Alimentando basuras

FUENTE.

by El Ideario Reportajes on Nov 28, 2012 • 3:51 pm 2 Comments

Desigualdad alimentaria. Ilustración de Rubén Morral Yepes (http://www.rubenmyblog.blogspot.com)

 

La sociedad del consumo ha creado paradojas tan crudas como la de la ilustración de Rubén. Hay una parte de la sociedad que vive con escasos recursos, que es pobre, que apenas puede comer; y hay otra parte a la que le sobra comida y la tira. Las cifras hablan por si solas. Mientras cerca de mil millones de personas viven en la pobreza y en riesgo de desnutrición en el mundo (1 de cada 7 habitantes del planeta pasa hambre), 89 millones de toneladas de comida en buen estado se despilfarran cada año en la Unión Europea, 10 millones en España y 260.000 toneladas en Cataluña. Entretanto los africanos desperdician entre 6 y 10 kilos escasos de comida al año por persona, los europeos y americanos tiramos más de 100 por cabeza. No es extraño que el despilfarro alimentario ya se perciba como un escándalo global, citando a Tristram Stuart, porque contrapone la grave crisis alimentaria que padecen regiones africanas como el Sahel, donde la población no puede acceder a los alimentos. “No se produce para responder a las necesidades alimenticias de las personas, sino para hacer negocio”, advierte la investigadora y periodista Esther Vivas. En todos los sectores de la cadena alimentaria hay desperdicio: en la producción, en el tratamiento de los alimentos, en la distribución y en el consumo. Sin embargo, son los hogares los que más tiran comida.

 

Por Janira Gómez y David Muñoz

Como cada lunes a principios de mes, la familia Gourmand aprovecha la tarde para ir al supermercado. La nevera ya tiembla y pide a gritos que la llenen. La pequeña Susan sujeta la lista de la compra mientras sus padres, Sam y Ana, ojean el folleto de las ofertas. Se nota que la Navidad está a punto de llegar. El establecimiento rebosa de productos y colores que llaman la atención y ruegan un mayor consumo. Susan es la encargada de escoger los yogures. Suele tardar tanto en cogerlos que su madre siempre la regaña. Pero, ¿quién no se queda helado e indeciso frente a tantos tipos? Altos, flacos, sin grumos, con trozos de fruta, de vainilla, copas de chocolate, con regalo. Susan se decide por unos petit-suisse, unos con grumos y unos bífidus para papá antes de que llegue su madre Ana. Mientras Sam se maravilla con la pasta y las salsas, Ana observa la sección de frutería. Normalmente es reacia a comprar productos frescos en el supermercado. Prefiere ir a la frutería que está cerca de casa porque el encargado le guarda los mejores tomates y es amable con ella. Pero hoy las manzanas hacen buen aspecto, brillan con dulzura y decide coger siete piezas Golden. Sin planificarlo, las secciones del supermercado se han apoderado de cada gourmand. A la nevera ya no le rugen las tripas, rebosa de alimentos que se han hecho un hueco inesperado en la lista de la compra de la familia y, probablemente, también en la basura.

Esther Vivas: “Alimentarse hoy es un privilegio”

 

 

De todo lo que hay en la nevera (y en los armarios) de los Gourmand, el 25% irá a la basura, según una estadística del investigador Tristram Stuart. Despilfarro alimentario no es todo aquél residuo orgánico que generamos, sino toda la comida que tiramos a pesar de tener valor nutritivo. De ahí la gravedad. Un yogur caducado de un día, una fruta “fea” o un filete de pollo que no hemos congelado a tiempo. Desde 1974 hasta hoy el desperdicio de alimentos aptos para su consumo ha aumentado un 50%. La mayor pérdida de alimentos se produce en los hogares por falta de concienciación y por desinformación. En Cataluña, por ejemplo, de las 261.471 toneladas de comida que se desperdician cada año, según la Agencia Catalana de Residuos, 151.800 (el 58%) provienen de las casas.

– Papá, ¿por qué en la tapa del yogur pone 29/11 K?

– Es la fecha de caducidad, Susan.

– ¿Y qué quiere decir?

– Hmmm… Que cuando pase ese día ya no estará bueno

– ¡Ah! Entonces ¿tendremos que tirarlo?

– Sí.

– Pero papá, ¿cómo podemos saber si esa fecha es del mes 11 o del año 11?

– No lo sé, hija. Si hay dudas, lo mejor es descartarlo.

 

La escena del yogur habrá ocurrido en muchas casas. No es de extrañar, el etiquetado de muchos productos a veces confunde más que orienta. Entre fecha de caducidad (cuando llega el día el producto no debe consumirse) y fecha de consumo preferente (cuando llega el día el producto pierde propiedades pero puede consumirse), en ocasiones hay quien no encuentra diferencia. Si, además, se le añade la fecha de venta, como han hecho en Suiza, la confusión es total. Ocurre también que las fechas a veces incluyen año y a veces no (como en el yogur de arriba), que a veces marca de qué fecha se trata y a veces no. Resultado: en caso de duda, el destino del alimento es la basura. Y no solo es un problema de etiquetado confuso, también lo es de mala educación al consumidor. Si Sam, el padre, no sabe distinguir entre ambos tipos de fecha es porque nadie le ha explicado bien cuál es la diferencia y qué quiere decir cada cosa. Inevitablemente, la hija seguirá los pasos del padre. En esta situación, lo complicado es determinar hasta qué punto se puede consumir un producto con fecha de consumo preferente pasada.

 

Esther Vivas: “No se produce para comer sino para hacer dinero”

 

En todos los eslabones de la cadena alimentaria hay despilfarro. En la producción, un tercio de los alimentos que se producen se tiran antes de tratarlos y distribuirlos, asegura Stuart, autor del libro Despilfarro: el escándalo global de la comida. Fundamentalmente, por no superar el canon de belleza exigido por nuestra sociedad actual. Y es que, ¿a quién le gusta comer una manzana que hace mal color o un plátano excesivamente maduro? Además, en muchas ocasiones hay mermas naturales que contribuyen al despilfarro. En la gestión y el almacenamiento, algunos productos pueden estropearse si pasan mucho tiempo fuera de cámaras frigoríficas o en condiciones no aptas para su conservación. En el envasado y el etiquetado, ya se ha comentado que la lógica de la regulación de los productos en ocasiones confunde. Además, si se imprimen incorrectamente los envases (los yogures Danone salen verdes en vez de azules, por ejemplo), el producto ya no sirve. Y en lo que respecta a la distribución, los supermercados y plataformas logísticas tienen excedentes. Acumulan productos cercanos a la fecha de caducidad, reciben alimentos en mal estado o simplemente descartan todo aquello que no cumpla con sus requisitos de producto de “calidad”. No obstante, desde hace 25 años, en España muchos de estos excedentes ya no acaban en los contenedores sino en bocas de personas muy necesitadas.

 

Los Bancos de Alimentos, un eslabón más de la cadena

 

– ¿Cómo ha ido el colegio hoy, Susan?

– Muy bien, mamá. Ha venido un señor a hablarnos de los bancos de alimentos.

– ¿Y qué son?

– Pues son bancos que en vez de prestar dinero prestan alimentos a los que más los necesitan. Y sin pedir nada a cambio.

– ¿Te han explicado cómo funcionan?

– Sí. Ellos recogen todo lo que sobra en los supermercados y lo entregan a las familias para que puedan comer, como nosotros.

– Me han dicho que este viernes 30 de noviembre empiezan la Gran Colecta de Alimentos. En vez de dar alimentos los supermercados, los dan las familias. ¿Podríamos participar, no?

– Hija, no podemos. Tu padre y yo tenemos mucho trabajo.

 

Jordi Peix importó en 1987 el modelo de Bancos de Alimentos existente en Europa. Es uno de los fundadores del Banc dels Aliments de Barcelona, iniciativa pionera en España. Su objetivo es doble: luchar contra el hambre y combatir el despilfarro alimentario buscando nuevas fuentes de alimentos. Para ello intentan, como bien explicaba la pequeña Susan, recoger todos los excedentes de supermercados, plataformas logísticas, empresas alimentarias y familias, para redistribuirlo hacia 136 entidades benéficas y comedores sociales. Estas entidades, como Cáritas, reparten los alimentos que reciben a las personas que más dificultades tienen para acceder a la comida.

 

Jordi Peix explica la creación del Banc dels Aliments de Barcelona

 

25 años después de la fundación del primer Banco de Alimentos, la estructura de bancos en España (hay un total de 52) es la envidia de muchos otros países. Aquí es donde más actividad se produce. En 2011 se repartieron 104 millones de toneladas de comida (más de lo que se desperdicia en un año en la Unión Europea) de las que se beneficiaron 1.400.000 personas.

Si bien lo que dan los supermercados y grandes superficies es la fuente principal de alimentos, también son importantes las donaciones de particulares. En especial las que se producen en la Campaña del Gran Recapte (Gran Colecta) cada año en Cataluña y en otros puntos de España. En la edición de este año, que empieza el viernes 30 de noviembre, se espera que participen 11.000 voluntarios y que donen alimentos 300.000 familias catalanas. El objetivo es superar las mil toneladas de alimentos recaudadas en 2011 y llegar a las mil 500 toneladas. “Buscamos que haya un equilibrio en la dieta, por eso pedimos aquellos productos que no suelen llegar al Banco como por ejemplo aceite, legumbres, leche y conservas de pescado”, manifiesta Peix.

 

El Gran Recapte: muestra de concienciación social

 

“Los Bancos de Alimentos se han asentado como un eslabón más de la cadena alimentaria, entre la distribución y el consumo”, asegura Jordi Peix. Y es que ofrecen prácticamente un doble servicio: a los distribuidores que tienen excedentes (dar los alimentos al Banco permite poder desgravar un 35% y ahorrarse los gastos de transporte y destrucción de residuos) y a las familias que no tienen qué comer. Este doble servicio lo hacen posible sobre todo voluntarios y algunas subvenciones de ayuntamientos que permiten pagar los recibos de luz y pocos sueldos para los cargos de más responsabilidad de los Bancos.

“Queremos evitar que haya el escándalo de que se tiren alimentos mientras haya pobres. En el fondo, estamos generando un nuevo producto que no tiene mercado pero sí consumo”, explica Jordi Peix. Los Bancos de alimentos reducen el problema del despilfarro pero solo son un pequeño parche que no elimina de raíz la grave problemática. No es la solución definitiva. De hecho, quizás lo ideal sería que no tuvieran que existir, porque significaría que no habría excedentes y que la comida estaría mejor repartida.

Un escándalo denunciado por muchos

De esa nevera llena de los Gourmand, han ido perdiéndose por el camino trozos de lechuga, carnes de aspecto dudoso, leches supuestamente pasadas, pack de yogures caducados, huevos pálidos y lonchas de lomo embuchado a las que sin probarlas les ha llegado su destino final: la basura.

En 2009, el investigador medioambiental y profesor inglés Tristram Stuart denunciaba el “escándalo global” de la comida despilfarrada, en su libro Waste (traducido al español en 2011). Stuart cuenta que con las 40 millones de toneladas de comida que despilfarran cada año los estadounidenses podrían alimentar a las 1.000 millones de personas que pasan hambre en el mundo. Además de destapar el despilfarro de Gran Bretaña y del mundo occidental, Tristram predica con el ejemplo e intenta ayudar a los más necesitados. En noviembre de 2011 impulsó la campaña Feeding the 5.000 con la que consiguió alimentar a 5.000 personas en la mítica Trafalgar Square recogiendo verduras y alimentos desperdiciados. Éste vídeo muestra claramente el escándalo.

 

La gravedad del problema ha hecho que personas como Tristram y oenegés se sumen para aportar soluciones. Intermón Oxfam ha puesto en marcha la campaña Crece para impulsar un crecimiento más justo de la sociedad y para combatir las injusticias de un sistema alimentario que parece estar orientado más al negocio que a la alimentación de personas. Un modelo que impide el acceso de los que menos tienen a la comida. “Es un sistema de agricultura irracional que no sirve, que genera pobreza, hambre y la descampesinización del campo en vez de promover una alternativa que se ha demostrado a nivel micro por parte de los movimientos sociales que es viable y posible”, denuncia la periodista Esther Vivas.

El Movimiento Freeganismo ha sido y es otro intento de combatir el despilfarro alimentario. Gente que rebusca alimentos en buen estado en contenedores de supermercados y restaurantes para alimentarse. Es la cultura del anticonsumismo, de las estrategias alternativas para vivir. A los más influenciados por el sistema establecido les parecerá raro lo que hacen y a otros admirable. En todo caso, es una manera distinta de proceder. En el documental Manduca Caduca se explica muy bien el freeganismo.

 

Concienciación social, actuaciones políticas y cambios en el sistema alimentario

Para evitar que el desperdicio de alimentos siga creciendo hasta llegar a las 126 millones de toneladas previstas para 2020 por un informe de la Comisión de Agricultura de la UE, hacen falta soluciones. Este informe, realizado en 2011, propone crear “incentivos económicos” destinados a limitar el despilfarro, incrementar las plantas de bioreciclaje, que los comerciantes reduzcan el precio de los alimentos frescos por debajo del coste de producción cuando estén próximos a la fecha límite de venta, y añadir la fecha de venta del producto como tercera vía de advertencia. Pero como ya se ha señalado, en Suiza se ha implementado esta última medida y aún así existe confusión. Si hubiera una regulación efectiva en torno al etiquetado, la escena de Susan y Sam nunca se habría producido.

Por esa razón, la acción de gobiernos y administraciones es fundamental. Como Jordi indica “el Gobierno debe fomentar la justicia social y garantizar el Derecho a la Alimentación”. Asimismo, sugiere que una mejor gestión de los residuos desde los ayuntamientos sería una de las soluciones.

Aunque tanto Esther Vivas como Jordi Peix coinciden en que lo más importante es que se realice un cambio en nuestra sociedad, en la manera de vivir y en nuestros hábitos de consumo. “Aconsejamos a la gente que antes de comprar piense y haga la lista de la compra, que cocine sólo las cantidades necesarias y reutilicen la comida si es necesario”, declara Peix. El mismo fundador plantea que teniendo en cuenta que la primera fuente de despilfarro es el hogar, debe formarse a los ciudadanos desde las escuelas para que sepan manejar los alimentos. Por esa razón, en 2013, año europeo de la lucha contra el despilfarro, el Banco de Alimentos realizará una campaña de concienciación. De la misma forma lo hará la AECOC (Asociación Española de Fabricantes y Distribuidores) con la campaña “La alimentación no tiene desperdicio, aprovéchala”.

 

Soluciones al despilfarro alimentario por Esther Vivas

 

La periodista Esther Vivas va a un paso más allá. Propone recuperar la capacidad de decidir sobre lo que comemos, lo cual implica promover un modelo agroalimentario antagónico al actual. “Tenemos que recuperar la democracia también en las políticas agrícolas y alimentarias y que estas respondan a las necesidades de la gente respecto al ecosistema, la defensa del mundo rural vivo y del campesinado; y no que el modelo agroalimentario esté secuestrado por la agroindustria como hoy en día pasa”. Para Esther la principal fuente de despilfarro es la agroindustria que monopolizando la cadena agrícola y alimentaria mercantiliza la comida y conduce el derecho a la alimentación hacia el privilegio. “Se ha promovido un modelo de alimentación en el que básicamente quienes deciden son las empresas”, explica. Para ella la solución sería un comercio más justo y cercano, que los alimentos no deban viajar miles de kilómetros antes de llegar a nuestro plato. “Es posible vivir mejor con menos, es mejor consumir productos ecológicos que son de mejor calidad y mejor para nuestra salud y para un mundo rural vivo”, concluye.

 

Este reportaje es un recorrido por el despilfarro alimentario a través de una familia ficticia. Todos somos un poco gourmand. Contribuimos en mayor o menor medida al despilfarro de alimentos dentro del sistema. Vivimos y comemos bien. En consecuencia, olvidamos que despreciando tristes lechugas o yogures caducados por pocos días no hacemos más que alimentar a la basura y malgastar alimentos que de otra manera reducirían la paradoja que nos nutre: el hambre.  

 

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