La esclavitud se pasea en la modernidad

FUENTE

El mundo civilizado señala como una de sus grandes conquistas la abolición de la esclavitud en favor de la humanidad. Existen numerosos tratados y convenios internacionales contra la esclavitud y, sin embargo, subsisten en todo el globo terráqueo formas de esclavitud que pasan inadvertidas para las sociedades y los estados.

La esclavitud vigente

La práctica de la esclavitud ha sido reconocida mundialmente como crimen de lesa humanidad. Se refiere a un criterio de propiedad de una persona sobre otra; dicho en otras palabras, al control absoluto a que es sometida la víctima de la esclavitud por parte de otro ser humano, de forma que se le despoja de la libertad de elegir y direccionar su vida, en pos del beneficio económico de otro.

Trabajadores de una fábrica, Indonesia [Foto: Javier Martin Espartosa vía Flickr]

El estudio “La Nueva Esclavitud en la Economía Global” publicado por la ONG internacional Free the Slaves, distingue como particularidades de la esclavitud moderna la falta de propiedad legal sobre la víctima, la baja o nula remuneración, el gran beneficio económico que obtiene la persona que impone la esclavitud y el carácter temporal del abuso sobre la persona esclavizada, a los que se somete a esta condición por un periodo de tiempo determinado, mientras su trabajo dé beneficios, en lugar de ser una condición vitalicia.

Dentro de las nuevas formas de esclavitud clasificadas por la ONU encontramos la esclavitud laboral, que se da en fábricas, en la agricultura, con el trabajo estacional, minas, maquiladoras, construcción, pesca, y la servidumbre, que incluye el trabajo doméstico. El 50% de estas formas de esclavitud recae en menores de edad.

Los actores que ejercen prácticas esclavistas abusan de los colectivos más vulnerables, imponiendo unos salarios considerablemente bajos, sin proporcionar ningún tipo de cobertura legal y médica, en muchas ocasiones abusando laboralmente de los trabajadores, que deben trabajar extenuantes jornadas y que son privados de libertad de expresión y de movimiento.

En muchos casos viven en el mismo sitio de trabajo, donde se les cobra a menudo la alimentación y el alojamiento como parte del salario, y son forzados a vivir en condiciones inhumanas.

Aproximación a las estadísticas de la esclavitud en la actualidad

La OIT calcula que casi 21 millones de personas son víctimas de trabajo forzoso en todo el mundo. Las mujeres y las niñas constituyen la mayor proporción en ese total –11,4 millones (55%), en comparación con los 9,5 millones (45%) de hombres y niños. Otras estadísticas aproximan el número de esclavos modernos en 27 millones de personas.

En cuanto a la distribución regional, la OIT, señala que la gran mayoría de trabajadores forzosos –11,7 millones o 56% del total mundial– se concentra en la región de Asia y el Pacífico. El segundo porcentaje en importancia corresponde a África, con 3,7 millones (18%), seguida por América Latina y el Caribe con 1,8 millones de víctimas (9%). En las economías desarrolladas y la Unión Europea hay 1,5 millones (7%), mientras que en los países de Europa Central, Sudoriental y Oriental (que no son miembros de la UE) y la Comunidad de Estados Independientes hay 1,6 millones (7%). Se estima que en Oriente Medio hay unas 600.000 víctimas (3%). Estas cifras nos demuestran que ninguna región del mundo está exenta de esta esclavitud moderna.

La espiral de la esclavitud

Dentro del trabajo forzado encontramos la servidumbre por deudas, en donde el suministro de la comida y la estancia al trabajador se convierte en una deuda, una espiral donde la pobreza obliga a empeñar la mano de obra propia y la de los descendientes; así la esclavitud se trasmite de generación en generación, sin ninguna contraprestación económica para el sustento diario, de modo que el endeudado se vuelve esclavo de por vida. Esta práctica es usual en el trabajo minero, y en algunos sectores del agrícola.

Carole Crabbé, en su campaña ropa limpia, da cuenta del procedimiento de esclavitud en la industria textil, impulsado por las conquista de los mercados a través de la máxima disminución de costes de producción.

Las grandes marcas internacionales emplean un sistema de subcontratación de pequeñas maquilas diseminadas por Asia, India, África y Latinoamérica, donde se explota la mano de obra en una verdadera situación de restricción de la libertad para la obtención de beneficios económicos. Este proceso también se da en diferentes sectores de la industria automovilística, tecnológica y agrícola.

El capitalismo y el socialismo ante la esclavitud

El sistema capitalista, bajo el ropaje económico neoliberal propicia contextos de carencia de empleo, pobreza y marginación, condiciones que favorecen el funcionamiento de trabajos no dignos y de sometimiento para lograr una supervivencia económica propia y familiar.

Niño trabajando en un horno de cal, Honduras [Foto: Lon&Queta vía Flickr]

La esclavitud de mano de obra también se presenta en la China y en países llamados socialistas, pero que basan su desarrollo en el incremento de la productividad en el sector agrario e industrial, sin atender las condiciones mínimas de asistencia y remuneración a los trabajadores; se contradicen, por lo tanto, los postulados socialistas de igualdad, en pos del desarrollo económico y en detrimento de las personas.

El laogai chino o campos de concentración de producción, donde miles de trabajadores son mantenidos en condiciones de esclavitud para elaborar toda clase de artículos de consumo manufacturado, industrial y/o tecnológico, constituye, en mi opinión, la expresión más reprochable de esta esclavitud.

Así, el sistema de capital y el socialista, se encuentran en un lugar que atenta contra los derechos fundamentales de la humanidad, en cuanto a la dignidad, el trabajo, los tratos crueles inhumanos, la salud, el desarrollo y el progreso, al competir en un sistema de comercio internacional, netamente capitalista, lo que los impulsa a buscar las máximas ganancias por encima del bienestar de las personas.

Hoy en día los llamados estados desarrollados dependen de los inmigrantes de las naciones pobres, y de los propios nacionales de los países del llamado primer mundo, que no tienen más opción que someterse a estas formas de esclavitud, ante las altas tasas de desempleo y los ajustes presupuestales. Así, los primeros logran sus metas financieras, su constante crecimiento en el PIB, y el funcionamiento del sistema económico que absorbe y digiere a estos seres humanos en beneficio del rendimiento mercantil.

La emigración y la esclavitud

El colectivo migrante es especialmente vulnerable a la esclavitud moderna. Son muchos los casos de emigrantes que acaban trabajando en cultivos agrícolas e industria por toda Europa y Estados Unidos, sin las mínimas condiciones laborales. Este fenómeno se suele entender como un mal menor frente a la situación de pobreza que los obligó a migrar, puesto que en sus países de origen estas personas vivían en muchos casos por debajo del umbral internacional de pobreza.

Infografía sobre esclavitud moderna [Foto: infografiti]

Sin embargo, este hecho no excluye que en los países receptores sus condiciones de trabajo sean igualmente pésimas, ya que en muchos casos las personas y empresas que los contratan se aprovechan de su situación irregular en el país de acogida para someterlos a un trato inhumano, negándoles los derechos laborales fundamentales relativos al sueldo, condiciones de trabajo y seguro médico.

Combatir la esclavitud: ¿Falta de medios o de voluntad?

Como se señaló, existen varios instrumentos internacionales contra la esclavitud, que la mayoría de los estados han adoptado a nivel nacional, y cuyas disposiciones son aplicables a todos los seres humanos. Por lo tanto, no hay carencia de instrumentos y normas internacionales para enfrentar estas formas de esclavitud. No obstante, las violaciones de los derechos humanos, el abuso y la explotación de esta mano de obra es algo cotidiano en todo el mundo. Muestra de ello es que entre 600.000 y 800.000 nuevas víctimas se incorporan cada año a la esclavitud moderna. ¿Por qué persiste este fenómeno?

El crecimiento económico que producen los esclavos beneficia a las élites financieras que manejan estos negocios, y por lo tanto beneficia a las naciones que sacan tajada de este mayor rendimiento económico,  a través de lograr nuevos mercados, con menores costes de producción. Este fenómeno supone un beneficio de 7.000 millones de dólares anuales,

Sin embargo, a nivel personal, se puede combatir este flagelo desarrollando una cultura de compra de artículos y productos de comercio justo que asegura que no hay trabajo forzoso en su mano de obra. El desafío principal es asegurar que los estados cumplan con la normativa contra la esclavitud, dada la evidente falta de voluntad política por parte de los gobiernos en atender la normativa internacional. Para impulsar esa voluntad política es necesaria la presión de la sociedad en su conjunto, un cambio de paradigma económico y de las relaciones comerciales que apunten a garantizar unas condiciones laborales dignas y razonables, fundadas en la correspondencia y complementariedad, de modo que la producción esté a favor de las personas y no las personas a favor de la producción.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

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