‘Fracking’: todas las claves de una técnica polémica

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El Congreso de los Diputados está debatiendo el proyecto de Ley de Evaluación Ambiental que marcará los requisitos que se pedirán en el futuro para garantizar la seguridad ambiental de cualquier instalación que se realice después de su aprobación. La norma controlará, entre muchas otras cosas, los impactos ambientales de infrestructuras como el almacén de gas Castor, que está provocando seísmos en las costas de Castellón y Tarragona. Pero también regulará las garantías de la extracción de hidrocarburos mediante la técnica de fractura hidráulica o ‘fracking’ que se quiere desde el Gobierno implementar en España en los próximos años.

¿Qué es el ‘fracking’?

Es una nueva forma de extraer gas natural para la que hay que perforar el lugar escogido y romper estratos rocosos de pizarra a gran profundidad en el subsuelo (hasta 5.000 metros bajo la superficie). Para ello se inyecta agua a presión mezclada con arena y sustancias químicas, algunas de ellas muy contaminantes, en el subsuelo para extraer las pequeñas burbujitas de este gas impregnadas en la roca.

¿Cómo está la tecnología en España?

En España, aún no se ha iniciado ninguna prospección. No obstante, el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, ha manifestado en muchas ocaiones que España no puede permitirse el lujo de perder de esta forma la carrera para la obtención de gas natural. Pero la defensa de Soria de la técnica va siempre acompañada de la coletilla de que cualquier permiso de exploración necesita una declaración de impacto ambiental favorable. Para la industria, la necesidad de informes ambientales retrasa los plazos para solicitar autorizaciones para investigar el potencial gasístico de una zona de los cuatro meses que se tardaba hasta ahora, a los 18 meses que tardarán en lo sucesivo.

¿Afecta a los acuíferos?

Sin embargo, para los ecologistas esto no es suficiente. Uno de los aspectos que más preocupa a los colectivos es la posibilidad de que las aguas subterráneas cercanas a las explotaciones resulten contaminadas. Este tipo de gas no convencional se encuentra impregnado en la roca en pequeñas burbujitas y no en bolsas, como es habitual, por lo que su extracción es más difícil y costosa. Para lograrlo, la industria tiene que perforar túneles de hasta 5.000 metros de profundidad e introducir agua a presión mezclada con arena, productos químicos y, en ocasiones, incluso pequeños explosivos.

En España, el 80% de los permisos de investigación pedidos o concedidos está situado sobre acuíferos. Y, según un informe de Ecologistas en Acción, de ese 80%, el 56% son acuíferos calcáreos, mucho más sensibles a esta técnica debido a la capacidad de esta roca para que el agua circule.

La industria, representada por Shale Gas España, asegura que la fractura hidráulica se realiza a mucha más profundidad de la que alcanzan los acuíferos y que la parte superior se protege con tubos de acero y cemento de alta calidad para evitar la contaminación. Sus portavoces reconocen que el líquido que se recupera es un porcentaje menor del que se inyecta, pero aseguran que éste no tiene impactos sobre el terreno.

¿Puede producir terremotos?

Otro de los posibles riesgos del fracking es la capacidad que tiene la técnica para interferir en la sismicidad de una zona. Un estudio publicado en la prestigiosa revista científica ‘Science’ el pasado mes de julio relaciona los terremotos con la inyección de la mezcla química utilizada para extraer el gas mediante esta técnica. Según esa investigación realizada por cientíicos de la Universidad de Columbia (EEUU), el fracking en sí es capaz de generar miniseísmos de poca magnitud, de 3,6 en la escala Richter como máximo. Sin embargo, una técnica utilizada para deshacerse de los líquidos contaminantes que se extraen del proceso, que consiste en inyectar ese líquido en pozos subterráneos a gran profundidad, sí puede producir terremotos de magnitudes mayores, hasta 5,7 en la escala Richter, según otro estudio publicdo en ‘Geology’.

No obstante, Shale Gas España asegura que estos riesgos se pueden controlar haciendo estudios geológicos y evitando las zonas inestables, algo que, según aseguran desde la propia organización, en Europa se exigirá de forma obligatoria.

¿Qué perspectivas de futuro tiene?

En España hay multitud de permisos solicitados y algunos concedidos para investigar el potencial gasístico. La industria estima que el ‘fracking’ podría cubrir las necesidades de gas españolas actuales durante 70 años. Para los ecologistas esa cifra es muy optimista y creen que en realidad no cubriría ni 35 años.

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