Rajoy aleja la crisis de Gobierno y trata de disipar el fantasma Bárcenas

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Durante meses, Mariano Rajoy hizo como si Luis Bárcenas no existiera. Hasta que no pudo aguantar más la presión, y el 1 de agosto pronunció su nombre en el Congreso y admitió el error de haber confiado en él. Ayer, en el arranque del curso político, el presidente dejó claro que eso es todo lo que piensa conceder. Ha vuelto a su estrategia de fingir que su extesorero y los escándalos que acarrea no existen. Y lo hizo saber.

“Por más que algunos se empeñen, nada ni nadie nos va a distraer de nuestra tarea esencial, que es la salida de la crisis. Esto es lo que quiere la gente, un Gobierno que se ocupe de lo fundamental y supere la crisis. Nadie me va a distraer”, clamó en Soutomaior (Pontevedra), aunque el presidente se empeñó en llamarlo “Sotomayor” con esa costumbre suya de no pronunciar jamás una sola palabra en gallego.

Rajoy tiene tantas ganas de hacer como si nada pasara que incluso despejó la hipótesis de una crisis de Gobierno con la que especula prácticamente todo el PP. “Estoy muy orgulloso de todos y cada uno de los miembros de mi Gobierno”, dijo el presidente sin que nadie le preguntara —nunca se permite en este tipo de actos—, lo que evidencia que quería lanzar ese mensaje. La excusa perfecta sería el adelanto de la elección del candidato a las europeas, puesto para el que se apunta a Miguel Arias Cañete, pero Rajoy no parece tener prisa.

El presidente ha citado mañana al Comité Ejecutivo del PP en una reunión que ha generado expectación pero su discurso público apunta de momento a un arranque de curso sin cambios. Su mensaje era el contrario: las cosas van mejor, se ha conseguido superar el riesgo de rescate, él está dispuesto a aguantar lo que haga falta y tiene una mayoría sólida que le permite resistir.

Rajoy sabe que en su partido hay mucha inquietud por el caso Bárcenas, y esta es su respuesta: hay que aguantar. “No vamos a abdicar de nuestra responsabilidad como gobierno porque nos la han dado los españoles. Tenemos una mayoría sólida, un Gobierno estable, y el apoyo de una gran fuerza que es el PP. Contra viento y marea vamos a culminar con éxito esa tarea. La victoria siempre acompaña a los que más luchan por ella”, cerró su discurso.

Blindaje para evitar imágenes de abucheos

El presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán, lo dejó claro desde el principio: “Quiero agradecer a las fuerzas de seguridad el trabajo que hacen para que el PP pueda realizar este acto con normalidad”. Un impresionante dispositivo de seguridad impidió a los manifestantes —pocos, medio centenar— afectados por las preferentes acercarse a Rajoy. La policía los retuvo a un kilómetro del castillo de Soutomaior. Llegar allí fue muy complicado, incluso para los militantes. Algunos dirigentes se excusaban después en los corrillos con la gente. “Gracias por venir, no es fácil llegar, lo sentimos, es por los de las preferentes”, insistían. “Gracias por estar aquí. Sé que no es fácil dar la cara por este partido”, les dijo Louzán.

Uno de los logros que más destacan en privado los fieles de Mariano Rajoy es que el PP ha logrado, dicen, hacer reformas muy duras sin un gran estallido social similar al de Grecia. Tal vez por eso el equipo del presidente lleva meses tratando de evitar a toda costa la imagen televisiva de Rajoy abucheado. De momento lo han logrado con dos estrategias unidas: el presidente reduce al mínimo sus actos públicos y la seguridad aleja siempre muchísimo a los manifestantes para que las televisiones, su gran obsesión, no capten esa temida imagen. Y ayer de nuevo lo lograron desplegando seguridad, incluso la noche anterior, para que nadie se colara en este espacio público —fue comprado por la Diputación de Pontevedra precisamente cuando Rajoy la presidía, hace 30 años— pero ayer limitado a militantes del PP y prensa.

Rajoy, visiblemente descansado, con buen color y buen ánimo, se dio un baño de besos y abrazos en su tierra en uno de sus momentos más bajos de popularidad. Las señoras se lo comían. Los señores le insistían en que aguante, conscientes todos de la dificultad del momento en especial por el caso Bárcenas, al que nadie nombra en su presencia. A todos les contaba que está muy bien, con la mente despejada después de un verano tranquilo y con muy buen tiempo en Galicia —“no hemos visto ni una nube”— comentaba. Rajoy insiste, con unas u otras palabras, en presumir de que él es un líder rocoso y nadie lo va tumbar. Y como ejemplo de que se pueden ganar elecciones en muy malos momentos puso a Feijóo, que arrasó hace un año en plena crisis y amenaza de rescate.

Su partido y su Gobierno están muy inquietos por los escándalos que genera Bárcenas y su relación con el PP. El último es el borrado de los ordenadores del extesorero, donde había datos importantes sobre la contabilidad b del PP, según su abogado. Dirigentes, militantes y miembros del Gobierno se desesperan por la interminable ruleta de escándalos y se preguntan qué se puede hacer para frenar el deterioro de imagen. A todos les inquieta un desastroso resultado en las europeas de 2014 y sobre todo la posibilidad de hundirse en las locales y autonómicas de 2015, donde se juega el poder real del PP. A todos les dio Rajoy una respuesta en su estilo indirecto pero entendible para los políticos. Solo hay una solución, les vino a decir: esperar a que la recuperación económica, que ya ve iniciada, les haga volver a ganar las elecciones. Porque eso, la crisis, el paro, es lo que realmente preocupa a la gente, y no Bárcenas, se señala en el entorno del presidente. Y si eso empieza a solucionarse, todos los errores se perdonarán, insisten. El tiempo, su gran aliado siempre y su apuesta estratégica histórica, es la solución para todo en su visión. Y lo tiene porque no hay elecciones clave a la vista, según se encargó de recordar Alberto Núñez Feijóo, presidente gallego, que sin embargo dejó caer el ambiente interno que se vive en el PP al pedir de manera un tanto críptica que el partido haga “autocrítica” y que los políticos sepan estar “a la altura de las circunstancias”.

Rajoy seguía a lo suyo, a tranquilizar a su partido: “Hace un año os dije que este año estaríamos mejor. Y así ha sido. España ha levantado cabeza. No podemos cantar victoria pero podemos estar orgullosos de lo que se ha conseguido en tiempo récord. ¿De qué se hablaba hace un año? Del rescate de nuestro país. Hoy ya nadie habla de rescate. Las cosas aún no están bien pero están mejor que hace un año. Cuando volvamos aquí el año que viene las cosas estarán mucho mejor”.

El presidente, que tiene encima de la mesa las encuestas que detectan un durísimo desgaste del Gobierno, trató de animar a los suyos con uno de los asuntos que más polémica interna genera: los impuestos. Pero lo hizo con un truco. Prometió que el año que viene irá Soutomaior a anunciar una bajada de impuestos, y fue muy aplaudido. Sin embargo, en realidad el presidente estaba confirmando la decisión clave de los últimos meses: la bajada de impuestos, en teoría prevista para 2014 —la subida “temporal” del IRPF en teoría era solo para 2012 y 2013— se retrasa a 2015, año electoral. Y eso es lo que prometió Rajoy: que dentro de un año, en 2014, anunciará una bajada de impuestos para 2015. Así que de momento parece que Rajoy vuelve con pocos cambios en la cartera. Aunque con él no tiene mucho sentido hacer previsiones.<NO1>Quedan muchos meses para saber qué profundidad tendrá esa bajada y la gran reforma fiscal que Rajoy le ha prometido a la UE.

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