En un contexto global caracterizado por la creciente globalización y el predominio de la economía de libre mercado, el sistema educativo se ha conformado progresivamente con lógicas de tipo económico, primando políticas pedagógicas que favorezcan la inserción laboral. En este sentido, los problemas de sostenibilidad a nivel global pueden interpretarse también como problemas educativos. El sistema educativo contemporáneo muchas veces se reduce a un acto de consumo de conocimientos y perpetua la creación de fracturas artificiales entre el hombre y su entorno. La condición humana, en cambio, se caracteriza por la interdependencia con el medio ambiente y nuestro futuro es indisociable de la preservación de los sistemas de sustentación de la vida en el planeta y de la supervivencia de todas las formas de vida.
La educación actual está olvidando la importancia de la formación de personas autónomas y críticas, educadas para “ser” y no sólo para el mundo del trabajo. Ante la tendencia de las relaciones escolares cada vez más insertadas en contextos de utilitarismo, competición y consumo, muchas familias están optando por caminos orientados al desarrollo integral de los niños y adolescentes. En estas experiencias integrales, la implicación directa de los padres juega un papel fundamental. La educación integral postula un desarrollo equilibrado de la personalidad que debe incluir todos los factores de la personalidad: somático, afectivo, cognitivo y social; donde la educación se involucra con todas las dimensiones de la personalidad humana y con un conocimiento, cada vez más pleno y consciente, de las posibilidades de ser y de cambio social.
Estas experiencias “alternativas” reconocen un potencial humano en cada niño, quien debe madurar a través de caminos que parten de impulsos interiores, que pueden ser estimulados, no dirigidos forzosamente. Se destaca también la importancia de una educación comunitaria para personas de todas las edades y lugares, que favorezca una visión crítica del mundo que nos rodea, que valore al individuo como fuente primaria de conocimiento y como motor del cambio social.
Estamos en un periodo histórico caracterizado por el emerger de nuevas visiones científicas, que se resisten a mantenerse en los viejos esquemas mecanicistas. Estas visiones surgen de la convergencia de diferentes ámbitos científicos y humanistas (física cuántica, teoría de sistemas, biología, psicología), y se funda en una interpretación de la realidad a partir del sentido de unidad de materia, mente y conciencia (espíritu). Es una nueva concepción holística, que aborda la interrelación compleja entre todos los niveles de los sistemas vivos: organismos, sistemas sociales y ecosistemas, y se basa en una concepción de realidad como totalidad interdependiente.
Esta nueva perspectiva pretende aproximarse al mundo como un sistema de componentes inseparables, interrelacionados y en constante movimiento, que se puede comprender sólo partiendo de una mirada global. Es una visión que trasciende la razón lógica, para abrirse a diferentes tipos de conocimiento, como la intuición, fundamental para tratar con una realidad concebida como cualitativa, impredecible y generada a partir de si mismo. En este sentido, educar, significa formar la persona para una nueva manera de percibir el mundo, que favorezca una visión de la realidad como interrelación compleja de los vario elementos, no aislada y fragmentada. El contacto profundo con la naturaleza, fundamental en la nueva visión ecológica de ciencia, favorece el sentido de ser parte de una totalidad en armonía y sin fracturas artificiales entre el hombre y el medio ambiente. Esta visión supera la concepción de conocimiento como proceso lineal sin regreso, como expectativa de un resultado a tiempo, igual para todos; en cambio, reconoce el aprendizaje como una dinámica personal de avances y retrocesos, que sigue las respectivas fases de maduración de cada persona y de intercambio con el entorno.
Una posición de ruptura con la mentalidad dualista y mecanicista forma parte de algunos proyectos de educación alternativa. No tiene forzosamente que ser la inspiración para la educación del futuro, pero si debería hacernos reflexionar sobre el modelo pedagógico occidental, espejo de la lógica productiva, que reproduce acríticamente una conciencia fragmentada y cientifista, que no sólo no favorece al estudiante a tener una visión más creativa, sino que le impone límites muy estrechos a sus capacidades y potencialidades personales.
Es innegable que la posición dominante de la cultura del consumo y del crecimiento económico ilimitado es una amenaza para la supervivencia de culturas que se basan en distintas visiones del mundo; como para las mismas culturas occidentales, que están abandonando sus peculiaridades, sus valores y sus idiomas para abrazar valores y estilos de vida masificados y consumistas. El actual dominio cultural se manifiesta menospreciando diferentes maneras de vivir y pensar, promoviendo una progresiva homogenización del pensamiento, confundida a menudo con la idea de progreso. El modelo educativo actual, no cuestionando el orden existente, reproduce, tanto en el norte como en el sur del mundo, la idea de aceptación acrítica de un modelo de sociedad y de desarrollo como el único posible.
El contexto occidental, con los flujos masivos de inmigrantes y la rapidez de los cambios culturales, se caracteriza cada vez más por una pobreza de tipo cognoscitivo que lleva consigo fragmentación, pérdida de soberanía personal y alienación. Esto es fuente de fenómenos de exclusión social y marginación cada vez más frecuentes. En los países del sur, los frecuentes problemas democráticos se reflejan sobre la difusión y calidad de la dimensión educativa, negando posibilidades efectivas de cambio, y contribuyendo a la aceptación pasiva de situaciones de explotación. Se destaca la importancia de una visión pedagógica que favorezca la auto comprensión personal y una visión crítica del mundo que nos rodea, como única manera para devolver a las personas su soberanía y que abra el camino a superar su sometimiento cultural participando concientemente a una dinámica de cambio social.
La educación no puede identificarse con la escolarización; el acento de un nuevo modelo pedagógico debería valorar el individuo como unicidad y como fuente de conocimiento, reconociendo el papel fundamental de la familia y de las buenas relaciones sociales como base para desarrollar un conocimiento propio. En este sentido, es importante recuperar situaciones locales de aprendizaje, que inviertan una política educativa vertical y masificada, que emane de las vivencias que, constantemente la persona, niño o adulto, enfrenta en su cotidianidad. El proceso educativo no puede reducirse al consumo de conocimientos ajenos, sino reconocer la importancia de las personas en la creación de conocimiento compartido a partir de su propia experiencia. Algunas perspectivas integrales de educación existentes, reconocen la centralidad del individuo en el desarrollo del conocimiento a partir de sí mismo; son concepciones de educación que conocemos como “alternativas”.Cuando hablamos de proyectos de escuela alternativa siempre escuchamos comentarios que subrayan el carácter utopista o elitista de las filosofías que les sustentan. Puede que a lo largo del tiempo algunos de estos proyectos se hayan vuelto no accesibles a la mayoría de la población, pero la independencia es necesaria para poder preservar algunas prácticas educativas o simplemente porque no hay otra manera de subsistir. Un factor fundamental, con respecto a estas escuelas, es que nacen de proyectos que se basan en formas distintas de entender muchos aspectos de la vida social, cultural, humana de las familias que participan. Una visión de vida holística que les lleva a repensar su propia manera de vivir y a cuestionar los aspectos básicos del sistema escolar convencional como único camino y único modelo.
Sea optar por escuelas alternativas o educar en seno a la familia, la base de todo es la voluntad de los padres de implicarse directamente en la educación de sus niños, creyendo que no es posible delegar las responsabilidad genitorial a otras personas, aunque sean especialistas. La educación, en una visión alternativa, no se reduce en la adquisición de conocimientos preestablecidos, impuestos y evaluados al interior de la escuela, sino que insiste en educar a la persona total, creando ambientes, en la escuela como en casa, donde los niños puedan desarrollarse libremente, siguiendo sus necesidades y tiempos interiores.
Aunque las experiencias educativas alternativas más famosas puedan funcionar como modelo o de inspiración para otras, es destacable cómo cada escuela representa un proyecto pedagógico distinto, con ideas, valores y prácticas que nacen de una particular visión del mundo de los fundadores y de la contínua interacción con las familias y los niños. En todos los casos, se reconoce la importancia del potencial humano en cada niño, que debe madurar a través de caminos que parten de impulsos interiores, y que no hay que dirigir o forzar con imposiciones externas. Para esto hay que encontrar maneras de estimular y facilitar el desarrollo autónomo de actitudes y de potenciales. En este sentido, cada escuela ha privilegiado un enfoque particular: el desarrollo de la creatividad a través de la expresión artística, el contacto profundo con la naturaleza, la autoorganización de los niños, la dimensión corporal etc.
Cada proyecto educativo representa un intento de encontrar la manera adecuada de ofrecer las prácticas más idóneas para educar integralmente a las personas. En esta visión, se pide a las familias que se impliquen activamente en las actividades escolares y así crear relaciones coherentes con la experiencia educativa y que respeten la manera de vivir de los niños. Es importante asegurar relaciones sociales que ayuden al niño a desarrollarse en un entorno que favorezca el conocimiento de sí mismo, la autoaceptación, el respeto recíproco, la creatividad y la libertad de decisión.
El cambio social empieza con la transformación de las relaciones en el pequeño mundo de la familia y de la escuela, con el enriquecimiento de las potencialidades humanas.
| Boris Lazzarini |
| Càtedra UNESCO de Sostenibilitat. Universitat Politècnica de Catalunya |
boris.lazzarini catunesco.upc.edu |
catunesco.upc.edu