Operación Telefunken

FUENTE

VALENCIA. Ràdio Televisió Valenciana (RTVV) dejó de emitir este viernes a las 12 horas y 19 minutos. Habían pasado cerca de 18 horas desde que el Consell, reunido en una sesión extraordinaria, había ordenado el corte de la señal de Canal 9. Lo que en principio se urdió para que fuese una acción rápida acabó convirtiéndose en un asedio a un Centro de Producción de Programas en el que los trabajadores se atrincheraron hasta que la policía autonómica, con una orden judicial, les desalojó. De ahí, a negro.

La que podríamos bautizar como Operación Telefunken llevaba diseñándose desde hace días en el Palau de la Generalitat. Había que aclarar tres aspectos clave: el jurídico, el técnico y el político, y después fijar el día y la hora. Técnicamente ya se sabía cómo se iba a cortar, incluso se había contactado con un técnico externo a la casa para que ejecutase la orden.

Jurídicamente el departamento que dirige Cristina Macías, secretaria autonómica de Presidencia y responsable de la Abogacía, había dado el visto bueno a un elemento clave: cerrar antes de despedir a los empleados. Fuentes oficiales consultadas por este periódico aseguraron que los letrados de la Generalitat consideran que la opción de enviar a todos los empleados a casa con un permiso retribuido no conculca del Estatuto de los Trabajadores en relación a la obligación de la empresa de facilitar un puesto de trabajo efectivo.

Ya solo quedaba la decisión política. El jefe del Consell Alberto Fabra había sido taxativo en este terreno: Canal 9 se cerraba y se cerraba cuanto antes. Les Corts ya habían aprobado la derogación de la ley de RTVV y el siguiente paso era destituir al consejo de administración y nombrar a la tripleta de liquidadores que asumirían el mando e iniciarían todos los procesos de desmontaje de la radiotelevisión autonómica.

18.30 HORAS: LA REUNIÓN SECRETA DEL CONSELL 

Con todo listo, el presidente citó al Consell a las 18:30 del jueves al Palau de la Generalitat. La convocatoria se hizo de la forma más discreta posible y con un mensaje: nada de filtraciones. Que no se sepa. Los consellers llegaron a la calle Cavallers sin sus coches oficiales.

Desde el exterior, caída la noche ya sobre Ciutat Vella, nada hacía presagiar que en el interior del Palau había una reunión trascendental. En ese cónclave se iba a tomar la decisión de cerrar RTVV esa misma noche. La hoja de ruta, esa que formalmente no existía, se puso sobre la mesa: Poco antes de las doce de la noche se publicaría una edición especial de Diari Oficial de la Comunitat Valenciana (DOCV) con el nombramiento de los liquidadores y la orden de cese inmediato de las emisiones.

Todo estaba diseñado para que los tres responsables del futuro de RTVV se presentasen ya investidos de su autoridad y con la orden bajo el brazo en Burjassot a partir de medianoche. Si todo salía como estaba previsto, en el centro habría pocos empleados y la programación que se estaría emitiendo en ese momento eran enlatados. El cierre debía ser sencillo y sin oposición. Tenían que entrar en el control central y desconectar la emisión.

Pero algo se torció.

Sobre las 18:40 llegaron las primeras informaciones de que el Consell estaba reunido. Nadie confirmaba ni oficial ni extraoficialmente. ValenciaPlaza.com logró tras varias llamadas certificar la reunión. La noticia del encuentro extraordinario del Consell pasó a abrir este periódico poco antes de las siete. La estretegia del secreto había saltado por los aires.

Pese a que la Generalitat acabó reconociendo que se había celebrado el encuentro -la agencia Europa Press publicó una fotografía del vicepresidente José Císcar y del conseller Máximo Buch saliendo del Palau-, no hubo ninguna nota ni comunicado oficial. Lo que no pudieron negar fue que se había abordado el cierre de Canal 9 y que se había nombrado a los liquidadores.

La incertidumbre se adueñaba de los empleados de la televisión y la radio pública, que se preguntaban cuándo iba a llegar el cierre definitivo. Pero pasaron casi cinco horas hasta que se desveló la intención del Consell.

00.00 HORAS: RÀDIO 9 SE QUEDA MUDA

La chispa prendió a medianoche. Los técnicos de Abertis cortaron la señal del popular programa La Taula Esportiva tal y como se les había encargado. Esta emisora era la única cuya señal no dependía del ente, sino que estaba contratada a la multinacional. Era la más fácil de suprimir.

La noticia del cierre de Ràdio 9 se difundía a través de las redes sociales rápidamente. El programa más oído de la emisora desaparecía abruptamente para sus decenas de miles de seguidores y lo hacía justo en un día en el que Valencia CF había jugado un partido internacional y había ganado, con el interés mediático que eso suscita. Ese fue el primer error del Consell: Se habían quedado sin el efecto sorpresa.

Un WhatsApp, un mensaje de Twitter, un post en Facebook… las redes pusieron en alerta a la comunidad virtual valenciana. Pasados pocos minutos de la medianoche profesionales como el cineasta Maxi Valero colgaban en su muro de Facebook el acuerdo del Consell por el cual se decidía el cese inmediato de las emisiones de RTVV a través de todos sus canales.

Ese fue el segundo error del Consell. La precipitación en el cierre movilizó a los trabajadores de la cadena. En cuanto conocieron la noticia se dirigieron inmediatamente a los estudios de Burjassot. El mejor ejemplo, Rafa Molés y Genar Martí, que acababan de recibir un premio del diario Levante por su programa Societat Anònima y que estaban de celebración con todo el equipo del espacio.

Ambos se convirtieron en dos de los rostros de la noche, con sus conexiones en directo. Para la historia quedará la entrevista de Martí a Paco Telefunken Signes, pero eso ocurriría ocho horas más tarde. Martí también sería el último rostro conocido que pudieron ver los espectadores antes del apagón.

00.30 HORAS: REBELIÓN ANTE EL ABUSO 

Indignados por el subrepticio intento de cierre, los profesionales de RTVV se rebelaron ante lo que consideraban un abuso del Consell de Alberto Fabra. A las inmediaciones de Canal 9 llegaban actores, presentadores, veteranos periodistas… No les dejaron entrar. La policía autonómica tomó el edificio. Su constante presencia toda la noche puso de relieve el importante papel del conseller de Governació i Justícia Serafín Castellano en toda la operación.

Las vallas del recinto estaban cerradas. Los trabajadores que estaban dentro no podían salir. Los que estaban fuera no podían entrar. Se comunicaban a través de móviles. “No tengo batería” era el saludo más habitual a cada llamada. El tono de silbido por defecto del WhatsApp sonaba con frecuencia. Finalmente se abrieron las vallas y algunos trabajadores y fotógrafos consiguieron introducirse en el edificio de Burjassot. El resto se quedaron fuera, al frío de la noche. Cuatro grados y mucha humedad. Comenzaron a repartirse metros y metros de cable para poder hacer conexiones con el exterior.

FERRI TOMA LAS RIENDAS

Dos técnicos, el citado Paco Telefunken Signes y su sobrino Pepe, accedieron al centro en un coche de la policía autonómica. Tras un intento abortado de corte de las emisiones, a Telefunken se le escondía custodiado en la sala 032, en la planta baja, la famosa sala de espera del Tómbola y del Parle vosté, calle vosté. La policía autonómica bloqueó el plató 1. Mientras, en el estudio 3, Frederic Ferri ya había tomado las riendas de un informativo especial, el último programa de la cadena pública valenciana.

La alusión en directo de Ximo Puig al 23-F fue refrendada enseguida por muchos profesionales veteranos. “Es lo mismo, yo lo viví y es lo mismo”, aseguraba en la entrada de Burjassot un fotógrafo de un diario regional. La mayor similitud será una ventana.

Si los soldados golpistas desertores abandonaron el Congreso por una ventana, en esta ocasión fueron los periodistas, trabajadores y miembros de la oposición los que tuvieron que entrar por una, la única que la policía autonómica dejó desguarnecida, bautizada como “la ventana de la antena” por hallarse junto a un aparato de emisión.

04.15 HORAS: PRIMERA NEGOCIACIÓN

El Consell había anunciado a través de un medio afín que las emisiones concluirían a las cuatro de la madrugada. No fue así. Se esperaba la llegada de furgonas de la Policía Nacional, pero tampoco ocurrió eso. En torno a las cuatro y cuarto de la madrugada se producía la primera negociación entre el presidente del comité de empresa, Vicent Mifsud, y el Comisario Jefe de la Policía Autonómica Valenciana, Miguel Álvaro Rodríguez Fernández.

Sería la negociación más tensa de las que mantendrían esa noche. Mifsud le pedía una orden judicial para dejarle acceder al control central. El comisario le indicaba que como policía autonómica él podía actuar en función de órdenes administrativas y judiciales. Mifsud no cede. Está cansado, lleva dos días prácticamente encerrado en RTVV, pero no cede.

–Esta situación no tiene precedente en ninguna democracia occidental; entiéndame. Pensad en todo lo que supone esto.

–Ése es un problema que a nosotros se nos escapa.

Pese a su comentario, Rodríguez consultó por teléfono.

Los trabajadores se iban incorporando al centro de Burjassot. Despedidos por el ERE, históricos de la cadena… Mientras el Consell se encontraba atascado, no había salido nada de la Operación Telefunken como esperaban, los trabajadores se planteaban una estrategia clara: aguantar hasta las seis y media de la mañana y poder entrar en directo en los informativos nacionales.

La llegada de Ferrán Garrido, reportero de RTVE, fue recibida con aplausos. Empar Marco, de TV3, que vive cerca de RTVV, realizó las primeras conexiones vía telefónica en chándal para después informar en directo noche, madrugada y día desde Burjassot para la autonómica catalana, la primera que pinchó la señal de Nou en su cadena. Canal 9 llegaba a Catalunya, aunque no por las razones que todos querían. Los medios convencionales se sumaron a las redes sociales. El hashtag #RTVVnoestanca logró superar los 2,3 millones de impactos.

05.50 HORAS: EL LIQUIDADOR CONTRAATACA

Poco antes de las seis Mifsud reunió a los trabajadores en grupos por los pasillos y les fue poniendo al tanto de las negociaciones. El liquidador de la empresa, Antonio Hervás, les había denunciado por ocupación ilegal en el juzgado de Paterna.

A las seis estaba previsto que llegase la orden judicial de desalojo. Mifsud tranquilizó a sus compañeros. “Os identificaréis, eso no conllevará más que una sanción administrativa, sin más, y os podréis ir; no os resistáis y no plantéis cara con violencia”.

La guerra estaba perdida pero la primera batalla se ganaba antes de la siete de la mañana. A esa hora les llegaba a los trabajadores de RTVV la confirmación oficial de que el juzgado había rechazado la orden sin un dictamen de la Fiscalía. Los trabajadores de Informativos y los técnicos aplaudieron.

Habían conseguido lo que querían: tiempo. Podrían emitir hasta las ocho, entrarían en directo en toda España. “Hablarán de nosotros en las tertulias”. La editora del informativo de mediodía, Pepa Beltrán, con la ayuda de toda la redacción preparaba las conexiones en directo para el Bon Matí. “Tenemos que trabajar como si fuera un día normal”.

A las ocho menos cuarto se produjo la segunda negociación de Mifsud con Rodríguez. El presidente del comité de empresa insistió en la orden judicial y el comisario le replicó que iría al juzgado y en un par de horas le llamaría.

“COMO LOS TERCIOS DE ALATRISTE”

Cerca de allí la veterana periodista Reis Juan charlaba con técnicos y periodistas que se encontraban en Burjassot como ella toda la noche. Todo el mundo hablaba del cansancio. “En mi caso no es físico, es mental”, comentaba Juan; “no sé si después de esta tortura volveré a ser una persona normal. Han sido dos años infernales, el ERE y ahora esto”, añadía. Uno de los técnicos evocó a los tercios españoles en la batalla de Rocroi, inmortalizados por Arturo Pérez-Reverte y la película Alatriste. “Somos como ellos; nos vencerán, pero nosotros resistiremos hasta el final”, sonreía.

Mifsud seguía informando a los trabajadores de cómo iban las negociaciones. Conforme llegaban las primeras horas del día sus hombros estaban más caídos, pero él intentaba mantener la cabeza alta, la serenidad, hablaba con voz tranquila y pausada. Los trabajadores formaban círculos en torno a él en los pasillos. “Cuando llegue la policía tenéis que apartaros; dejadles pasar. Ellos quieren acceder al control central; vosotros gritaréis pero ninguna agresión. Después nos desalojarán tras pedirnos la identificación”, explicaba.

Las cadenas nacionales ya estaban todas apostadas a las puertas del edificio. También centenares de curiosos y políticos de la oposición. La reja estaba cerrada y los periodistas que querían entrar y no estaban en turno debían saltar la valla que rodea al edificio. Así lo hicieron Amalia Sebastián, Clara Castelló o Julià Alvaro, entre otros.

Poco antes de la nueve de la mañana los trabajadores celebraron la segunda victoria. Paco Telefunken Signes se fue. El técnico contratado para apagar la televisión desistió. Genar Martí le entrevistaba antes de marcharse y se lo narraba a sus compañeros. Mientras editaba el vídeo, el resto de compañeros aplaudía.

La emisión del vídeo fue recibida con más aplausos por parte de los trabajadores y los invitados que se encontraban en el plató. El término berlanguiano se ajusta como un guante al de Gata de Gorgos.

El guionista Paco López Barrio resumía la situación en un post en su muro de Facebook: “Cuando escribía guiones para L’Alqueria Blanca no se me ocurrió imaginar un personaje como Paco Telefunken, reparador de teles de Gata de Gorgos. Decididamente no estoy a la altura de la propia realidad”. “El verdugo ha dimitido, como quería hacer el de la película de Berlanga”, bromeaba un técnico. En unas horas se creará una página de fans en Facebook que en menos de un día superará los tres mil seguidores.

SALDANDO CUENTAS CON EL PASADO

Uno de los momentos más emotivos de la jornada se produjo poco antes de la marcha de Paco Telefunken, con la llegada de Beatriz Garrote a Burjassot. Por primera vez en siete años RTVV entrevistaría a la portavoz de las víctimas del accidente del metro de la Línea 1. Los trabajadores de la cadena querían saldar las cuentas del pasado, hacer justicia en sus últimos minutos. La policía le impedía entrar pero Garrote y los periodistas de RTVV aprovecharon un fallo en la seguridad y la introdujeron a la carrera en el estudio 3, tras forzar una puerta de emergencia atrancada. Cuando Garrote accedió al plató el aplauso fue estremecedor.

A las diez Mifsud se reunió con los técnicos y les explicó que se especulaba con la posibilidad de que les cortasen la luz. En las redes sociales se estaba informando de que se habían iniciado contactos con Iberdrola para ello. Los técnicos aseguraban que podían aguantar una hora y después lo que durasen los grupos electrógenos. Las mismas fuentes que anunciaban el intento de corte de luz aseguraban media hora después que Iberdrola se había negado a interrumpir el suministro.

No fue el único rumor que circuló por los pasillos. Se habló de que desde el Consell se había sugerido apagar repetidores pero que Castellano lo había impedido porque eso habría supuesto dejar sin servicio al 112. Nadie intentó encontrar confirmación oficial. Ya no quedaban fuerzas para ello. Se limitaban a esperar acontecimientos mientras trabajaban.

11.00 HORAS: LA POLICÍA YA TIENE LA ORDEN

Mientras, los miembros del Consell y sus equipos, camino del pleno de Ibi, recibían inquietos las noticias que llegaban de Burjassot. En la Generalitat empezaba a cundir el pánico. La Operación Telefunken había fracasado estrepitosamente. La televisión se había rebelado. Les estaban avergonzando en directo una vez más. Tras una noche de infamia, les llegaba su primera buena nueva: La juez de instrucción del juzgado número 1 de Paterna, Nuria Martínez Barona, ordenaba sobre las 11 de la mañana el desalojo de los trabajadores de las instalaciones de Canal 9, tras recibir el informe favorable de la Fiscalía a las medidas cautelares solicitadas por la comisión liquidadora de RTVV nombrada por la Generalitat.

El desalojo era ya inminente y, finalmente, las tensiones y las horas en vela hicieron mella y se produjeron llantos, escenas de dolor, abrazos. Mifsud miraba su móvil. Esperaba la llamada del comisario Jefe de la Policía Autonómica. Sólo quedaba negociar la salida. Los redactores de Informativos intentaban, pese a todo, cerrar la marcha de una unidad móvil al pleno de Ibi, para realizar una última retransmisión.

El pleno del Consell fue un poema. Fuentes consultadas hablaban este viernes del malestar de varios consellers por la gestión del cierre. Los consellers fueron recibidos con abucheos en Ibi y fueron despedidos con insultos. El envío de una nota de prensa por parte de Presidencia despertó la hilaridad de los trabajadores. El Consell aseguraba que la ocupación era un delito penal. Las risas y burlas se sucedían. Un abogado amigo de un periodista lo resumía con una frase: “Es una gilipollez tamaño folio”.

Los trabajadores comenzaron a hablar de futuro. Los que habían entrado a última hora de la madrugada, primera de la mañana, habían tenido noticia de que el departamento de Seguridad tenía en su poder ya de dos listados de trabajadores: uno de un centenar de personas que podían incorporarse y otro de más de 1.500 empleados que no podían acceder porque habían recibido el permiso retribuido para que no pudiesen denunciar ‘mobbing’.

Los próximos meses, durante la liquidación, sólo podrán acceder a las instalaciones este centenar de profesionales, básicamente administrativos pero también del departamento de Comunicación y de Multimedia, encargado de la web corporativa. Una productora de Informativos aseguraba que la televisión cerrada y sin emitir costará 150.000 euros diarios.

11.50 HORAS: LA ÚLTIMA NEGOCIACIÓN

A las 11.50 Mifsud volvía a dialogar con el comisario jefe, de nuevo en el pasillo de la planta baja, muy cerca del lugar dónde había estado escondido Paco Telefunken.

–Os entiendo–, le dijo el comisario–. Tengo familia en el paro y sé lo que es esto.

Mifsud y el comisario pactaron unos minutos para que él pudiese informar a los trabajadores.

–¿Qué necesitáis? ¿Diez minutos?

Mifsud asintió. Le costaba hablar. Los hombros estaban más caídos pero seguía intentando mantener la cabeza alta. Seguía mirando a los ojos. El comisario miró la hora en su móvil.

–Bien, son ahora las 11.50; a las doce subiré. Gracias por tu colaboración; me habían dicho que eras una persona razonable y la verdad es que lamento haberte conocido en estas circunstancias. Espero que podamos volver a vernos en el futuro.

–Sí, espero –murmuró Mifsud que a duras penas podía hablar.

El comisario quiso transmitirle calma:

–Dile a la gente que no se asusten, que aunque son policías de uniforme con porra y arma, nuestra intención es no intervenir.

Mifsud asintió, le dio la mano y volvió con sus compañeros. Mientras subía la escalera suspiró, respiró hondo e irguió la cabeza y los hombros, de manera casi imperceptible. “Bueno”, musitó. Ante sus compañeros, con sus últimas fuerzas, sereno, les resumió la situación. En la redacción de Informativos, en los estudios, en control central, en todo el edificio, comienza a aparecer el silencio.

ESTO ES EL FIN

Fueron pasando los minutos; los diez minutos se convirtieron en quince. La policía autonómica accedió al control central. Subieron por las escaleras traseras metálicas del centro de estudios de Burjassot hasta la primera planta. Allí les aguardaba un centenar largo de trabajadores de RTVV apostados en el pasillo.

Tal y como habían pactado Mifsud y el comisario jefe sólo se gritó. “No teniu vergonya, no teniu vergonya”. Los policías echaron a los técnicos. El comisario se quedó solo, en medio del control central, mirando a la gente con la orden judicial en la mano y cara de circunstancias.

Era un paripé. En otro lado del edificio, en la sala de máquinas, un operario de una contrata accionó las palancas de las dos UPS, las dos unidades eléctricas y dejó sin luz a la televisión. Se cortó la emisión, se cortó todo.

“Lo más gracioso es que podían haber interrumpido las emisiones desde un ordenador“, murmuraba un técnico de RTVV. “Son tan burros que ni sabían lo que tenían que hacer”, agregaba en alusión al Consell. No. En su lugar optaron por la medida más drástica, quitar la luz.

Cinco personas, cuatro técnicos de la casa y uno de la Generalitat, decía un operador, conocen el sistema para simplemente con apretar un clic de ratón cortar la señal de emisión de Nou y Nou 24. “Pero van y le han pegado un tiro”, se lamentaba. La Operación Telefunken había sido todo un dechado de ignorancia, desconocimiento e improvisación; la peor manera de resolver el cierre de RTVV.

Las consecuencias de la actuación policial fueron muchas. El cuadro de mandos dio un petardazo. Todo pasó a negro. Monitores. Ordenadores. Equipos. Y silencio. La derrota era eso: El silencio. Lo más sobrecogedor. De pronto alguien gritó. Un hombre maldijo. “Merda de país!”. Había sucedido lo imposible, lo que casi nadie creía que iba a pasar.

12.20 HORAS: DESPUÉS DEL APAGÓN

Llegaron los abrazos, los llantos, los intercambios de números de móviles. “Esto no ha acabado”, decía un cámara. Mifsud les invocaba a sus compañeros a salir “con la cabeza alta”. Afuera, en el exterior de los estudios de RTVV en Burjassot centenares de ciudadanos anónimos esperaban a los trabajadores. Tal y como iban saliendo les aplaudían, les animaban.

“Veinte años aquí”, murmuraba un técnico mirando el panel de control, “veinte años aquí…”. Como una mácabra broma, en un monitor se podía leer un mensaje: “No hay señal o es de poca calidad. Revise la conexión y posición de la antena”.

Un cámara y un redactor miraban las televisiones y ordenadores en negro del departamento de Informativos. “Se han cargado el sistema informático, el sistema técnico que incluye el Avid, las emisiones, los estudios…”, comentaban entre ellos.

En 24 años RTVV nunca se había apagado. Cuando sufrieron un sabotaje hace unas semanas, tardaron cinco horas en volver a ponerlo en marcha. Este viernes, a las ocho de la noche, ocho horas después del apagón, no habían conseguido reponerlo y seguía funcionando con la luz de emergencia.

Una redactora hizo una última fotografía al departamento de Informativos vacío. Después, bajó en silencio a la calle. La policía no hizo apremio para desalojar. No se pidieron identificaciones. Los trabajadores, una vez fuera del centro de producción de Burjassot, permanecieron en la zona de acceso a RTVV en único grupo, unidos. Les costaba salir. “Es como un sueño”, decía una productora.

Ya en la calle, la vicepresidenta del comité de empresa Salut Alcóver se abrazaba a un compañero, se escondía en su regazo, pero mostraba el rostro, que se viera que no lloraba. Los cámaras se hicieron fotos; durante horas habían filmado para las otras cadenas.

A Paco Garrigues, operador de equipos, montador, responsable de cabinas en los últimos años, le esperaba su hijo. Fue de los últimos en salir e hizo posible muchas cosas para la transmisión del informativo, como el acceso al material técnico. Su hijo le dijo lo orgulloso que estaba de él. Garrigues lloró.

Los coches que pasaban junto a los estudios de Burjassot pitaban como muestra de apoyo. Mifsud fue saludado por personas anónimas que habían acudido a animarles. Una compañera envuelta en lágrimas se abrazaba a él llorando. Salud Pedrós, exdirectora de Medios en la estructura creada por la exdirectora general, Rosa Vidal, fue al encuentro de Mifsud. Charlaron unos minutos en la puerta, amigablemente.

Lentamente se fueron yendo todos. Al final, en torno a las tres de la tarde sólo quedaban unos pocos curiosos mientras las televisiones nacionales realizaban las conexiones con sus informativos a la puerta del centro de Burjassot. El edificio quedó vacío, mudo.

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