Hombre sonriente, hombre serio: la nueva Ley de Seguridad Ciudadana y la Separación de Poderes

FUENTE

Te levantas y lees el titular: “ Multas de 600.000 euros por convocar una protesta en Twitter ante el Congreso”. Miras bien, refrescas la página a ver si es un error o algo… No. Ahí está. Lees el artículo y te das cuenta: ya ha llegado. Estábamos viendo que algo así podía pasar, se esperaba, pero igualmente te sorprende cuando por fin lo ves ante ti.

¿Y por qué me impresiona a mí esto tanto? Os lo cuento. Pero empezando desde el principio.

Mirad este señor, y mirad la media sonrisa que tiene en casi todas sus representaciones:

 

Montesquieu multi

No es de extrañar que estuviera contento. Este señor es el Barón de Montesquieu, y supongo que en el momento de acabar estos retratos ya había desarrollado uno de los principales pilares de cualquier Democracia moderna: la Separación de Poderes. Es algo tan importante que lo voy a repetir y lo pongo en mayúsculas y negrita: LA SEPARACIÓN DE PODERES. Algo tan bonito que es para sonreír hasta el infinito.

¿Y qué significa eso? Os lo explico brevemente con mis palabras: distribuir las funciones del Estado en tres categorías o Poderes diferenciados: el Ejecutivo, Legislativo y el Judicial, que tienen que actuar en absoluta independencia cada uno de ellos y con decisiones autónomas de los otros dos.

Y aquí os lo explica el sonriente Montesquieu, que lo hace bastante mejor que yo:

“En cada Estado hay tres clases de poderes: el legislativo, el ejecutivo de las cosas pertenecientes al derecho de gentes, y el ejecutivo de las que pertenecen al civil.

Por el primero, el príncipe o el magistrado hace las leyes para cierto tiempo o para siempre, y corrige o deroga las que están hechas. Por el segundo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad y previene las invasiones; y por el tercero, castiga los crímenes o decide las contiendas de los particulares. Este último se llamará poder judicial; y el otro, simplemente, poder ejecutivo del Estado.  […]

  Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad, porque es de temer que el monarca o el senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo.

Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y del ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor.

En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administrase los tres poderes, y tuviese la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente.”

Texto tomado de ‘ El espíritu de las leyes
Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu
1748

Os pongo un ejemplo de esto: tenemos un Poder (Legislativo) que es que crea las leyes. Pero es otro Poder (Judicial) el que fiscaliza el buen cumplimiento de dichas leyes. Si el mismo poder Legislativo es el que vigilara sus leyes, está claro que podría haber problemas (y de hecho siempre los ha habido en este contexto). Es algo fácil de imaginar. Está claro, ¿no?

Ahora mirad a este otro señor. Y mirad el aspecto serio y afectado que tiene en casi todas sus representaciones:

Galardón multi

No es de extrañar que esté tan seriote. El Sr D. Alberto Ruiz-Gallardón, Ministro de Justicia del Reino de España, se ha cargado el Estado de Derecho. Él solito. ¿Y cómo lo ha hecho? Pues entre otras cosas, con la referencia con la que empiezo esta pieza: La nueva Ley de Seguridad Ciudadana.

¿Y cómo es esto? Me explico. La idea no es nueva: Tengo el poder. Si con las actuales leyes algún colectivo me resulta molesto, pues las cambio. Siempre ha pasado y hasta cierto punto esto es normal. La sociedad avanza, las leyes deben evolucionar. Peeeeero…, hasta ahora no habíamos tenido en Democracia una reforma legislativa que atacara de esta forma a la Separación de Poderes. Bueno sí, la denominada Ley Sinde-Wert ya quitaba de en medio a jueces molestos “ que no sentenciaban a nuestro gusto” (con nuestras propias leyes.. ejem).

Lo que antes esa un asunto que fiscalizaba un Juez, ahora es una multa que decido e impongo yo mismo. ¿Jueces?, no gracias. El Poder Legislativo usurpa funciones del Poder Judicial.

Esto es grave. Mucho.

Yo creo que el hecho de que un Parlamento en Democracia se plantee pasar una Ley como esta certifica la podredumbre del sistema actual que tenemos en el Reino de España. Empezando por eso: ser un “Reino”, okupados por la corrupción en prácticamente cada institución pública, y sin ser capaces de liberarnos de esa mentirosa Transición, que tanto daño nos hace.

Muchas veces uso en las redes el término (humorístico-propagandístico) en forma de hashtag: #YaHemosGanao. No es más que eso, una chanza, propaganda, sencillamente (auto)regocijarme en el papel de los movimientos sociales estos últimos años. En estas nuevas formas de protesta y organización ciudadana que lentamente vamos tejiendo, probando y mejorando. La cosa es que creo que en este caso el término aplica bien.

Esta Ley está hecha para nosotros. Está hecha CONTRA nosotros. Los ciudadanos, las personas. Tú, yo. Esa gente molesta que cree en la Democracia y exige más Democracia, mejor Democracia. Que lucha, que se expone. Que piensa en su vecino, en las minorías. En que las personas no somos simples mercancías en manos de políticos y banqueros. Y que ahora vemos como para su comodidad, y supongo que recibiendo órdenes de los verdaderos poderes que nos manejan, cambian las reglas del juego, pero aquellas reglas que NO se pueden cambiar. Si las tocas, ya no es el mismo juego. En este caso creo que más importante del contenido de la ley, es ‘el cómo’.

Esta reacción, este coletazo desesperado de los poderes certifica el comienzo de nuestra victoria. Ahora ya sí que me lo creo. No va a ser fácil. De hecho será más difícil a partir de ahora, pero vamos bien. Vamos en la buena dirección.
Si Montesquieu levantara hoy la cabeza, me temo que dejaría de sonreír. Eso sí, mientras volvía a reclinarse en su tumba a lo mejor decía suavemente: “ Finalement! On a déjà gagné!

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