Compra de electricidad por particulares luces y sombras.

FUENTE

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) anunció hace un par de semanas que ha decidido crear un grupo de compra colectiva de electricidad -la iniciativa se llama Quiero Pagar Menos Luz– y que va a organizar una subasta, “la primera subasta de energía que se realiza en España para clientes domésticos”. Las comercializadoras de energía -Iberdrola, Endesa, Gas Natural, etcétera- han sido invitadas a participar en la subasta. Durante la misma, esas empresas vendedoras de kilovatios -explica la asociación de consumidores- irán realizando sus ofertas al grupo organizado por la OCU y ganará –se llevará todos los contratos de todos los integrantes de ese grupo- “la compañía que proponga el mayor ahorro para los consumidores inscritos”. Hasta ahí, todo luz. A partir de ahí, algunas sombras.

Cuidadito con la OCU

La idea que anima esta iniciativa es sencilla: montamos un grupo de compra, “cuantos más seamos –dice la OCU-, mayor será la fuerza para conseguir las mejores tarifas”; organizamos una subasta para que pujen por hacerse con el suministro de nuestro grupo las comercializadoras de electricidad; y a esperar al mejor postor. Las subastas -explica esta asociación- son utilizadas habitualmente cuando se trata de contratos de grandes empresas (las comercializadoras pujan por hacerse con el contrato de una compañía, generalmente muy grande, que consume mucha electricidad), pero esta es “la primera vez que se empleará en España para decidir la tarifa que pagarán miles de consumidores que quieren reducir su factura de electricidad”. La subasta se realizará el 16 de octubre y será gestionada -explica la organización de consumidores- “en colaboración con PrizeWize, socio tecnológico holandés con probada experiencia en grupos de compra y subastas energéticas”.

El Observatorio Crítico de la Energía
La iniciativa, pionera en España, ha suscitado mucho interés en los medios y entre el público (la OCU asegura que ya se han unido al grupo casi 360.000 consumidores). El éxito, pues, parece tan asegurado mañana como hoy rotundo. Seguramente porque todo el mundo está convencido de que la oportunidad de ganar un gran número de clientes -de contratos- estimulará la competencia entre las comercializadoras, que ofrecerán precios más bajos, reduciendo, al menos en una cierta medida, sus amplios márgenes de beneficio. A priori, en fin, todo parece transparente. Y, de hecho, la iniciativa quieropagarmenosluz.org ha recibido aplausos prácticamente desde todos los frentes. Sin embargo, no todo está tan claro como, en principio, puede parecer. Y ahí, en la lectura profunda de esa iniciativa, el Observatorio Crítico de la Energía (OCE) ha vuelto a marcar el paso con un texto tan hondo como demoledor.

Sin sede
El OCE es una especie de laboratorio de ideas que está apostando, sobre todo, por la comunicación –en materia de energía- y que está integrado por una decena de treintañeros (ingenieros aeronáuticos, físicos, arquitectos) que decidieron un buen día “intentar explicar las cosas [de la energía] con rigor, con transparencia, sin intereses”. La independencia la explicita muy gráficamente uno de sus fundadores, Cristóbal J. Gallego Castillo: “si hay que poner algo de dinero para alguna pequeña cosa [tienen una página web y, por supuesto, carecen de sede], lo ponemos de nuestro bolsillo”. Así, Gallego y compañía han alumbrado ya dos documentos cuyos títulos son una auténtica declaración de intenciones: “Entiende el mercado eléctrico” y “Primas para las energías renovables a coste cero para los consumidores”. Pues bien, su último artículo, Reflexiones sobre la iniciativa de la OCU, analiza la propuesta quieropagarmenosluz.org y ha vuelto a marcar el paso.

Diferencias muy escasas
La pregunta que se hace el OCE, después de dar la bienvenida a cualquier iniciativa que demuestre que los ciudadanos “están dispuestos a movilizarse”, es muy concreta: ¿qué puede suceder el día de la subasta? Y las respuestas que vislumbran son dos. Uno: las comercializadoras deciden no participar, no vaya a ser que cunda el ejemplo. Y dos: las comercializadoras participan en la puja. Y, ahí, las hipótesis son varias. La mejor sería que la subasta es realmente competitiva y que, al final, los 360.000 consumidores logran en efecto un precio más bajo. Eso sí, en principio –lo avisa la propia OCU-, “el ahorro no será muy elevado”, porque los márgenes de las comercializadoras, en el caso de los consumidores domésticos, están bastante ajustados (no es ahí donde está el gran yacimiento de beneficios de las eléctricas). De hecho, eso ya es sabido. Nos lo contaba hace unos meses el presidente de la Asociación Nacional de Ahorro de Energía, Francisco Valverde: en pequeños consumidores, nos decía, las diferencias entre unas y otras ofertas “son… o ninguna… o muy escasas”.

La raíz de los problemas
La lectura que hace el Observatorio Crítico de la Energía es en ese sentido coincidente: esta iniciativa puede resultar efectivamente en una bajada de precios para los consumidores, bajada en todo caso “no muy alta, como reconocen los propios organizadores” -dice el OCE-, pero, sea como fuere, tiene “poco recorrido a la hora de atacar la raíz de los problemas de nuestro sistema eléctrico” y, lo que es peor, “podría incluso posponer su solución si consigue una rebaja que apacigüe los ánimos de los consumidores”. Más aún –continúa el OCE-, “este hipotético descenso de precio de la electricidad se haría probablemente a costa de que las empresas del oligopolio eléctrico mantengan o incluso aumenten su cuota en el mercado de la comercialización, frenando o haciendo retroceder otras iniciativas que tímidamente empiezan a crecer, propuestas que suelen funcionar como cooperativas que producen y comercializan energía 100% renovable”. Y ahí está, seguramente, el quid de la cuestión.

Som
Hace casi dos años, tuvo lugar en Girona la asamblea constituyente de Som Energia, una cooperativa sin ánimo de lucro –de consumo y servicios– cuyo objetivo final es reunir “a miles de personas con el deseo de cambiar el modelo energético actual y trabajar para alcanzar un modelo 100% renovable”. Pues bien, la cooperativa Som se ha constituido en comercializadora de energía solo verde y tiene ya cerca de 10.000 clientes-socios. Marc Roselló, que es uno de sus fundadores, también tiene claras las luces y sombras de la iniciativa OCU: “en primer lugar, hay que felicitar iniciativas como esta, porque ponen el tema de la factura eléctrica y del coste energético en primera línea de actualidad, pero, si solo van a por precio, probablemente quien se llevará el contrato será una de las grandes, porque son las grandes las que tienen margen para maniobrar; el resto de las comercializadoras no podemos… Para empezar, imagínese gestionar cien mil contratos, ó 360.000, cuando nosotros no tenemos ni 10.000”.

Músculo financiero
¿Qué pasará, pues? “Pues que, probablemente -explica Roselló-, ganará la subasta una de las grandes eléctricas, y el grupo de 100.000 ó de 360.000 se cambiará de una a otra, porque son las grandes las que tienen músculo para gestionar cien mil contratos… músculo para eso y músculo financiero, porque tú adelantas la compra de energía… En fin, que el consumidor tendrá durante un año un precio más ajustado, lo cual está bien para el cliente, pero no creo que provoque la transformación que necesita el modelo. O sea, chapeau en el sentido de que la gente, que está quemada, parece que empieza a moverse, pero la transformación tiene que ser mucho más profunda, porque no solo es cuestión de precio, también es cuestión de ver de qué fuente sale esa electricidad, es cuestión de establecer una relación más participada, es cuestión de que la compañía sea del usuario, como sucede en Som, donde son los cooperativistas los que toman las decisiones”.

El oligopolio
En lo que se refiere a este extremo, la lectura que hace el Observatorio Crítico de la Energía en su artículo es idéntica: “la agrupación de los usuarios en un paquete tan grande dejará fuera de la subasta a las pequeñas y medianas comercializadoras, que simplemente no disponen de la infraestructura necesaria para incorporar cien mil usuarios en un día, favoreciendo de nuevo a las grandes eléctricas”, que tienen todos los resortes del sistema, todos, en sus manos. Porque controlan la generación (son las propietarias de las centrales nucleares, de las térmicas de gas, de las de carbón, de la gran hidráulica… de centenares de miles de megavatios de potencia); controlan la distribución (son las propietarias de las redes… desde las grandes autopistas de kilovatios hasta los últimos vericuetos por los que circula la electricidad); y controlan la comercialización. Según datos publicados en mayo por la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), “el 95% de la generación en régimen ordinario lo controlan cinco empresas; el 99,7% de la distribución está controlada por las mismas cinco empresas; y el 79,5% de la comercialización de electricidad lo controlan esas mismas empresas”.

Goiener
Otra cooperativa que también ha visto la luz con un objetivo muy concreto –atacar el modelo energético vigente- es Goiener. Son de Euskadi y ya son comercializadora de energía verde y solo verde. Los socios pagan una cuota de cien euros, se convierten así en cooperativistas, se dan de alta como clientes de la comercializadora, le pagan la electricidad verde y solo verde a Goiener y toman todas las decisiones que afectan a la cooperativa. ¿Por ejemplo? Establecen el precio de la electricidad. Lo cuenta su director de comercialización, Santiago Ochoa de Eribe: “de momento hemos decidido poner el mismo precio que cualquier otra comercializadora, pero, claro, lo nuestro es electricidad 100% de origen renovable… Con esto, para empezar, ya estamos transmitiendo la idea de que la electricidad renovable no es más cara que la convencional”.

Márgenes ridículos
Ochoa de Eribe coincide con el OCE y con la gente de Som: “mire, en el mercado, las comercializadoras, y más en el entorno residencial, salvo que tenga usted algo muy mal contratado… los márgenes son ridículos, y es muy difícil mejorar los ratios; pero es que, en todo caso, ese no es el problema; el problema es el proceso de confección de precios, que está desligado de los procesos de generación; el problema es cómo está regulado el sistema”. Así, el director de comercialización de Goiener también le ve pros y contras a la iniciativa de la OCU: “si esa subasta se hubiera establecido con otros parámetros… Vamos a ver: por ejemplo, queremos juntar gente para comprar energía solo renovable; o, por ejemplo, queremos que las empresas que participen en la subasta no sean las de Unesa. ¿No quieres competitividad? Pues quítales cartera de mercado”.

Unesa
Esa es la clave, según Goiener: el objetivo debe ser rebajar esos porcentajes brutales que señalaba APPA, desproporcionados porcentajes de control sobre generación, de control sobre la distribución y de control sobre la comercialización de que gozan ahora mismo las cinco grandes, léanse Iberdrola, Endesa, Gas Natural Fenosa, Hidrocantábrico (EDP) y E.On, ergo Unesa (que es la gran patronal eléctrica que las agrupa). El Observatorio lo tiene muy claro: “lo que realmente necesita nuestro mercado eléctrico es una regulación adecuada que racionalice los precios asociándolos a los costes reales, que fomente objetivos verdaderamente útiles para la sociedad, como la generación renovable y la eficiencia energética, y, sobre todo, que acabe con los abusos derivados del hecho de que cinco empresas controlan todo el mercado energético nacional”. Som Energia y Goiener son fisuras en la mole. Y la iniciativa de la OCU, vienen a apuntar desde ambas cooperativas y asimismo desde el Observatorio, puede desviar la atención.

A la raíz
El problema, en fin, es que una iniciativa que se va por las ramas –el precio que paga el consumidor doméstico- y no busca las raíces del gran problema eléctrico nacional puede acabar reforzando al oligopolio, según apunta el OCE. Porque Unesa, muy probablemente, va a seguir repartiéndose el pastel (hoy bajas tú un poquito el precio y ganas la subasta, y la segunda me la quedo yo). Seguirá comiéndose el mismo pastel… o más pastel, porque está claro que enfrentarse a 360.000 contratos solo pueden hacerlo cinco actores en este escenario (mal asunto pues para las comercializadoras pequeñas, o… ¿a quién va a beneficiar al final esta iniciativa?). De cualquier manera, lo peor de todo ello es que la apuesta OCU puede acabar oscureciendo todas esas otras pequeñas iniciativas –comercializadoras de electricidad verde y solo verde, cooperativas- que están empezando a surgir en toda España y que sí atajan -y atacan- la raíz de la gran estafa eléctrica nacional, esa que no tiene su principal fuente de ingresos en la comercialización, según reconocen ANAE, la OCU, el Observatorio o la gente de Goiener.

Contra los abusos
O sea, que corremos el riesgo de que la opinión pública se entretenga con el tintineo de unos pocos euros de bolsillo (la rebaja de precio va a ser menor, según reconoce la propia OCU), mientras sigue fuera de foco la verdadera estafa, la mil millonaria, esa que está en la generación (en los mecanismos de conformación de precio del megavatio generado) y en la distribución… Lo cuenta el OCE: el problema es que “las grandes eléctricas españolas -oligopolio integrado verticalmente- participan tanto en el segmento de generación (producen energía y la venden en el mercado mayorista en el que compran las comercializadoras) como en los de distribución y comercialización; en esa situación, parece razonable pensar que las comercializadoras que más puedan ajustar sus beneficios pertenecerán a empresas que puedan apoyarse sobre otros segmentos del negocio (en los que, como hemos dicho, tienen lugar claros abusos)”.

Empoderamiento
¿La alternativa? Castigo al oligopolio y empoderamiento. Lo dice Ochoa de Eribe, de Goiener: “la solución no pasa solo por cambiar de suministrador. Para nosotros… que la gente se cambie a Goiener no es más que instrumental. Ese no es el objetivo. Esa es solo una herramienta que nos da un mayor empoderamiento y que nos permite aplicar una medida de castigo a las grandes empresas”. Castigo, para empezar, “y, si los números… si la masa crítica nos lo permite, pues empezaremos a diseñar proyectos”. Y ahí está la gente de Goiener, dándole vueltas a la cabeza para ver cómo ponen en marcha, con fondos de la cooperativa, instalaciones de generación de energía renovable con las que ir cerrando el círculo. Y el periodista pregunta: ¿instalar ahora, con la que está cayendo? “Sí, ahora, en Iparralde, en la zona del sur de Francia, con la que tenemos mucha relación por motivos culturales. Estamos estudiándolo todo con detalle, buscando soluciones…”.

Más iniciativas
Dentro de la península, al sur y al oeste, también hay iniciativas. Porque Som y Goiener se han convertido en una fábrica de insumisión. Lo explica Ochoa de Eribe: “no estamos solos… En Cantabria y en Galicia se están moviendo, y nos están llegando peticiones desde Murcia, de Valencia, de Canarias incluso, donde ya hay gente que está empezando a pensar en montarse su propia cooperativa… Y de Castilla y León, en Aragón. Solicitan de nosotros información y estamos haciendo un proceso de acompañamiento… La gente de Cantabria ya está en marcha, Enerplus. La de Galicia, Nosa Enerxia… están ahora mismo… digamos… pues como estábamos nosotros hace cosa de un año, saliendo del cascarón, pero bastante potentes ya”.

Pioneros
Distinto –pues no es una cooperativa, sino una empresa-, pero igualmente alternativo, es el caso de Gesternova, pionera de la comercialización de electricidad solo renovable en España. Impulsada desde la Asociación de Productores de Energías Renovables, Gesternova nació a mediados de 2008. Al principio –nos cuenta su director comercial, Jorge González-, “vendíamos solo a clientes de más de diez kilovatios; a partir del uno de enero de 2011, a cualquier consumidor doméstico, por pequeño que sea”. Fue la demanda –explica González- “la que nos animó a dar ese último paso y, aunque son clientes cuyo margen comercial es incierto, y de cualquier manera… escaso, la verdad es que nos parecía que, si había una demanda ciudadana de energía limpia, de gente que quería consumir en su casa energía renovable… pues teníamos que hacerlo”. ¿El precio de sus kilovatios verdes? Similar al de cualquier otro kilovatio: “no porque uno consuma energía renovable tiene que pagar más por ello”. Gesternova, en fin, fue la pionera, la que prendió la mecha de la revolución energética, esa que necesariamente habrá de pasar por el último eslabón de la cadena, el consumidor.

Gesternova
Som Energia
Goiener
Enerplus
Nosa Enerxia

Nota sobre Zencer, a raíz de los comentarios de varios lectores
Cooperativa andaluza cuya aventura comenzara hace ya dos años. Actualmente cuenta con 250 cooperativistas que toman cuantas decisiones consideran oportunas de manera asamblearia (la aportación mínima al capital social de la cooperativa es de 100,20 euros). Una vez convertido en socio, el cooperativista paga su factura a Zencer tal y como pagaba antes sus facturas a la comercializadora a la que estuviese vinculado (la cooperativa se constituyó en agente de mercado la pasada primavera). Zencer solo vende electricidad verde (energía 100% renovable). El precio que pagan los cooperativistas por esa electricidad es entre un 4 y un 5% más bajo que el de la tarifa TUR, según nos cuenta su presidente, Francisco Javier Porras. Más allá de su constitución como cooperativa y de su condición de agente de mercado y comercializadora, Zencer -cuenta Porras- quiere convertirse también en generadora de electricidad limpia, como Som Energia, que ya cuenta en su haber con varias instalaciones fotovoltaicas y una central de biogás, o Goiener, que se ha planteado el mismo horizonte, convertirse en cooperativa de consumidores y productores.

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