La serie sísmica levantina y su relación con la inyección de gas

Estructuras_tectónicas_del_margen_levantino(Javier-Fdez)

Javier Fernández Lozano

En la última semana se han acrecentado los rumores sobre los episodios sísmicos que se vienen registrando en la costa levantina como resultado de la inyección de gas en la plataforma marina mediterránea. El conocido como proyecto Castor fue diseñado para albergar casi 2.000 millones de metros cúbicos de gas natural bajo el fondo marino, capaces de mantener un tercio de las necesidades de consumo en España durante dos meses. La reciente situación que se vive en Oriente Próximo y las desavenencias surgidas entre los países europeos, Estados Unidos y Rusia, propiciaron la búsqueda de nuevas formas para asegurar el suministro de gas.
Para asegurar estas reservas, se llevaron a cabo varios proyectos en el País Vasco, Pirineos, la costa valenciana y la región del Golfo de Cádiz. De todos ellos, el más conocido es el de la Plataforma Mediterránea, que ha salido recientemente a los medios de comunicación por los sucesivos terremotos que se vienen registrando desde que la inyección de gas comenzara en mayo de 2012.
¿Pero cuál es el origen de esta crisis sísmica junto a las costas de Vinaróz? La zona donde se sitúa la plataforma de inyección de gas —a unos 22 km de la costa y sobre una profundidad de unos 61m—, forma parte de la conocida como Cuenca de Amposta. En ella se viene realizando la explotación de hidrocarburos desde los años 70, cuando fue por primera vez descubierta por la petrolera Shell y operada posteriormente por Repsol. Como gran parte de la costa catalana y levantina, la cuenca está formada por una serie de fallas en graderío —a modo de ejemplo, podemos pensar en las gradas de los estadios de fútbol a uno y otro lado del campo, con un foso central—.  Este tipo de fallas se extienden por la plataforma marina y la superficie de costa. La ciudad de Barcelona se encuentra entre dos de estas fallas, que forman la Sierra de Montjuic y el Tibidavo, respectivamente.
El problema de las fallas, principales causantes de los terremotos, es la dificultad para conocer en qué momento se van a reactivar. Las fallas de la Cuenca de Amposta son bien conocidas gracias a los estudios de batimetría. Sin embargo, la inyección de gas supone un aumento de presión en la roca que puede reactivar pequeñas estructuras, y estas a su vez otras más grandes. Los esfuerzos tectónicos actúan a modo de resorte —acumulan tensión y la sueltan de un segmento de falla a otro, lo que se conoce como “disparador de esfuerzos”—. El problema una vez inyectado el gas, es la imposibilidad de controlar lo que pasará después, pues en un enrejado de fallas como la Cuenca de Amposta, el “disparador” es difícil de localizar, ya que pueden conectarse unas con otras y mantener temblando la tierra durante días o semanas, como hemos visto —la planta dejó de inyectar el día 26 y aún hoy son perceptibles a lo largo de la costa pequeños temblores—.
Esperemos por tanto que todo quede en un susto, y que al menos, el gas inyectado no se pierda ahora, lo que supondría una catástrofe económica y medioambiental. La complejidad de este tipo de reservorios hace necesaria la reconstrucción de un buen modelo geológico que permita controlar en todo momento lo que sucede antes, durante y después de la inyección de gas. De este modo evitaremos, en la medida de lo posible, seguir preguntándonos si la tierra volverá a temblar mañana en la costa levantina.

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