interahamwes” son “aquellos que matan juntos”, cuando en realidad el término sólo se refiere a aquellos que hacen algo juntos. Por añadidura, con demasiada frecuencia se ha insinuado, unas veces de manera sutil y otras descaradamente, que el sustantivo “hutu” es sinónimo de extremista y, por tanto de genocida. Como suele decirse, la primera víctima de toda guerra suele ser la verdad. Y es en el lenguaje mismo donde ya empieza a enquistarse el engaño.

Pero, más allá del uso perverso del lenguaje, lo realmente grave es que sin duda se ha intentado criminalizar a todo un pueblo. Un pueblo que en realidad tiene mucho más de víctima que de verdugo. No es extraño, por todo esto, que nuestros amigos de la ONG belga SOS Rwanda-Burundi pusieran al lúcido documento que hicieron público el 23 del 10 de 1998 el siguiente título, que aunque largo, da de lleno en la diana: “No se acusa de genocidio a un pueblo sin haber tenido el coraje de ir hasta el final en la búsqueda de la verdad”. Dentro del proyecto de conquista del poder a cualquier precio por parte del FPR, el asesinato del presidente Habyarimana era el jaque mate de la campaña militar. Pero era también imprescindible una especie de jaque a la reina en la campaña de propaganda mediática. Era imprescindible convertir en genocida a todo un pueblo para poder arrebatarle el derecho a decidir democráticamente su destino y justificar una dictadura feroz que intenta perpetuarse en el poder absoluto.

Esta ligereza irresponsable de tantos medios de comunicación y tantos expertos respecto a todo lo relacionado con el crimen de los tres cooperantes españoles: 1º No es un hecho aislado. 2º Ni es, desde nuestro punto de vista, un hecho casual, fruto del azar. 3º Ni es, tampoco, un hecho aleatorio en el que no hay parcialidad. No es un hecho que haya perjudicado a unos como podría haber perjudicado a otros, al igual que sucede cuando se juega con unos dados que no están cargados.

Si observamos con atención posiblemente tomaremos conciencia de que: 1º Situaciones muy semejantes a ésta son frecuentes desde 1990. 2º Estas situaciones anómalas tienen unas mismas causas y origen. Son el resultado de una parecida cadena de hechos. Tras esta frivolidad de tantos medios y expertos que podríamos llamar “locales”, están siempre los despachos de las grandes agencias de información y el llamado “núcleo duro de los expertos” internacionales, expresión que aparece frecuentemente en el último documento de SOS Rwanda-Burundi que lleva por título: “¿Se puede construir la paz en el Africa de los Grandes Lagos sobre la base de verdades parciales y manipuladas?”. Los medios y los expertos de segundo nivel habitualmente no han hecho otra cosa que reproducir en su propio ámbito lo que les llegaba de aquellos otros. 3º Estas situaciones siempre están escoradas hacia el mismo lado, siempre corren a favor de los vencedores regionales (las dictaduras himas-tutsis de Uganda, Rwanda y Burundi) y a favor de sus poderosos padrinos internacionales (Estados Unidos, Bélgica, Gran Bretaña, etc.).

Silencios y medias verdades, maniobras de distracción y campañas de intoxicación

Podríamos citar decenas de ejemplos de esta notable parcialidad a la que vengo refiriéndome y podríamos hacernos decenas de preguntas que, más allá de la respuesta que se les dé, son ya en sí mismas elocuentes:

1. En octubre de 1990, desde la frontera de Uganda, el FPR, con un gran apoyo de este país y también de Estados Unidos y Gran Bretaña, inició contra Rwanda un gran ataque, que ocasionaría decenas de miles de víctimas mortales y un millón de desplazados. Estos hechos tan graves no fueron difundidos, como luego lo serían masivamente los de abril-junio del 94. Pero organizaciones tan fiables como OXFAM los denunciaron ya entonces. Ese ataque sería además el inicio de la gran y trágica desestabilización que desde entonces sufre todo el Africa de los Grandes Lagos.

La gran magnitud de estos hechos no es en ningún punto comparable con los ataques a Rwanda por parte de las exFAR, desde la frontera del Zaire, durante los meses posteriores a la toma del poder por parte del FPR en 1994. Sin embargo, en el primer caso, muchos grandes medios y grandes expertos justificaron tal invasión por parte de los “liberadores” del FPR. En el segundo, por el contrario, consideraron que era necesario acabar con la guerrilla de los “genocidas hutus”. Del mismo modo se justificó el embargo internacional de toda venta de armas al gobierno de Habyarimana mientras el FPR las recibía masivamente.

En el primer caso, es decir el del ataque del FPR a Rwanda en 1990, la principal justificación era que el régimen de Habyarimana no permitía el retorno de los refugiados tutsis. Sin embargo, la mayoría de operadores económicos de Rwanda eran precisamente tutsis que habían vuelto al país durante el régimen de Habyarimana. No puede, por tanto, decirse que éste cerrara todas las puertas a los refugiados. El informe de Amnistía Internacional de 1990 muestra la satisfacción de esta organización en cuanto al respeto de los Derechos Humanos en Rwanda. Y el Banco Mundial, en su informe de 1989, menciona que este país había logrado aumentar la producción sin provocar las injusticias que frecuentemente acompañan al desarrollo en otros países.

En el segundo caso, el de los ataques de las ex FAR desde el Zaire, el resultado todos lo conocemos ya: el ataque con armas pesadas en octubre de 1996 a los campos de refugiados en los que, bajo la bandera de la ONU sobrevivían millones de civiles indefensos. Y, en los meses posteriores, la persecución y eliminación sistemática de cientos de miles de ellos. Un gran genocidio cometido contra los refugiados hutus, con la excusa de la prevención de un nuevo hipotético genocidio que podrían sufrir los tutsis de Rwanda. La comisaria Emma Bonino calificó atodo esto de “gran farsa internacional”.

2. La cuestión de los llamados “medias del genocidio” es uno de los temas preferidos de la propaganda del FPR para fundamentar sólidamente la cuestión de la planificación del genocidio, cuestión ésta, la de un único genocidio planificado, que es clave para este proyecto propagandístico. Yo mismo, desde que en 1994, conmovido por las terribles masacres que nos mostraban los grandes medios de comunicación, comencé a trabajar para la causa de una paz justa en esa región, he escuchado una y otra vez y he condenado en mi interior el nefasto papel de la Radio Mil Colinas, con la que los extremistas hutus atizaban el odio étnico.

Sin embargo, un par de años después descubrí, gracias a organizaciones como el Círculo ruandés de reflexión de Quebec o la Asociación americana de juristas con sede en Montreal o al RDR, que fue primero el FPR el que, ya en 1990, creó una serie de infraestructuras mediáticas como la Radio Muhabura, cuyas emisiones no hacían sino levantar, atizar y envenenar las tensiones étnicas en Rwanda. Y que la RTLM (Radio Mil Colinas) fue creada sólo tres años después en respuesta a Radio Muhabura. Además las emisiones de esta última eran retomadas ya desde 1990 por los diarios de obediencia del FPR, como Rwanda Rushya, Impuruza, Le Tribun du Peuple, Kanguka, etc. Y también por la radio de Uganda.

El misionero dominico canadiense Yvon Pomerleau, que trabajó en Rwanda desde los años 60, afirmaba en la revista IDEE (junio 1994, vol.5, Nº 2): “En abril de 1993 una nueva radio fue creada (Radio Mil Colinas) para hacer contrapeso a la del FPR (Radio Muhabura)”. Otro misionero reconocía en el diario belga De Standaar del 6/5/94: “Esta radio-emisora Muhabura es tan incitadora como la RTLM… (…)…Jamás se escucha una palabra de renconciliación”.

Más grave aún es la sospecha (que para muy buenos conocedores es más bien certeza), de que supuestos extremistas hutus como Ngeze Hassan, fundador del diario Kangura, o Robert Kajuga, responsable nacional de los Interahamwe, no eran otra cosa que miembros del FPR infiltrados en el gubernamental MRND.

3. En 1994 todas las cámaras de TV del mundo filmaban en Rwanda a miles de cadáveres, casi todos supuestamente de los tutsis recientemente masacrados. Pero cabría preguntarse porqué tienen tantas dificultades para hacerse escuchar por los medios aquellas personas, como el belga Marcel Gérin y su esposa o el misionero español Santos Ganuza, cuya propia experiencia en aquellos meses no coincide exactamente con la versión que ha logrado imponerse. Afirman que en su región las grandes matanzas las cometieron gentes del FPR, unas veces al descubierto pero otras disfrazados con uniformes de las FAR. Cabría preguntarse por que tal diferencia en el tratamiento de estas masacres de 1994 respecto a las que viene sufriendo la mayoría hutu desde al menos 1972 (350.000 víctimas en Burundi) hasta el día de hoy. Cabría preguntarse porque, tras los ataques a los campos de refugiados hutus del este del Zaire se impidió sistemáticamente el acceso de cualquier informador independiente a la cacería humana de cientos de miles de estos refugiados.

4. En los últimos días de 1994 y los primeros de 1995, de nuevo los grandes medios y los grandes expertos convencían a la humanidad de que la operación humanitaria para salvar a esos refugiados no tenía ya sentido dado que estos ya habían retornado por propia voluntad a Rwanda. Eran los días en que los sofisticados y poderosos satélites estadounidenses no eran capaces de ver una marea humana de cientos de miles de seres humanos. Eran los días en que la Comisaria Emma Bonino nos recibía con más calma en su oficina de París, junto a Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz de 1980, y junto a Pere Sampol, vicepresidente del Consell Insular de Mallorca, y nos compartía su intención de ir al encuentro de esos refugiados que no existían acompañada de todas las cámaras de TV que pudiese reunir. Días después, tras encontrar 300.000 de ellos sólo en Tingui-Tingui, retornaba a Bruselas denunciando: “He retornado de los infiernos”.

5. Aún hoy se siguen investigando hasta la saciedad las grandes masacres de Rwanda posteriores al 7 de abril de 1994, las únicas a las que se les adjudica la condición de genocidio. Otras investigaciones, incluso de la ONU misma, en la que es la etnia hutu la que aparece como víctima de genocidio, o fueron abortadas o están embargadas. Es el caso del informe Gersony o el informe Garretón.

En marzo de 1999, Human Rights Watch y la Federación Internacional de Ligas de los Derechos del Hombre han publicado un informe de 800 páginas sobre el genocidio en Rwanda, titulado “Leave None to Tell the Story”. Es increíble constatar la poca información que hay sobre el FPR. Los mismos autores reconocen que las matanzas cometidas por el FPR contra la población civil han sido poco investigadas (p.692) y añaden: “Ya que este informe centra su atención en el genocidio, la recogida de datos sobre los crímenes cometidos por el FPR es limitada”. En el fondo, se está afirmando que el FPR tan sólo ha cometido actos aislada de venganza, pero que no se ha asesinado de manera “concertada, planificada, sistemática y metódica”, como dice el informe de la ONU de 1994 respecto a las matanzas cometidas contra los tutsis.

Es increíble también que a esta altura, con todo cuanto se conoce ya sobre el atentado contra los presidentes Habyarimana y Ntaryamira, y siendo tan evidente la estrecha relación de este acontecimiento en la noche del 6 de abril de 1994 con las grandes matanzas que comenzaron al día siguiente, no se pueda conseguir que se inicie una investigación internacional sobre este doble magnicidio. Mientras tanto el Tribunal Penal Internacional de Arusha, no es otra cosa que el tribunal de los vencedores, en el que todos los acusados son hutus.

6. Los cinco o seis crímenes de colonos en la Zimbabwe de Mugabe han merecido durante los pasados meses páginas enteras en los grandes medios. Por el contrario nada encontramos en ellas sobre las decenas de miles de víctimas mensuales de la invasión de la RD del Congo. Ni de la muerte, tras siete meses de confinamiento, del gran lider que era monseñor Kataliko, sucesor en Bukavu de monseñor Munzihirwa, asesinado por el FPR. Ni de la caravana de más de treinta kilómetros de congoleños que, a pesar de la prohibición de las autoridades de la invasión ruandesa, fueron a dar el último adiós a monseñor Kataliko.

“Casualmente”, de estos grandes y silenciados crímenes son responsables los ejércitos invasores de la RD del Congo, el de Rwanda, el de Uganda y el de Burundi. “Casualmente”, Mugabe, con sus miles de soldados en la RD del Congo, es por el contrario, junto al ya eliminado Kabila, el principal obstáculo para estos tres ejércitos invasores.

Es sorprendente ver como hace tan sólo unos meses, cuando ya la ONU misma había aprobado la resolución 1.304, en la que se califica de invasión lo que sucede en ese gran país africano, un supuesto gran experto español en estas cuestiones escribía en El País, que los males de una serie de países, entre los que citaba a la RD del Congo, había que buscarlos en la corrupción interna de sus gobiernos. Ni tan sólo una referencia a la feroz invasión que está provocando cientos de miles de víctimas y expoliando este riquísimo país.

Vamos a terminar esta larga enumeración de manipulaciones, que podría ser mucho más larga aún, con las tres preguntas con que el periodista alemán Helmut Strizek finaliza su análisis del llamado Informe Masire. Este informe que lleva por título “El genocicio que habría podido ser detenido” fue realizado por un grupo de personalidades internacionales bajo la dirección de Sir Quett Masire en julio del 2000 para la OUA. Ciertamente existen aún buenos profesionales de la información y acabar este apartado con un buen artículo es una nota de esperanza. Las tres preguntas son estas: “a) ¿Por qué razones los Estados Unidos apoyaron la reconquista militar del poder en Rwanda por la organización de los exiliados tutsi poniendo en peligro de genocidio -tal y como ya a primeros de 1994 señalaba un informe de la CIA- a miles de Tutsi? b) ¿Por qué continuaron apoyando al FPR incluso para que realizara el genocidio de los refugiados hutu en Zaire en 1996/97? c) ¿Es lógico atribuir la responsabilidad de la planificación de un genocidio a una persona (Habyarimana) a la que se debía asesinar para desencadenar la puesta en marcha de esta planificación?”

Las grandes agencias de información

Por lo que respecta a los medios informativos internacionales, es interesante leer lo que ha escrito el etnólogo de la Universidad de Estrasburgo, Pierre Erny:

“Tengo que confesar que para mí ha sido un choque difícilmente soportable ver cómo los medios de comunicación pueden decir cualquier cosa y orientar la opinión pública en la dirección que pretenden. En este caso, yo tenía personalmente los medios para rehacer los hechos, ya que conocía Rwanda gracias a una red de información paralela.

Pero, ¿cómo saber si no nos han explicado la misma cantidad de tonterías a propósito de Irak, Líbano, Afganistan, Argelia, los Balcanes, etc., con enviados especiales e imágenes en directo como prueba? ¿En quién puede confiarse todavía? ¿Puede hablarse de la fiabilidad de la televisión? ¿De todas las argucias tan falsas empleadas en algunos reportajes?

¿De todas estas imágenes que presentan a los malvados hutus masacradores de niños, los cuales, por fin, han podido encontrarse con el buen soldado tutsi, moderno Zorro de los trópicos? ¿De todos estos refugiados engañados por la propaganda gubernamental, que vuelven radiantes a sus casas, con la paz finalmente reencontrada, bajo la mirada tierna y vigilante de un soldado del FPR lleno de benevolencia? Todos estos montajes parecen artificiales hasta el punto de que habría que ser enormemente ingenuo para dejarse engañar. ¿Por quién nos toman? ¿A quién hacen el juego? ¿Cómo puede ser que personas con un mínimo de deontología o simplemente de sentido crítico, puedan tomarse seriamente semejantes mascaradas en una situación tan trágica?”

Efectivamente, el FPR siempre ha considerado, tal como es en realidad, que la guerra se jugaba en el nivel de los medios de comunicación, al mismo tiempo que en el campo de batalla, ya que es en el Norte donde se hacen las alianzas que determinan la victoria sobre el terreno. Los accesos a las zonas de combate o a cualquier otra zona sensible están estrictamente controlados. Los medios de información necesitan imágenes y les resulta difícil y peligroso obtenerlas en determinadas condiciones. Por otra parte, la presencia de periodistas pone en gran peligro a los testimonios de aquellas situaciones. Si se pregunta alguna cosa en público, alguna persona se encarga generalmente de vigilar las respuestas: la gente lo sabe y calla. En consecuencia, a los periodistas les resulta difícil obtener información importante por parte de la población.

La mayor parte de los fundadores del FPR son veteranos de la guerrilla ugandesa que llevó al poder a Museveni. Son conscientes de las repercusiones que los escritos y los indicios de los crímenes tienen sobre la opinión pública internacional. Así pues, la quema de víctimas, el secreto, el traslado de cadáveres desde el lugar del crimen hasta un lugar escondido, la comunicación a través de mensajes codificados y el doble lenguaje han hecho difícil la obtención de datos sobre sus actividades.

Cuando los medios de comunicación se ven imposibilitados para que sus corresponsales accedan a la zona misma en que se desarrollan los crímenes (no es suficiente con instalarse en la capitales de esos países), es entonces cuando se recurre a los despachos de las grandes agencias. La capacidad de estas para “crear” la realidad es enorme. De ahí que, el peligroso proceso de globalización, e incluso monopolización, de la información quizá sea el más grave reto del futuro. Es alarmante el hecho de que el 96% de las noticias internacionales las generen sólo 5 grandes agencias. Para la mayoría de medios de comunicación es muy difícil sustraerse a la presión de la versión “oficial” de esas grandes agencias.

Para un grupo minoritario de verdaderos conocedores del conflicto es casi imposible conseguir los espacios mediáticos adecuados. Sólo unos pocos realizan lo que podríamos considerar un verdadero periodismo de investigación. Y, sin embargo, sus informaciones no tienen la repercusión que se merecen. Este es el caso, por ejemplo, de Steven Edwards, quien hace unos meses revelaba en el diario canadiense National Post la existencia de un informe de la ONU, realizado por el australiano Michael Hourigan y “embargado” como todos aquellos otros que inculpaban de genocidio al FPR. En él tres militares tutsis del FPR revelan haber formado parte del comando que, por orden del presidente ruandés Paul Kagame, derribó el avión presidencial y que también asesinó en febrero de 1997 a tres cooperantes españoles.

El “núcleo duro de los expertos” internacionales

En septiembre de 1999, Ramsey Clark, antiguo Fiscal General de los EEUU, nos hacía esta confesión en su despacho en pleno corazón de Manhattan y nos autorizaba a hacerla pública: “El gobierno de mi país ha conseguido infiltrar y controlar en gran medida a la ONU, a muchos de los grandes medios de comunicación y ahora también a muchas de las grandes ONG”. Venía así a confirmar nuestras ya antiguas y cada vez más fundadas sospechas. Ya en febrero de 1999, algunos miembros de la sede en Montreal de la “Asociación Americana de Juristas” nos habían hecho comentarios parecidos sobre las graves complicidades y responsabilidades de algunos expertos y ONGs de derechos humanos y también sobre el uso de grandes principios (los derechos humanos, la democracia, la prevención del genocidio, etc.) como coartada para ejecutar inconfesables proyectos. Entonces nos parecieron afirmaciones extremas difíciles de aceptar. Ahora empezamos ya a tener plena conciencia de la poderosa maquinaria propagandística, financiera, diplomática y militar que ha sido puesta en marcha para llegar a controlar el Africa de los Grandes Lagos.

Una y otra vez, en el momento preciso y en lugar más estratégico, aparece el experto. El experto que, desde la posición y la actitud de ‘el que sabe’ pone sobre la mesa voluminosos informes como el de Alison Des Forges, financiado por la gran ONG de los EEUU Human Righs Watch. Informes siempre parciales porque, por una parte, estas dictaduras genocidas, a las que nosotros nos esforzamos hace años en denunciar, nunca han permitido ni permitirán, con la cobertura diplomática del gobierno de los EEUU en los grandes foros internacionales, ningún tipo de investigación independiente sobre los territorios que controlan. Y por otra parte, estos expertos tampoco parecen tener ningún interés en investigar los crímenes de los ejércitos himas-tutsis de Ruanda, Uganda y Burundi. Alison Des Forges, en la pag. 692 de su informe (versión inglesa), afirma no tener información sobre los crímenes cometidos por el FPR contra la población civil. Da por sentada, como muchos otros expertos, la tesis oficial de un único genocidio con unos únicos responsables. Y concluye que, por tanto, los crímenes del FPR, al no constituir genocidio, no van a ser objeto de su investigación.

Así se cierra el círculo vicioso según el cual el asesinato de más de 2.500.000 de hutus no constituye genocidio y, por el contrario, sí lo sea el de un número tres o cuatro veces menor de tutsis. Todos aquellos que osamos cuestionar este apriori somos ‘extremistas’, ‘revisionistas’, o incluso ‘negacionistas’. Como los neonazis que pretenden cuestionar la realidad del gran genocidio que sufrió el pueblo judío. Todo está previsto, todo es manipulado. Genocidas que han hecho públicas confesiones de fe nazi, como Museveni, el presidente ugandés, han conseguido así incluso utilizar en beneficio propio la enorme tragedia del pueblo judío. Pero la manipulación de los informes de ciertos expertos no se limita sólo a lo que no dicen. El citado informe de Alison Des Forges está siendo denunciado por diversas personas cuyos testimonios son recogidos en él, como por ejemplo el general Ndindiliyimana. Este general ruandés la acusa de manipular sus propias declaraciones a fin de reforzar la tesis preestablecida de un único genocidio planificado.

En efecto, como afirma la SOS Rwanda-Burundi, “existe un núcleo duro de expertos- testigos que se han adjudicado la misión de acreditar la sola tesis de un plan de genocidio contra la etnia tutsi, concebido y preparado desde hace mucho tiempo por la élite hutu y el Estado ruandés (sobreentendiendo hutu)”. Uno de los principales presupuestos de esa tesis, como afirmó ante la Misión francesa de información Gérard Prunier, uno de estos expertos-testigos, es que fueron los extremistas hutus los que asesinaron al presidente Habyarimana, y que ese atentado es fundamental en el desencadenamiento del genocidio. Colette Braeckman, en su libro “Rwanda Historia de un genocidio”, explica como ella fue la primera en popularizar la tesis de la responsabilidad de los extremistas hutus en este atentado, para provocar con él un genocidio planificado desde hace mucho tiempo. El libro de Jean-Pierre Chrétien “Rwanda los Medias del genocidio”, que constituye la biblia de este núcleo duro, ilustra ampliamente este postulado.

Podemos enumerar algunos otros presupuestos de esta tesis: 1º Que los tutsis constituían una minoría en peligro. Pero se oculta que se trata de una minoría dominadora que durante cuatro siglos ha monopolizado el poder y que una importante fracción de ella jamás ha aceptado el referendum organizado por la ONU en 1961. 2º Que existía una carta de identidad que marcaba a los tutsis, como la estrella de David a los judios. Pero se calla que dicha carta fue instituida por la administración belga en 1936, a pedido de la minoría tutsi para perpetuar sus privilegios de padres a hijos. 3º Que la guerra civil iniciada por el FPR en 1990 no ha jugado ningún rol en los sucesos posteriores. Pero se pierde la más mínima conciencia de realidad, pues esta afirmación es sencillamente insostenible. 4º Que las etnias en Rwanda son una invención de los colonizadores. Pero se quiere ocultar que éstas no hicieron otra cosa que legalizar lo que ya existía desde hacía siglos.

SOS Rwanda-Burundi concluye: “Estos expertos han testimoniado asiduamente por todas partes, indirectamente por sus escritos o directamente como testigos de cargo. Hoy, cuando las mentiras que ellos han vehiculado ya han sido descubiertas, ha quedado en evidencia cómo estos ilustres expertos se han dejado enredar en una red de blanqueamiento de una mentira histórica, como vulgares distribuidores de droga”.

Una y otra vez se nos hace el siguiente cuestionamiento, que se convierte en una especie de muro infranqueable: Si existe ese perverso proyecto para el control del Africa de los Grandes Lagos ¿cómo es que no lo han denunciado claro y fuerte ninguna de las grandes ONGs independientes de Derechos Humanos? Si es verdad que en esta década han sido asesinados más de 2.500.000 de hutus ruandeses ¿cómo es que no lo han denunciado con energía? Seguramente ni los mismos que, con la mejor intención, hacen estos cuestionamientos son conscientes de hasta que punto están adjudicando en exclusiva la virtud de la ‘independencia’ a las grandes ONGs (anglófonas casi todas ellas). Y hasta que punto están desconfiando de las pequeñas, de las africanas o de las congregaciones misioneras por el sólo hecho de ser pequeñas, africanas u organizaciones religiosas. En una cura de humildad deberíamos recordar que en la Alemania nazi ni la misma Cruz Roja fue capaz de descubrir en sus investigaciones lo que estaba sucediendo en los campos de exterminio. Es enorme la capacidad que tienen estas poderosas dictaduras para manipular a cualquier investigador.

La propaganda del FPR y de sus aliados internacionales frente a los recientes acontecimientos

El paso de los años ha ido confirmando, cada vez con una mayor evidencia, que durante los últimos años se ha engañado a la opinión pública internacional, tal como ya en 1996, unos días antes de ser asesinado, denunció el obispo de Bukavu, monseñor Munzihirwa.

La evidencia mayor proviene de los mismos hechos. “Expertos” radicalmente protutsis, que en estos últimos años han causado tanta confusión y tanto daño a la verdad y a la justicia, como es el caso de la misma Colette Braekman, empiezan ya a reconocer que estos líderes himas-tutsis no son otra cosa que señores de la guerra, invasores y violadores de fronteras, cínicos expoliadores que han perdido todo crédito ante la comunidad internacional. Empiezan a reconocer que hablar de negociaciones o diálogo intercongolés no es más que una gran farsa.

Hechos como el despiadado genocidio de 500.000 refugiados hutus en el Zaire; hechos como la descarada segunda invasión ejecutada por los ejércitos de Museveni, Kagame y Buyoya hasta lo más profundo de la RD del Congo, en donde se encuentran los más importantes yacimientos mineros de este enorme país, invasión que ya es responsable de la muerte de muchos cientos de miles de congoleños; hechos como los enfrentamientos entre ugandeses y ruandeses, provocados por su desmedida codicia, que han producido miles de víctimas congoleñas inocentes; hechos tales están dejando definitivamente en evidencia que las “nobles” causas invocadas para invadir y asesinar no han sido más que grandes mentiras:

· El retorno de los refugiados tutsis y de la democracia a Ruanda en 1990;

· La seguridad de Ruanda frente a los genocidas interahamwe que, ocultos entre los refugiados del este del Zaire, podrían provocar un nuevo genocidio;

· Los derechos violados de los tutsis bayamulengues; etc.

no han sido más que las grandes coartadas para alcanzar por la violencia el control absoluto en Ruanda en primer lugar, aniquilando los procesos democráticos ya iniciados por el debilitado gobierno de Habyarimana y, después, expoliar los extraordinarios recursos mineros del Kivu zaireño. Y los de todo el Zaire, más tarde, cuando los invasores y sus grandes protectores constataron la pasividad de la comunidad internacional frente a tan vergonzosos acontecimientos.

Igualmente va quedando cada vez más en evidencia:

· la responsabilidad última de importantes transnacionales mineras en la gestación y el desarrollo de este conflicto;

· el gran apoyo logístico, diplomático, militar y económico a estos lobbies himas- tutsis extremistas por parte de algunas potencias occidentales, lideradas por los Estados Unidos;

· la importante manipulación de los organismos internacionales (como la misma ONU), de la información internacional, e incluso de las mismas ONGs y de los grandes principios relativos a los Derechos Humanos, por parte de estas potencias y transnacionales.

Durante este año han sido publicados numerosos y valiosos documentos que se alinean en este mismo análisis de los hechos. La carta que la congresista demócrata Cynthia McKinney dirigió a su propio presidente Clinton el 31.08.99 es especialmente significativa por venir de quien viene, porque puede resumir la posición de un número cada vez mayor de observadores y por señalar las responsabilidades de EE.UU. en este conflicto. También sobre las graves responsabilidades de importantes sectores de la administración norteamericana se puede encontrar mucha información en la Sección “La implicación de los Estados Unidos” del libro “La guerra de los Grandes Lagos” que Filip Reyntjens ha publicado durante 1999. Este trabajo de investigación complementa los ya hechos por otros especialistas como Remigius Kintu o Londende Lokenge (seudónimo por motivos de seguridad). Sobre los intereses mineros que están en el origen de todo el sufrimiento, muerte y destrucción provocado allí a todo lo largo de esta década espantosa, hay que referirse el trabajo de investigación “El objetivo geopolítico de las sociedades mineras internacionales en la R.D. del Congo (ex Zaire)”, publicado, también en estos últimos meses, por el ingeniero civil de minas Pierre Baracyetse.

La congresista McKinney, miembro del Comité de Relaciones Internacionales y del Comité de Seguridad Nacional concluía así su carta al presidente norteamericano:

“Acabo de volver de la RD del Congo, donde me he reunido con multitud de personas de todas las clases sociales. Por desgracia, me siento obligada a informarle de que en la RD del Congo y en el África en general, se están llevando a acabo crímenes contra la humanidad, aparentemente con la ayuda y el soporte de su Administración. Quiero decirle que la política de Estados Unidos en la RD del Congo ha fracasado, y es tan sólo un ejemplo más de los muchos fracasos a lo largo del continente… (…)… El resultado es una política africana caótica, un continente encendido y la complicidad de Estados Unidos en crímenes contra la humanidad …(…)… su política en África no sólo no ha ayudado a velar por lo que se denominaba ‘Renacimiento africano’, sino que ha contribuido a prolongar el dolor y sufrimiento de los pueblos africanos…

Tengo que añadir que su fracaso en la intervención y el final de la invasión ilegal de la RD del Congo que han llevado a cabo sus aliados, Uganda y Rwanda, ha llevado directamente a las tropas de estos países a cometer crímenes contra la humanidad en territorio congoleño. Incluso ahora, Vd. pide al mundo que cierre los ojos ante esta política escandalosa, cuando todo el mundo sabe que tanto Uganda como Rwanda han agredido militarmente el territorio de la RD del Congo, hasta el interior del país y no sólo en sus fronteras. Las atrocidades que sufre diariamente toda la gente de esta región son escandalosas y son consecuencia de la mala política de Estados Unidos y de la indiferencia de los líderes norteamericanos”.

Testimonios y revelaciones que nos acercan a la verdad histórica

Además de todos estos acontecimientos, una serie de importantes revelaciones están viniendo a confirmar que, contrariamente a lo que se hizo llegar masivamente a la opinión pública, fue el FPR quien cometió, con la ayuda de una potencia occidental, probablemente Bélgica o los Estados Unidos, el atentado al avión presidencial. Las divisiones internas del FPR, las revelaciones de algunos miembros relevantes de esta organización, las conclusiones del investigador de la ONU Michael Hourigan, son concluyentes. El juez antiterrorista Jean-Paul Bruguière parece tener ya las pruebas de que el atentado fue ejecutado por un comando tutsi por orden del actual presidente de Rwanda, Paul Kagame, y muy probablemente con el apoyo norteamericano, según informa Wayne Madsen, un investigador de los Estados Unidos especializado en publicaciones sobre la Agencia Nacional de Seguridad de su país. Se espera que Bruguière firme la orden de búsqueda y captura contra los máximos responsables de todo este asunto. La causa fue iniciada a petición de la viuda de uno de los tres militares franceses que también fallecieron en el atentado.

En su trabajo de investigación hecho público en julio de 1999 “Memorandum sobre el asesinato del presidente Habyarimana”, Félicien Kanyamibwa aportaba ya una gran información al respecto. Un mes más tarde, en agosto, aparecía el excepcional testimonio de Christophe Hakizabera, uno de los primeros componentes del FPR y único superviviente de los miembros iniciales que abandonaron esta organización. Hakizabera testifica: “El FPR elaboró un plan macabro para conducir al país al caos: la muerte del presidente Habyarimana. Este era considerado como el mayor obstáculo para tomar el poder por la fuerza. […] se sabe pertinentemente que la decisión de asesinar al presidente Habyarimana se tomó en Bobo-Dioulasso, en Burkina Faso, en marzo de 1994, y que el comandante Paul Kagame, líder del FPR, participó en esta reunión.”

Posteriormente, el 1 de marzo de 2000, el diario canadiense National Post publicaba el informe de la ONU, realizado por el australiano Michael Hourigan, al que ya me he referido anteriormente. Por último (por ahora), el testimonio de otro importante miembro del FPR, Jean-Pierre Mugabe, ha confirmado otros muchos datos referente a este atentado y otros crímenes de los más importantes líderes del FPR.

El testimonio de Hakizabera, junto a otros más, imposibles de citar en este reducido documento, deja también en claro que el FPR hizo además cuanto estuvo en sus manos, con el apoyo diplomático de Estados Unidos, para impedir la intervención de la ONU que podría haber detenido las grandes masacres de tutsis del interior a partir del 6 de abril del 94. Buscaba así no sólo el objetivo de evitar obstáculos en su avance militar hasta el corazón de Kigali, capital de Ruanda, sino a la vez el de convertir a la etnia tutsi, a la que ellos pertenecen, en la gran víctima del único genocidio. Ello se lograría mediante el sacrificio de muchos tutsis del interior, a quienes consideraron traidores desde el mismo momento en que optaron por permanecer, a partir de los años 60, en una Ruanda gobernada por la mayoría hutu. Todos estos testimonios ilustran además sobre otros muchos métodos con los que el FPR ha alcanzado a cualquier precio el poder absoluto.

Fue sorprendente comprobar, en enero de 1997, con qué ligereza se criminalizaba a la guerrilla hutu, una vez más, del nuevo triple crimen. Pero todavía lo es más comprobar aún hoy la fuerza de las inercias de tanta manipulación propagandística. Aún ahora, tras tanto tiempo transcurrido y tanta y tan importante información hecha pública, aún ahora, cuando analistas como la misma Colette Braekman (la gran experta de Le Soir y Le Monde Diplomatique) han hecho un giro de 180 grados, es casi imposible conseguir que los grandes medios dediquen a esta histórica y sangrienta neocolonización del Africa de los Grandes Lagos el espacio que merece, y con la profesionalidad que merece.

¡Cuando se controlan las grandes cadenas de TV y las grandes agencias de información, con qué facilidad se puede manipular a la opinión internacional con tan poca cosa, con unas pocas medias verdades y unas buenas campañas de distracción! ¡Qué difícil es, por el contrario, lograr trasladar a esta opinión internacional una información veraz sobre un conflicto en el que una de las partes es la gran protegida de los más poderoso lobbies y gobiernos de nuestro mundo globalizado y la otra parte no interesa a nadie y, de hecho, ha sido abandonada por todos! ¡Qué difícil es ir a contracorriente de esta versión oficial que esos grandes poderes logran imponer, aún cuando se tienen ya muchas e importantes evidencias de que la realidad es otra! ¡Qué difícil es liberarse de la enorme presión de ese pensamiento oficial omnipresente, incluso para aquellos que honestamente pretenden trabajar por estos pueblos!

¿Es posible un futuro en paz para el Africa de los Grandes Lagos?

El fundamento de una reconciliación y una paz auténtica y estable en esa región no puede ser otro que el de la verdad y el de la justicia. Pero “¿cómo podemos atrevernos a hablar de reconciliación hutu-tutsi cuando los unos son diabolizados y los otros santificados? ¿Acaso puede haber entendimiento entre ángeles y diablos?”. Y “¿cómo se puede pensar en instaurar un Tribunal internacional para los hutu agredidos y acusados de haber constituido una defensa civil y no para los tutsis que han agredido?”. Estas clarividentes preguntas, que no ocultan hipócritamente el fuerte componente étnico (ligado al control del poder) de este conflicto, no provienen de un interahamwe racista. Fueron pronunciadas ante el Parlamento Europeo el 27/11/98 por Antoine-Th. Nyetera, un tutsi de la familia real que ha vivido en Rwanda durante todos los regímenes que se han sucedido a lo largo de este siglo: la monarquía, Kayibanda y Habyarimana. Huyó del FPR y vive en Bélgica.

Y el Sr. Nyetera continúa: “Todos los diplomados universitarios están aquí en Europa, otros están muertos. ¿Cómo se puede pensar aún en el desarrollo económico y científico en Africa cuando los cerebros para la producción o han sido cortados o han sido reducidos a la inactividad? Y estos refugiados están aquí recibiendo ayudas sociales, justo para no morir de hambre y justo para no vivir de la mendicidad”. Más recientemente era el ex presidente Mandela el que, al retomar las negociaciones en Burundi denunciaba: “Mientras una minoría del 15% pueda continuar monopolizando el poder político, económico y militar…(…)…no se podrá conseguir la paz ni la estabilidad”.

El futuro inmediato no parece muy esperanzador, pero se puede y se debe ir poniendo las bases de un futuro que a un plazo más largo será indudablemente mejor. En principio todo ese futuro debería ser reconstruido por los mismos pueblos de aquella región, aunque sea desde la diáspora exterior. Pero ellos son precisamente las grandes víctimas de este conflicto y aún no poseen suficientes medios de expresión ni fuerza política.

Las grandes instituciones como la ONU, “domesticadas” y controladas, fundamentalmente por los Estados Unidos, han bloqueado intervenciones humanitarias, investigaciones y resoluciones que, durante estos últimos años, hubiesen podido salvar la vida de millones de seres humanos en aquella región africana. Era el mismo embajador de España en la ONU, el nada sospechoso Inocencio Arias, el que nos recordaba hace poco que nada se mueve en esta organización sin el consentimiento de los Estados Unidos.

Las sociedades de los países desarrollados están adormecidas por unas notables campañas de distracción y una fuerte propaganda intoxicadora. El colectivo de las ONGs, que debería ser la conciencia de esas sociedades está confundido y dividido por esta misma causa.

Muchas de las grandes ONGs de Derechos Humanos probablemente han sido también manipuladas o incluso han sido infiltradas o directamente creadas como instrumento al servicio de otros intereses diferentes de los Derechos Humanos. Algunas de ellas como African Rights, African Watch y United States Committee for Refugees, presentaron, por ejemplo, la guerra del FPR como una guerra de liberación y, en consecuencia, legítima. Roger Winter, presidente de la US Committee for Refugees, y a la vez presidente de Interaction, una granFederación de ONGs de Estados Unidos, ha ejercido un papel muy importante en la política del gobierno de ese país en el África de los Grandes Lagos.

El ámbito de los Derechos Humanos tendrá en el futuro una creciente importancia estratégica. En primer lugar porque las grandes ONGs creadas para defenderlos se han ido convirtiendo, junto a los grandes medios de comunicación, en los grandes creadores de opinión. Y, en segundo lugar, porque es precisamente en nombre de estos Derechos (los de una minoría supuestamente oprimida y siempre en peligro de genocidio, el de retorno a una democracia que después jamás llega, el de seguridad en las propias fronteras mientras se viola sistemáticamente la de los otros, etc.) en el que se están realizando las invasiones, genocidios y golpes de estado que antes en Latinoamérica se hicieron en nombre de “la civilización cristiana y occidental”.

Por todo ello probablemente sea desde el ámbito de la justicia desde el que pueda renacer la esperanza en medio de este panorama bastante desolador. La justicia no necesita de grandes consensos colectivos, que en este momento son muy difíciles en los otros ámbitos que acabamos de enumerar. Sólo exige en principio la suficiente determinación y tenacidad de unos pocos juristas, como se ha puesto de relieve en las causas contra las dictaduras latinoamericanas. La buena marcha del proceso que lleva el juez Bruguière así parece también indicarlo.

La enérgica dedicación de un pequeño colectivo en este ámbito de la justicia sería capaz de trasladar a la gran opinión internacional la verdad de los acontecimientos de ese pasado reciente. Una demanda judicial podría dejar en evidencia la naturaleza genocida de los dictadores que desde hace años, protegidos por algunas grandes potencias e importantes lobbies transnacionales, asolan el Africa de los Grandes Lagos. Podría así neutralizarse la poderosa maquinaria propagandística, cuyos hilos son movidos desde las más altas cúpulas del poder de nuestro mundo globalizado, que ha presentado a estos criminales como “los nuevos líderes africanos emergentes” e incluso como “los nuevos liberadores”.

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