Segunda crisis del Petróleo

FUENTE

UNA CRISIS HISTORICA

Por José Félix Izquierdo de la Cruz (Servicio de Estudios de BBVA)

A comienzos de la década de los años sesenta se constituyó la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), actuando como un cártel para controlar la producción de petróleo. Su actividad durante la primera década fue limitada y su influencia mínima. Fue a principios de los setenta, a raíz del importante crecimiento de la demanda en los principales países industrializados, cuando la OPEP consolidó su influencia.

En octubre de 1973, como consecuencia de la guerra del Yon Kippur, los países árabes exportadores de petróleo declararon un embargo del petróleo que desencadenó una espectacular subida de su precio, que se triplicó en tan sólo seis meses.

El encarecimiento del crudo tuvo un impacto muy negativo y duradero sobre las economías desarrolladas. Aumentó la tasa de inflación, generándose una espiral precios-salarios, a la vez que disminuyó la actividad, con el consiguiente aumento de la tasa de desempleo, deteriorándose además el sector exterior. En definitiva, las economías occidentales se enfrentaron a un choque de oferta negativo, acuñándose el término de stagflation para definir una nueva situación: estancamiento económico y mayor inflación. Se rompió así la relación de intercambio entre inflación y desempleo que postulaba la curva de Phillips, ya que ambos aumentaban simultáneamente. La explicación es que se habían deteriorado las expectativas de inflación desplazándose la curva de Phillips hacía la derecha. Esto es, el mismo nivel de inflación era compatible con una tasa de desempleo más elevada.

En realidad, el encarecimiento del petróleo supone un empobrecimiento de los países importadores, al transferir renta hacia los países exportadores de petróleo. Los intentos de los agentes económicos por recuperar su poder adquisitivo conducen a espirales inflacionistas, que agudizan la pérdida de bienestar del conjunto de los ciudadanos.

Ante un choque de oferta negativo, la utilización de políticas de demanda es contraproducente. Tras la segunda crisis del petróleo, ocurrida en 1979, los países industrializados utilizaron políticas fiscales expansivas en un intento de suavizar sus efectos sobre la producción y el desempleo. Como consecuencia, aumentaron los déficits públicos, reduciéndose las tasas de ahorro de los países industrializados. El consiguiente aumento de los tipos de interés prolongó los efectos negativos de la subida del precio del crudo. Como consecuencia, ante un shock del petróleo la mejor alternativa es reconocer el empobrecimiento frente al resto del mundo que ello supone, aceptando la nueva situación, y sin recurrir a políticas de demanda que son ineficientes para solucionar este problema.

La atención debe dirigirse hacia el aumento de la eficiencia de la economía, introduciendo mayor competencia y dotando a los mercados de bienes y de trabajo de mayor flexibilidad

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