La comunicación del riesgo nuclear en el caso del Castor.

FUENTE

Jordi Ortega | octubre 10, 2013

¿Qué hemos aprendido de Fukushima?

El terremoto y posterior seísmo en Japón ocasionó una catástrofe natural. El peligro se transforma en riesgo cuando la sociedad industrial sitúa en zonas de elevada sismicidad centrales nucleares; en Fukushima quedaron reflejadas todas las patologías de una sociedad del riesgo.

A raíz del terremoto de 1995 en Kobe, se pensó en un protocolo para revisar los reactores nucleares. No fue aprobado hasta 2006, tenía carácter obligatorio y debía de aplicarse de forma retroactiva sobre centrales construidas en los años 60, cuando aún no se tenía conocimiento de las placas tectónicas. Hubiera obligado a las centrales nucleares a caracterizar el nuevo valor sísmico a partir del conocimiento geológico actualizado; la cautela obliga a incluir las incertidumbres sobre lo que se desconoce. Resulta que el diseño de Fukushima era inferior a una sismicidad recurrente en periodos de 1.000 años que se conocía. Hoy sabemos el coste de la imprudencia y temeridad.

El accidente de Fukushima fue calificado de catástrofe natural. Luego se supo que en 2009 la autoridad reguladora japonesa en materia nuclear había trasmitido la necesidad de calificar el riesgo sísmico. Se prefiere ejercer el liderazgo político desde la “ceguera apocalíptica” -término usado hace décadas por Gunther Anders, Hans Jonas, Hannah Arendt… – Quien utiliza una política comunicativa agresiva, tranquilizadora y represiva ignora que a los pocos segundos se asará en el purgatorio por sus promesas de seguridad.

Política de comunicación tranquilizadora.

Ramón Espadaler, Conseller de Interior, en la reunión de la comisión especial de incidencias sísmicas -los terremotos provocados por el Castor- mostraba que el informe del CSN es tranquilizador y que aporta seguridad y garantía. Sólo esta libre, por unos instantes, de seísmos la política comunicativa del riesgo. Refuta que la seguridad nuclear haya estado en peligro: no ha existido un accidente y se siguen los protocolos. Unas afirmaciones subjetivas que se enfrentan, no a los “temores infundados” que dijo Mariano Rajoy en su viaje a Fukushima, sino al poder objetivo de auto-desenmascaramiento de los peligros potenciales.

Ni una sola referencia a que el propio CSN, en su plenario del 11 de septiembre de 2013 –  hace solo un mes – , ” tomaba nota” del Plan para la actualización de la caracterización sísmica del emplazamiento de las instalaciones nucleares, pero no aprobaba dicho Plan. ¿No hemos aprendido nada de Fukushima mientras que en el resto del mundo ha supuesto un giro de la política energética? Debería de actualizar, como tiene otros países, sus protocolos y el propio concepto de seguridad envejecido tras Fukushima.

La seguridad sísmica de las centrales nucleares no es un hecho, es una compleja definición mediatizada por diversos modelos, sometidos a reglas y cálculos, cuya interpretación se altera por el cambio de la percepción del riesgo. Alemania modificó en 1990 la versión de 1975, en 2011 volvió a modificar el KTA 2201.1. A nivel internacional la OIEA modifico el reglamento SSG-9 en 2010 de la NS-G 1.6 de 2003.

¿Qué dice el Consejo de Seguridad Nuclear español? Que la CN Vandellos II cuenta con vigilancia de microsismicidad, que no cuenta CN Ascó I y II, sólo posee de vigilancia sísmica para registrar seísmos fuertes. El CSN refuta el riesgo sobre la base que los seísmos registrados no han supuesto un impacto en la seguridad de las instalaciones nucleares que hubieran activado el SVS. En ese momento tienen 4 horas para averiguar si el terremoto ha superado el diseño base y el diseño de operación. ¿La vigilancia sísmica actúa como la caja negra de un vuelo en avión a ciegas, que se abre en caso de accidente? No es un sistema de vigilancia en tiempo real.

La seguridad refutada por la propia seguridad.

El informe acaba diciendo que la CN de Vandellós en 2007 situó un nuevo sistema de refrigeración a 23 metros sobre el nivel del mar no expuesto al riesgo de tsunami; usa agua dulce para actuar de sistema de refrigeración en caso de colapso de la central. ¿Significa que las centrales sólo tienen ese sistema de seguridad protegido del tsunami? ¿Podría afectar un seísmo al sistema de refrigeración? “Si los daños en las ESC de seguridad impiden realizar o mantener la parada segura, el titular debe declarar la Categoría III (Emergencia en el Emplazamiento)” –dice el informe del CSN.

“No es la técnica la que garantiza la seguridad sino la técnica en cooperación con las instituciones y las reglas sociales que someten los peligros cuyo origen es la sociedad a la coparticipación y prevenciones sociales” señala Ulrich Beck tras Chernobil. El riesgo de modo inmediato se politiza. Sigue diciendo “las instituciones –la política, el derecho, la industria- son presas de su interpretación técnica de la seguridad. Por medio de la complicidad tecnológica de la política, cualquier sospecha de accidente se convierte en escándalo político”. La reacción institucional es la negación del riesgo, las trincheras en la jaula de hierro de la seguridad y protocolos. aquí la reacción de Fòrum Ecològic “el consejo de seguridad nuclear no responde” (- a sus preguntas formuladas).

Mientras los ingenieros de seguridad abandonan por la puerta trasera, saben que la seguridad probable se basa en falibles cálculos de seguridad hipotética; los políticos siguen asegurando que sus decisiones políticas son infalibles. La sociedad mucho antes percibe que nadie les garantice ya seguridad, se han roto las reglas morales y éticas que permiten la atribución –imputación de responsabilidad -. Vuela el castillo de naipes.

¡Es el déficit de gobernanza estúpido!

La ciencia no es la salvadora de la miseria de una lamentable gobernanza. Lo sucedido con el Castor lo hemos visto repetido en la crisis financiera, energética, etc., donde los gobiernos sucumben a decisiones en propio interés, no pueden venir los técnicos a arreglar los desaguisados. Se saca a relucir la contradicción entre el sistema político y su arquitectura institucional que provocan desplazamientos político-geológicos. Es el desfase entre organización y decisiones políticas locales sin tener en cuenta la enorme complejidad y las consecuencias que nuestras decisiones pueden provocar.

El almacén nuclear ( ATC) de Villar de Cañas es un ejemplo. No es cierto que no tenga en cuenta el riesgo geológico, sólo que el conocimiento llega tarde, tras las decisiones tomadas. Los políticos vuelan a ciegas y piden a la torre de control, los técnicos, un aterrizaje perfecto. El coste de una sociedad de la ignorancia se paga en términos de caída de la competitividad y sobre-costes. ¿Qué coste tendrá el Castor sobre el déficit de tarifa, tras anunciar una reforma energética para poner fin al déficit, al tiempo que se anuncia 3.000 millones más este año?

Tenemos un déficit de gobernanza. Unos sabiondos ignorantes que calificaron que Chernóbil fue una catástrofe comunicativa, ¿qué hubiera sido de un éxito comunicativo? Esa ingeniería social pretender con una política comunicativa corregir errores garrafales. Entre la pesadilla de George Orwell y el terror de la teoría de sistema de Niklas Luhman

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