Antiliberalismo y anticapitalismo

 

Los ideólogos fascistas tildaron al liberalismo de ser una ideología débil, incapaz de frenar al auge del comunismo e ineficaz para mantener el rumbo de una economía sometida a crisis cíclicas. La democracia y el sufragio universal se consideraron métodos artificiales e inútiles que intentaban igualar la natural desigualdad entre los hombres. Texto. Antidemocracia fascista. Benito Mussolini. La doctrina del fascismo, 1932

La libertad, encarnada en los derechos de expresión, asociación o reunión fue contemplada con desdén: intelectuales y artistas fueron hostigados cuando no se ajustaron a los estrechos cauces establecidos por el Estado fascista. Texto. Antiliberalismo de Mussolini
Sigmund Freud (1856-1939), padre del psicoanálisis. En 1938, tras la anexión de Austria por Hitler, hubo de exiliarse a Inglaterra, por ser de origen judío. Ampliar imagen
Sigmund Freud
Escenas de la vida de Sigmund Freud.
Benito Mussolini se presenta ante la multitud como líder del pueblo italiano. Ampliar imagen
Mussolini como líder
Los partidos políticos fueron catalogados como instrumentos de desmembración social y, en aquellos países donde el fascismo alcanzó el poder, fueron ilegalizados y perseguidos. La unidad del Estado se consideró sagrada y para preservarla, se confíó en la acción de un único partido bajo el liderazgo del jefe o caudillo. Texto. Antiliberalismo del fascismo. Berstein. Los regímenes políticos del siglo XX
El capitalismo se identificó con los financieros y banqueros judíos, calificados como elementos degenerados de la burguesía. Se distinguió claramente entre la figura del gran capitalista, sinónimo de usurero corrupto, y la del empresario, honrado, laborioso y solidario con la comunidad.
Dibujo nazi, representando al capitalismo judío como una araña que devora la economía alemana. 1930. Ampliar imagen
Ilustración antisemita
El anticapitalismo fascista fue reiteradamente pregonado como el origen de la explotación de los trabajadores. Como contrapartida, se pusieron en en práctica ciertas medidas de carácter social: participación de los obreros en los beneficios empresariales, creación de sistemas de seguridad social, etc.

Cartel alusivo a la unión entre obreros e intelectuales. Se creó para las elecciones de 1932 y su leyenda dice: Trabajadores de la mente y la manos, votad por Adolf hitler Ampliar imagen
Cartel sindical
Concentración de trabajadores ante Hitler. Sonido original, subtítulos en inglés

Empresarios, trabajadores y producción fueron puestos al servicio del Estado. Se encuadró a los obreros en ramas organizadas según la actividad laboral (construcción, textil, metalurgia, etc), en las que también fueron integrados los empresarios. Los sindicatos de izquierda, surgidos para defender los intereses de la clase trabajadora frente a la patronal, fueron eliminados y sustituidos por organizaciones estructuradas al modo militar. Texto. El sindicalismo según Mussolini. Discurso en el Consejo Nacional de las Corporaciones. 22 de abril de 1930
Sin embargo, a pesar de ese discurso propagandístico, Hitler, Mussolini y otros dictadores fascistas se apoyaron y defendieron al gran capital, al que recurrieron como fuente de financiación en su camino hacia el poder. Una vez alcanzado éste, la alianza con los grandes empresarios se estrechó aún más, hasta constituirse en la columna sobre la que se vertebró la economía. Texto. El apoyo de los grandes capitalistas a Hitler. Juicio de Nurenberg. Declaración jurada de Von Schenitzler
Factoría FIAT en Turín. Ampliar imagen
Factoría FIAT en Turín
Poster nazi.: SA portando una bandera. Ampliar imagen
SA
Para granjearse el apoyo del capital fue necesario, en ciertos casos, eliminar aquellos sectores que en el seno de la propia organización fascista postulaban cambios sociales revolucionarios. Así sucedió en Alemania, cuando Hitler destruyó la influencia de las SA en la “noche de los cuchillos largos”, durante la cual fue asesinado Ernst Röhm, principal líder de la organización, junto con otros dos centenares de mandos.

Algo similar tuvo lugar en España: el general Franco, una vez concluida la contienda civil, procedió a reorganizar Falange Española de las JONS (Decreto de Unificación, 1937), la principal formación de carácter fascista española, despojándola de su contenido revolucionario, lo que provocó la oposición de algunos de sus más significados líderes, caso de Manuel Hedilla, que fueron represaliados

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