Abel Paz: Durruti en la Revolución española

FUENTE

Prefacio a la edición española[1]

Por muy diversos motivos, la primera edición de esta obra no pudo aparecer en la lengua en que fue escrita y para el público a quien iba dirigida. Debido a ello, antes que en su idioma original, la presente biografía fue conocida a través de sus diferentes traducciones. Esta realidad, donde se juntan íntimamente nuestra propia vida con el contexto social y político de nuestro país, nos obliga a prevenir al lector que tenga la curiosidad de comparar la edición española con la versión francesa, pues se encontrará con la sorpresa de hallarse ante dos libros con muchas diferencias. Si bien esta edición en castellano no significa una obra nueva, adelantamos que contiene muchos cambios y novedades. Igualmente, prevenimos a los lectores en general que desconocen la edición francesa y las otras, para que no se sorprendan de encontrar en la presente obra hechos, circunstancias y relatos que, muy estrechamente relacionados con el biografiado, probablemente ya habrán visto transcritos en libros de mayor o menor difusión y en revistas especializadas en temas históricos. Sucede que, gracias a la escasa escrupulosidad de ciertos escritores —”historiadores” o “especialistas”—, los datos, referencias y documentación sobre algunos hechos y circunstancias fueron, en gran parte, extraídos de la mencionada primera edición en francés de esta obra, sin tomarse —generalmente— la molestia de indicar la fuente o, peor todavía, ocultando deliberadamente el origen. El lector inquieto podrá apreciar que casi siempre —y cuando no, porque nos era imposible— nosotros recurrimos a materiales de primera mano y no a refritos… Por otra parte, nos excusamos por la abundancia de notas y referencias bibliográficas, pero preferimos hacerlo así, pensando en la importancia de señalar las fuentes y las obras, particularmente por tratarse de un tema y de un personaje sobre los cuales pesan muchos silencios, sombras y tergiversaciones. Prevenidos ya el lector y el estudioso, nos incumbe ahora el deber de explicar las causas y razones que concurrieron para realizar esta modificación entre la primera edición francesa y esta primera en castellano.

 

Al comenzar hacia el año 1962 nuestras investigaciones en torno a la vida de Buenaventura Durruti, plena de intensa militancia revolucionaria y proyección histórica, fuimos advertidos sobre las dificultades que encontraríamos en nuestro trabajo. De todos modos, nos interesaba tanto su figura que arrostramos la tarea pensando que si no lográbamos cubrir todos los vacíos de su vida, transcurrida en su mayor parte en la clandestinidad y en las cárceles, al menos podríamos reunir muchos de los diversos materiales dispersos y dar con ellos una versión suficientemente coherente de la personalidad y la trayectoria del biografiado. Y fue con esa idea que iniciamos la labor. Pacientemente, fuimos reuniendo informaciones y datos sobre nuestro personaje. Ante este primer agrupamiento de notas, discursos, cartas y comentarios tuvimos la sensación de que nuestra búsqueda no era satisfactoria, ya que, por ejemplo, los mismos hechos y actitudes eran siempre contados con mayor o menor pasión. Pero una vez pasados por el tamiz de la reflexión, los granos eran escasos.

Cambiamos entonces de táctica. Y donde pensábamos encontrar un muro de silencio, hallamos, en cambio, una amplia y cálida comprensión. Los primeros en abrirnos el archivo de sus recuerdos fueron Aurelio Fernández y Miguel García Vivancos. Un escollo importante estaba así orillado, como era el período de 1920 a 1930, que contenía muchas zonas oscuras. Sin embargo, quedaban todavía muchas lagunas, cuando la suerte nos hizo contar con la colaboración de Manuel Buenacasa, el cual nos puso en relación con Clemente Mangado, quien resultó un testimonio de valor único porque nos revela el paso de Durruti por Zaragoza y el encuentro con Francisco Ascaso. Pero esto no era todo…

¿Qué había hecho Durruti hasta 1921, es decir, durante sus primeros años? Entonces aparecieron los testimonios de los hijos de Tejerina y de otro amigo de la infancia de Buenaventura: Florentino Monroi. Y aquí ya empezamos a pisar terreno seguro. Emilienne Morin, la compañera de Buenaventura, nos facilitó la dirección de Rosa Durruti, quien nos correspondió poniendo a nuestra disposición materiales importantes pertenecientes o relativos a su hermano. Esto, para nosotros, era una verdadera mina. Pero ¿cómo explotarla si en nuestra calidad de exiliado en Francia estábamos imposibilitados de viajar a León? La madre de Durruti vivía, pero sus noventa años cumplidos amenazaban con perderla. Afortunadamente, un nieto de la familia nos ofreció la oportunidad de hacer personalmente lo que nosotros no podíamos obtener ante testimonios fundamentales de la primera época de Durruti.

Habían transcurrido cinco años, pero ya en nuestra cosecha había mucho y buen grano. Lo suficiente como para poder abordar la investigación de la llamada “excursión americana” de Durruti y sus compañeros, en aquel itinerario por el Nuevo Mundo; viaje en el que nosotros empleamos cerca de dos años antes de llegar a tierra firme. Nos faltaba sólo completar lo relativo a la Columna, durante la Revolución. Y aquí, una infinidad de hombres que pertenecieron a ella nos facilitaron en gran manera nuestra labor, particularmente Francisco Subirats, Antonio Roda, Ricardo Rionda, José Mira, Nicolás Bernard, L. R. y tantos otros. Todo esto añadido a las comunicaciones de Liberto Callejas, Marcos Alcón, Diego Abad de Santillán y muchos más. Asimismo, nuestras propias vivencias, estimuladas por los recuerdos y comentarios hechos por personas íntimas o cercanas a Durruti, como Teresa Margalef, Juan Manuel Molina, Dolores Iturbe, Emilienne Morin, Berthe Favert, Felipe Alaiz, José Peirats, Federica Montseny y otros muchos.

Entonces, ya nos sentimos animados a pasar a la redacción de nuestra biografía y su época, puesto nuestro pensamiento en España, su pueblo y su revolución.

Cuando la obra estuvo terminada, su publicación en España era muy hipotética. Ante estas circunstancias estábamos cuando se nos presentó la oportunidad de una edición francesa. Pero Francia no es España, cosa que implicaba una restricción del texto original. Esta exigencia ha motivado que circulen ediciones reducidas de la presente biografía en francés, portugués e inglés. Este era el destino del presente libro sobre Durruti y su tiempo cuando la Editorial Bruguera de Barcelona nos abrió la posibilidad de ofrecer, por fin, la edición completa en nuestro idioma y para nuestros pueblos.

Al aceptar el compromiso de dar a luz Durruti. El proletariado en armas en castellano, sentimos la responsabilidad de volver sobre el texto original. Pero eso no era todo. Desde que en 1972 se publicó la edición francesa, hasta 1976, Durruti había seguido viviendo y creciendo en nosotros. Además, nos habían llegado nuevas aclaraciones y rectificaciones por parte de algunas personas mencionadas en la obra y que viven actualmente. Esto nos obligaba a incorporar determinadas correcciones. A la vez, una importante correspondencia cruzada con García Oliver vino a echar nuevas luces sobre muchos sucesos y aspectos, y, sobre todo, nos situó mejor en el clima que vivió nuestro biografiado. Por último, la personalidad de Durruti y la época en que se desenvolvió su vida, fecunda una y otra en importantes y decisivos acontecimientos, nos obligan a frecuentes referencias históricas.

Finalmente, lo que nos había sido difícil en nuestros comienzos, se hizo factible después. El conjunto de todas las nuevas informaciones y publicaciones conseguidas enriquecía sumamente nuestra investigación. Todo ello nos ha impulsado, como un deber, a darlo a conocer. No podíamos limitarnos al marco de la primera edición francesa, ni privar a los lectores de estas nuevas aportaciones, máxime cuando ahora se publica en nuestra propia lengua y puede servir de material informativo a toda una nueva generación ansiosa por saber su inmediato pasado. En consecuencia, optamos por reescribir la obra sin traicionar ni al personaje, ni a la investigación histórica, ni a las contribuciones obtenidas desinteresadamente.

Pese al grandioso escenario donde actuó Durruti, tratamos de mostrar su personalidad humana, la cual trasluce permanentemente la pasión que le caracterizó siempre; o sea, su tiempo, el medio social de donde emergió y contra el que luchó con fervientes deseos de transformarlo radicalmente. El hombre hace la historia y a la vez es su producto. Durruti, como todo tipo humano cuya virtud esencial es la de ser fiel a sí mismo, no puede, sin embargo, escapar a esa regla general de los hombres que hacen historia, siendo, a la vez, hijos de ella.

En la reelaboración de esta obra, hondamente dedicada al proletariado español y mundial, muchos son quienes han dado su colaboración. Por ejemplo, en los últimos tiempos conseguimos nuevas cartas de Durruti gracias a los ofrecimientos de Colette, su hija, y de José Mira. También contamos con el grato trato de Osvaldo Bayer, que nos brindó información de lo que se refiere a la Argentina. De igual modo, sobre los capítulos de América y especialmente del Río de la Plata, a la par que en otros aspectos, tuvimos la ayuda de Estela y Alberto Belloni. En cuanto a Rudolf de Jong y el competente equipo del Instituto de Historia Social de Ámsterdam, siempre pacientes y simpáticos, nos prestaron su atención durante los días que permanecimos consultando sus archivos. Igualmente, el Centro Internacional de Investigaciones Anarquistas, el CIRA, de Ginebra, nos ha prestado toda clase de concurso. Otro tanto tuvimos del personal de los Institutos de Historia Social de la rué Vielle du Temple y del Museo Social de la rué de las Cases; de los Archives des Affaires Etrangéres y de los Archives Nationales franceses, todos de París. Además obtuvimos documentación del Spanish Refugees Aid, del Hoover Institution, de Nueva York, EE.UU. Los documentos en inglés han sido traducidos al español por el amigo canadiense Donald Crowe, y Antonio Téllez llevó a cabo el índice alfabético de nombres. De Julián Martín hemos de agradecer su colaboración en la documentación fotográfica.

A todos ellos, y a todos cuantos de una manera o de otra nos han ayudado o alentado en la elaboración de esta obra, excusando los olvidos, expresarnos nuestro profundo reconocimiento.

Cerramos diciendo que, por supuesto, tenemos y asumimos la total responsabilidad de la presente biografía.

París, febrero de 1977

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[1] Este prefacio corresponde a la segunda edición de la obra, primera en castellano, de 1978

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